Director: Ryan Murphy
Intérpretes: Julia Roberts, Javier Bardem, Richard Jenkins
Web: http://www.sites.sonypicturesreleasing.es/sites/comerezaama_teaser/
En el estreno de la octava temporada de su programa de debate “Real time” (HBO), el cómico Bill Maher afirmó, con mucha mala baba, que si el pastor Terry Jones quemaba copias del Corán, se les podía permitir a los musulmanes que quemasen copias de la nueva sagrada escritura estadounidense, “Come, reza, ama”. El “bestseller” de Elizabeth Gilbert se mantuvo durante ¡ochenta y ocho semanas! en la lista de libros más vendidos del “New york times”, atrapando con un subtítulo tan pomposo como vacuo (“The search for Everything”, la mayúscula es reveladora) los anhelos/ilusiones de un público objetivo muy determinado y muy apreciado por las marcas en su escalado caníbal de consumidores potenciales. Son las mujeres urbanas, de clase media y media-alta, con estudios y un trabajo estable, a las que azuza la novelista. ¿Y qué les cuenta? Su “historia” de “búsqueda interior” en un viaje “molón” a través del mundo (discúlpenme la acumulación de comillas pero necesito algún tipo de profiláctico lingüístico ante tal patraña). Tras divorciarse de su marido (en la película dramatizado como un idiota insensible en el cuerpo de Billy Cudrup) y “pasar de” una relación “superficial” con un actor que la introduce en la meditación (James Franco), la Gilbert (Julia Roberts) decide emprender un tránsito en tres etapas: la primera, Italia, para zampar; la segunda, India, para rezar a cascoporro y adentrarse en una “espiritualidad cool”; y la tercera, Bali, para darse un gusto con un negociante brasileño (Javier Bardem).
El director Ryan Murphy, renegando de sus agrias (y estupendas) “Recortes de mi vida” (2007) y la serie “Nip/Tuck” (2003), muestra las correrías de la Roberts con una luz cálida, cercana y, miedito, acrítica. Pareciera como si en sus retinas y en las de su extraordinario director de fotografía, Robert Richardson, no se inscribiesen las majaderías que están rodando. La concepción de un viaje de clase alta (o, ¿serán así los viajes de clase alta?) en el que todo se adapta a los preceptos, mandatos y prejuicios de la protagonista (¡incluso un elefante se le acerca mansamente y le arrulla!), deletrea una de las mayores barrabasadas que se han filmado en un buen tiempo, y convierte en quimera, este fenómeno no le ocurre al personal que me acompaña, cualquier suspensión de la verosimilitud. A lo largo del periplo de la Roberts, no hablamos de un “tour” con Marsans, cada una de las personas que se encuentra le tratan con amabilidad, le facilitan las cosas y le ayudan a, finalmente, “sentir el Universo en sí misma”, en una escena únicamente superada en pomposidad y gratuidad por el texto en el que se basa.
Aunque “Sexo en Nueva York 2” sea, categorización definitiva de Tino Pertierra en este diario, “una trama desharrapada”, sí poseía la ligereza de la desvergüenza neoliberal de cuatro mujeres ricas que, al igual que Stallone descarga ansiedades en soldados latinos, acarrean sus manías por compras compulsivas. Porque sólo puede verse “Come, reza, ama” en su papel de prescriptora enmascarada, apocada, “espiritualoide”, de ilusiones de consumo; y sólo puede verse enfrentada a al “blahnikismo” sincero, pijo y descarnado de Carrie Preston y su grupo de zombis devora-complementos. No es extraño que la novela apremie a añorar viajes inasumibles e imposibles; que diversos cines organicen una engendro tan lamentable como “Alfombras rosas” (pases exclusivos para mozas que incluyen un “cocktail” y coloquio posterior); y que la película recomiende “merchandise” circundante a su trama (velas, gorritos, “bolas de meditación”... visiten la tienda oficial worldmarket.com), como única solución a una vida insatisfactora de mujer de clase media. Observar con distancia el filme y disfrutar bebiendo, eructando, fumando de las canciones de Neil Young, Stevie Nicks, Joao Gilberto o Eddie Vedder que componen su BSO pueden ser algunas de las justificaciones a no cabrearse con semejante desfachatez.
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lunes, 27 de septiembre de 2010
lunes, 5 de abril de 2010
LUCIÉRNAGAS EN EL JARDÍN
Director: Dennis Lee
Intérpretes: Ryan Reynolds, Willem Dafoe, Julia Roberts
Web: http://www.widepictures.es/luciernagaseneljardin/
Ojalá Iker Jiménez se deje de estudiar supuestos misterios (la «Sabanona» Santa o las caras de Bélmez) y explique cómo es capaz Dennis Lee de juntar a tal número de estrellas de Hollywood alrededor de un guión mínimo (sin ser amiguete de Woody Allen). He ahí el secreto de «Luciérnagas en el jardín»: a Willem Dafoe, Julia Roberts, Ryan Reynolds, Emily Watson, Carrie-Ann Moss, Ioan Gruffold y Hayden Panettiere se les encarga la supervivencia del filme. Pero ni así le sale de bien la jugada a Lee. La verosimilitud del melodrama, un género complicado de dominar, se le escapa desde el arranque. Es difícil mantener la coherencia (a ratos lo consigue con cierta dignidad) en un relato apoyado en un desencadenante muy forzado (un accidente de coche rocambolesco) y en una combinación de «flashbacks» arriesgada y simplona (los paralelismos tiempo actual / tiempo pasado carburan con grosería).
De las películas mediocres, ésas en las que se nos va la vida, únicamente permanecen instantes. En «Luciérnagas en el jardín», un total hoy olvidado, destaca la calidez innata de Julia Roberts. Ella, tan poco reivindicada, funciona como contrapunto a los desbocados Dafoe y Watson (parecía imposible que esta actriz se pasase de vueltas: aquí, la prueba) y regala los fotogramas más valiosos de la cinta. En su contradictoria cercanía a un hijo perdido y a un marido miserable, se encuentra gran parte de la valía de este celuloide. Admirar la belleza, la inteligencia y la templanza de la Roberts, impermeable a cualquier formato (incluso refulge en un granulado «Super 8»), justifica la entrada. Repito, ¿cómo la habrá conseguido Lee?
Intérpretes: Ryan Reynolds, Willem Dafoe, Julia Roberts
Web: http://www.widepictures.es/luciernagaseneljardin/
Ojalá Iker Jiménez se deje de estudiar supuestos misterios (la «Sabanona» Santa o las caras de Bélmez) y explique cómo es capaz Dennis Lee de juntar a tal número de estrellas de Hollywood alrededor de un guión mínimo (sin ser amiguete de Woody Allen). He ahí el secreto de «Luciérnagas en el jardín»: a Willem Dafoe, Julia Roberts, Ryan Reynolds, Emily Watson, Carrie-Ann Moss, Ioan Gruffold y Hayden Panettiere se les encarga la supervivencia del filme. Pero ni así le sale de bien la jugada a Lee. La verosimilitud del melodrama, un género complicado de dominar, se le escapa desde el arranque. Es difícil mantener la coherencia (a ratos lo consigue con cierta dignidad) en un relato apoyado en un desencadenante muy forzado (un accidente de coche rocambolesco) y en una combinación de «flashbacks» arriesgada y simplona (los paralelismos tiempo actual / tiempo pasado carburan con grosería).
De las películas mediocres, ésas en las que se nos va la vida, únicamente permanecen instantes. En «Luciérnagas en el jardín», un total hoy olvidado, destaca la calidez innata de Julia Roberts. Ella, tan poco reivindicada, funciona como contrapunto a los desbocados Dafoe y Watson (parecía imposible que esta actriz se pasase de vueltas: aquí, la prueba) y regala los fotogramas más valiosos de la cinta. En su contradictoria cercanía a un hijo perdido y a un marido miserable, se encuentra gran parte de la valía de este celuloide. Admirar la belleza, la inteligencia y la templanza de la Roberts, impermeable a cualquier formato (incluso refulge en un granulado «Super 8»), justifica la entrada. Repito, ¿cómo la habrá conseguido Lee?
sábado, 21 de marzo de 2009
DUPLICITY
Director: Tony Gilroy
Intérpretes: Julia Roberts, Clive Owen, Paul Giamatti
Web: http://www.duplicity-lapelicula.es/
Un espejo dirigido hacia otro y éste colocado frente a un tercero que descubre uno más. Sobre un mecano de formas deformadas construye Tony Gilroy su nueva película. Superar el impacto de su debut “Michael Clayton” parece difícil, por eso el director neoyorquino escribe un guión (pretendidamente) liviano que busca el juego cómplice con el espectador para desvelar las diversas capas de la batalla entre dos multinacionales.
“Duplicity” posee un mérito de arranque: haber creado los títulos de inicio (con permiso de “Watchmen”) del año. Como en un documental de “National Geographic”, dos primates se enfrentan a cámara lenta por intereses encontrados, revuelven sus pechos inflados, descarrilan sonidos guturales, desatan hostias enormes. Howard Tully (espléndido Tom Wilkinson) y Richard Garsik (espléndido Paul Giamatti) son los presidentes de dos compañias rivales que pelean por un mismo descubrimiento que podría hacerles líderes en el mercado. En medio de la batalla, dos espías (Roberts & Owen) enfrentan sus mentiras con el objetivo de sacar una buena tajada.
Lo mejor de “Duplicity” es su vertiente menos divertida. Frente a su embarullado y pretencioso tablero de secretos y dobles identidades, reluce su disección del funcionamiento del capitalismo feroz. El “ganarás el pan con el sudor de tu frente” del neoliberalismo se torna un eslogan vacío al extraer, como en una autopsia de un cadáver pútrido, los tejemanejes y las miserias de un mundo donde sólo los depredadores consiguen sobrevivir. Si “Michael Clayton” funcionaba a golpes con su despiadada mirada a la justicia y sus vericuetos, “Duplicity” se aúpa con un solitario valor: mostrar con ahínco documental la vida de los tiburones que controlan las existencias de países enteros. Por tanto, aquello que nos vende el cartel (una tontería de espejos caleidoscópicos para desentramar engaños, apelmazada con el habitual “te quiero” de la Roberts), empequeñece y desmerece el verdadero secreto de la película.
Intérpretes: Julia Roberts, Clive Owen, Paul Giamatti
Web: http://www.duplicity-lapelicula.es/
Un espejo dirigido hacia otro y éste colocado frente a un tercero que descubre uno más. Sobre un mecano de formas deformadas construye Tony Gilroy su nueva película. Superar el impacto de su debut “Michael Clayton” parece difícil, por eso el director neoyorquino escribe un guión (pretendidamente) liviano que busca el juego cómplice con el espectador para desvelar las diversas capas de la batalla entre dos multinacionales.
“Duplicity” posee un mérito de arranque: haber creado los títulos de inicio (con permiso de “Watchmen”) del año. Como en un documental de “National Geographic”, dos primates se enfrentan a cámara lenta por intereses encontrados, revuelven sus pechos inflados, descarrilan sonidos guturales, desatan hostias enormes. Howard Tully (espléndido Tom Wilkinson) y Richard Garsik (espléndido Paul Giamatti) son los presidentes de dos compañias rivales que pelean por un mismo descubrimiento que podría hacerles líderes en el mercado. En medio de la batalla, dos espías (Roberts & Owen) enfrentan sus mentiras con el objetivo de sacar una buena tajada.
Lo mejor de “Duplicity” es su vertiente menos divertida. Frente a su embarullado y pretencioso tablero de secretos y dobles identidades, reluce su disección del funcionamiento del capitalismo feroz. El “ganarás el pan con el sudor de tu frente” del neoliberalismo se torna un eslogan vacío al extraer, como en una autopsia de un cadáver pútrido, los tejemanejes y las miserias de un mundo donde sólo los depredadores consiguen sobrevivir. Si “Michael Clayton” funcionaba a golpes con su despiadada mirada a la justicia y sus vericuetos, “Duplicity” se aúpa con un solitario valor: mostrar con ahínco documental la vida de los tiburones que controlan las existencias de países enteros. Por tanto, aquello que nos vende el cartel (una tontería de espejos caleidoscópicos para desentramar engaños, apelmazada con el habitual “te quiero” de la Roberts), empequeñece y desmerece el verdadero secreto de la película.
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