Director: Jaume Balagueró
Intérpretes: Luis Tosar, Marta Etura, Alberto San Juan
Web: http://www.mientrasduermeslapelicula.com/
En “Frenesí” (1972), Alfred Hitchcock adoptaba una primera persona inédita en su filmografía para introducirnos en el día a día de un asesino en serie. Bob Rusk (Barry Foster) mataba mujeres con una rutina torpe, descuidada, como si el director británico hubiera reparado en que la perfección perturbada de Norman Bates no era aplicable a la mediocridad de su siguiente criminal. Jaume Balagueró (“REC”), toma la misma perspectiva de “Frenesí” con su monstruo de “Mientras duermes”: César (Luis Tosar), un portero de edificio, ejerce de vigilante silencioso de la comunidad y, en especial, de Clara (una guapísima Marta Etura). Con reminiscencias de cuento agridulce (particularmente de “El Grinch”, esa creación animada del Dr. Seuss que no soportaba que todo el mundo fuese feliz), el desafío de la notable película de cineasta catalán es impedir que su protagonista canibalice el mecano de suspense de su alrededor.
Balagueró se mueve como pez en el agua por los espacios de la cinta. Tras varias experiencias parecidas (el capítulo “Para entrar a vivir” de “Historias para no dormir II” y “REC”), todavía inquieta su habilidad de mantener la tensión entre cuatro paredes. En ellas, César traza su rutina de vigilancia y, en ellas, el metraje combina sus recursos hitchockianos con mejor (una chica que duerme e, inconsciente, cohabita con su acosador) y peor fortuna (la aparición de un Alberto San Juan descolocado y el efectismo de su resolución). Porque, frente a los claroscuros de su artilugio de suspense, se engrandece el personaje principal y, cómo no, el actor que le da vida. Las grietas de esta criatura que visita a su madre silente en el hospital (en un determinado momento, uno no puede evitar a la referencia a “Breaking bad”), que sufre el chantaje de una prepúber o que se rebela ante la indiferencia del mundo, son exploradas por Tosar con un tiento tan magistral que acaba proporcionando sentido a escenas que, en manos de cualquier otro, perderían su carácter. Se baja el telón y uno siente que César el portero sería perfecto para continuar con un serial en diferentes comunidades de vecinos, para estrenar un reverso sombrío de “Autopista hacia el cielo” sobre este psicópata que, como Ricardo III, elige odiar los perezosos placeres de este tiempo.
Mostrando entradas con la etiqueta alberto san juan. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta alberto san juan. Mostrar todas las entradas
sábado, 15 de octubre de 2011
sábado, 2 de mayo de 2009
LA VERGÜENZA
Director: David Planell
Intérpretes: Alberto San Juan, Natalia Mateo, Norma Martínez
Web: http://www.laverguenza.com/
Existe una esplendorosa vertiente del cine español, bastarda de Berlanga, Buñuel y Bardem (y de Baroja, y de Clarín, y de Fernández Flórez), encantada con revolver la mierda de la burguesía. Berlanga acompañaba (¡cómo acompaña Berlanga!) a los señores que traían a un pobre a su mesa en Navidad; Buñuel se acostaba, se pervertía con Catherine Deneuve y Jean Sorel; Bardem desangraba las risas que sobrevuelan a una solterona en una ciudad miserable. En “La vergüenza”, David Planell explora ese lado oculto, esa cara pútrida de dos personas, Lucía (Natalia Mateo) y Pepe (Alberto San Juan), que valoran devolver al niño peruano que acogieron.
Ganadora del festival de Málaga, la película disecciona sentimientos primarios e infantiles: rechazo, vergüenza, dependencia… y los maquilla, hábilmente, entre excusas adultas, encriptadas, vacías. Son los personajes de Planell unos treintañeros acomodados que no consiguen descubrir las consecuencias de sus actos hasta que se han materializado, hasta que pasan de lo invisible a lo evidente. Mediante de una propuesta teatral (el propio director confesó en la presentación que era una “película pequeña convertida en grande”), una pareja machaca sus sueños con mil mentiras que, como cantaba Sabina, no merecen ser verdad. A esos caracteres inseguros, asediados por las dudas, Planell asigna un reparto que demuestra su capacidad interpretativa aguantando los envites de un último tramo irregular. A San Juan (actor monocorde, digno hoy), Mateo y Martínez, debe el largometraje una gran parte de su efectividad: estalla la tragicomedia en el momento exacto, con la dosis recomendada, a través de sus bocas reventadas, de sus reproches enmascarados.
Pero, mientras que en la primera hora Planell horada en las contradicciones hasta pedir apósitos (magnífica la escena con la nueva evaluadora), no sucede lo mismo al dirigir su objetivo hacia una segunda trama más endeble y edulcorada. Quizás esperando que hubiese sido tan cabrona con nuestra omnipresente clase media como Buñuel, Berlanga o Bardem (el talento de Planell así promete desde los títulos), “La vergüenza” extingue con menos fuerza sus sólidos argumentos de filme muy notable.
Intérpretes: Alberto San Juan, Natalia Mateo, Norma Martínez
Web: http://www.laverguenza.com/
Existe una esplendorosa vertiente del cine español, bastarda de Berlanga, Buñuel y Bardem (y de Baroja, y de Clarín, y de Fernández Flórez), encantada con revolver la mierda de la burguesía. Berlanga acompañaba (¡cómo acompaña Berlanga!) a los señores que traían a un pobre a su mesa en Navidad; Buñuel se acostaba, se pervertía con Catherine Deneuve y Jean Sorel; Bardem desangraba las risas que sobrevuelan a una solterona en una ciudad miserable. En “La vergüenza”, David Planell explora ese lado oculto, esa cara pútrida de dos personas, Lucía (Natalia Mateo) y Pepe (Alberto San Juan), que valoran devolver al niño peruano que acogieron.
Ganadora del festival de Málaga, la película disecciona sentimientos primarios e infantiles: rechazo, vergüenza, dependencia… y los maquilla, hábilmente, entre excusas adultas, encriptadas, vacías. Son los personajes de Planell unos treintañeros acomodados que no consiguen descubrir las consecuencias de sus actos hasta que se han materializado, hasta que pasan de lo invisible a lo evidente. Mediante de una propuesta teatral (el propio director confesó en la presentación que era una “película pequeña convertida en grande”), una pareja machaca sus sueños con mil mentiras que, como cantaba Sabina, no merecen ser verdad. A esos caracteres inseguros, asediados por las dudas, Planell asigna un reparto que demuestra su capacidad interpretativa aguantando los envites de un último tramo irregular. A San Juan (actor monocorde, digno hoy), Mateo y Martínez, debe el largometraje una gran parte de su efectividad: estalla la tragicomedia en el momento exacto, con la dosis recomendada, a través de sus bocas reventadas, de sus reproches enmascarados.
Pero, mientras que en la primera hora Planell horada en las contradicciones hasta pedir apósitos (magnífica la escena con la nueva evaluadora), no sucede lo mismo al dirigir su objetivo hacia una segunda trama más endeble y edulcorada. Quizás esperando que hubiese sido tan cabrona con nuestra omnipresente clase media como Buñuel, Berlanga o Bardem (el talento de Planell así promete desde los títulos), “La vergüenza” extingue con menos fuerza sus sólidos argumentos de filme muy notable.
Etiquetas:
alberto san juan,
david planell,
la verguenza,
natalia mateo
Suscribirse a:
Entradas (Atom)