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sábado, 18 de junio de 2011

ALGO PRESTADO

Director: Luke Greenfield
Intérpretes: Kate Hudson, Ginnifer Goodwin, John Krasinski
Web: http://somethingborrowedmovie.warnerbros.com/



Como veíamos la reciente “¡Qué dilema!”, los test de revista femenina escriben los guiones de la última comedia romántica hollywoodiense. El “Algo prestado” del título se basa en un lío típico de postadolescentes: ¿qué ocurriría si te acuestas (claro, enamorada de él) con el futuro marido de tu mejor amiga? El humorismo de saldo a costa de equívocos está a la orden del día en este guión adaptado de Jennie Snyder, una escritora ya curtida en productos semejantes como la serie “Las chicas Gilmore”. Kate Hudson (parece un espejismo su papel en “El demonio bajo la piel” de Winterbottom) y Ginnifer Goodwin (parece un espejismo su papel en la serie “Big love”) continúan su caminar por el cine más arcaico, previsible y conservador, confiadas no tanto en su carrera cinematográfica como en un buen número de posados en portadas “cool”. Poco se puede añadir al trabajo de Luke Greenfield que la confirmación del estado actual de la cuestión: la comedia masiva va mal.

domingo, 23 de enero de 2011

EL DEMONIO BAJO LA PIEL

Director: Michael Winterbottom
Intérpretes: Casey Affleck, Jessica Alba, Kate Hudson
Web: http://www.ifcfilms.com/films/the-killer-inside-me



En cada ocasión en la que el cineasta Michael Winterbottom estrena una película, los aficionados al cine deberíamos estar de enhorabuena. A partir de 1995, el director británico nos ha regalado, fiel a su espíritu nómada y transgresor, un filme al año: desde necesarios experimentos cinematográficos (“El perdón”, “9 songs”, “Código 46” o “Génova”) hasta celuloides de una extraordinaria complejidad (“Tristram Shandy”, “In this world” o “24 hour party people”). “El demonio bajo la piel”, adaptación del “pulp” de Jim Thompson que ya fue llevada a la gran pantalla por Burt Kennedy en 1976, se adecúa a la perfección a la filosofía de Winterbottom.

Discurre la película a través de dos líneas que no paran de entrecruzarse. Por una parte se nos descubre, con violencia súbita y desbordada, a un mediocre policía (Casey Affleck) en su verdadero papel vital; el de un psicópata que se adentra en la oscuridad del mal con cada mentira, con cada asesinato. Es en el viaje desesperado de su (doble) personaje donde ejercita el director inglés su afición favorita: el cruce (y reversión) de géneros. En el guion de John Curran (“El velo pintado”) el “noir” y el cine de “psycho killer” se muestran entrelazados e, incluso, con sus arquetipos alter(n)ados: valga de ejemplo, la convivencia entre esa voz-en-off omnipresente, ajena a “Henry, retrato de un asesino”, y las escaramuzas del asesino para ocultar sus crímenes, justo el objetivo contrario al de Marlowe en “El sueño eterno”.

“El demonio bajo la piel”, atravesado por esa dualidad sexual y mortecina de Kate Hudson y Jessica Alba que entierra, feliz, a un imponente Casey Affleck, se debería celebrar como un logro más de la filmografía de Winterbottom. Quizá algunos tambaleos en la resolución (personajes, como el de Elias Koteas o Bill Pullman, poco pulidos) y ciertas incoherencias le alejen de sus mejores trabajos pero, retomando las reglas de su cruce de caminos, el filme recupera el pulso en sus últimos minutos con la resolución de un misterio resuelto (esto pasa por jugar con géneros) y la explosión junguiana de una violencia que cesa con violencia.

sábado, 23 de enero de 2010

NINE


Kate Hudson y su "hit" "Cinema Italiano"

El rentabilísimo regreso del musical a la pantalla grande de manos de “Evita” (Alan Parker, 1996) y, especialmente, de “Moulin Rouge” (Baz Luhrmann, 2001), marcó el fin de una época. Al siglo XXI no se acostumbran planos de más de tres segundos (se obvia, incluso, la “ley del pestañeo” de Walter Murch), ni coreografías que invadan los “sets” de la Metro, ni actores que bailen y canten “Makin’ whoopee”, “Luck to be a lady” o “You can count on me”. En su lugar, se imponen los videos musicales de larga duración: planos cortos, montaje frenético y postproducción grosera. ¿Qué se pierde? Algunos de los encantos del musical: la teatralidad, el esfuerzo interpretativo, el desgaste físico, la artesanía de los espacios cerrados… Y ¿qué se gana? Algunos de los encantos del séptimo arte: las elipsis, las metáforas visuales, los “flashbacks”, la espectacularidad de los espacios abiertos… Como se imaginarán, “Nine” (y “Chicago” y “Mamma mia!” y…) pertenece a esta nueva generación de películas musicales.

En el universo felliniano, no descubro nada, las canciones y la música invaden las maneras danzarinas de Giulietta Massina en “Ginger y Fred”, el “saltarello” tragicómico de “Amarcord” o el “backbeat” sátiro de “Ocho y medio”. A este último, de este último filme, aspira “Nine”. Basado en un libreto de 1982 estrenado en Broadway, el vídeo musical de Rob Marshall explora el bloqueo creativo de Guido (un inteligente Day-Lewis, alejándose de Mastroianni), encerrado por las féminas que poblaron su vida. Con desigual acierto (Kidman, un manifiesto error de “casting”), en sus actrices reside el atractivo de la película. Penélope Cruz y su (ella, sí) habilidad para mover el cuerpo (y masacrar la pantalla); Dench y su atrevimiento otoñal; la carnosa Hudson y sus modales de “pop star” (“Cinema italiano” suena a “hit”); y Fergie, en una Saraghina deslumbrante que resucita a la Eddra Gale original (paradójicamente, también estadounidense).

La distancia de “Nine” con “Ocho y medio” (o “Un día en Nueva York” o “Ellos y ellas” o…) no se encuentra en su trabajo actoral o en su concepción de lo que debe ser un musical. El largometraje de Rob Marshall, ya ocurría en “Chicago”, deja de importar a la media hora porque fundamenta su potencial en anécdotas de salida del cine (el número de Sofía Loren, la adicción postmoderna al “vintage” o el delicado diseño de vestuario de Colleen Atwood). Toca un experimento malvado: mezclen en una taza el blanco y negro de “Nine” (bicromático, monocorde, artificioso) con el blanco y negro de “Otto e mezzo” (salvaje, surreal, natural). No hace falta que les diga cuál de los dos se disuelve.