Director: Tony Goldwin
Intérpretes: Hillary Swank, Sam Rockwell, Minnie Driver
Web: http://www.foxsearchlight.com/conviction/
“Aquí llega la historia de “El huracán”/ El hombre al que las autoridades culpaban/ De algo que nunca hizo”. En su canción “Hurricane” (Desire, 1976), Bob Dylan narra la historia del boxeador negro, Robin “Huracán” Carter, acusado de un crimen que no había cometido. Como la canción protesta (ésa de la que “Hurricane” hereda su narrativa), la cinematografía norteamericana se nutre de falsos culpables (“wrong men”) que son, casi siempre, “wronged men” (hombres engañados). Pero no solo Hitchchock y sus suspenses desarrollan esta figura; la épica del inocente ha sido explotada de las formas más variopintas: del telefilme estándar (“basado en hechos reales”), a variantes malévolas (y divertidas) que pertenecen al subgénero de “quién es el asesino” (“Testigo de cargo”, “Las dos caras de la verdad”) que tanto detestaba el maestro inglés.
Tony Goldwin, director de la insufrible “The last kiss”, nos presenta “Betty Anne Walters” con la proclama de una película consagrada al oficio de dramatizar el caso real de un acusado/engañado (Sam Rockwell) y la pelea titánica de su hermana (Hillary Swank), durante veinte años, para sacarle de la cárcel. Lo que deberíamos plantearnos es qué pretende un filme sustentado por una noticia periodística: si esta premisa se reduce a poses comerciales (aprovechar el tirón sensacionalista del suceso o certificar la mímesis de tal o cual actor con una persona pública) es muy posible que todo acabe en otro metraje efectista de sobremesa. Y a esto se asemeja el tercio inicial de la cinta de Goldwyn, una sucesión de imágenes convencionales que ya hemos visto muchas veces y con las que intenta ilustrar la vivencia de superación de la biografiada. Recorren sus primeros minutos, como si se tratase de un catálogo de estampas turísticas, el asesinato con una habitación ensangrentada; el juicio y el presidio; la hermana que se obsesiona con su liberación y el progresivo abandono de su vida personal con tal de evitar a su familiar la cadena perpetua.
Se salva “Betty Anne Walters” de su destino gracias a su reparto principal. Aunque Hillary Swank regrese a ese carácter sureño, de físico hosco, que ya la engrandeciese en “Million Dollar Baby” y sucedáneos, el polimorfismo de Sam Rockwell le ayuda a no caer en una revisitación rutinaria de su papel. Entre ellos y una terna de secundarios potentísimos (Melissa Leo, Juliette Lewis, Peter Gallagher, Minnie Driver) consiguen recuperar a la película de la realización cadáver de Tony Goldwin. Pareciera como si el arte se rebelase ante aquellos que quieren ficcionalizar la vida con tanta monotonía: todo les queda envarado, automático, carente de valor, hasta que llega Bob Dylan y escribe “Hurricane”, y nos demuestra que siempre existe una rendija donde la realidad se deja ver desnuda, contradictoria, indomable.
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domingo, 17 de julio de 2011
sábado, 21 de noviembre de 2009
AMELIA
Directora: Mira Naïr
Intérpretes: Hillary Swank, Richard Gere, Ewan McGregor
Web: http://www.foxsearchlight.com/amelia/
“Como yo, ella tenía el sueño de volar/ Como Ícaro elevándose/ en brazos inconscientes./ Amelia, sólo fue una falsa alarma”, cantaba Joni Mitchell. Si la vida de Amelia Earhart fue un compendio de hazañas y marketing, no es extraño que después de su muerte las mitificaciones de su existencia empezasen a aparecer rápidamente: la canción “Amelia Earhart’s Last Flight” de Red River Dave McEnery (1939) o la adaptación libre “Un encuentro en el Pacífico” de Lothar Mendes (1943).
Hollywood y su eterna afición a los “biopics” de héroes norteamericanos (categoría en la que cohabitan músicos, militares o cómicos) debía ofrecer su perspectiva sobre la aviadora. Tras intentos muy olvidables (en España, aterrizó en DVD “Amelia Earhart, el vuelo final” con una Diane Keaton desubicadísima), Hillary Swank parecía la opción perfecta para el papel. Ella y la realizadora Mira Naïr (“La boda del monzón”, “Salaam Bombay!”) levantan una filme que, en diferentes manos, habría caído en arenas movedizas. Aún con los vicios de estas producciones (cierto, algunas vergonzantes: las convivencias con Gore Vidal, esa gélida disputa entre dos hombres y sus excesivos secundarios de cartón), “Amelia” no merece un vapuleo en automático. Por un lado, Hillary Swank reafirma su condición de “male leading actress” y mimetiza a Earhart en gestos, sonrisas y durezas. Pero quizá una gran parte de la dignidad de “Amelia” sea responsabilidad de Mira Naïr. Maquillando millones de dólares, la directora india vuelve a honrar su mínimo discurso formal como recurso que evita imposturas y engendra dialéctica con la historia narrada. Entiende Naïr (lo entendió antes Joni Mitchell) que de nada serviría retratar a una heroína tan poco heroína con las monumentales rutinas del “biopic” hollywoodiense. Aunque “Amalia” sea una falsa alarma a la espera de la película definitiva sobre Earhart, el esfuerzo de Naïr (con sus evidentes fallos) se valora por su discreción, por su falta de pretensiones. Un mérito inusual en una superproducción, vamos.
Intérpretes: Hillary Swank, Richard Gere, Ewan McGregor
Web: http://www.foxsearchlight.com/amelia/
“Como yo, ella tenía el sueño de volar/ Como Ícaro elevándose/ en brazos inconscientes./ Amelia, sólo fue una falsa alarma”, cantaba Joni Mitchell. Si la vida de Amelia Earhart fue un compendio de hazañas y marketing, no es extraño que después de su muerte las mitificaciones de su existencia empezasen a aparecer rápidamente: la canción “Amelia Earhart’s Last Flight” de Red River Dave McEnery (1939) o la adaptación libre “Un encuentro en el Pacífico” de Lothar Mendes (1943).
Hollywood y su eterna afición a los “biopics” de héroes norteamericanos (categoría en la que cohabitan músicos, militares o cómicos) debía ofrecer su perspectiva sobre la aviadora. Tras intentos muy olvidables (en España, aterrizó en DVD “Amelia Earhart, el vuelo final” con una Diane Keaton desubicadísima), Hillary Swank parecía la opción perfecta para el papel. Ella y la realizadora Mira Naïr (“La boda del monzón”, “Salaam Bombay!”) levantan una filme que, en diferentes manos, habría caído en arenas movedizas. Aún con los vicios de estas producciones (cierto, algunas vergonzantes: las convivencias con Gore Vidal, esa gélida disputa entre dos hombres y sus excesivos secundarios de cartón), “Amelia” no merece un vapuleo en automático. Por un lado, Hillary Swank reafirma su condición de “male leading actress” y mimetiza a Earhart en gestos, sonrisas y durezas. Pero quizá una gran parte de la dignidad de “Amelia” sea responsabilidad de Mira Naïr. Maquillando millones de dólares, la directora india vuelve a honrar su mínimo discurso formal como recurso que evita imposturas y engendra dialéctica con la historia narrada. Entiende Naïr (lo entendió antes Joni Mitchell) que de nada serviría retratar a una heroína tan poco heroína con las monumentales rutinas del “biopic” hollywoodiense. Aunque “Amalia” sea una falsa alarma a la espera de la película definitiva sobre Earhart, el esfuerzo de Naïr (con sus evidentes fallos) se valora por su discreción, por su falta de pretensiones. Un mérito inusual en una superproducción, vamos.
sábado, 12 de julio de 2008
POSTDATA: TE QUIERO
Director: Richard LaGravenese
Intérpretes: Hillary Swank, Gerard Butler, Kathy Bathes
Web: http://www.posdatatequiero.com/
El dúo formado por la actriz Hillary Swank (“Million Dollar Baby”) y el director Richard LaGravenese (imprescindible “Una década bajo la influencia”) entregan este fin de semana, casi enlazándola con la “ghetto-movie” “Diarios de la calle”, la película romántica “Postdata: te quiero”. Swank interpreta a una viuda treintañera a la que su difunto marido (Gerard Butler) le ha preparado una serie de cartas que irán llegando según avance su vida.
Del filme de LaGravenese lo mejor que se puede decir es que conoce perfectamente qué quiere contar y, aún mejor, a quién se lo quiere contar. En ese tono, sin poseer las convincentes armas de “Love Actually” o “Nothing Hill”, el metraje se lo pone difícil al crítico cuando éste se encuentra incapaz de capar su punto de vista masculino ante la conglomeración de besos amorosos, de ilusiones amorosas y de guaperas amorosos (mención bizarra a Harry Connick Jr.). De todos modos, en su fabulación bienintencionada, “Postdata: te quiero” carbura en almíbar con ese cierto encanto que rellena a los cuentos de hadas (las cartas omnipresentes y omnipotentes no se alejan de los ratones de “Cenicienta”) y con una labor actoral digna (salvo algún exceso de la Swank). Eso sí, uno se da cuenta de que a su alrededor la opinión femenina dista de lo expresado en esta columna. Por tanto, no se fíen demasiado y vayan al cine.
Intérpretes: Hillary Swank, Gerard Butler, Kathy Bathes
Web: http://www.posdatatequiero.com/
El dúo formado por la actriz Hillary Swank (“Million Dollar Baby”) y el director Richard LaGravenese (imprescindible “Una década bajo la influencia”) entregan este fin de semana, casi enlazándola con la “ghetto-movie” “Diarios de la calle”, la película romántica “Postdata: te quiero”. Swank interpreta a una viuda treintañera a la que su difunto marido (Gerard Butler) le ha preparado una serie de cartas que irán llegando según avance su vida.
Del filme de LaGravenese lo mejor que se puede decir es que conoce perfectamente qué quiere contar y, aún mejor, a quién se lo quiere contar. En ese tono, sin poseer las convincentes armas de “Love Actually” o “Nothing Hill”, el metraje se lo pone difícil al crítico cuando éste se encuentra incapaz de capar su punto de vista masculino ante la conglomeración de besos amorosos, de ilusiones amorosas y de guaperas amorosos (mención bizarra a Harry Connick Jr.). De todos modos, en su fabulación bienintencionada, “Postdata: te quiero” carbura en almíbar con ese cierto encanto que rellena a los cuentos de hadas (las cartas omnipresentes y omnipotentes no se alejan de los ratones de “Cenicienta”) y con una labor actoral digna (salvo algún exceso de la Swank). Eso sí, uno se da cuenta de que a su alrededor la opinión femenina dista de lo expresado en esta columna. Por tanto, no se fíen demasiado y vayan al cine.
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