Director: Scott Hicks
Intérpretes: Owen Wilson, Emma Booth, Laura Fraser
Web: http://www.boysarebackmovie.com/
Cada año que pasa, nos reafirmamos más los que considerábamos "Shine" una demostración abrumadora de dos actores, Geoffrey Rush y Armin Müeller-Stahl, dentro de una película olvidable. Ésto va por esos humanos (un cinéfilo funciona igual que un “hooligan”) que auparon a su director, Scott Hicks, a un papel que no le corresponde: el de alguien a seguir. Sus siguientes proyectos ocupan el lugar que se merecen. "Mientras nieva sobre los cedros", un Ang Lee desmejorado, "Corazones en Atlántida", un Frank Darabont desmejorado, y "Sin reservas", un Sandra Nettelbeck
(muy) desmejorado, bastaban para descubrir el verdadero rol del ugandés: un realizador esforzado de pantalla grande. Reconfirma Hicks nuestra teoría “freak” con "Sólo ellos" (eso sí, sin provocarnos la incapacidad sensorial de la ya citada "Sin reservas"). Después de que su mujer muera, un hombre de mediana edad (Clive Owen) decide criar solo al chiquillo de ambos (Nicholas McAnulty). La convivencia entre los dos y la irrupción de otro hijo de un anterior matrimonio, centran los argumentos del metraje.
Basada en la autobiografía del periodista Simon Carr, el propio autor declaraba en la nota de prensa que el objetivo de su libro era reivindicar a los padres en la familia porque “hemos sido retratados por novelistas y realizadores durante los últimos 25 años y siempre nos han dejado fatal. Ahora nos queda un arduo camino por delante para recomponernos y demostrar que podemos hacerlo. ¡Cómo si nosotros no tuviéramos sentimientos!”. Amigas, no se me acerquen a estos “gremlins”. Lo primero que hay que desmontar del texto/filme son sus supuestas intenciones transgresoras: al pintar al hombre de viudo ejemplar y en las costuras de alguien tan "cool" como Clive Owen, poco tenemos que objetar a que se quede con el niño (¡casi que le regalamos a los nuestros y a ver si nos salen del palo de Clive!). Esa provocación de cartón piedra (puestos a molestar, uno apostaría por un recién divorciado de gran corazón con la cara de Mickey Rourke y una ex-mujer del talante de Charlize Theron; a ver a quién escogería ahora el espectador) contagia al resto de la cinta. Sólo el pipiolo Nicholas McAnulty (un asombroso control del gesto) y la música de Sigur Ros ayudan a superar una historia inflada, plagada de planos (ese padre llorando en medio de la carretera, ese recurso sobadísimo de la madre-conciencia) con envoltorio de “melodramón”, con sabor a nada.
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sábado, 10 de abril de 2010
sábado, 21 de marzo de 2009
DUPLICITY
Director: Tony Gilroy
Intérpretes: Julia Roberts, Clive Owen, Paul Giamatti
Web: http://www.duplicity-lapelicula.es/
Un espejo dirigido hacia otro y éste colocado frente a un tercero que descubre uno más. Sobre un mecano de formas deformadas construye Tony Gilroy su nueva película. Superar el impacto de su debut “Michael Clayton” parece difícil, por eso el director neoyorquino escribe un guión (pretendidamente) liviano que busca el juego cómplice con el espectador para desvelar las diversas capas de la batalla entre dos multinacionales.
“Duplicity” posee un mérito de arranque: haber creado los títulos de inicio (con permiso de “Watchmen”) del año. Como en un documental de “National Geographic”, dos primates se enfrentan a cámara lenta por intereses encontrados, revuelven sus pechos inflados, descarrilan sonidos guturales, desatan hostias enormes. Howard Tully (espléndido Tom Wilkinson) y Richard Garsik (espléndido Paul Giamatti) son los presidentes de dos compañias rivales que pelean por un mismo descubrimiento que podría hacerles líderes en el mercado. En medio de la batalla, dos espías (Roberts & Owen) enfrentan sus mentiras con el objetivo de sacar una buena tajada.
Lo mejor de “Duplicity” es su vertiente menos divertida. Frente a su embarullado y pretencioso tablero de secretos y dobles identidades, reluce su disección del funcionamiento del capitalismo feroz. El “ganarás el pan con el sudor de tu frente” del neoliberalismo se torna un eslogan vacío al extraer, como en una autopsia de un cadáver pútrido, los tejemanejes y las miserias de un mundo donde sólo los depredadores consiguen sobrevivir. Si “Michael Clayton” funcionaba a golpes con su despiadada mirada a la justicia y sus vericuetos, “Duplicity” se aúpa con un solitario valor: mostrar con ahínco documental la vida de los tiburones que controlan las existencias de países enteros. Por tanto, aquello que nos vende el cartel (una tontería de espejos caleidoscópicos para desentramar engaños, apelmazada con el habitual “te quiero” de la Roberts), empequeñece y desmerece el verdadero secreto de la película.
Intérpretes: Julia Roberts, Clive Owen, Paul Giamatti
Web: http://www.duplicity-lapelicula.es/
Un espejo dirigido hacia otro y éste colocado frente a un tercero que descubre uno más. Sobre un mecano de formas deformadas construye Tony Gilroy su nueva película. Superar el impacto de su debut “Michael Clayton” parece difícil, por eso el director neoyorquino escribe un guión (pretendidamente) liviano que busca el juego cómplice con el espectador para desvelar las diversas capas de la batalla entre dos multinacionales.
“Duplicity” posee un mérito de arranque: haber creado los títulos de inicio (con permiso de “Watchmen”) del año. Como en un documental de “National Geographic”, dos primates se enfrentan a cámara lenta por intereses encontrados, revuelven sus pechos inflados, descarrilan sonidos guturales, desatan hostias enormes. Howard Tully (espléndido Tom Wilkinson) y Richard Garsik (espléndido Paul Giamatti) son los presidentes de dos compañias rivales que pelean por un mismo descubrimiento que podría hacerles líderes en el mercado. En medio de la batalla, dos espías (Roberts & Owen) enfrentan sus mentiras con el objetivo de sacar una buena tajada.
Lo mejor de “Duplicity” es su vertiente menos divertida. Frente a su embarullado y pretencioso tablero de secretos y dobles identidades, reluce su disección del funcionamiento del capitalismo feroz. El “ganarás el pan con el sudor de tu frente” del neoliberalismo se torna un eslogan vacío al extraer, como en una autopsia de un cadáver pútrido, los tejemanejes y las miserias de un mundo donde sólo los depredadores consiguen sobrevivir. Si “Michael Clayton” funcionaba a golpes con su despiadada mirada a la justicia y sus vericuetos, “Duplicity” se aúpa con un solitario valor: mostrar con ahínco documental la vida de los tiburones que controlan las existencias de países enteros. Por tanto, aquello que nos vende el cartel (una tontería de espejos caleidoscópicos para desentramar engaños, apelmazada con el habitual “te quiero” de la Roberts), empequeñece y desmerece el verdadero secreto de la película.
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