sábado, 18 de octubre de 2008

EL REINO PROHIBIDO

Director: Rob Minkoff
Intérpretes: Jet Li, Jackie Chan, Michael Angarano
Web: http://www.forbiddenkingdommovie.com/

Jackie Chan y Jet Li forman una pequeña “Chinatown” dentro de Hollywood con sus películas de gran presupuesto al servicio de las artes marciales. Nada más ver sus movimientos molones y sus tortas de escalpelo, uno se extrañaba de que nunca hubiesen trabajado juntos. “El reino prohibido” rellena ese déficit en la cultura occidental.

De inicio convincente, Jet Li peleando en montañas sin cumbre, el metraje del ínclito Rob Minkoff (“Stuart Little”) pasa de una cultura milenaria a una cultura deficitaria. Con escenas calcadas a la maligna “Gremlins” de Joe Dante, la relación de un chavalote con un comerciante chino acaba en tragedia por culpa de unos maleantes. Menos mal, un báculo mágico de la tienda oriental permite al mozo escapar a otro tiempo, evitar el mal rollo y pelear al lado de Lu Yan (Jackie Chan) para liberar al Rey Mono (Jet Li). Habría que aclararle a Minkoff un detalle no muy evidente: no le basta a una película de artes marciales con artes marciales. Pide además una dirección delicadamente agresiva (Ang Lee, ejemplo manido) y, sobre todo, una historia con encanto. “El reino prohibido” recuerda a esas gigantescas réplicas de Las Vegas que lo único que guardan de Egipto son sus turistas egipcios. En este caso, lo único oriental del filme son sus protagonistas.

sábado, 11 de octubre de 2008

LA CONSPIRACIÓN DEL PÁNICO

Director: D.J. Caruso
Intérpretes: Shia LaBeouf, Michelle Monaghan, Billy Bob Thorton
Web: http://www.eagleeyemovie.com/

En una existencia hípermonitorizada (satélites, tarjetas de crédito, IDs, Facebooks, pasaportes...), la rutina significa discurrir de un sistema a otro. Desde Medio Oriente, ahí nos sitúa el prólogo de “La conspiración del miedo”, los movimientos de un grupo de musulmanes en un funeral se emiten a una sala del Pentágono como si se tratase de la “Superbowl”. Este mundo, esta globalización nuestra, abarca la acción del estreno de hoy. Antecedida por algunos referentes (obligado nombrar, de corrido, a “La conversación” de Coppola y a “Enemigo público” de Tony Scott), la película de D.J. Caruso (“Disturbia”) renquea en aspectos esenciales de las anteriores.

De inicio, el texto de Dan McDermott y John Glenn no pretende ahondar (cierto, hablamos de una película de acción) en aquella sociología que podría aportar un extra a la cinta: el continuo seguimiento del individuo dentro de la sociedad de consumo. Enredado en redes y redes (sociales, informáticas, militares), el personaje de Shia Labeouf viene a parecerse mucho, una pena que no lo hayan aprovechado, al Josef K. kafkiano en su progresiva exposición a una realidad monitorizada y, paradójicamente, incomprensible. Durante una de las mejores escenas, en vez del habitual “agilice su compra”, los neones de la calle avisan al protagonista de que evite los peligros y arrastran a las máquinas hacia ese futuro que predecía James Cameron en “Terminator”.

Desgraciadamente, “La conspiración del miedo” ni se decide por una postura crítica ni atrae como película de acción. Preocupada en mantener un ritmo constante, necesitaría de una trama más sólida (aún conservando su género) que la alejase del aséptico desarrollo de videojuego (peligro tras peligro, explosión tras explosión, sin hilo conductor). Billy Bob Thorton lo intenta con su (típico) rol de director de espionaje pero esa táctica (dar lustre al fotograma con un secundario potente) es un truco muy pobre.

HAPPY

Director: Mike Leigh
Intérpretes: Sally Hawkins, Alexis Zegerman, Eddie Marsan
Web: http://www.happy-go-lucky-movie.co.uk/

“El secreto de Vera Drake” (2004) reavivó con brío el interés por el británico Mike Leigh. Quizá abrumado por la responsabilidad de continuar la estela de la magistral “Secretos y mentiras” (1996), la filmografía del cineasta flaqueó con propuestas que iban desde lo irregular (“Topsy-Turvy”, “Todo o nada”) a lo irrelevante (“Dos chicas de hoy”). Tuvo que llegar esa mujer, Vera Drake, erosionada por el tiempo y la culpa, para redescubrirnos la maestría del director. Junto a la delicadísima interpretación de Imelda Staunton, Leigh realizó una (dolorosa, necesaria) anamnesis del aborto, sacando a la luz sucesos enterrados por la memoria colectiva.

Casi en una suerte de terapia tras el drama, Mike Leigh presenta estos días su siguiente proyecto, “Happy”, envuelto en un papel alegre y ligero. Centrado en Poppy (Sally Hopkins), una vital profesora londinense, el guión abre su objetivo a las relaciones que la rodean y los efectos que ella causa en los demás. Con una actriz espléndida a las riendas (magnética Hopkins en su despreocupación), no le resulta difícil a Leigh sostener los mimbres del largo. Decimos “sostener” porque todo se tambalea al descubrir que “Happy” se compone de una serie de capítulos de muy desigual fortuna y de nula interconexión. Incluso, da la impresión de estar viendo trozos de diferentes películas con un mismo papel protagonista. Obviando los insertos más débiles (un vagabundo ecolálico o un maltrato infantil desconcertante), la fuerza del filme se condensa en los encuentros entre Sally Hopkins y otro enorme actor, Eddie Marsan. Él, neurótico al volante, y ella, neurótica de copiloto, extraen con sus marcianos encuentros el jugo de esta obra (¿intencionadamente?) menor de Mike Leigh.

TRES MUJERES Y UN PLAN

Director: Callie Khouri
Intérpretes: Diane Keaton, Queen Latifah, Katie Holmes
Web: http://www.madmoneymovie.com/

Callie Khouri irrumpió en escena con un Oscar por su primer guión, “Thelma y Louise”. Especialista en historias de mujeres “liberadas”, la realizadora ha escrito “Algo de que hablar” y dirigido “El clan Ya-Ya” antes de su nueva película, “Tres mujeres y un plan”. Perfecto antídoto para la crisis nuestra de cada día, el metraje apuesta por unas féminas del medio Oeste norteamericano que deciden robar el banco en el que trabajan como limpiadoras.

Salvo en sus consejos “mangante-financieros”, el filme de Khouri falla completamente. De inicio, en su texto simplón (cansa la cantinela temática de la guionista); de continuación, en su realización aburrida; y de epílogo, en su interpretación. Eso sí, nada duele como este punto. Que nuestra adorada Diane Keaton se arrastre por fotogramas de esta calaña entristece mucho. Treinta años (“Manhattan”) sin participar en una película redonda queman demasiado. Aunque no hay mal que por bien no venga; “Tres mujeres y un plan” confirma el regreso de un actorazo, Ted Danson, impresionante en la serie de HBO “Daños y perjuicios”.

UNA CONEJITA EN EL CAMPUS

Director: Fred Wolf
Intérpretes: Anna Faris, Colin Hanks, Emma Stone
Web: http://www.thehousebunny.com/

“¿Cuándo fue el Gran Estallido? ¿Dónde estamos antes de nacer? ¿Dónde está el eslabón perdido? ¿Dónde vamos después de morir?...” se preguntaban los chicos de “Siniestro Total” en su canción “¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿A dónde vamos?”. Sería justo añadir otra pregunta a su retahíla de cuestiones vitales: ¿a dónde van las chicas de “Playboy” cuando cumplen los treinta?
Fred Wolf trata de responder a este misterio con “Una conejita en el campus”. Shelley (Anna Faris), una moza de “Playboy” retirada forzosamente por la edad, retoma su carrera enseñando a unas chicas universitarias a comportarse como unas verdaderas “playmates”. No lo duden, cuando uno va al cine a ver una comedia gamberra con chiquillas de por medio, tampoco pretende admirar el nacimiento de un nuevo arte occidental. Pero “Una conejita en el campus” no alcanza ni la calificación de entretenimiento fácil. Aparte de un buen punto de partida (nadie les va a quitar esa coña), el resto de la comedia se factura burdamente hasta acabar en un mogollón intragable de “gags” baratos. Entre ellos, rebuscando, tampoco nos valdría la (en tiempos) cachonda Anna Faris.

sábado, 4 de octubre de 2008

REFLEJOS

Director: Alexandre Aja
Intérpretes: Kiefer Sutherland, Amy Smart, Paula Patton
Web: http://www.mirrorsmovie.com/

Las oportunidades en Hollywood no se regalan. En lugar de un proyecto propio, al joven realizador francés Alexandre Aja le tocó cocinar el “remake” de “Las colinas tienen ojos” para acceder a las “majors” estadounidenses. Vistos los resultados económicos, le han permitido ir un paso más allá. Rodar otra revisitación, esta vez desde un original coreano (“Al otro lado del espejo”), con algunas licencias. De la mano de Kiefer Sutherland, un actor que ha conseguido entrar en primera línea a través de la televisión, Aja bucea en un territorio común al terror: el subgénero de lugares malditos. Ben Carson (Sutherland) busca redefinir su vida; un nuevo trabajo como guardia de seguridad nocturno en la restauración de unas galerías comerciales destruidas por un incendio.

Siguiendo el mismo viaje al mismo infierno que Jack Torrance en “El resplandor”, Carson se hunde en su propia imagen a medida que “Reflejos” avanza. De fotogramas firmes y, a ratos, innecesariamente “gore”, las imágenes en el espejo inutilizan la física, reafirman el cine y consiguen asustar al espectador sin faltarle al respeto. Afortunadamente, la fantasía de Aja no se limita a experimentar con terrores visuales. El mundo de “Reflejos”, nuestro mundo, se está expandiendo (nos está comprimiendo) mediante más y más espejos. En el retrovisor del coche, en los pliegos del agua, en las habitaciones, en enormes marcos inmortales,... la constancia de una realidad patológicamente “re-re-flejada” sobre sí misma asienta el discurso de Aja fuera del típico horror “estándar”. Obviamente, contraponiéndolo a su primera hora, el paródico desenlace (esa monja...) merece poco respeto. Tan sólo un final inevitable recupera a Stephen King, a su galería de hombres que atraviesan el espejo y descubren el horror.

DEATH RACE

Director: Paul W. S. Anderson
Intérpretes: Jason Statham, Joan Allen, Ian McShane
Web: http://www.lacarreradelamuerte.es/

En un mundo ideal, realizar un “remake” de una película implicaría además trepanar el cráneo del espectador. Eliminar prejuicios, desembarazar la interpretación del recuerdo, abrir el enfoque a formas nuevas... en definitiva, un trabajo que pide al cinéfilo un poco de actitud y al cineasta un poco de aptitud. Quietos; ¡no me suden ante tanta responsabilidad! “Death race” no es el caso. Paul W.S. Anderson, plasta de profesión (citemos a “Soldier” o “Alien vs. Predator”), sólo recoge el nombre del clásico de Corman (encima, le quita el “2000” del título) y lo llama “remake”. Aquel largometraje, precursor “trash” de la violencia de “Playstation”, arrancaba con el Apocalipsis y una buena idea: un concurso con la muerte de premio. Inevitablemente envejecida, la versión anterior conserva su honesto intento (vale, también sonrojante) de manufacturar a bajo precio un producto decente de ciencia ficción.

Justo lo contrario que la aproximación de Anderson, una cinta vacua (a veces, más preocupada del volumen de la BSO que de lo que cuenta), risible (su juego de alianzas empalaga) e innecesaria. Ni siquiera la presencia de Joan Allen, convertida en una pétrea directora de prisión, proporciona algo de interés. Damos fe: la carrera de Anderson sigue resumiéndose en planos y planos; sangre y sangre; ruido y ruido, mientras nosotros intentamos dormir.

LA BATALLA DE SEATTLE

Director: Stuart Townsend
Intérpretes: Charlize Theron, Woody Harrelson, Ray Liotta
Web: http://www.widepictures.es/batallaenseattle/

Que un actor de filmes manufacturados (“La liga de los hombres extraordinarios”) saque a relucir sus posiciones políticas debería ser, cuanto menos, respetable. Stuart Townsend, ese hombre casado con Charlize Theron (nótese la envidia), aprovecha su condición de “star” emergente y produce, dirige y escribe “La batalla de Seatle”; una narración de los días que se vivieron en la ciudad estadounidense durante el encuentro de la OMC (Organización Mundial de Comercio) en 1999.

En un género que linda el documental y el drama, lo mejor de la titubeante película de Townsend aparece cuando el metraje se decanta por una u otra opción. Su denuncia y su esperanza, ésa que permanece siempre al rebelarse el personal contra una situación asfixiante, se desmerece con unas ficciones propias de “TV movie” (una embarazada en peligro, un policía arrepentido). En suma, el guión se reduce a admirar a Liotta encarnando al alcalde de Seattle ante sus propias contradicciones (ayer, manifestante; hoy, represor). Sin duda, si algo destaca del filme de Townsend (eliminemos su parte dramática) es su personalidad, que machaca nuestros prejuicios alrededor del realizador/actor. Pesan las intenciones sobre la calidad y los tópicos frente a los argumentos. Mejor eso que nada.

lunes, 29 de septiembre de 2008

YOUNG (CROSBY, STILLS & NASH)

CSNY Deja Vú
Director: Bernard Shackey
Intérpretes: Neil Young, David Crosby, Stephen Stills, Graham Nash
Web: http://www.avalonproductions.es/csny/

En un corte de “CSNY: Deja Vú Live”, la película que documenta el tour de CSNY contra la guerra de Irak, Stephen Colbert le pregunta a Neil Young “¿No tuviste ya tu ración de protesta con la guerra de Vietnam?”. El cantautor responde contundentemente: “Lo intenté. Lo intenté hasta que cumplí los sesenta”. Con esa edad (2006) y con sus tres amigos (David Crosby, Stephen Stills y Graham Nash), Neil Young se embarcó en su gira más combativa desde finales de los sesenta. Combinando temas de “Living with war” con himnos antibélicos del repertorio del grupo (“For what it’s worth”, “Deja Vú”, “Wooden ships”), los conciertos de CSNY partían de una idea cristalina: remover conciencias norteamericanas. Mismo propósito alberga “CSNY: Deja Vu” mediante la imagen: solapar biografías de guerra (madres desgarradas, veteranos sin futuro) con las circunstancias del viaje (protestas, criticas negativas, burlas la edad del grupo…).

Bajo el pseudónimo de Bernard Shakey y ayudado por el reportero de guerra Mike Creed, Neil Young dirige un filme que sobrepasa al espectador “fan”. El metraje se rebela, en tono reivindicativo, cabreado y pacifista, contra los innecesarios tiempos de guerra en los que nos han obligado a vivir. Por eso, extraña que nuestra escena favorita atrape un momento íntimo: a punto de encarar (coraje, honestidad, compromiso) el escenario, los tres componentes del grupo abrazan a un Young emocionado por sus muestras de cariño. Todavía estamos aquí, parece que repiten.


Hemos estado aquí antes...

domingo, 28 de septiembre de 2008

AHORA, PAUL NEWMAN SIEMPRE


Te queremos, Paul Newman

Paul Newman (1925-2008) desapareció ayer de nuestras vidas de manera contrapuesta a cómo apareció en ellas. Mientras que su muerte fue progresiva, sosegada y discreta, ¿hay alguien capaz de sobrevivir a los primeros fotogramas de Paul Newman en el cine? Un revés de seducción y talento noquea al espectador en “Marcado por el odio” (1956), poco después de su debut en “El cáliz de plata” (1954). De golpe, el boxeador Rocky Graciano permite al actor, además de sustituir al fallecido James Dean, tocar la cima de Hollywood casi al llegar. Su considerable formación en series de televisión y teatro marca su siguiente rol: Ben Quick en “Un largo y cálido verano” (1958). Arrebatado de Faulkner, el texto le proporciona un personaje característico que Newman revisitará a lo largo de su carrera. Joven perdedor, sin hogar a dónde regresar y dispuesto a quemar su existencia. Ése también es Brick Pollit, bebedor profesional de “La gata sobre el tejado de zinc” (1958). Este hombre, enmarañado entre su padre y una mujer por la que siente rechazo, muta en su primera nominación al Oscar.

Contradictoriamente, la monumentalidad y las elevadas intenciones de “Éxodo” (1960) han envejecido tan rápido que sólo sirven de referencia previa a la modesta y definitiva “El buscavidas” (1961). Otto Preminger (y Dalton Trumbo) crean el papel decisivo de Paul Newman: Eddie Felson. El intérprete adopta a este jugador suicida de billar para arrastrarlo a través de callejones donde no valen los ojos azules ni el encanto de clase alta. “El buscavidas” abrasa el alma hasta más allá del cuerpo de Newman. Por eso, tras esta demostración inigualable por la que ¡no! gana el Oscar, era lógico que sus siguientes proyectos bajasen de nivel: la revisable “Dulce pájaro de juventud” (1962) o la divertida “El premio” (1963) valdrían de muestra.

Repleto de atractivo, Paul disfruta con “Harper” (1966), nuestro detective “mod” favorito, y con “Cortina rasgada” (1966), un Hitchcock mediano. De paso, enamora a las mujeres de medio mundo. La esplendida “La leyenda del indomable” (1967) podría considerarse su última película de juventud, un hecho que él mismo reafirma con su maduro debut en la dirección, “Raquel, Raquel” (1968).

Los setenta, entierro del sistema de estudios, aportan un sabor agridulce a la carrera del actor. Lo más característico de la década, su alianza con Robert Redford y el director George Roy Hill, genera “Dos hombres y un destino” (1969), un western “hippie” de libro, y la agradablemente engañosa “El golpe” (1973). Con ellas conviven proyectos “major” de relativa calidad como “El coloso en llamas” (1974), “El hombre de Mackintosh” (1973) o “El castañazo” (1978); aciertos como “Buffalo Bill” (1976), “El juez de la horca” (1972) o “Con el agua al cuello” (la vuelta de Harper); y la dirección de una apuesta hoy olvidada injustamente “El efecto de los rayos gamma sobre las margaritas” (1972).

A partir de esa fecha, los proyectos cinematográficos van bajando ritmo y calidad. Tragedias personales, aficiones paralelas o trabajos benéficos provocan una menor vinculación de Newman con el cine. “Veredicto final” (1982), negrísimo de Lumet; “Creadores de sombra” (1989), un acercamiento a los padres de “la Bomba”, y la controvertida “Esperando a Mr. Bridge” (1990), son ejemplos de producciones estimables que no consiguen la altura de la obra anterior de Newman. No la roza tampoco con Scorsese y su personaje estrella, Eddie Felson, en la irregular “El color del dinero” (1986) por la que ¡sí! gana el Oscar.

Únicamente Robert Benton comprendió a Newman en su última época. “Al caer el sol” (1998), ese Harper envejecido en un país para jóvenes y, sobre todo, “Ni un pelo de tonto” (1994), probablemente la mejor película de Newman en muchos años, devuelven al actor las esencias de un pasado enorme. Su despedida de la actuación en cine, lo sobresaliente de “Camino a la perdición” (2002), predecía un lento adiós. Así, “Empire falls” (2005), una miniserie dirigida por Fred Schepsi, supone el epílogo del intérprete.

Su maldito deterioro, erosionando con saña a aquel joven que nos miraba desde el lienzo, ha alcanzado los títulos de crédito. Como si se tratase de un “vídeo-homenaje” de una gala de premios cualquiera, Paul Newman regresa hoy a nuestra memoria. Ahora, salta con Robert Redford a un río; ahora, zampa huevos sin parar; ahora, atraviesa estancias en silla de ruedas; ahora, tima a Robert Shaw; ahora, Melanie Griffith le enseña los pechos; ahora, sus ojos azules en blanco y negro; ahora, Paul Newman siempre.