Director: Massy Tadjedin.
Intérpretes: Keira Knightley, Sam Worthington, Eva Mendes.
Web: http://www.lastnightmovie.com/
Se debería estudiar seriamente qué se considera infidelidad y cómo comunica ésta en nuestro Occidente del siglo veintiuno. ¿Una mirada furtiva a una chica del metro cuando no me ve(s)? ¿La tercera noche que tu marido se queda trabajando? ¿Unas palabras cariñosas de un ex de tu novia en Facebook? En “Solo una noche” la desencadenante de las tensiones entre Michael (Sam Worthington) y Joanna (Keira Knightley) es una mano lenta en un hombro. A través de un cristal de fiesta burguesa, Joanna observa la cercanía que una compañera de trabajo, Laura (Eva Mendes), demuestra con él y ese gesto comienza una retahíla de reproches. Al día siguiente, la pareja separa sus caminos (ella se queda en Nueva York y se topa a un antiguo amor, mientras él se va de viaje de negocios con Laura) y, en otro movimiento, la cineasta Massy Tadjedin nos plantea la artimaña que va a utilizar en su disección de la infidelidad: dos historias paralelas que no confluirán hasta el epílogo.
Al ver “Solo una noche”, se recuerda esa obra maestra póstuma de Kubrick, “Eyes Wide Shut”, que desgranaba, deambulando por la noche neoyorquina, los claroscuros del matrimonio burgués en el fin del milenio. Aquí también tienen presencia esencial la nocturnidad, un lugar cercado por bares, fiestas y cenas (casi todo el filme se confiesa en esos lugares), y Nueva York, como espacio perfecto para obedecer los mandatos de la infidelidad global (tan cercana y tan lejana; tan GPS ella). Pedimos lo mismo a los estudios sobre los (h)usos de los escarceos extramatrimoniales que al guión de Massy Tadjedin: una mayor mordacidad y contradicción en sus planteamientos iniciales. Con un reparto impecable (Sam Worthington resulta un actor solidísimo, a pesar de “Avatar”), “Solo una noche” se empequeñece por su utilización de un simplista (híper)paralelismo narrativo como motor dramático. Si Kubrick, Altman (“Short cuts”) o Antonioni (“La noche”) proponían aristas, dudas (en forma y fondo) a sus discursos sobre la infidelidad, las reflexiones de Tadjedin se quedan en un noble intento (más aún, al tratarse de un debut) del que solo quedan instantes (muy potentes, algunos) que le pueden dar a la directora pistas para futuros proyectos de superior calado.
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sábado, 25 de junio de 2011
sábado, 28 de mayo de 2011
PEQUEÑAS MENTIRAS SIN IMPORTANCIA
Director: Guillaume Canet
Intérpretes: François Cluzet, Marion Cotillard, Benoit Magimel
Web: http://www.pequeñasmentiras-lapelicula.es/
Después del recomendabilísimo thriller “Ne le dis a personne” (“No se lo digas a nadie”, aún inédita en España), Guillaume Canet vuelve a la dirección con texto propio y unos cuantos de sus actores favoritos (Marion Cotillard, François Cluzet). Aunque, de arranque, ambas películas se distancien en temáticas, “Pequeñas mentiras sin importancia” comparte el suspense con su predecesora en una portentosa escena inicial que desafía al plano secuencia de larga duración. Un accidente de moto de un disoluto, éso son aquí los amantes de la noche y el copeteo, prologa el viaje purificador de sus amigos a una pequeña casita de playa donde aplacarán sus diversas sexualidades y sus filosofías new-age al calor de unas brasas.
Próxima a otros intentos de desgranar qué narices es eso de llegar a la cuarentena en la burbuja post-burguesa, su simplísimo guión le impide a uno acordarse de aciertos como “Los amigos de Peter” y, en cambio, le facilita rememorar lugares superficiales y bobalicones como “Las razones de mis amigos”. Los equívocos “gay” (vanguardia del humor), las inseguridades en las relaciones (especialmente, en aquellas que son “poco profundas”) y esa afición de Canet de machacarnos con una BSO obvia (“My way” en el funeral, “The weight” en una escena coral y, cómo no, Anthony and the Johnsons cuando estamos tristes), caracterízan a un metraje de elevadas pretensiones y mediocres resultados. Incluso su duración (casi ciento cincuenta minutos, un “rara avis” en películas de este tipo) nos obliga a pedirle a Canet que regrese a sus thrillers sin importancia pero, al menos, divertidos.
Intérpretes: François Cluzet, Marion Cotillard, Benoit Magimel
Web: http://www.pequeñasmentiras-lapelicula.es/
Después del recomendabilísimo thriller “Ne le dis a personne” (“No se lo digas a nadie”, aún inédita en España), Guillaume Canet vuelve a la dirección con texto propio y unos cuantos de sus actores favoritos (Marion Cotillard, François Cluzet). Aunque, de arranque, ambas películas se distancien en temáticas, “Pequeñas mentiras sin importancia” comparte el suspense con su predecesora en una portentosa escena inicial que desafía al plano secuencia de larga duración. Un accidente de moto de un disoluto, éso son aquí los amantes de la noche y el copeteo, prologa el viaje purificador de sus amigos a una pequeña casita de playa donde aplacarán sus diversas sexualidades y sus filosofías new-age al calor de unas brasas.
Próxima a otros intentos de desgranar qué narices es eso de llegar a la cuarentena en la burbuja post-burguesa, su simplísimo guión le impide a uno acordarse de aciertos como “Los amigos de Peter” y, en cambio, le facilita rememorar lugares superficiales y bobalicones como “Las razones de mis amigos”. Los equívocos “gay” (vanguardia del humor), las inseguridades en las relaciones (especialmente, en aquellas que son “poco profundas”) y esa afición de Canet de machacarnos con una BSO obvia (“My way” en el funeral, “The weight” en una escena coral y, cómo no, Anthony and the Johnsons cuando estamos tristes), caracterízan a un metraje de elevadas pretensiones y mediocres resultados. Incluso su duración (casi ciento cincuenta minutos, un “rara avis” en películas de este tipo) nos obliga a pedirle a Canet que regrese a sus thrillers sin importancia pero, al menos, divertidos.
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