Director: Anton Corbijn
Intérpretes: George Clooney, Violante Placido, Thekla Reuten
Web: http://focusfeatures.com/film/the_american/
En mayo de 2005, antes de que R.E.M. atacase “The one I love” (¿o era “Orange crush”?), el cantante Michael Stipe agarró un móvil, marcó, y pidió al público de su concierto en Gijón que entonase el “cumpleaños feliz” a un amigo. El humano en cuestión era el fotógrafo holandés Anton Corbijn, al que muchos en la audiencia recordaban (o, si no, ya había algún “gafapasta” cercano que se lo aclarase) por su colaboración en la construcción de franquicias como U2 o Depeche Mode. Aún con las dificultades que surgen al transmutar disciplinas artísticas, Corbijn enfrentó su debut cinematográfico en terrenos favorables: “Control” (2007), la biografía de Ian Curtis, el líder del grupo británico Joy división, le permitió entrar con seguridad en el celuloide al no alejarse demasiado de su discurso fotográfico de claroscuros rugosos (les recomiendo que lo exploren en su libro “Star trak”) y “celebrities”. Arropado por la bandera de la iconografía post-punk, el holandés logró reflejar con emoción esa fragilidad adolescente de su protagonista que, enclaustrada en un “amour fou” de Rivette, le atrancaba cualquier vida adulta, que, por tanto, le atrancaba cualquier futuro.
“El americano” supone, más que el “thriller” a lo “Bourne” que anuncian los carteles, un experimento con ese “noir” europeo clásico que reescribe los arquetipos del norteamericano y los mueve por terrenos escabrosos (violencia, sexo, introspección). Comienza su película con ¿una traición? que marcará el desarrollo posterior: un asesino (George Clooney) es descubierto en su retiro por un comando de mercenarios. Obligado por las circunstancias y los remordimientos, se oculta en un pequeño pueblo italiano donde se enamora de una prostituta (Violante Placido). Las reminiscencias de monumentos fílmicos a la reinvención personal, “El reportero” (1973) de Michelangelo Antonioni, al asesino hermético, “El silencio de un hombre” (1957) de Jean-Pierre Mellville, o al drama del último encargo, “Touchez pas au grisbi” (1954) de Jacques Becker, solidifican las fortalezas del metraje: la brutalidad de su arranque, el potente esfuerzo de un (siempre) arriesgado George Clooney o ese poso a cine milimetrado (fotografía impecable, silencios justos) que, en tiempos de vídeos YouTube, se le agradece a Corbijn.
Sin embargo, a pesar de sus desvelos por arrimarse a la tradición europea y a una buena labor de manufactura, “El americano” se desluce con preocupaciones estéticas que, de los nombres anteriores, sólo hubiesen atosigado a Antonioni. Centradas las cámaras en lo accesorio, es su guión, lo esencial, el gran vapuleado de la cinta. Mientras que el personaje principal de Clooney posee una entidad completa (y, reiteramos, la interpretación del norteamericano, por su riesgo y compromiso, resulta admirable), el resto del mosaico que le acompaña no supera el esbozo. Naturalmente, jamás sabremos por qué: ¿se perdió en la sala de montaje? ¿El déficit existía ya en la adaptación de Rowan Joffe o en la novela de Martin Booth? ¿Se sacrificó en una especie de mutilación a la mayor gloria del “cine críptico” que gusta a un cierto tipo de creadores?
Después de haber celebrado la primigenia “Control” casi con el mismo espíritu con el que le cantamos “cumpleaños feliz” en Gijón, uno duda al escoger entre la segunda o la tercera pregunta. Lo que sí se mantiene es la certeza de que el propio Corbijn es el que, con sus talentos, desmerece o ensalza su filme. Tan rápido rueda un estupendo prólogo como un estúpido final; una serie de metáforas visuales (muy) burdas, como una persecución cuasi-musical en un pueblo fantasmagórico; una redención grosera (cura mediante, of course), como un duelo hitchcockiano en el aparcamiento de un bar de carretera. Al final, huyamos de la seriedad, se trata de una segunda película. Siga buscándo(se), señor Corbijn.
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lunes, 20 de septiembre de 2010
lunes, 8 de marzo de 2010
LOS HOMBRES QUE MIRABAN FIJAMENTE A LAS CABRAS
Director: Grant Heslov
Intérpretes: Ewan McGregor, George Clooney, Jeff Bridges
Web: http://www.themenwhostareatgoatsmovie.com/
“La inteligencia militar es una contradicción de términos”, afirmó Groucho Marx en el siglo XX. Ya en el XXI, Grant Heslow adapta a la pantalla un libro/reportaje del periodista Jon Ronson que bandea con otro término que repugna al militarismo: el hippismo. La historia oficial recoge la relación antitética de estos colectivos, en especial en EEUU durante los años de la guerra de Vietnam. Basten un par de muestras: los cuatro muertos a manos de la Guardia Nacional en la Universidad de Kent (1970) o la tensa calma de la marcha a Washington de 1967, que congregó a cerca de 100.000 personas. Curiosamente, una de las bizarradas de esta manifestación fue el intento de unos cuantos hippies de levitar el Pentágono “concentrándose” en el edificio. En esta línea de desmanes “new age”, tan adorables, tan propios de la época, Ronson relata la creación, a principios de los setenta, de una contradicción: un escuadrón militar “hippie” que basaba su ¿eficacia? en conceptos paranormales como la meditación trascendental, la energía “Jedi” y la transmisión mental. Y, al mando, aparece el soldado Bill Django (Jeff Bridges) quien, tras una experiencia traumática en Vietnam, propone al gobierno la investigación de “tácticas alternativas de combate” a partir de filosofías lisérgicas.
No esperen en “Los hombres que miraban…” la comedia que vende el tráiler. Su radio de acción se atrinchera entre la sátira política y el desacato “punk” al más puro estilo Coen. Reivindica el filme una amalgama de títulos: “Teléfono rojo” (Stanley Kubrick, 1964), “Tres reyes” (David O. Russell, 1999) o la reciente (y extraordinaria) “In the loop” (Armando Ianucci, 2009) se mezclan, en un pote postmoderno, con travesuras del carácter de “El gran Lebowski” (no es coincidencia que compartan protagonista) o “La guerra de las galaxias” (no es coincidencia que compartan protagonista).
La apuesta de Heslow no cae en saco roto. En su desvergüenza de arquetipos (George Clooney mimetizando al Bob Hope de “Camino a…”; Stephen Lang cachondeándose de su general perversísimo de “Avatar”), en su “what if” descontrolado, en su locura “toon” de Bagdad centro, “Los hombres que miraban fijamente a las cabras” se regodea como contradicción machacona, como “performance” de unos “Merry Pranksters” de uniforme, como plato para (muy) pocos gustos.
Intérpretes: Ewan McGregor, George Clooney, Jeff Bridges
Web: http://www.themenwhostareatgoatsmovie.com/
“La inteligencia militar es una contradicción de términos”, afirmó Groucho Marx en el siglo XX. Ya en el XXI, Grant Heslow adapta a la pantalla un libro/reportaje del periodista Jon Ronson que bandea con otro término que repugna al militarismo: el hippismo. La historia oficial recoge la relación antitética de estos colectivos, en especial en EEUU durante los años de la guerra de Vietnam. Basten un par de muestras: los cuatro muertos a manos de la Guardia Nacional en la Universidad de Kent (1970) o la tensa calma de la marcha a Washington de 1967, que congregó a cerca de 100.000 personas. Curiosamente, una de las bizarradas de esta manifestación fue el intento de unos cuantos hippies de levitar el Pentágono “concentrándose” en el edificio. En esta línea de desmanes “new age”, tan adorables, tan propios de la época, Ronson relata la creación, a principios de los setenta, de una contradicción: un escuadrón militar “hippie” que basaba su ¿eficacia? en conceptos paranormales como la meditación trascendental, la energía “Jedi” y la transmisión mental. Y, al mando, aparece el soldado Bill Django (Jeff Bridges) quien, tras una experiencia traumática en Vietnam, propone al gobierno la investigación de “tácticas alternativas de combate” a partir de filosofías lisérgicas.
No esperen en “Los hombres que miraban…” la comedia que vende el tráiler. Su radio de acción se atrinchera entre la sátira política y el desacato “punk” al más puro estilo Coen. Reivindica el filme una amalgama de títulos: “Teléfono rojo” (Stanley Kubrick, 1964), “Tres reyes” (David O. Russell, 1999) o la reciente (y extraordinaria) “In the loop” (Armando Ianucci, 2009) se mezclan, en un pote postmoderno, con travesuras del carácter de “El gran Lebowski” (no es coincidencia que compartan protagonista) o “La guerra de las galaxias” (no es coincidencia que compartan protagonista).
La apuesta de Heslow no cae en saco roto. En su desvergüenza de arquetipos (George Clooney mimetizando al Bob Hope de “Camino a…”; Stephen Lang cachondeándose de su general perversísimo de “Avatar”), en su “what if” descontrolado, en su locura “toon” de Bagdad centro, “Los hombres que miraban fijamente a las cabras” se regodea como contradicción machacona, como “performance” de unos “Merry Pranksters” de uniforme, como plato para (muy) pocos gustos.
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