Directora: Jennifer Yuh
Web: http://www.kungfupanda.com/
Incluso a primera vista, “Kung Fu Panda” dispone de un buen número de hallazgos. En una realidad audiovisual global y enmarañada, la producción de Dreamworks combina (y se recrea) en la remezcla de estilos hasta (cortarlos y) pegarlos en una sola formalidad. Aparte de a sus personajes recuerrentes (esa hábil contraposición de supergrupo/ antiheroe), el filme de Jennifer Yuh fuerza a cohabitar a, en principio, formatos contradictorios de animación (manga, 3D, animación clasica, Tex Avery) casi con la misma gentileza con la que su panda hace kung fu. Permanece la fórmula de los directores de la primera parte, Osborne y Stevenson, porque la firmante de la secuela retoma sus mandatos con una fidelidad extrema y mínimas licencias. Lo que funciona en la cabeza del espectador (maravilloso prólogo de teatro de sombras en 3D), mantenlo.
Y si hay una pieza esencial en la cabeza del aficionado al cine de aventuras, ésa es la posibilidad serial. Después del éxito (comercial y crítico) del capítulo inicial, parece lógico que las andanzas de Po y sus amigos se repitan hasta que se (nos) agoten. En está ocasión toca derrotar a un enemigo que proviene del pasado, un pavo real con aspiraciones edípicas que da pie a estudiar el inconsciente del oso protagonista en desbordantes “flashbacks”. Como le advierte su maestro (psicoanalista/zen, más cruces), una vez alcanzado el dominio de las artes marciales, toca encontrar la paz interior. Por eso, resulta lógico que la conclusión final sea contraria al materialismo de aquella estupenda escena de “Indiana Jones y el templo maldito” en la que Indiana demostraba empíricamente la superioridad de la pólvora frente a la espada. Quizá ambas ficciones no defiendan lo mismo pero, en suma (y aunque estemos de acuerdo con Indiana), “Kung Fu Panda 2” se disfruta por idénticas razones que las aventuras del arqueólogo spielbergiano; lo que tiene(n) de clásico, de inocente, de trepidante (y de moderno).
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sábado, 18 de junio de 2011
sábado, 12 de julio de 2008
KUNG FU PANDA
Director: Stevenson & Osborne
Web: http://www.kungfupandainternational.com/intl/es
A pesar de las (relativamente) flojas “Shrek III” y “Vecinos invasores”, la factoría de animación de la Dreamworks está empeñada en engendrar filmes de una calidad asombrosa. “Kung Fu Panda” exprime hábilmente el libro de estilo de la productora (fábulas animales, antihéroes, superación personal) y lo mezcla con el “manga” (avisamos, no sólo formalmente), como antes hicieran al arrimar “Shrek” a los cuentos tradicionales.
Comienza en esa clave la cinta, entregada a un panda barrigón que sueña en sueños de trazo afilado con pelear al lado de los más dotados luchadores de su país. Una vana esperanza cuando descubrimos que su presente se resume en servir tallarines mientras le vigila su padre, un pato delgaducho con filias (una prueba, su hijo) interraciales. Únicamente un guiño del destino, de la mano del ancianísimo maestro Zeng, le señalará con la responsabilidad de librar a su pueblo del regreso del malvado Tai Lung.
Gracias a su hábil remezcla con un imaginario instalado en nuestros discos duros cinematográficos (nombremos a Bruce Lee y súbditos), “Kung Fu Panda” atrae desde su arranque aprovechando además su genética entre el “toon” y el “manga”. Encima, para completar el pastel, Stevenson y Osborne tejen un mosaico deslumbrante que rodea a nuestro antihéroe arquetípico (redondeado y torpe; miserable y encantador) y que acaba revelándose como la principal baza de la película. Así, frente a otras producciones, todos los personajes interesan (y, olé, ¡bien construidos!): no se puede sacar ninguna tacha ni a los cinco luchadores; ni al maestro Shifu; ni, vayamos a los secundarios, al rinoceronte general Vachir o a esa pobre ave mensajera. Marionetas ellas de unos creadores hiperdotados, nos arrastran casi sin darnos cuenta a través de ochenta minutos espléndidos que, ¡zas!, ya se han terminado.
Web: http://www.kungfupandainternational.com/intl/es
A pesar de las (relativamente) flojas “Shrek III” y “Vecinos invasores”, la factoría de animación de la Dreamworks está empeñada en engendrar filmes de una calidad asombrosa. “Kung Fu Panda” exprime hábilmente el libro de estilo de la productora (fábulas animales, antihéroes, superación personal) y lo mezcla con el “manga” (avisamos, no sólo formalmente), como antes hicieran al arrimar “Shrek” a los cuentos tradicionales.
Comienza en esa clave la cinta, entregada a un panda barrigón que sueña en sueños de trazo afilado con pelear al lado de los más dotados luchadores de su país. Una vana esperanza cuando descubrimos que su presente se resume en servir tallarines mientras le vigila su padre, un pato delgaducho con filias (una prueba, su hijo) interraciales. Únicamente un guiño del destino, de la mano del ancianísimo maestro Zeng, le señalará con la responsabilidad de librar a su pueblo del regreso del malvado Tai Lung.
Gracias a su hábil remezcla con un imaginario instalado en nuestros discos duros cinematográficos (nombremos a Bruce Lee y súbditos), “Kung Fu Panda” atrae desde su arranque aprovechando además su genética entre el “toon” y el “manga”. Encima, para completar el pastel, Stevenson y Osborne tejen un mosaico deslumbrante que rodea a nuestro antihéroe arquetípico (redondeado y torpe; miserable y encantador) y que acaba revelándose como la principal baza de la película. Así, frente a otras producciones, todos los personajes interesan (y, olé, ¡bien construidos!): no se puede sacar ninguna tacha ni a los cinco luchadores; ni al maestro Shifu; ni, vayamos a los secundarios, al rinoceronte general Vachir o a esa pobre ave mensajera. Marionetas ellas de unos creadores hiperdotados, nos arrastran casi sin darnos cuenta a través de ochenta minutos espléndidos que, ¡zas!, ya se han terminado.
Etiquetas:
crítica de cine,
dibujos animados,
kung fu panda
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