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lunes, 29 de noviembre de 2010

CHLOE

Director: Atom Egoyan
Intérpretes: Julianne Moore, Amanda Seyfried, Liam Neeson
Web: http://www.chloelapelicula.com/



Busca el matrimonio protagonista de “Chloe” (Julianne Moore y Liam Neeson), nuevos hábitos a automatizar en su vida burguesa: un cumpleaños sorpresa (la rutina rota por ella), una alumna como amante (la rutina rota por él) o unas cuantas peleas con su hijo (la rutina rota por un tercero). Los daños colaterales de este afán por resucitar el misterio del inicio de su relación, cuando ella era aún joven, cuando él todavía le hacía caso, dirigen la propuesta de Atom Egoyan, un “remake” del filme francés “Nathalie” de Annie Fontaine. Descubren ambos títulos a la impulsora del drama: una prostituta (Amanda Seyfried, Emmanuelle Beart en la película gala) que acepta el encargo de la mujer de averiguar si su marido es capaz de resistir sus tentaciones profesionales.

Con una factura impecable en la que se incuba, decepción a decepción, el aislamiento progresivo de Julianne Moore ante el conflicto que ha desencadenado, el largometraje sopesa sus argumentos hasta tal punto que provoca una indiferencia desconocida en el cine de Egoyan. De las diversas fortunas de sus previas “Exotica”, “El dulce porvenir”, “El viaje de Felicia” o “Where the truth lies” (no estrenada en España), se podrían escribir muchísimas cosas pero ninguna incluiría la apatía frente a lo expuesto por el cineasta canadiense. Salvo su prólogo, una interesante demostración fílmica a través de la delicadísima Amanda Seyfried de cómo ejecutamos personajes en nuestro discurrir vital, “Chloe” se atranca en una disección excesivamente medida, excesivamente artificiosa, de la obsesión de una pareja burguesa por (re)crear los vericuetos de lo perdido (demasiado) tiempo atrás. Poco hay que añadir en los méritos de la cinta cuando su cierre se basa en un artificio que, jugando a poéticas nada sutiles, limítrofes a un Adrian Lynne desbocado, confirma a la producción de Egoyan en un papel menor, irregular, inevitable en una carrera larga y trabajada.

domingo, 4 de abril de 2010

FURIA DE TITANES 3-D

Director: Louis Lettelier
Intérpretes: Sam Worthington, Liam Neeson, Ralph Fiennes
Web: http://wwws.warnerbros.es/clashofthetitans



Con motivo del estreno de “Avatar” en 3-D y su éxito económico posterior, en diversas publicaciones especializadas se replicó un debate sobadísimo: ¿sería el séptimo arte relegado a un entretenimiento vacuo por esta tecnología? Se olvidan aquellos que se tiran de las barbas (estos sujetos suelen cultivar abundante pelo facial) de que el fenómeno de la acción que invade nuestra butaca (bien, por efecto de profundidad, bien, por efecto de relieve, bien, por el olor, ¡viva William Castle!) lleva con nosotros demasiado tiempo como para preocuparnos. Ya en “La llegada del tren a la estación” de Lumiére (1895), los espectadores se asustaban por la posibilidad de que la máquina abandonase el lienzo y les asaltase, la muy cabrona, en el cómodo café donde adoraban a ese nuevo mesías llamado cine. No caigamos en la egolatría 2.0.: la edad dorada del 3-D no la estamos viviendo con el taquillazo de Cameron y la subsiguiente amenaza gótica de Tim Burton y su “Alicia”. En los años cincuenta, películas pioneras como “Los crímenes del museo de cera” (1953), “Vinieron del espacio” (1953) o “Misión peligrosa” (1954), añadían extras tridimensionales a la experiencia cinematográfica. Y aunque ahora esté en boga, sería injusto no citar los proyectos (casi todos ruinosos) que, en los ochenta y noventa, intentaron reflotar la fórmula: “Tiburón 3-D” (1983), culpable de hundir la carrera a cualquiera, o “La pesadilla final: la muerte de Freddy” (1991), una terrible continuación de la franquicia Freddy Krugger.

Si el 3-D es un prodigio que nos acompaña desde hace sesenta años (la mitad de la historia del cine), ¿qué queda? Pues aquello que a “Furia de titanes” le falta. Un buen guión. La bizarrada menor en la que se basa, un largometraje de Desmond Davis (1981) con Harry Hamlin de prota (contempla tu futuro, Worthington), aún conserva un encanto: ser el último filme “mainstream” donde podemos disfrutar de la artesanía “stop-motion” de Ray Harryhausen. En esta versión de 2010, Harryhausen, un verdadero dios del Olimpo, es sustituido por una serie de enfrentamientos de videojuego con villanos, planos aéreos a montones y personajes cayéndose por un abismo al morir (¿existirán abismos libres para tanto humano?). El sustento (más o menos criticable en su ideología) que algunos otorgamos a “Avatar”, en la película de Louis Lettelier brilla por su ausencia. Espectáculo sin alma (determinados momentos, como la visita al oráculo, incapacitan el esfínter), sólo un detalle de la cinta remite a su predecesora. En ambas, cada uno de los secundarios de lujo (en la primera, Laurence Olivier, Ursula Andress o Maggie Smith; en el “remake”, Ralph Fiennes o Liam Neeson) tienen la misma cara de “¿cuándo se come aquí?”.

sábado, 9 de agosto de 2008

VENGANZA

Director: Pierre Morel
Intérpretes: Liam Neeson, Maggie Grace, Famke Janssen
Web: http://www.europacorp.com/dossiers/taken/

Hace tiempo que se nos había olvidado la desfachatez de los filmes de acción de los primeros ochenta. Hoy, las estatuas de cera de Chuck Norris, Steven Seagal o Michael Dudikoff dan alimento a programas cómicos y a leyendas urbanas. Pierre Morel y su aliado en la sombra, Luc Besson, se proponen con “Venganza” resucitar el espíritu del “vigilante callejero” que, aunque popularizado por los mamporreros de antes, tiene su arquetipo en Charles Bronson. El actor norteamericano aportaba (cierta) verosimilitud a un justiciero dispuesto a recomponer su familia a balazos y, de paso, enmendar una sociedad corrompida.

Liam Neeson se apoya en Bronson e ¿interpreta? a un ex-poli que sufre el secuestro de su hija en Paris y decide cruzar el océano para despachar a sus captores. Profundamente reaccionaria (Europa parece el infierno en la tierra), la cinta discurre entre leches, disparos, conspiraciones, leches, disparos y conspiraciones. Salvan a Morel & Besson varios detalles. El principal, su falta de prejuicios. Nuestro protagonista es un superhombre que va a ganar. Repiten los cineastas mil veces: va a ganar. ¿Su público? Los aficionados del género. ¿Qué nos queda a los demás? Un rato de entretenimiento bien rodado (siempre nos permiten seguir la acción, un mérito estos días), de excesos aceptables (esa tortura eléctrica...) y con una cosa insuperable: los malos pierden.