Director: Frank Miller
Intérpretes: Gabriel Macht, Eva Mendes, Samuel L. Jackson
Web: http://www.sonypicturesreleasing.es/sites/thespirit/
Hasta “The spirit”, las adaptaciones cinematográficas de la obra de Frank Miller han avanzado en paralelo a su creador. Por mucho que hayan recibido su bendición (“300”), por mucho que haya colaborado en ellas (“Sin city”), al espectador le quedaba la duda de hasta qué punto el propio Miller influía en la visión fílmica de su obra o si, por contra, eran los “adaptadores-homenajeadores” (Rodríguez, Snyder) los encargados de acercar sus películas al estilo de los “comic-books”. Definitivamente, vista “The spirit”, deberíamos pedir al cineasta que institucionalizase en un documento (como Von Trier con su “Dogma”) una opción formal “Miller” que combine todos los elementos en juego: la “voz en off”, la colorización del fotograma, los juegos de sombras, la creación 3D o la post-producción digital. Con esta guía, podría titularse “Frank Miller para torpes”, haría un favor inmenso a los siguientes directores que aborden su literatura.
Eso sí, tengan cuidado los que vengan detrás. Aquello que podía fascinar en “Sin city”, aquí comienza a notar un desgaste pútrido. Robert Rodriguez, cineasta de claroscuros, entendía perfectamente que para sostener una hora y media de cine se necesita algo más que una opción formal. Por eso, enganchó tres historias, tres cortometrajes y ensambló una película irregular que, probablemente, envejezca bastante mal. Este es el problema de “The spirit”: su envoltorio posee mayor entidad que lo que guarda dentro. Recuerda uno, mientras soporta a Gabriel Macht en la piel de superhéroe vacuo (y pedante), a ese filme fallido titulado “Sky captain y el mundo de mañana”. Poco tiene que tramar Miller (ni siquiera la tradición de Will Eisner le vale) y dedica su tiempo a reiterar esbozos de personajes (Johansson o Vega rozan el ridículo), a plantar chistes malos (los clones idiotas) o a engalanar un guión mediocre. Desde mi posición de pobre columnista de página par, cabrea reprochar a un contador de historias, a un tipo con talento, que no haga su trabajo. ¿Por qué, en lugar de imponer decálogos visuales, Miller no se dedica a narrar? Quizá sea menos lustroso pero, se lo aseguramos, es muchísimo más emocionante.
sábado, 27 de diciembre de 2008
domingo, 21 de diciembre de 2008
COMO EN CASA EN NINGÚN SITIO
Director: Seth Gordon
Intépretes: Vince Vaughn, Reese Witherspoon, Robert Duvall
Web: http://www.fourchristmases.com/
El subgénero de las comedias navideñas se ha mimetizado de tal forma con la época del año retratada que la temática fílmica ha adquirido la principal característica de las vacaciones invernales: ser capaz de lo mejor y de lo peor. En Navidad, tan rápido podemos encontrar a un niño feliz abriendo un regalo como a la plasta de la mujer de tu primo dando la barrila durante Nochebuena. En las comedias navideñas, tan rápido podemos encontrar subproductos blandengues como “Elf”, “El grinch” o “Un padre en apuros”, como sátiras hirientes del estilo de “¡S.O.S! Ya es Navidad”, “Pesadilla antes de Navidad” o “Bad Santa”. La nueva película de Seth Gordon, obligada visión de su anterior “The king of kong”, se decanta por el lado sensiblero.
A priori, la idea de obligar a una pareja (Witherspoon y Vaughn) a sufrir a sus cuatro familias (padre, madre, padre, madre… menudo suplicio) de una sola tacada, tiene la suficiente mala baba e interés. En cambio, en lugar de diseccionar con sus “gags” de medio pelo a ese ente de contradicciones y traumas llamado “familia”, los creadores de “Como en casa en ningún sitio” deciden realizar un canto al núcleo familiar. De esta manera, el discurso final de Jon Voight proponiendo a la familia (a la suya, claro) como solución para todos los males, chirría demasiado frente a la supuesta ligereza anterior. Quizá sean esas intenciones soterradas las empujen a este filme de lo malo a lo peor.
Intépretes: Vince Vaughn, Reese Witherspoon, Robert Duvall
Web: http://www.fourchristmases.com/
El subgénero de las comedias navideñas se ha mimetizado de tal forma con la época del año retratada que la temática fílmica ha adquirido la principal característica de las vacaciones invernales: ser capaz de lo mejor y de lo peor. En Navidad, tan rápido podemos encontrar a un niño feliz abriendo un regalo como a la plasta de la mujer de tu primo dando la barrila durante Nochebuena. En las comedias navideñas, tan rápido podemos encontrar subproductos blandengues como “Elf”, “El grinch” o “Un padre en apuros”, como sátiras hirientes del estilo de “¡S.O.S! Ya es Navidad”, “Pesadilla antes de Navidad” o “Bad Santa”. La nueva película de Seth Gordon, obligada visión de su anterior “The king of kong”, se decanta por el lado sensiblero.
A priori, la idea de obligar a una pareja (Witherspoon y Vaughn) a sufrir a sus cuatro familias (padre, madre, padre, madre… menudo suplicio) de una sola tacada, tiene la suficiente mala baba e interés. En cambio, en lugar de diseccionar con sus “gags” de medio pelo a ese ente de contradicciones y traumas llamado “familia”, los creadores de “Como en casa en ningún sitio” deciden realizar un canto al núcleo familiar. De esta manera, el discurso final de Jon Voight proponiendo a la familia (a la suya, claro) como solución para todos los males, chirría demasiado frente a la supuesta ligereza anterior. Quizá sean esas intenciones soterradas las empujen a este filme de lo malo a lo peor.
sábado, 13 de diciembre de 2008
MY BLUEBERRY NIGHTS
Director: Wong Kar Wai
Intérpretes: Norah Jones, Jude Law, Natalie Portman
Web: http://www.myblueberrynights.es/
Sabe Wong Kar Wai que, una vez escrito epitafio al amor, sólo permanecen los objetos. Elizabeth (Norah Jones) aparece una noche en el bar de Jeremy (Jude Law) y descubre que de su última relación únicamente quedan las llaves de un apartamento vacío. Sobre la barra, un bote de cristal guarda otras llaves olvidadas, otras historias caducas, otros amantes que nunca van a volverse a ver. Así arranca “My blueberry nights”, una película que ha tardado dos años en estrenarse en España. Menos, justo doce meses, dura el viaje que emprende Elizabeth a través de las carreteras de Estados Unidos para enterrar sus recuerdos.
Con la inusitada calidez de la fotografía de Darius Khondi (incluso los azules queman), con la música de Ry Cooder (de nuevo, “Paris, Texas”), el realizador chino estructura su película en una serie de episodios que sobrepasan a cómo Elizabeth “re-conduce” su vida. Robert Johnson, mítico “bluesman” de los años veinte, escribió en “Crossroads blues” las siguientes líneas: “Fui al cruce de carreteras e intenté que alguien me llevase/ Nadie me conocía, todo el mundo pasaba de largo”. El demoníaco Johnson entendía, había sufrido sus golpes, dolía en su carne de esclavo, la esencia de Norteamérica. Asimismo, el artífice de “My blueberry nights” (y de “In the mood for love” y de “Happy together” y de…) disuelve el habitual discurrir estadounidense de carreteras secundarias en su paleta de barroquismo oriental. Amores violentos a los que no sobrevive ni la memoria, jugadoras adictas a perder mucho muchas ocasiones… un mosaico de personajes, abordados por un reparto solidísimo (Strathairn, Law, Weisz, Portman), circundan el viaje de Elizabeth cual fotografías de Robert Frank y revelan el espíritu fronterizo, polvoriento de Estados Unidos.
Parece mentira que Norah Jones, una debutante, soporte el peso de “My blueberry nights” con semejante esplendor. Como el protagonista de una novela “beat”, Jones asiste fascinada (¡qué guapa, qué talento!) a existencias que atrapa en sus cartas. Tras su larga travesía vital, Elizabeth cierra el metraje con una de las escenas más dulces (en el mejor sentido) del último cine norteamericano. Apagados los títulos de crédito, faltaría reprocharnos que este filme no se haya estrenado antes.
Intérpretes: Norah Jones, Jude Law, Natalie Portman
Web: http://www.myblueberrynights.es/
Sabe Wong Kar Wai que, una vez escrito epitafio al amor, sólo permanecen los objetos. Elizabeth (Norah Jones) aparece una noche en el bar de Jeremy (Jude Law) y descubre que de su última relación únicamente quedan las llaves de un apartamento vacío. Sobre la barra, un bote de cristal guarda otras llaves olvidadas, otras historias caducas, otros amantes que nunca van a volverse a ver. Así arranca “My blueberry nights”, una película que ha tardado dos años en estrenarse en España. Menos, justo doce meses, dura el viaje que emprende Elizabeth a través de las carreteras de Estados Unidos para enterrar sus recuerdos.
Con la inusitada calidez de la fotografía de Darius Khondi (incluso los azules queman), con la música de Ry Cooder (de nuevo, “Paris, Texas”), el realizador chino estructura su película en una serie de episodios que sobrepasan a cómo Elizabeth “re-conduce” su vida. Robert Johnson, mítico “bluesman” de los años veinte, escribió en “Crossroads blues” las siguientes líneas: “Fui al cruce de carreteras e intenté que alguien me llevase/ Nadie me conocía, todo el mundo pasaba de largo”. El demoníaco Johnson entendía, había sufrido sus golpes, dolía en su carne de esclavo, la esencia de Norteamérica. Asimismo, el artífice de “My blueberry nights” (y de “In the mood for love” y de “Happy together” y de…) disuelve el habitual discurrir estadounidense de carreteras secundarias en su paleta de barroquismo oriental. Amores violentos a los que no sobrevive ni la memoria, jugadoras adictas a perder mucho muchas ocasiones… un mosaico de personajes, abordados por un reparto solidísimo (Strathairn, Law, Weisz, Portman), circundan el viaje de Elizabeth cual fotografías de Robert Frank y revelan el espíritu fronterizo, polvoriento de Estados Unidos.
Parece mentira que Norah Jones, una debutante, soporte el peso de “My blueberry nights” con semejante esplendor. Como el protagonista de una novela “beat”, Jones asiste fascinada (¡qué guapa, qué talento!) a existencias que atrapa en sus cartas. Tras su larga travesía vital, Elizabeth cierra el metraje con una de las escenas más dulces (en el mejor sentido) del último cine norteamericano. Apagados los títulos de crédito, faltaría reprocharnos que este filme no se haya estrenado antes.
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sábado, 6 de diciembre de 2008
BOLT
Director: Williams & Howard
Web: http://disney.go.com/disneypictures/bolt/
La sombra de John Lasseter es alargada. El creador que colocó a Pixar en cabeza de las “majors” de animación con “Toy Story”, “Bichos” o “Cars”, estrena en Disney una nueva película para las navidades, “Bolt”. Salvo el habitual cortometraje previo (por ejemplo, la reciente “Wall-E” venía acompañada de “Presto”), todo en la nueva película de Lasseter recuerda a sus anteriores trabajos en Pixar. Esto, revisando el histórico, florece como un mérito. Al igual que Buzz Lightyear en “Toy story”, el can Bolt se siente otro, un “súpersabueso” con poderes extraordinarios, cuando en realidad no pasa de pobre perrucho. Su ilusión está hábilmente construida por una cadena de televisión que necesita la mejor de las actuaciones: aquella en la que el protagonista crea realmente que es el personaje interpretado. Pensando que “verdaderamente” han secuestrado a su amiga Penny, Bolt comienza un viaje hacia el exterior del estudio que transforma al filme de Williams & Howard en una “road-toon movie”.
El “Barking at the moon” de Jenny Lewis que acompasa el discurrir de “Bolt” podría resumir el carácter de la cinta. Con tempo “country”, la carretera que recorre el perro funciona de dos maneras: una, derruyendo su antiguo personaje (magnifica desmitificación del “súperladrido”) y la otra, construyendo uno nuevo. Al mismo tiempo que Bolt choca con la realidad (a ratos, el metraje se asemeja a la esencial “El show de Truman”), Lasseter vuelve a ofrecer un rosario de secundarios inolvidables: un hamster espídico (gran primer paso fuera de su bola), una minina racionalista o unas palomas internacionales.
A pesar de bordear el habitual sentimentalismo de producción Disney, a pesar de ciertos esquemas reconocibles, “Bolt” reitera la colosal artesanía de Lasseter (& Williams & Howard). En un mundo donde los Lean, De Mille o Griffith han desaparecido, parece que únicamente la manufactura digital, miles y miles de diseñadores detrás, conserva la monumentalidad del cine. Mientras hordas de coches maléficos atacan a Bolt, uno se siente como al descubrir que Charlton Heston era capaz de seccionar el Mar Rojo.
Web: http://disney.go.com/disneypictures/bolt/
La sombra de John Lasseter es alargada. El creador que colocó a Pixar en cabeza de las “majors” de animación con “Toy Story”, “Bichos” o “Cars”, estrena en Disney una nueva película para las navidades, “Bolt”. Salvo el habitual cortometraje previo (por ejemplo, la reciente “Wall-E” venía acompañada de “Presto”), todo en la nueva película de Lasseter recuerda a sus anteriores trabajos en Pixar. Esto, revisando el histórico, florece como un mérito. Al igual que Buzz Lightyear en “Toy story”, el can Bolt se siente otro, un “súpersabueso” con poderes extraordinarios, cuando en realidad no pasa de pobre perrucho. Su ilusión está hábilmente construida por una cadena de televisión que necesita la mejor de las actuaciones: aquella en la que el protagonista crea realmente que es el personaje interpretado. Pensando que “verdaderamente” han secuestrado a su amiga Penny, Bolt comienza un viaje hacia el exterior del estudio que transforma al filme de Williams & Howard en una “road-toon movie”.
El “Barking at the moon” de Jenny Lewis que acompasa el discurrir de “Bolt” podría resumir el carácter de la cinta. Con tempo “country”, la carretera que recorre el perro funciona de dos maneras: una, derruyendo su antiguo personaje (magnifica desmitificación del “súperladrido”) y la otra, construyendo uno nuevo. Al mismo tiempo que Bolt choca con la realidad (a ratos, el metraje se asemeja a la esencial “El show de Truman”), Lasseter vuelve a ofrecer un rosario de secundarios inolvidables: un hamster espídico (gran primer paso fuera de su bola), una minina racionalista o unas palomas internacionales.
A pesar de bordear el habitual sentimentalismo de producción Disney, a pesar de ciertos esquemas reconocibles, “Bolt” reitera la colosal artesanía de Lasseter (& Williams & Howard). En un mundo donde los Lean, De Mille o Griffith han desaparecido, parece que únicamente la manufactura digital, miles y miles de diseñadores detrás, conserva la monumentalidad del cine. Mientras hordas de coches maléficos atacan a Bolt, uno se siente como al descubrir que Charlton Heston era capaz de seccionar el Mar Rojo.
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CREPÚSCULO
Director: Catharine Hardwicke
Intérpretes: Kristen Stewart, Robert Pattinson, Taylor Lautner
Web: http://www.crepusculo-lapelicula.es/
En nuestro querido siglo XXI, casi todos los productos cinematográficos son susceptibles de “juvenilizarse”. Extraño término para una táctica barata mediante la cual las distribuidoras alcanzan un público joven que piensa (ingenuos) que se le está tratando como adulto. La épica se pasa por el “turmix” y sale “Harry Potter”; los musicales se ablandan y tenemos “High School Musical”; las películas de vampiros se coagulan y se titula “Crepúsculo”.
Bella (Kristen Stewart) acaba de instalarse con su padre en un pueblecito del medio oeste norteamericano. En su primer día de instituto, conoce a Edward (Robert Pattinson), un vampiro “súperatractivoquetecagas” que no bebe sangre humana, claro. Con estos mimbres, sabemos ya el resultado final. Muy alejada de “teen movies” ochenteras como “Jóvenes vampiros”, “Crepúsculo” no vale ni como anécdota. Pero no son su realización plana, sus actores guapetes o su guión lo que más aburre. Su principal punto de asqueo es la pose “quinceañerogoticoatormentada” que, cual flema verde, supura el metraje. Esa postura detrítica y no tanto su mínimo interés artístico, constituye el principal motivo para aborrecer este tipo de filmes.
Intérpretes: Kristen Stewart, Robert Pattinson, Taylor Lautner
Web: http://www.crepusculo-lapelicula.es/
En nuestro querido siglo XXI, casi todos los productos cinematográficos son susceptibles de “juvenilizarse”. Extraño término para una táctica barata mediante la cual las distribuidoras alcanzan un público joven que piensa (ingenuos) que se le está tratando como adulto. La épica se pasa por el “turmix” y sale “Harry Potter”; los musicales se ablandan y tenemos “High School Musical”; las películas de vampiros se coagulan y se titula “Crepúsculo”.
Bella (Kristen Stewart) acaba de instalarse con su padre en un pueblecito del medio oeste norteamericano. En su primer día de instituto, conoce a Edward (Robert Pattinson), un vampiro “súperatractivoquetecagas” que no bebe sangre humana, claro. Con estos mimbres, sabemos ya el resultado final. Muy alejada de “teen movies” ochenteras como “Jóvenes vampiros”, “Crepúsculo” no vale ni como anécdota. Pero no son su realización plana, sus actores guapetes o su guión lo que más aburre. Su principal punto de asqueo es la pose “quinceañerogoticoatormentada” que, cual flema verde, supura el metraje. Esa postura detrítica y no tanto su mínimo interés artístico, constituye el principal motivo para aborrecer este tipo de filmes.
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viernes, 5 de diciembre de 2008
DE PERSONAJE FICTICIO EN "MI VIDA INSUSTANCIAL"
Habitar el blog de Ángel Ramos como un personaje de ficción (¿o no?) es un honor.
Ángel tiene a Baroja, a Berlanga y a Ferlosio dentro.
Aquí, en nuestro paseo inventado (¿o no?) por una Ciudad de la Imagen desértica, se demuestra:
http://mividainsustancial.blogspot.com/2008/12/memorias-de-madrid.html
Lean el blog de Ángel. Se harán un favor.
Ángel tiene a Baroja, a Berlanga y a Ferlosio dentro.
Aquí, en nuestro paseo inventado (¿o no?) por una Ciudad de la Imagen desértica, se demuestra:
http://mividainsustancial.blogspot.com/2008/12/memorias-de-madrid.html
Lean el blog de Ángel. Se harán un favor.
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sábado, 22 de noviembre de 2008
APPALOOSA
Director: Ed Harris
Intérpretes: Ed Harris, Viggo Mortensen, Renee Zellweger
Web: http://www.welcometoappaloosa.com/
“Appaloosa” despierta a sus campos tejanos con violencia frontal, sudorosa, súbita. Randall Bragg (Jeremy Irons) comete el crimen de la película, un “macguffin” hábilmente situado en el prólogo, y esos tres disparos mortales desembocan en la aparición de los dos personajes principales, Virgil Cole (Ed Harris) y Everett Hitch (Viggo Mortensen). En el “western” la muerte nunca viene sola, luego en la cinta de Ed Harris tampoco. Esta extraña pareja (casi) filial, toma las riendas de la aldea polvorienta con el objetivo de desafiar las invasiones bárbaras de Bragg.
Basado en una novela de Robert B. Parker, el filme de Harris conoce lo que quiere y cómo lo quiere: una historia a la antigua usanza (imposible olvidar a Peckinpah en muchas escenas) con referencias más recientes (“Sin perdón”, “El asesinato de Jesse James”). A favor de Harris hay que decir lo mismo que en su debut, la notable “Pollock”, el bueno de Ed sabe rodar y rodearse de un plantel de actores extraordinarios: Mortensen, de nuevo impecable; Zellweger, Irons, Spall, Henriksen… pero, a excepción de su compañero, todos los secundarios tienen alguna tacha. Bien sea por motivos de “casting”, Jeremy Irons no termina de funcionar como lugarteniente tejano; bien sea por motivos de guión, con la mujer interpretada por Zellweger jamás comprendemos si nos hallamos ante una “femme fatale” o una idiota; o bien sea por motivos de montaje, lo circundante a los dos caracteres centrales cojea.
Aún siendo fría en su exterior, el corazón de la película palpita intacto. Los dos mercenarios que interpretan Harris & Mortensen sostienen y justifican “Appaloosa”. A medida que transcurren los años la cara de Ed Harris se ha convertido en un lugar rocoso donde la esperanza sólo anida en sus ojos azules. Por tanto, nadie mejor en el papel de un hombre acabado que compra futuro a cualquier precio. El esplendido Mortensen acarrea consigo quién es su amigo: demasiadas noches juntos al lado de la hoguera, demasiados muertos detrás. Apartando sus irregularidades y sus violentos aciertos, de “Appaloosa” permanece su retrato crepuscular de la amistad, ese lazo que empuja a sacrificar horizontes para que otros continúen caminando.
Intérpretes: Ed Harris, Viggo Mortensen, Renee Zellweger
Web: http://www.welcometoappaloosa.com/
“Appaloosa” despierta a sus campos tejanos con violencia frontal, sudorosa, súbita. Randall Bragg (Jeremy Irons) comete el crimen de la película, un “macguffin” hábilmente situado en el prólogo, y esos tres disparos mortales desembocan en la aparición de los dos personajes principales, Virgil Cole (Ed Harris) y Everett Hitch (Viggo Mortensen). En el “western” la muerte nunca viene sola, luego en la cinta de Ed Harris tampoco. Esta extraña pareja (casi) filial, toma las riendas de la aldea polvorienta con el objetivo de desafiar las invasiones bárbaras de Bragg.
Basado en una novela de Robert B. Parker, el filme de Harris conoce lo que quiere y cómo lo quiere: una historia a la antigua usanza (imposible olvidar a Peckinpah en muchas escenas) con referencias más recientes (“Sin perdón”, “El asesinato de Jesse James”). A favor de Harris hay que decir lo mismo que en su debut, la notable “Pollock”, el bueno de Ed sabe rodar y rodearse de un plantel de actores extraordinarios: Mortensen, de nuevo impecable; Zellweger, Irons, Spall, Henriksen… pero, a excepción de su compañero, todos los secundarios tienen alguna tacha. Bien sea por motivos de “casting”, Jeremy Irons no termina de funcionar como lugarteniente tejano; bien sea por motivos de guión, con la mujer interpretada por Zellweger jamás comprendemos si nos hallamos ante una “femme fatale” o una idiota; o bien sea por motivos de montaje, lo circundante a los dos caracteres centrales cojea.
Aún siendo fría en su exterior, el corazón de la película palpita intacto. Los dos mercenarios que interpretan Harris & Mortensen sostienen y justifican “Appaloosa”. A medida que transcurren los años la cara de Ed Harris se ha convertido en un lugar rocoso donde la esperanza sólo anida en sus ojos azules. Por tanto, nadie mejor en el papel de un hombre acabado que compra futuro a cualquier precio. El esplendido Mortensen acarrea consigo quién es su amigo: demasiadas noches juntos al lado de la hoguera, demasiados muertos detrás. Apartando sus irregularidades y sus violentos aciertos, de “Appaloosa” permanece su retrato crepuscular de la amistad, ese lazo que empuja a sacrificar horizontes para que otros continúen caminando.
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EL GRECO
Director: Iannis Smaragdis
Intérpretes: Nick Ashdon, Juan Diego Botto, Laia Marull
Web: http://www.elgrecothemovie.com/
Con el mismo fragor nacional con el que Garci atacó su ¿visión o misión? de los episodios de “Sangre de Mayo”, el griego Yannis Smaragdis nos propone una visita a la vida de Domenikos Theotokopoulos, “El Greco”. Frente a la norteamericana “El Greco” (1960) o la española “El caballero de la mano en el pecho” (1973), ambas centradas en desarrollar una biografía, esta superproducción europea (hay pasta hispana, griega, inglesa...) trata de diseccionar la tormentosa relación entre el pintor (Nick Ashdon) y Fernando Niño De Guevara (Juan Diego Botto), Inquisidor General y miembro del Consejo Real de Felipe II. Lo primero que llama la atención del filme es la dirección artística de Zarifis y Puig. Se nota que hay mucho dinero por medio y Smaragdis lo administra con habilidad. Esos escenarios inmensos de la catedral de Toledo, las túnicas de los inquisidores revoloteando, el estudio de “El Greco” con el trasunto de pintar a su amada, los puertos cretenses del arranque... poseen la suficiente entidad como para que la historia se entreteja en sus hechuras.
Desgraciadamente, al final ocurre lo que suele pasar con estas superproducciones europeas. Únicamente las televisiones viven de ellas (“Moisés”, “Pobre niña rica”) como esbozos de aquello que llamamos cine. Ni la pasión entre el pintor y su moza, ni el odio “homosexualoide” entre el artista y el inquisidor (un sobreactuado Botto) son sostenidos por un texto y una dirección dignos. Además Nick Ashdon, preocupado por gritar y poner caras, no alcanza a proporcionar brío a su personaje salvo cuando el director utiliza algún golpe de efecto (léase los títulos de crédito). Viendo “El Greco” uno siente que no basta con pasta, sino que es necesario atesorar el mismo don que el gran Domenikos Theotokopoulos: talento.
Intérpretes: Nick Ashdon, Juan Diego Botto, Laia Marull
Web: http://www.elgrecothemovie.com/
Con el mismo fragor nacional con el que Garci atacó su ¿visión o misión? de los episodios de “Sangre de Mayo”, el griego Yannis Smaragdis nos propone una visita a la vida de Domenikos Theotokopoulos, “El Greco”. Frente a la norteamericana “El Greco” (1960) o la española “El caballero de la mano en el pecho” (1973), ambas centradas en desarrollar una biografía, esta superproducción europea (hay pasta hispana, griega, inglesa...) trata de diseccionar la tormentosa relación entre el pintor (Nick Ashdon) y Fernando Niño De Guevara (Juan Diego Botto), Inquisidor General y miembro del Consejo Real de Felipe II. Lo primero que llama la atención del filme es la dirección artística de Zarifis y Puig. Se nota que hay mucho dinero por medio y Smaragdis lo administra con habilidad. Esos escenarios inmensos de la catedral de Toledo, las túnicas de los inquisidores revoloteando, el estudio de “El Greco” con el trasunto de pintar a su amada, los puertos cretenses del arranque... poseen la suficiente entidad como para que la historia se entreteja en sus hechuras.
Desgraciadamente, al final ocurre lo que suele pasar con estas superproducciones europeas. Únicamente las televisiones viven de ellas (“Moisés”, “Pobre niña rica”) como esbozos de aquello que llamamos cine. Ni la pasión entre el pintor y su moza, ni el odio “homosexualoide” entre el artista y el inquisidor (un sobreactuado Botto) son sostenidos por un texto y una dirección dignos. Además Nick Ashdon, preocupado por gritar y poner caras, no alcanza a proporcionar brío a su personaje salvo cuando el director utiliza algún golpe de efecto (léase los títulos de crédito). Viendo “El Greco” uno siente que no basta con pasta, sino que es necesario atesorar el mismo don que el gran Domenikos Theotokopoulos: talento.
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domingo, 16 de noviembre de 2008
EL ÚLTIMO VOTO
Director: Joshua Michael Stern
Intérpretes: Kevin Costner, Kelsey Grammer, Dennis Hopper
Web: http://www.widepictures.es/elultimovoto/
De vez en cuando, uno piensa que Kevin Costner no tiene todo el respeto que se merece. Hagan cuentas. El actor norteamericano interpretó, sobriamente, dignamente, papeles protagonistas en filmes muy estimables: “Los intocables de Elliot Ness”, ese De Palma subvalorado; “JFK”, una de las mejores películas del plasta Stone; “Robin Hood”, cinta de aventuras entretenida; y “Un mundo perfecto”, su cumbre en el rol de un fugitivo sin futuro. Además, se atrevió a producir guiones arriesgados que el tiempo ha conservado bastante bien: “Bailando con lobos”, un épico a la vieja usanza; y “Waterworld”, masacrada por sus nimios resultados en taquilla, merecedora de un segundo visionado.
De vez en cuando, uno piensa que Kevin Costner tiene todo lo que se merece. Hagan cuentas. El actor norteamericano interpretó, aburridamente, fláccidamente, papeles protagonistas en filmes muy dudosos: “El guardaespaldas”, un “hit” noventero que hoy produce vergüenza ajena (gracias, Whitney); “Mensaje en una botella”, bodrio impresentable de “amorinos”; y “Dragonfly”, tontería parapsicológica que no merece ni un comentario. Además, se atrevió a dirigir proyectos lamentables que el tiempo ha colocado en su sitio: “El cartero del futuro”, ciencia-ficción extremadamente irregular; y “Open range”, quizá el “western” más desaprovechado de los últimos años.
Aunque, recapacitando, Costner nos deja con su carrera en el mismo lugar que con su nuevo estreno, “El último voto”: en la media. La oportunidad divina de que un pobre estadounidense medio (Costner) decida con su voto al próximo presidente constituye el principal argumento de la película. Desde Frank Capra a Michael Moore, Joshua Michael Stern se posiciona en un punto intermedio. Por eso, su “último voto” es tan correcto que, aún aceptando su valía, aún ocupando un rato con ella, se diluye a la salida del cine. Clavadita a la carrera de Costner.
Intérpretes: Kevin Costner, Kelsey Grammer, Dennis Hopper
Web: http://www.widepictures.es/elultimovoto/
De vez en cuando, uno piensa que Kevin Costner no tiene todo el respeto que se merece. Hagan cuentas. El actor norteamericano interpretó, sobriamente, dignamente, papeles protagonistas en filmes muy estimables: “Los intocables de Elliot Ness”, ese De Palma subvalorado; “JFK”, una de las mejores películas del plasta Stone; “Robin Hood”, cinta de aventuras entretenida; y “Un mundo perfecto”, su cumbre en el rol de un fugitivo sin futuro. Además, se atrevió a producir guiones arriesgados que el tiempo ha conservado bastante bien: “Bailando con lobos”, un épico a la vieja usanza; y “Waterworld”, masacrada por sus nimios resultados en taquilla, merecedora de un segundo visionado.
De vez en cuando, uno piensa que Kevin Costner tiene todo lo que se merece. Hagan cuentas. El actor norteamericano interpretó, aburridamente, fláccidamente, papeles protagonistas en filmes muy dudosos: “El guardaespaldas”, un “hit” noventero que hoy produce vergüenza ajena (gracias, Whitney); “Mensaje en una botella”, bodrio impresentable de “amorinos”; y “Dragonfly”, tontería parapsicológica que no merece ni un comentario. Además, se atrevió a dirigir proyectos lamentables que el tiempo ha colocado en su sitio: “El cartero del futuro”, ciencia-ficción extremadamente irregular; y “Open range”, quizá el “western” más desaprovechado de los últimos años.
Aunque, recapacitando, Costner nos deja con su carrera en el mismo lugar que con su nuevo estreno, “El último voto”: en la media. La oportunidad divina de que un pobre estadounidense medio (Costner) decida con su voto al próximo presidente constituye el principal argumento de la película. Desde Frank Capra a Michael Moore, Joshua Michael Stern se posiciona en un punto intermedio. Por eso, su “último voto” es tan correcto que, aún aceptando su valía, aún ocupando un rato con ella, se diluye a la salida del cine. Clavadita a la carrera de Costner.
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UNA NOVIA PARA DOS
Director: Howard Deutch
Intérpretes: Dane Cook, Kate Hudson, Jason Biggs
Web: http://www.mybestfriendsgirlmovie.com/
Una comedia romántica mutante, eso es “Una novia para dos”. De la cópula de “De boda en boda” u otra gamberrada y “Cómo perder a un chico en 10 días” u otra romanticada, germina la nueva película de Howard Deutch. Este director, el máximo responsable de la perturbada “Mano a mano con papá”, nos propone la afortunada idea de un tipejo (Dane Cook) que cobra a novios abandonados para que sus mozas vuelvan con ellos. ¿Cómo lo consigue? En el prólogo de la película se expone perfectamente: sometiendo a las chiquillas a la peor cita “post-novio” de su vida. Putadas escatológicas varias, malos modos, sustos automovilísticos... el arranque posee la (personal e intransferible) gracia de admirar el sabotaje de una primera cita a propósito. Pero, casi como un movimiento de marketing que complazca al espectador y a la espectadora, al niño y a la niña, el guión pasa a contar el uso de los servicios del protagonista por parte un amiguete (Jason Biggs) con la intención de conquistar a una chica salada (Kate Hudson). Obviamente, en lugar de masacrarla, el miserable protagonista se enamora. Uy, qué emotivo. Nada puede más que el amor, amigos. Desde ese momento, los equívocos (¿qué pinta ahí Alec Baldwin?), las gracietas clónicas de Biggs y, sobre todo, el careto de Kate Hudson (¿o Goldie Hawn de joven?) nos conducen a la peor calaña de comedias románticas: aquellas que, al contrario que “Nothing Hill” o “Corredor de fondo”, no se presentan como tal.
Intérpretes: Dane Cook, Kate Hudson, Jason Biggs
Web: http://www.mybestfriendsgirlmovie.com/
Una comedia romántica mutante, eso es “Una novia para dos”. De la cópula de “De boda en boda” u otra gamberrada y “Cómo perder a un chico en 10 días” u otra romanticada, germina la nueva película de Howard Deutch. Este director, el máximo responsable de la perturbada “Mano a mano con papá”, nos propone la afortunada idea de un tipejo (Dane Cook) que cobra a novios abandonados para que sus mozas vuelvan con ellos. ¿Cómo lo consigue? En el prólogo de la película se expone perfectamente: sometiendo a las chiquillas a la peor cita “post-novio” de su vida. Putadas escatológicas varias, malos modos, sustos automovilísticos... el arranque posee la (personal e intransferible) gracia de admirar el sabotaje de una primera cita a propósito. Pero, casi como un movimiento de marketing que complazca al espectador y a la espectadora, al niño y a la niña, el guión pasa a contar el uso de los servicios del protagonista por parte un amiguete (Jason Biggs) con la intención de conquistar a una chica salada (Kate Hudson). Obviamente, en lugar de masacrarla, el miserable protagonista se enamora. Uy, qué emotivo. Nada puede más que el amor, amigos. Desde ese momento, los equívocos (¿qué pinta ahí Alec Baldwin?), las gracietas clónicas de Biggs y, sobre todo, el careto de Kate Hudson (¿o Goldie Hawn de joven?) nos conducen a la peor calaña de comedias románticas: aquellas que, al contrario que “Nothing Hill” o “Corredor de fondo”, no se presentan como tal.
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una novia para dos
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