Director: Matthijs Van Heijningen
Intérpretes: Mary Elizabeth Winstead, Joel Edgerton, Ulrich Thomsen
Web: http://www.quieneslacosa.es/
En algunas tardes tontas, la pregunta al final de la película no es "¿qué pasará después?", sino "¿qué pasó antes?". Por ejemplo, la reciente "El origen de el planeta de los simios" rellenaba, con irregularidades, el vacío existente entre la hecatombe de la civilización humana y el aterrizaje del astronauta Taylor (Charlton Heston). Ahora, le toca el turno a "La cosa", esa maravilla que John Carpenter rodó en 1982. Y la forma de abordar el proyecto no puede ser más interesante. ¿Cómo llegaron el extraño visitante norteño y ese (maldito) perro a la estación polar donde trabajaba Kurt Russell?
El cineasta holandés Matthijs van Heijningen debuta en una superproducción norteamericana entendiendo a la perfección las coordenadas de la novela original en la que se basaba Carpenter, "Who goes there?" de John W. Campbell. Largometraje de ciencia-ficción y terror, esta "La cosa" también hereda la vocación lúdica de sus antedecesoras, con ese juego a "¿quién es el asesino?" que intensifica (y diversifica) sus valores fílmicos alrededor de una panda de semidesconocidos y la nueva "reina del grito", Mary Elizabeth Windstead. Así, el descubrimiento de una nave en medio del Ártico y la apertura de esa gélida caja de Pandora con monstruo dentro, se disfruta a medida que recordamos lo que nos gustaba de la original.
Asumiendo que Van Heijningen no posee la maestría de un Carpenter desatado, pero que retiene dotes de buen realizador, se echa de menos ese punto de atrevimiento bizarro que atesora la filmografía del director norteamericano. Quizá influido por remakes rutinarios o por sus productores, en determinados instantes (especialmente en los que se desentraña el misterio), se agradecería un poco más de mala leche. De todos modos, como en las buenas películas de criatura, siempre nos queda la criatura. Replicando humanos, ensamblando caras u ocupando perros, la monstruosidad amorfa del filme nos reitera (aún con cierta monotonía) el porqué nos encantan estos engendros. Solo la posibilidad de un mal mayor (la conquista del mundo), roba la ternura a un organismo huérfano de forma, que, pobre, trata de sobrevivir.
Mostrando entradas con la etiqueta ulrich thomsen. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ulrich thomsen. Mostrar todas las entradas
lunes, 24 de octubre de 2011
lunes, 4 de abril de 2011
EN UN MUNDO MEJOR
Directora: Susanne Bier
Intérpretes: Mikael Persbrandt, Ulrich Thomsen, Markus Rygaard
Web: http://www.sonyclassics.com/inabetterworld/
En su docu-serie “Cosmos”, Carl Sagan explicaba que “el universo no parece que sea benigno ni hostil, sino simplemente indiferente”. La directora de las notables “Cosas que perdimos en el fuego” y “Brothers”, Susanne Bier, aplica en su decimotercer filme esta afirmación a dos (micro)universos respirables, la Dinamarca del bienestar social y el Sudán en guerra permanente, para desenmascarar a través de un buen doctor (extraordinario Mikael Persbrandt), la violencia indiferente, soterrada en un caso y manifiesta en el otro, que alimenta ambas realidades.
Es especialmente acertada la parte de su metraje que se centra en la vida familiar del médico: su hijo Elias, maltratado en el colegio, traba amistad con Christian, un chico con rasgos psicopáticos, que le defiende de los mafiosos de la clase. Empapado en ese crisol de contradicciones (el “sociedad, educación e igualdad” danés contrapuesto al inmediato refuerzo de la solución violenta), el guión de Anders Thomas Jensen se convierte en una de sus obras esenciales y, así, el brutal arranque de “Mamá es boba” (1997), de Santiago Lorenzo (“me dan vergüenza mis padres”, decía allí el chiquillo palentino protagonista), vuelve a la memoria en una de las escenas familiares más crudas del último cine mundial: la derrota de un padre a cachetazos de un matón delante de su hijo y la venganza posterior de éste último (el “Haeven” del título original significa “venganza”), casi intentando reanimar esa confianza malherida (en suma, esa vergüenza inesperada) en el progenitor/héroe.
Financiada por Zentropa, la productora de Lars Von Trier, y ganadora del Oscar a la mejor película extranjera, “En un mundo mejor” se balancea entre estas dos querencias. De una formalidad/sentimentalidad seca y aterradora (en puro sentido “Dogma”), sólo diluida por las inmensidades africanas, el filme se desmerece defendiendo, quizá en lo más endeble de su planteamiento (ahí su vertiente hollywoodiense), el regreso naif a la armonía. El continente salvaje se acaba tragando a sus (malos) salvajes y el continente civilizado acaba civilizando a sus (malos) incivilizados. Aunque Sagan (y el Woody Allen de “Delitos y faltas”) hubiese arrastrado su conclusión a un sano materialismo, se engrandece el talento incómodo de Bier por poner a prueba verdades (supuestamente) universales y, en el fondo, tan problemáticas como el amor filial, el deber de venganza o, mientras la turba tortura a un paciente, el juramento hipocrático.
Intérpretes: Mikael Persbrandt, Ulrich Thomsen, Markus Rygaard
Web: http://www.sonyclassics.com/inabetterworld/
En su docu-serie “Cosmos”, Carl Sagan explicaba que “el universo no parece que sea benigno ni hostil, sino simplemente indiferente”. La directora de las notables “Cosas que perdimos en el fuego” y “Brothers”, Susanne Bier, aplica en su decimotercer filme esta afirmación a dos (micro)universos respirables, la Dinamarca del bienestar social y el Sudán en guerra permanente, para desenmascarar a través de un buen doctor (extraordinario Mikael Persbrandt), la violencia indiferente, soterrada en un caso y manifiesta en el otro, que alimenta ambas realidades.
Es especialmente acertada la parte de su metraje que se centra en la vida familiar del médico: su hijo Elias, maltratado en el colegio, traba amistad con Christian, un chico con rasgos psicopáticos, que le defiende de los mafiosos de la clase. Empapado en ese crisol de contradicciones (el “sociedad, educación e igualdad” danés contrapuesto al inmediato refuerzo de la solución violenta), el guión de Anders Thomas Jensen se convierte en una de sus obras esenciales y, así, el brutal arranque de “Mamá es boba” (1997), de Santiago Lorenzo (“me dan vergüenza mis padres”, decía allí el chiquillo palentino protagonista), vuelve a la memoria en una de las escenas familiares más crudas del último cine mundial: la derrota de un padre a cachetazos de un matón delante de su hijo y la venganza posterior de éste último (el “Haeven” del título original significa “venganza”), casi intentando reanimar esa confianza malherida (en suma, esa vergüenza inesperada) en el progenitor/héroe.
Financiada por Zentropa, la productora de Lars Von Trier, y ganadora del Oscar a la mejor película extranjera, “En un mundo mejor” se balancea entre estas dos querencias. De una formalidad/sentimentalidad seca y aterradora (en puro sentido “Dogma”), sólo diluida por las inmensidades africanas, el filme se desmerece defendiendo, quizá en lo más endeble de su planteamiento (ahí su vertiente hollywoodiense), el regreso naif a la armonía. El continente salvaje se acaba tragando a sus (malos) salvajes y el continente civilizado acaba civilizando a sus (malos) incivilizados. Aunque Sagan (y el Woody Allen de “Delitos y faltas”) hubiese arrastrado su conclusión a un sano materialismo, se engrandece el talento incómodo de Bier por poner a prueba verdades (supuestamente) universales y, en el fondo, tan problemáticas como el amor filial, el deber de venganza o, mientras la turba tortura a un paciente, el juramento hipocrático.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)