Director: Atom Egoyan
Intérpretes: Julianne Moore, Amanda Seyfried, Liam Neeson
Web: http://www.chloelapelicula.com/
Busca el matrimonio protagonista de “Chloe” (Julianne Moore y Liam Neeson), nuevos hábitos a automatizar en su vida burguesa: un cumpleaños sorpresa (la rutina rota por ella), una alumna como amante (la rutina rota por él) o unas cuantas peleas con su hijo (la rutina rota por un tercero). Los daños colaterales de este afán por resucitar el misterio del inicio de su relación, cuando ella era aún joven, cuando él todavía le hacía caso, dirigen la propuesta de Atom Egoyan, un “remake” del filme francés “Nathalie” de Annie Fontaine. Descubren ambos títulos a la impulsora del drama: una prostituta (Amanda Seyfried, Emmanuelle Beart en la película gala) que acepta el encargo de la mujer de averiguar si su marido es capaz de resistir sus tentaciones profesionales.
Con una factura impecable en la que se incuba, decepción a decepción, el aislamiento progresivo de Julianne Moore ante el conflicto que ha desencadenado, el largometraje sopesa sus argumentos hasta tal punto que provoca una indiferencia desconocida en el cine de Egoyan. De las diversas fortunas de sus previas “Exotica”, “El dulce porvenir”, “El viaje de Felicia” o “Where the truth lies” (no estrenada en España), se podrían escribir muchísimas cosas pero ninguna incluiría la apatía frente a lo expuesto por el cineasta canadiense. Salvo su prólogo, una interesante demostración fílmica a través de la delicadísima Amanda Seyfried de cómo ejecutamos personajes en nuestro discurrir vital, “Chloe” se atranca en una disección excesivamente medida, excesivamente artificiosa, de la obsesión de una pareja burguesa por (re)crear los vericuetos de lo perdido (demasiado) tiempo atrás. Poco hay que añadir en los méritos de la cinta cuando su cierre se basa en un artificio que, jugando a poéticas nada sutiles, limítrofes a un Adrian Lynne desbocado, confirma a la producción de Egoyan en un papel menor, irregular, inevitable en una carrera larga y trabajada.
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lunes, 29 de noviembre de 2010
domingo, 15 de marzo de 2009
A CIEGAS
Director: Fernando Mireilles
Intérpretes: Julianne Moore, Mark Ruffalo, Gael García Bernal
Web: http://www.notrofilms.com/aciegas/
En la presentación madrileña de “A ciegas” tuvo lugar un suceso paranormal: el autor (Saramago) y el adaptador (Mireilles) convivieron en un estrado para explicar, a ratos, “A ciegas”, a ratos, “Ensayo sobre la ceguera”. Siempre en posición de combate (a sus 86 años, recuerda a un árbol remontándose al viento) razonó el Nobel que el medio desbarajusta el mensaje y lo reinventa. Por tanto, ¿se puede esperar alguna cercanía, algún roce siquiera, entre el celuloide de Mireilles y líneas del portugués? De inicio, ni el título español parecía honrar a la obra: el “Ceguera” original (“a Hollywood le dio miedo colocar delante “ensayo sobre””, bromeaba Saramago) había sido sustituido por el incoherente “A ciegas” (tentar el espacio o, fíjense la distancia, desatar una ira irracional que prive de visión).
Después de admitir que en toda revisión cinematográfica se trama un abordaje (a veces, consentido), seamos justos: hay que agradecerle a determinados cineastas la falta de respeto a las obras que atacan (ahí Coppola y “Apocalypse Now” o Fincher y “Benjamin Button”). De igual manera, Mireilles venera y mancilla al maestro con notable fortuna.
Antes de increparme, aclaremos al lector que este texto valora “A ciegas” y deja “Ensayo sobre la ceguera” como el contorno al que moldear en celuloide. Gracias a esta ceguera literaria (por contra, quizá se nos olviden enseñanzas de la novela), vemos una película estimable. Mireilles retoma a Cronenberg (“La rabia”) y desdice a Shyamalan (“El incidente”) cuando arranca su metraje instalando la rutina en un hecho insólito. Con compás irregular (imposible inflar a tantos personajes de la profundidad de los protagonistas) y un grupo de actores desigual, “A ciegas” angustia con dilemas excepcionalmente cotidianos mientras atravesamos un mundo en ruinas. Aún tratándose de celuloide imperfecto, en el fondo de los ojos de ese lazarillo, de sus ciegos, encontramos a Saramago y a ese pesimismo vital sobre el cual nos propone construir un futuro mejor.
Intérpretes: Julianne Moore, Mark Ruffalo, Gael García Bernal
Web: http://www.notrofilms.com/aciegas/
En la presentación madrileña de “A ciegas” tuvo lugar un suceso paranormal: el autor (Saramago) y el adaptador (Mireilles) convivieron en un estrado para explicar, a ratos, “A ciegas”, a ratos, “Ensayo sobre la ceguera”. Siempre en posición de combate (a sus 86 años, recuerda a un árbol remontándose al viento) razonó el Nobel que el medio desbarajusta el mensaje y lo reinventa. Por tanto, ¿se puede esperar alguna cercanía, algún roce siquiera, entre el celuloide de Mireilles y líneas del portugués? De inicio, ni el título español parecía honrar a la obra: el “Ceguera” original (“a Hollywood le dio miedo colocar delante “ensayo sobre””, bromeaba Saramago) había sido sustituido por el incoherente “A ciegas” (tentar el espacio o, fíjense la distancia, desatar una ira irracional que prive de visión).
Después de admitir que en toda revisión cinematográfica se trama un abordaje (a veces, consentido), seamos justos: hay que agradecerle a determinados cineastas la falta de respeto a las obras que atacan (ahí Coppola y “Apocalypse Now” o Fincher y “Benjamin Button”). De igual manera, Mireilles venera y mancilla al maestro con notable fortuna.
Antes de increparme, aclaremos al lector que este texto valora “A ciegas” y deja “Ensayo sobre la ceguera” como el contorno al que moldear en celuloide. Gracias a esta ceguera literaria (por contra, quizá se nos olviden enseñanzas de la novela), vemos una película estimable. Mireilles retoma a Cronenberg (“La rabia”) y desdice a Shyamalan (“El incidente”) cuando arranca su metraje instalando la rutina en un hecho insólito. Con compás irregular (imposible inflar a tantos personajes de la profundidad de los protagonistas) y un grupo de actores desigual, “A ciegas” angustia con dilemas excepcionalmente cotidianos mientras atravesamos un mundo en ruinas. Aún tratándose de celuloide imperfecto, en el fondo de los ojos de ese lazarillo, de sus ciegos, encontramos a Saramago y a ese pesimismo vital sobre el cual nos propone construir un futuro mejor.
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