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lunes, 31 de enero de 2011

RED

Director: Robert Schwentke
Intérpretes: Bruce Willis, Mary Louise-Parker, John Malkovich
Web: http://www.redlapelicula.com/



En 2003, el escritor Warren Ellis y el dibujante Cully Hammer publicaron “Red”, una miniserie de cómics que ilustraba una venganza: el ex-agente de la CIA Paul Moses, traicionado por sus compañeros, decide cazarlos sin piedad en una espiral de violencia que salpica cada una de sus páginas. Pero esa sinopsis caducó en 2008, justo cuando se anunció su adaptación al cine con Robert Schwentke en la dirección; ahí la maquinaria hollywoodiense comenzó a acomodar la historia original a sus preceptos industriales. La dificultad de trasladar un formato como el cómic al cine (y, especialmente, en áquellos con implicaciones comprometidas) se ha manifestado en los últimos intentos: las (más o menos) acertadas “Sin City”, “V de Vendetta” o “Watchmen” cohabitan con estrepitosas relecturas del original (“The Green Hornet”, “The Spirit”). Explicar “Red” como una adaptación sería insuficiente; siendo exactos, la película de Schwentke plantea una redefinición fílmica global del material primigenio. Cambia de género (del “thriller” a una “comedia negra”), propone nuevos (y múltiples) personajes (Malkovich o Freeman no aparecían en la obra de Ellis) y, quizá esto sea lo esencial, desecha los dos temas sobre los que pivota el cómic (la venganza y la violencia como la única mediadora posible para su consumación) en beneficio de un espectáculo de Hollywood, supervisado por el productor Lorenzo Di Bonaventura (“Transformers”), en el que se busca el (sanísimo) entretenimiento superficial.

Eliminados de la ecuación, muy a propósito, los seguidores del tebeo, la actitud adecuada al revisar “Red” debería ser la de olvidarse referencias previas. Este Paul Moses, no, perdón, aquí Frank Moses (Bruce Willis), es un agente de la CIA también retirado y también traicionado. Basta de similitudes. No se trata de vengarse, importa reunir a su antigua cuadrilla (Freeman, Cox, Malkovich, Mirren) con el objetivo de descubrir, en una escapada por Estados Unidos, quién y por qué le ha tendido una trampa. Es el filme de Shwentke una “action road movie” en la que Bruce Willis vuelve a practicar el subgénero donde mejor se encuentra. En “¿Qué es una buena película?” (Ed. Paidós), el profesor Laurent Julliet indica que las superproducciones norteamericanas se dirigen al estómago, a provocar la emoción instantánea y recurrente en el espectador, frente a otro tipo de cine que, desprovisto de las urgencias del espectáculo/retorno de la inversión, persigue la reflexión o la construcción de un discurso artístico que justifique su existencia.
“Red” funciona perfectamente como película del estómago. Schwentke, que ya había ejercitado el entretenimiento masivo con “Plan de vuelo: Desaparecida”, utiliza todas las bondades y maldades que le otorga una superproducción. De entre la turba de personajes planos (esa pareja de ex-espías sexagenarios o el propio Morgan Freeman, en línea con la afición hollywoodiense a planteles corales de relleno) o el avance previsible de la trama (¿en algún momento les inquieta saber quién ha vendido a Moses?), sí se disfrutan del filme algunas locuras de acción, casi siempre acompañadas por la presencia de un John Malkovich entonado o de una Helen Mirren anecdótica. Aunque el puzzle final roce el despropósito (uno no sabe qué pinta Rebecca Pidgeon o Richard Dreyfus poniendo cara de malos), si lo que pretendemos es un rato superficial de emociones inconexas (y sudoríparas), la película cumple su objetivo. El problema, como suele ocurrir con estos metrajes, es cuando te paras a pensarlos.

domingo, 13 de junio de 2010

LA ÚLTIMA ESTACIÓN

Director: Michael Hoffman
Intérpretes: Christopher Plummer, Helen Mirren, James McAvoy
Web: http://www.sites.sonypicturesreleasing.es/sites/laultimaestacion/



Paradójicamente, el aroma literario de los últimos días de algunos escritores (y no su obra) puede ofrecer material jugoso a cualquier guionista. Además, si su desaparición se produjo en tiempos tumultuosos (Neruda y el golpe de estado de Pinochet; Lorca y la guerra civil española), las posibilidades de ficcionalizar estas muertes (con las necesarias licencias), se multiplican. Algo así sucede con “La última estación”, que se encarga de trasladar a celuloide la novela del mismo título de Jay Parini. La película cuenta la vejez y el fallecimiento de Tolstoi con la intención de sumergirse en una época esencial de la historia rusa, justo durante el cultivo ideológico previo a la revolución de 1917. Poco a poco, descubrimos que no pretende el filme más que dar una pincelada del filósofo-creador. Utilizando de pretexto todos los “ismos” de su biografía (izquierdismo, pacifismo, vegetarianismo, catolicismo), el director y guionista Michael Hoffman se adentra en la relación del escritor con su familia y las disputas, en desenlace de su vida, entre ésta y los seguidores de su política, los tolstoianos.

“La antigua estación” abandona, por tanto, la macrovisión crítica de una Rusia que comenzaba a ebullir y afianza su carácter dramatúrgico de conflictos y enredos. Desarrollada en la casa de Tolstoi cerca de Tula, la cinta arrastra un problema común a este tipo de producciones: su premisa central aparenta siempre haber sido ensartada “a posteriori”. La figura (a aquello que los promocionales dan una importancia vital: el epílogo de la existencia de Tolstoi en este caso) resulta ser el fondo (no se escarba lo suficiente en el personaje y se le deja, a medida que avanza, en un arquetípo aséptico de viejo sabio); y el fondo (una historia de amor protagonizada por James McAvoy como secretario del escritor) resulta ser la figura y dominar al metraje. No se intenta rebajar los logros interpretativos (especialmente, Helen Mirren y Christopher Plummer), pero “La última estación” se queda en un esbozo que lleva a la indiferencia. Es muy posible eso que ocurra cuando escoges el camino fácil (sus tramas teatrales) y desechas recorrer el tortuoso, pre-bélico, inquietante escenario ruso del que desertó Tolstoi en una estación de tren.