Director: Ken Loach
Intérpretes: Steve Evets, Eric Cantona, Stephanie Bishop
“¿Cuál fue tu momento más dulce en el fútbol?”, pregunta a Cantona el pobre cartero protagonista de “Buscando a Eric”. “No fue un gol”, contesta el futbolista, “fue un pase de gol a Irwin contra los Spurs. Como un ofrecimiento al Gran Dios del Fútbol”. La nueva película de Ken Loach es una constante plegaria al Gran Dios del Fútbol. Esa deidad, como buena ficción de bien, escucha a los personajes y en su misericordia infinita les ayuda desde el principio. El cartero Eric acarrea una existencia miserable entre un trabajo rutinario, unos hijos que no comprende y una ex – mujer que no le habla. Y allí interviene el dulce, encantador realismo mágico del guión de Paul Laverty metamorfoseando a Eric Cantona en ilusión psicótica y descojonante. El jugador, con su carácter excesivo, se ofrece de guía para encauzar la vida del protagonista y, a base de intervenciones antológicas, borra a todos los anteriores ángeles de la guarda cinematográficos: ¿quién contrataría ya a Clarence (“Qué bello es vivir”) de asistente celestial, amigos?
Triangulan Loach, Laverty y Cantona y marca Evets, el verdadero descubrimiento del filme. Él conjuga, en su piel quebrada de “working class hero” (lean su biografía, por favor), los numerosos méritos de la película de Loach: un largometraje amable, divertido (¡cuánto hacía que Loach no nos divertía!), mínimo y comprometido. Sin sus habituales discursos grandilocuentes, el realizador británico continúa apostando por la colectividad como única rendija por la que atisbar un futuro mejor. Aunque sea a través de la ficción y de un icono pop “bigger than life” (“No soy un hombre. Soy Cantona”, otra genialidad), la sensación al salir del cine es ésa que dejan las buenas películas. Felicidad porque hay, al menos durante dos horas, un Gran Dios del Fútbol que nos quiere.
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jueves, 3 de diciembre de 2009
domingo, 24 de febrero de 2008
EN UN MUNDO LIBRE...
Director: Ken Loach
Intérpretes: Kierston Wareing, Juliet Ellis, Joe Sifflett
Del crepúsculo de Ken Loach sólo se pueden decir dos cosas: la primera, una fidelidad insobornable con sus ideas (toda una contradicción con aquellos que identifican a los sesentones como conservadores); y la segunda, un preocupante estancamiento en su filmografía política. Sí, cierto que “El viento que agita la cebada” contenía un obvio compromiso con cierta izquierda, pero éste conseguía diluirse en su dignísima historia de guerra e independencia. En cambio, la re-vuelta al presente en clave social que supone “En un mundo libre…”, no abandona su traje panfletario en ningún momento.
Aquí, nuestra protagonista (una barriobajera y magnífica Kierston Wareing) transita el inhumano camino de la explotación laboral a inmigrantes y todas las consecuencias que trae consigo manejar semejante bomba. Un discurrir que Loach se dedica a trastocar con mano grosera al tratar de hacer evidente una situación vergonzosa a su público, el cual, paradójicamente, ya es consciente “a priori” de estas injusticias. Y, ninguna novedad, en ese punto se encuentra el bucle en el que Loach tropieza una y otra vez desde hace demasiado tiempo. A pesar de contar con suficiente capacidad para un didactismo menos burdo (lo evidenció en “El viento…”), el director británico no puede evitar caer en la tentación de exagerar los prismas y restar verosimilitud a base de acumular denuncias. De esta manera, el descubrimiento de una pobre familia iraní, el secuestro del hijo problemático o las precarias condiciones de trabajo suenan, empapadas en las formas de Loach, a algo muy visto y, lo que es muchísimo peor, a algo que no nos importa nada.
Intérpretes: Kierston Wareing, Juliet Ellis, Joe Sifflett
Del crepúsculo de Ken Loach sólo se pueden decir dos cosas: la primera, una fidelidad insobornable con sus ideas (toda una contradicción con aquellos que identifican a los sesentones como conservadores); y la segunda, un preocupante estancamiento en su filmografía política. Sí, cierto que “El viento que agita la cebada” contenía un obvio compromiso con cierta izquierda, pero éste conseguía diluirse en su dignísima historia de guerra e independencia. En cambio, la re-vuelta al presente en clave social que supone “En un mundo libre…”, no abandona su traje panfletario en ningún momento.
Aquí, nuestra protagonista (una barriobajera y magnífica Kierston Wareing) transita el inhumano camino de la explotación laboral a inmigrantes y todas las consecuencias que trae consigo manejar semejante bomba. Un discurrir que Loach se dedica a trastocar con mano grosera al tratar de hacer evidente una situación vergonzosa a su público, el cual, paradójicamente, ya es consciente “a priori” de estas injusticias. Y, ninguna novedad, en ese punto se encuentra el bucle en el que Loach tropieza una y otra vez desde hace demasiado tiempo. A pesar de contar con suficiente capacidad para un didactismo menos burdo (lo evidenció en “El viento…”), el director británico no puede evitar caer en la tentación de exagerar los prismas y restar verosimilitud a base de acumular denuncias. De esta manera, el descubrimiento de una pobre familia iraní, el secuestro del hijo problemático o las precarias condiciones de trabajo suenan, empapadas en las formas de Loach, a algo muy visto y, lo que es muchísimo peor, a algo que no nos importa nada.
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