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lunes, 24 de octubre de 2011
VARAS NO ES UN VARAS
No lo digo yo, lo pone el diccionario de la RAE en alguna parte que no he encontrado en “el Internel”. Asusta que estos señores que se llaman como un grupo de atracadores de banco (“Señor ñ mayúscula”) hayan validado la acepción de “varas” cuando se refiere a un ser humano muy cansino. Pero la verdad es que todos lo hemos utilizado. Lean mi pequeña antología del horror brasas. Un pariente de Córdoba que no para de referirse a “lo bien que se come en Asturias”. Un profesor que es impermeable a los “bueno…”, “creo que se me hace tardeeee”. Siempre me he preguntado qué es peor, un pesimista incansable o un pesado incansable. Amigos, mientras que el pesimista solo te puede dejar noqueado, el brasas te roba lo más preciado: tu tiempo.
Con tan malas connotaciones, uno siente en la superficie granulosa de sus pezones la tremenda injusticia de que se apellide así la bella persona que consiguió detener el robo barcelonista del sábado. Fíjense en el penalti fantasma, en la expulsión de Kanuté por culpa del ratonero Cesc y, coronando al horrible Iturralde, en los siete minutazos que descontó ese finstro arbitral al final. Vamos, “Layla” dura 7:13 y ya parece interminable. Compañeros merengues, piensen en las chanzas que tiene que aguantar el gran portero Javier Varas, en el resquemor cotidiano que corona su vida. “Ya está el Varas en el entrenamiento”, “Ya tuvo que llegar al estadio ese Varas”. Horrible descrédito, amigos, para un titán que aguantó las inclemencias de plantearle un partido al Barcelona basándose en el físico y que dejó al equipo hispalense más sudado que Falete en una sauna.
Creo que se debe formar un movimiento blanco que pida, en su honor, la eliminación de la acepción de “varas” del lugar tenebroso en el que se encuentra, justo entre los pesimistas incansables y los asesinos en serie. Movilicémonos con firmas, con manifiestos o, como hacen las indignadas de Nueva York, enseñando las téticas al respetable. ¡No puede durar esta tropelía con D. Javier! Y recuerden que el cambio comienza en uno mismo: cuando vean venir a la pesada de turno, no avisen a las personas cercanas diciendo “ahí viene Verónica, esa varas”. Si son madridistas agradecidos, griten “ahí viene Verónica, esa brasas”. Y por supuesto, eso no ha cambiado, echen a correr en dirección contraria.
miércoles, 4 de noviembre de 2009
CON FRANCISCO AYALA (1906-2009) EN OVIEDO
INT. AULA MAGNA DE LA UNIVERSIDAD DE OVIEDO. 14-06-06.En el centenario de Francisco Ayala (1906-2009), ¡el propio escritor! se acerca a Oviedo a hablar de su obra y de su (imposible) edad. Charla lúcido, alegre, combativo, tierno (y medio sordo) de su experiencia vital y de la muerte; de Federico García Lorca y de ¡verle! tocar “Los cuatro muleros” al piano; de Ramón Pérez de Ayala y de cómo regresa el pasado cuando menos te lo esperas... Mientras tanto, Eduardo Galán habita generosamente un bancal esperando sacar algo para escribir sobre la relación de Ayala con el cine en “La Nueva España”.
EDUARDO GALÁN (muy, muy acojonado): Querría preguntarle sobre su relación con el cine. Ya sé que ha escrito sobre ella (“Indagación del cinema”, 1929) pero me gustaría que lo abordase desde lo personal: ¿qué ha sido para usted el cine?
FRANCISCO AYALA: Yo ya dije que el cine era una experiencia básica de mi vida porque soy contemporáneo del cine. El cine comienza al mismo tiempo que mi vida y he escrito el primer libro sobre cosas de cine que se publicó en España, “Indagación del cinema”, no recuerdo la fecha pero creo que fue allá en los años veinte. El cine es sustancial en mi vida, como creo que para todos nosotros. No habrá nadie hoy día que viva en el mundo, no sólo en nuestra civilización sino en las otras, que no sienta que el cine forma parte de su experiencia vital, de su vida. El cine puede haber influido en mi literatura y, desde luego, ha influido enormemente en mis valoraciones de la realidad social y de la realidad artística. ¿Qué más voy a decir?
La escena final disponible aquí, justo en el minuto 54:30.
lunes, 14 de septiembre de 2009
KAKÁ KLAN
¡Perdóname, Caroline, pensaba que estabas como una puta cabra!
Dice Caroline Celico, la bendita parienta de Kaká, que Dios puso la pasta en las manos del Real Madrid para que fichase a su chavalote. Y, la verdad, pensé que estaba chiflada, muy chiflada.
Amigos, reconozco mi tremendo error. Lo siento, Caroline, yes una santa moza y un ángel moreno de la creación. Reniego de Richard Dawkins, Bill Maher, Sam Harris y Christopher Hitchens. Son unos ateos de mierda y, encima, no les gusta el fútbol. He visto la luz: el de allí arriba (no me refiero a Ibias) tuvo que ser el cajero automático, omnipotente, omnipresente y omnisciente que colocó la pastona del fichaje de Ricardo Izecson Dos Santos Leite en las manos de su enviado en la tierra, Florentino Pérez. No se explica, si no, que un jugador cejijunto (con respeto, aprecio mucho a Induráin, a Güiza y a Trancas), ultrarreligioso (con respeto, aprecio mucho a Donato, a Lopera y a Aramís Fuster) y multimillonario (con respeto, aprecio mucho al Pocero, a Jose Luis Moreno y a Emilio Aragón), haya abierto los mares de un Real Madrid capaz, hoy, ¡hasta de hacer rotaciones!
Rotaciones, amigos, repito, rotaciones. ¿A que les suena esto a “deflagración de protones” o “kilombamiento de trácanos”? Recuerden el año pasado, leñe: ¡Drenthe no sabía rotar sobre sí mismo! Si Dios es el motor inmóvil de lo existente (incluidos, no lo perdonen, los sofás de cuero, Juan J. Alonso y el “Malibú” con piña), Kaká agita todo a su alrededor. Su juego transforma a chavales solteros y de barba (Granero) en profetas inesperados de su palabra y a entrenadores dubitativos (Pellegrini, ¡encuentra tu sitio, truhán!) en escribas de sus buenas nuevas. Como en cualquier religión, que la teología madridista asuma certezas sin mirar por el retrovisor, trae sus consecuencias. Ya que el Altísimo (no me refiero a Roberto Dueñas) ha puesto pasta “pa uno”, ¿Caroline, eso no significa que también la ha puesto “pal’ resto”? ¿Qué ocurre con jugadores ensombrecidos por Kaká (Cristiano Ronaldo) que deberían funcionar divinamente? Paciencia, hermanos, paciencia. Los caminos del dios blanco son insospechados. El sábado no nos bastó con un gol del poligonero portugués. Todavía le queda (quizá por no aclarar a qué juega fuera de sus acciones individuales) que nos convirtamos a su religión. Démosle tiempo y estoy seguro de que, milagrosamente, nos curará la ceguera.
sábado, 9 de agosto de 2008
MAMMA MÍA
Director: Phillida Lloyd
Intérpretes: Meryl Streep, Pierce Brosnan, Colin Firth
Web: http://www.mamma-mia-lapelicula.es/
El éxito universal del musical “Mamma mía!”, armado con canciones del grupo sueco “ABBA”, encuentra esta semana continuación en los cines. Con Meryl Streep imitando a Raffaella Carrá, la película de Phillyda Lloyd serpentea los vaivenes amorosos de una mujer que se reúne con los tres “posibles” padres de su hija. Basta de cháchara, lo confirmamos: suenan “Dancing queen”, “Chiquitita”, “Voulez vous”, “Knowing me, knowing you”... la retahíla indispensable para contentar a los fans del cuarteto “popero” menos, muy mal, “Waterloo”.
El filme de Lloyd evidencia que habría que tratar de buscar otro término si queremos definir a los musicales nacidos entre finales del siglo XX y principios del XXI. Las producciones actuales guardan demasiadas diferencias con sus antedecesoras (a saber; “Un día en Nueva York”, “Ellos y ellas” o “Cantando bajo la lluvia”) como para meterlas en el mismo saco. De salida, se han eliminado los planos secuencia. Así, gracias a un montaje inteligente, se simulan los bailes de Colin Firth o de Pierce Brosnan (o de Santiago Carrillo). En el número de “Mamma mía”, a la Streep le ruedan infinitas tomas con el objetivo de recrear una coreografía. No cuela. Otra barrera: ya no importa que ¡en un musical! los actores canten mal. Escuchen a Brosnan entonar “SOS”… sin palabras: “Camela” en inglés (o sea, ABBA).
Aderezando todo con un guión “a posteriori” (primero, las coplas de los suecos; después, pensamos la peli), sería pecado etiquetar a “Mamma mía” como “musical”. Le vendría mejor “video musical”.
Intérpretes: Meryl Streep, Pierce Brosnan, Colin Firth
Web: http://www.mamma-mia-lapelicula.es/
El éxito universal del musical “Mamma mía!”, armado con canciones del grupo sueco “ABBA”, encuentra esta semana continuación en los cines. Con Meryl Streep imitando a Raffaella Carrá, la película de Phillyda Lloyd serpentea los vaivenes amorosos de una mujer que se reúne con los tres “posibles” padres de su hija. Basta de cháchara, lo confirmamos: suenan “Dancing queen”, “Chiquitita”, “Voulez vous”, “Knowing me, knowing you”... la retahíla indispensable para contentar a los fans del cuarteto “popero” menos, muy mal, “Waterloo”.
El filme de Lloyd evidencia que habría que tratar de buscar otro término si queremos definir a los musicales nacidos entre finales del siglo XX y principios del XXI. Las producciones actuales guardan demasiadas diferencias con sus antedecesoras (a saber; “Un día en Nueva York”, “Ellos y ellas” o “Cantando bajo la lluvia”) como para meterlas en el mismo saco. De salida, se han eliminado los planos secuencia. Así, gracias a un montaje inteligente, se simulan los bailes de Colin Firth o de Pierce Brosnan (o de Santiago Carrillo). En el número de “Mamma mía”, a la Streep le ruedan infinitas tomas con el objetivo de recrear una coreografía. No cuela. Otra barrera: ya no importa que ¡en un musical! los actores canten mal. Escuchen a Brosnan entonar “SOS”… sin palabras: “Camela” en inglés (o sea, ABBA).
Aderezando todo con un guión “a posteriori” (primero, las coplas de los suecos; después, pensamos la peli), sería pecado etiquetar a “Mamma mía” como “musical”. Le vendría mejor “video musical”.
VENGANZA
Director: Pierre Morel
Intérpretes: Liam Neeson, Maggie Grace, Famke Janssen
Web: http://www.europacorp.com/dossiers/taken/
Hace tiempo que se nos había olvidado la desfachatez de los filmes de acción de los primeros ochenta. Hoy, las estatuas de cera de Chuck Norris, Steven Seagal o Michael Dudikoff dan alimento a programas cómicos y a leyendas urbanas. Pierre Morel y su aliado en la sombra, Luc Besson, se proponen con “Venganza” resucitar el espíritu del “vigilante callejero” que, aunque popularizado por los mamporreros de antes, tiene su arquetipo en Charles Bronson. El actor norteamericano aportaba (cierta) verosimilitud a un justiciero dispuesto a recomponer su familia a balazos y, de paso, enmendar una sociedad corrompida.
Liam Neeson se apoya en Bronson e ¿interpreta? a un ex-poli que sufre el secuestro de su hija en Paris y decide cruzar el océano para despachar a sus captores. Profundamente reaccionaria (Europa parece el infierno en la tierra), la cinta discurre entre leches, disparos, conspiraciones, leches, disparos y conspiraciones. Salvan a Morel & Besson varios detalles. El principal, su falta de prejuicios. Nuestro protagonista es un superhombre que va a ganar. Repiten los cineastas mil veces: va a ganar. ¿Su público? Los aficionados del género. ¿Qué nos queda a los demás? Un rato de entretenimiento bien rodado (siempre nos permiten seguir la acción, un mérito estos días), de excesos aceptables (esa tortura eléctrica...) y con una cosa insuperable: los malos pierden.
Intérpretes: Liam Neeson, Maggie Grace, Famke Janssen
Web: http://www.europacorp.com/dossiers/taken/
Hace tiempo que se nos había olvidado la desfachatez de los filmes de acción de los primeros ochenta. Hoy, las estatuas de cera de Chuck Norris, Steven Seagal o Michael Dudikoff dan alimento a programas cómicos y a leyendas urbanas. Pierre Morel y su aliado en la sombra, Luc Besson, se proponen con “Venganza” resucitar el espíritu del “vigilante callejero” que, aunque popularizado por los mamporreros de antes, tiene su arquetipo en Charles Bronson. El actor norteamericano aportaba (cierta) verosimilitud a un justiciero dispuesto a recomponer su familia a balazos y, de paso, enmendar una sociedad corrompida.
Liam Neeson se apoya en Bronson e ¿interpreta? a un ex-poli que sufre el secuestro de su hija en Paris y decide cruzar el océano para despachar a sus captores. Profundamente reaccionaria (Europa parece el infierno en la tierra), la cinta discurre entre leches, disparos, conspiraciones, leches, disparos y conspiraciones. Salvan a Morel & Besson varios detalles. El principal, su falta de prejuicios. Nuestro protagonista es un superhombre que va a ganar. Repiten los cineastas mil veces: va a ganar. ¿Su público? Los aficionados del género. ¿Qué nos queda a los demás? Un rato de entretenimiento bien rodado (siempre nos permiten seguir la acción, un mérito estos días), de excesos aceptables (esa tortura eléctrica...) y con una cosa insuperable: los malos pierden.
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APRENDIZ DE CABALLERO
Director: David Leland
Intérpretes: Hayden Christensen, Mischa Barton, Tim Roth
David Leland (creador de una bizarrada de referencia, “Un yuppie con estrés”) trata con “Aprendiz de caballero” remozar el “Decamerón” de Pasolini. Un caballero (Christensen) se oculta por unas deudas en un convento de monjas y allí descubre a la que será su futuro amor, Pampinea (Barton). El lío se forma cuando sus pretendientes concertados pasan a reclamar a su presa, espadas en alto.
De justicia, antes de empezar, es concederles a los cineastas una buena dosis de valor. El filme, lejos de la aventura, intenta atrapar los aires de la novela de Boccaccio a base de amor, tragedia y erotismo. Con una realización “demodé” y de bajo presupuesto (recuerda una película “S” de Patxi Andión), “Aprendiz de caballero” jamás alcanza sus objetivos. Ni Tim Roth en un papel de malvado risible ni Hayden Christensen en su inexpresividad consiguen inflarle vida al metraje. Eso sí, la cantinela que realmente incordia supura de su artificiosa provocación. De esta manera, mostrar al canadiense en la bañera con dos saladas como si fuese el colmo de la trasgresión, dice más de la naftalina de Leland, que de las posibles razones para soportar esta cinta.
Intérpretes: Hayden Christensen, Mischa Barton, Tim Roth
David Leland (creador de una bizarrada de referencia, “Un yuppie con estrés”) trata con “Aprendiz de caballero” remozar el “Decamerón” de Pasolini. Un caballero (Christensen) se oculta por unas deudas en un convento de monjas y allí descubre a la que será su futuro amor, Pampinea (Barton). El lío se forma cuando sus pretendientes concertados pasan a reclamar a su presa, espadas en alto.
De justicia, antes de empezar, es concederles a los cineastas una buena dosis de valor. El filme, lejos de la aventura, intenta atrapar los aires de la novela de Boccaccio a base de amor, tragedia y erotismo. Con una realización “demodé” y de bajo presupuesto (recuerda una película “S” de Patxi Andión), “Aprendiz de caballero” jamás alcanza sus objetivos. Ni Tim Roth en un papel de malvado risible ni Hayden Christensen en su inexpresividad consiguen inflarle vida al metraje. Eso sí, la cantinela que realmente incordia supura de su artificiosa provocación. De esta manera, mostrar al canadiense en la bañera con dos saladas como si fuese el colmo de la trasgresión, dice más de la naftalina de Leland, que de las posibles razones para soportar esta cinta.
viernes, 8 de agosto de 2008
WALL-E
Director: Andrew Stanton
Web: http://disney.go.com/disneypictures/wall-e/
“Presto”, el corto que precede a “Wall-E”, anticipa las intenciones del estreno robótico de la factoría Disney: apropiarse de un medio nuevo (animación 3D) para reivindicar la potencia del lenguaje clásico. En este aperitivo de cinco minutos, los creadores de Pixar se sacan de la chistera el espíritu de Chuck Jones (“Looney tunes”) y surge una rítmica sucesión (por mucho que aparente desbocada) de “gags” entre un conejo (quizá “Bugs Bunny”) y su dueño, un mago idiota (quizá “Elmer J. Fudd”).
Títulos de crédito “á la Warner” despiden a su telonero, comienza “Wall-E” en silencio. El mutismo funerario de un mundo abandonado acompaña al trozo de tecnología por calles vacías mientras recoge basura y la transforma en basílicas sin culto. Homenaje a los grandes del “sci-fi” (Bradbury, K. Dick, Matheson), el arranque, uno de los más deslumbrantes de la década, no se detiene. Embebido en su hechizo de píxel mudo, el posterior “affaire” metálico recupera al mejor Chaplin, ése que en el final de “Luces de ciudad” entornaba la mirada para revelarse ante su amada. Hoy le imita nuestro chiquillo de hierro y su “humanidad” desborda (mismas armas, misma emoción) el lienzo.
Con menor acierto (¿quién conseguiría mantener su primera media hora?), la segunda parte del largometraje reorienta su sombrío discurso hacia Disney. Aventuras al rescate de un vegetal salvador y guiños a Asimov o Huxley demuestran el impagable compromiso de “Wall-E” con el entretenimiento pero no poseen el calado de inicio, aún profetizando un terrible futuro obeso. Probablemente por esa razón los pipiolos colindantes disfruten bastante más. Bueno, de eso se trata, ¿o no?
PRESTO (2008)
Web: http://disney.go.com/disneypictures/wall-e/
“Presto”, el corto que precede a “Wall-E”, anticipa las intenciones del estreno robótico de la factoría Disney: apropiarse de un medio nuevo (animación 3D) para reivindicar la potencia del lenguaje clásico. En este aperitivo de cinco minutos, los creadores de Pixar se sacan de la chistera el espíritu de Chuck Jones (“Looney tunes”) y surge una rítmica sucesión (por mucho que aparente desbocada) de “gags” entre un conejo (quizá “Bugs Bunny”) y su dueño, un mago idiota (quizá “Elmer J. Fudd”).
Títulos de crédito “á la Warner” despiden a su telonero, comienza “Wall-E” en silencio. El mutismo funerario de un mundo abandonado acompaña al trozo de tecnología por calles vacías mientras recoge basura y la transforma en basílicas sin culto. Homenaje a los grandes del “sci-fi” (Bradbury, K. Dick, Matheson), el arranque, uno de los más deslumbrantes de la década, no se detiene. Embebido en su hechizo de píxel mudo, el posterior “affaire” metálico recupera al mejor Chaplin, ése que en el final de “Luces de ciudad” entornaba la mirada para revelarse ante su amada. Hoy le imita nuestro chiquillo de hierro y su “humanidad” desborda (mismas armas, misma emoción) el lienzo.
Con menor acierto (¿quién conseguiría mantener su primera media hora?), la segunda parte del largometraje reorienta su sombrío discurso hacia Disney. Aventuras al rescate de un vegetal salvador y guiños a Asimov o Huxley demuestran el impagable compromiso de “Wall-E” con el entretenimiento pero no poseen el calado de inicio, aún profetizando un terrible futuro obeso. Probablemente por esa razón los pipiolos colindantes disfruten bastante más. Bueno, de eso se trata, ¿o no?
PRESTO (2008)
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sábado, 2 de agosto de 2008
LA MOMIA: LA TUMBA DEL EMPERADOR DRAGÓN
Director: Rob Cohen
Intérpretes: Brendan Fraser, Jet Li, María Bello
Web: http://robcohenthemummy.com/
Anda muy lejos, diez años, aquella primera entrega de “La momia” con la que Stephen Sommers revitalizaba el mito del monstruo enrollado. Si hacen memoria, en el inicio de la saga la apuesta era cristalina: replicar el modelo de aventuras clásico, su guión se basaba en “La mano de la momia” (1940), ante la falta de “Indiana Jones” y sucedáneos. Y, la verdad, la idea funcionaba. Brendan Fraser, un intérprete semidesconocido (salvo por su apabullante aparición en “Dioses y monstruos”), cogía las riendas de un celuloide que aportaba una dosis de entretenimiento suficiente. Su espectacular recaudación (400 millones de dólares) propulsó una segunda parte que, a su vez (léase “otros 450 millonazos”), convirtió a la serie en una franquicia.
En “La momia 3: la tumba del emperador dragón”, nuestros héroes abandonan su vida rutinaria para luchar contra un malvado emperador chino que regresa de la tumba (Jet Li). Bueno, así contada la cosa apetece, ¿eh?… hasta que empezamos a enterarnos de varias milongas: Rob Cohen (ese hombre que nos entregó la cumbre del cine “The fast and the furious”) y los guionistas Gough y Millar (esos humanos que nos entregaron la cumbre del cine “Herbie”) sustituyen al artesano Stephen Sommers y, encima, Maria Bello reemplaza en el mismo papel a ¡Rachel Weisz!
Mal vamos y mal terminamos. El filme de Cohen es, casi seguramente, uno de los despropósitos de la temporada. Quitando el prólogo de rigor (divierte el logo de “Universal” girando sobre sí mismo), nada interesa ni, peor, entretiene. Incluso, de rato en rato, cabrea tanta desfachatez: escenas apiladas unas encima de otras (¿a cuento de qué salen yetis? ¿y un monstruo peludo?); diálogos vergonzosos (“¡sois un imán para las momias!”, grita un personaje) e interpretaciones indignas (el director de “casting” se luce con los inexpresivos Luke Ford y Jersey Meng como pareja joven). En su labor de derribo, esta tontería no deja de pie ni a la maravillosa Maria Bello. Triste adivinarla bajo ese pelo teñido, atravesando fotogramas de una saga que tendría que haberse enterrado en su debut.
Intérpretes: Brendan Fraser, Jet Li, María Bello
Web: http://robcohenthemummy.com/
Anda muy lejos, diez años, aquella primera entrega de “La momia” con la que Stephen Sommers revitalizaba el mito del monstruo enrollado. Si hacen memoria, en el inicio de la saga la apuesta era cristalina: replicar el modelo de aventuras clásico, su guión se basaba en “La mano de la momia” (1940), ante la falta de “Indiana Jones” y sucedáneos. Y, la verdad, la idea funcionaba. Brendan Fraser, un intérprete semidesconocido (salvo por su apabullante aparición en “Dioses y monstruos”), cogía las riendas de un celuloide que aportaba una dosis de entretenimiento suficiente. Su espectacular recaudación (400 millones de dólares) propulsó una segunda parte que, a su vez (léase “otros 450 millonazos”), convirtió a la serie en una franquicia.
En “La momia 3: la tumba del emperador dragón”, nuestros héroes abandonan su vida rutinaria para luchar contra un malvado emperador chino que regresa de la tumba (Jet Li). Bueno, así contada la cosa apetece, ¿eh?… hasta que empezamos a enterarnos de varias milongas: Rob Cohen (ese hombre que nos entregó la cumbre del cine “The fast and the furious”) y los guionistas Gough y Millar (esos humanos que nos entregaron la cumbre del cine “Herbie”) sustituyen al artesano Stephen Sommers y, encima, Maria Bello reemplaza en el mismo papel a ¡Rachel Weisz!
Mal vamos y mal terminamos. El filme de Cohen es, casi seguramente, uno de los despropósitos de la temporada. Quitando el prólogo de rigor (divierte el logo de “Universal” girando sobre sí mismo), nada interesa ni, peor, entretiene. Incluso, de rato en rato, cabrea tanta desfachatez: escenas apiladas unas encima de otras (¿a cuento de qué salen yetis? ¿y un monstruo peludo?); diálogos vergonzosos (“¡sois un imán para las momias!”, grita un personaje) e interpretaciones indignas (el director de “casting” se luce con los inexpresivos Luke Ford y Jersey Meng como pareja joven). En su labor de derribo, esta tontería no deja de pie ni a la maravillosa Maria Bello. Triste adivinarla bajo ese pelo teñido, atravesando fotogramas de una saga que tendría que haberse enterrado en su debut.
HELLION, EL ÁNGEL CAÍDO
Director: Stewart Hendler
Intérpretes: Josh Holloway, Sarah Wayne Callies, Joel Edgerton
Web: http://www.hellion.es/
Con “Hellion. El ángel caído” ocurre un fenómeno diabólico. La película arranca, y sigue, y sigue, y sigue, y termina y no sabemos por qué hemos aguantado hasta los títulos de crédito. Su apertura, con la típica niñera acosada típicamente por el típico lobo mefistofélico, apunta lo que va a venir después. El secuestro de un niño malo, malo, malísimo (el diablo, vamos) deriva en un terror de bajo presupuesto que huele a mil largometrajes similares. De hecho, parece un “Greatest hits” de chiquillos maléficos. No duden, amigos: esa escena la vieron en “La profecía” (Richard Donner, 1976); aquella otra, en “La semilla del diablo” (Roman Polanski, 1968); ¿y la de más allá?... ¡bingo!, ¡en “Pactar con el diablo” (Taylor Hackford, 1997)! Lo que no se entiende es que, entre montones de revisitaciones y caretos pétreos de Josh Halloway (“Perdidos”), “Hellion. El ángel caído” se soporte entera y verdadera. Lista de posibles explicaciones a este suceso paranormal: un guión con algunas líneas bien escritas; dar fe de que Michael Rooker vive; una afición desmedida por el “sub-sub-género” de güajes cabroncetes;... o, pensándolo mejor, quizá todo sea obra de Satán. Ni idea, oiga.
Intérpretes: Josh Holloway, Sarah Wayne Callies, Joel Edgerton
Web: http://www.hellion.es/
Con “Hellion. El ángel caído” ocurre un fenómeno diabólico. La película arranca, y sigue, y sigue, y sigue, y termina y no sabemos por qué hemos aguantado hasta los títulos de crédito. Su apertura, con la típica niñera acosada típicamente por el típico lobo mefistofélico, apunta lo que va a venir después. El secuestro de un niño malo, malo, malísimo (el diablo, vamos) deriva en un terror de bajo presupuesto que huele a mil largometrajes similares. De hecho, parece un “Greatest hits” de chiquillos maléficos. No duden, amigos: esa escena la vieron en “La profecía” (Richard Donner, 1976); aquella otra, en “La semilla del diablo” (Roman Polanski, 1968); ¿y la de más allá?... ¡bingo!, ¡en “Pactar con el diablo” (Taylor Hackford, 1997)! Lo que no se entiende es que, entre montones de revisitaciones y caretos pétreos de Josh Halloway (“Perdidos”), “Hellion. El ángel caído” se soporte entera y verdadera. Lista de posibles explicaciones a este suceso paranormal: un guión con algunas líneas bien escritas; dar fe de que Michael Rooker vive; una afición desmedida por el “sub-sub-género” de güajes cabroncetes;... o, pensándolo mejor, quizá todo sea obra de Satán. Ni idea, oiga.
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jueves, 31 de julio de 2008
WONDERFUL BAEZ
Menuda y “hippie”, etérea y reivindicativa, Joan Baez (Nueva York, 1941) cerró el martes su minigira española en el Alcázar de Segovia ante un aforo completo de cuatrocientas personas. Tras su paso por el Palau de la música barcelonés, la cantante estadounidense recordó sus grandes éxitos combinándolos con composiciones de su nuevo disco, “The day after tomorrow”, producido por el gran Steve Earle y de próxima aparición.
Al escuchar la (todavía) potentísima voz de Baez queda de manifiesto que, en el folk, la vejez no es un problema. Ni en el “blues”, ni en el rock, ni en el flamenco... sólo el pop entiende de edades (evitemos los ejemplos). Por eso, “Gracias a la vida” o “El preso número nueve” o “Sweet sir Gallahad” se grabaron en los muros del monumento segoviano con emoción y dignidad. Pero probablemente el momento central de la noche fue la revisitación de “Diamonds and rust”, su melancólico poema de amor a Dylan. Presente en todo el repertorio (Baez atacó también “With God on our side” y “Love is a four-letter word”), el nombre de Bob Dylan resonó fantasmagórico cuando la artista cambió el verso “Diez años atrás/ te traje unas flores” por “Cuarenta años atrás/ te traje unas flores”. Los sesenta, contradictoriamente, se materializaron entonces cercanos (Baez estaba ahí enfrente) y cada vez más lejanos. Aplaude el auditorio ya durante los últimos acordes y ella mira a sabe dios dónde, como si aquella época se le escapase de las manos.
A pesar de alguna intromisión poco acertada (versión de “Wonderful World” e “Imagine”) y de un público rígido que se desembarazó de corsés en los bises, Baez conserva ese encanto místico que le permite atrapar a su audiencia con nuevas canciones (impecables “The day after tomorrow” y “Christmas in Washington”) sin que el concierto se resienta. Sonriente y pequeñita, acaba Joan su actuación en “The ballad of Sacco & Vanzetti” y, asistentes en pie, es imposible olvidar que se cumplen cincuenta años de su debut en un escenario. Con ella, Woody Guthrie, Martin Luther King, Bob Dylan, Pete Seeger, John Lennon, Steve Earle,... abandonan las luces de neón hacia el camerino.
Escrito con Antonio Rico (antoniorico.blogspot.com)
domingo, 27 de julio de 2008
EXPEDIENTE X: CREER ES LA CLAVE
Director: Chris Carter
Intérpretes: David Duchovny, Gillian Anderson, Amanda Peet
Cuando tras años de ausencia un grupo musical se vuelve a arrejuntar (“The police”, “Sex pistols”, “New kids on the block”), salta el picor: ¿Será por la pasta? ¿Se querrán de nuevo? ¿No soportarán las canas? … Pero, encima de preguntas accesorias, supura una cuestión dolorosa: ¿Por qué les aplaudimos? Es decir, ¿juzgamos una lista de buenas canciones bien ejecutadas o simplemente satisfacemos nuestra insana (o nostálgica, según la enfoquemos) curiosidad de volver a verles juntos?
Un proceso semejante ocurre con “Expediente X: Creer es la clave”. Sí, ahí están Mulder y Scully empacados ¡aleluya! en la misma cama; y un cura médium (¿¿¿Billy Connelly???) que les ayuda a descubrir el paradero de una agente desaparecida; y la pringosa metafísica de rigor con niño enfermo; y una extraña conspiración pseudocientífica... en suma, el mínimo necesario para que todo recuerde a la espléndida serie noventera (aunque también valga para cualquier thriller al uso). El mérito de la cinta es que roza este propósito, incluso con una duración de largometraje. Carter rueda con artesanía un guión poco atractivo y redundante que añora la solidez de los grandes relatos de la saga (reivindiquemos, entre otros, los capítulos “El anfitrión” o “Unruhe”). Al final, por mucho guiño a George W. Bush y a su enviado Skinner, decepciona que Chris Carter base gran parte de este trabajo en el (endeble) encanto de “re-reunir” a Mulder y Scully; una anécdota emocional que requeriría de mayor sustancia detrás.
Intérpretes: David Duchovny, Gillian Anderson, Amanda Peet
Cuando tras años de ausencia un grupo musical se vuelve a arrejuntar (“The police”, “Sex pistols”, “New kids on the block”), salta el picor: ¿Será por la pasta? ¿Se querrán de nuevo? ¿No soportarán las canas? … Pero, encima de preguntas accesorias, supura una cuestión dolorosa: ¿Por qué les aplaudimos? Es decir, ¿juzgamos una lista de buenas canciones bien ejecutadas o simplemente satisfacemos nuestra insana (o nostálgica, según la enfoquemos) curiosidad de volver a verles juntos?
Un proceso semejante ocurre con “Expediente X: Creer es la clave”. Sí, ahí están Mulder y Scully empacados ¡aleluya! en la misma cama; y un cura médium (¿¿¿Billy Connelly???) que les ayuda a descubrir el paradero de una agente desaparecida; y la pringosa metafísica de rigor con niño enfermo; y una extraña conspiración pseudocientífica... en suma, el mínimo necesario para que todo recuerde a la espléndida serie noventera (aunque también valga para cualquier thriller al uso). El mérito de la cinta es que roza este propósito, incluso con una duración de largometraje. Carter rueda con artesanía un guión poco atractivo y redundante que añora la solidez de los grandes relatos de la saga (reivindiquemos, entre otros, los capítulos “El anfitrión” o “Unruhe”). Al final, por mucho guiño a George W. Bush y a su enviado Skinner, decepciona que Chris Carter base gran parte de este trabajo en el (endeble) encanto de “re-reunir” a Mulder y Scully; una anécdota emocional que requeriría de mayor sustancia detrás.
SÚPERAGENTE 86
Director: Peter Segal
Intérpretes: Steve Carell, Anne Hathaway, Alan Arkin
Web: http://wwws.warnerbros.es/getsmart/
Desafortunadamente, la nueva versión cinematográfica de “Superagente 86” parte con un lastre. Y no nos referimos a que su argumento no sea tan fascinante como el de “El disparatado superagente 86” (1982): la amenaza universal de una ¡bomba que desintegra la ropa! Sin ponernos las gafas de pasta y el jersey de cuello alto, su principal defecto viene de fábrica (española). Doblaje, lo llaman. Revisada su versión original, una comedia donde gran parte del guión juega al doble sentido con el estado de la nación norteamericana (CIA, política, “celebrities”...) siempre disminuirá su efectividad en una adaptación dirigida a público rojigualdo. A pesar de todo, algunos detalles son inamovibles: varios “gags” perfectos (espionaje a chorro; baile con sobrepeso) incrustados en una acertada combinación de dosis del James Bond “kitsch” (cercano al “Casino Royale” del 67) con chutazos de comedia gamberra (la ya habitual “cópula anal” con Ken Davitian).
Eso sí, si hubiese que describir la correcta “Superagente 86” en dos palabras, no habría dudas: Steve Carell. El actor norteamericano, uno de los intérpretes más dotados de la actualidad (en cualquier género, aprendan en “The Office” o en “Pequeña Miss Sunshine”), roba el filme con sus intervenciones. Encogen Alan Arkin y Terence Stamp, desaparecen Anne Hathaway y The Rock, cuando Carell utiliza su cuerpo ¡entero! (esa cara semiconsciente) para provocar risas casi sin moverse. Un don mágico reservado a pocos, poquísimos.
Intérpretes: Steve Carell, Anne Hathaway, Alan Arkin
Web: http://wwws.warnerbros.es/getsmart/
Desafortunadamente, la nueva versión cinematográfica de “Superagente 86” parte con un lastre. Y no nos referimos a que su argumento no sea tan fascinante como el de “El disparatado superagente 86” (1982): la amenaza universal de una ¡bomba que desintegra la ropa! Sin ponernos las gafas de pasta y el jersey de cuello alto, su principal defecto viene de fábrica (española). Doblaje, lo llaman. Revisada su versión original, una comedia donde gran parte del guión juega al doble sentido con el estado de la nación norteamericana (CIA, política, “celebrities”...) siempre disminuirá su efectividad en una adaptación dirigida a público rojigualdo. A pesar de todo, algunos detalles son inamovibles: varios “gags” perfectos (espionaje a chorro; baile con sobrepeso) incrustados en una acertada combinación de dosis del James Bond “kitsch” (cercano al “Casino Royale” del 67) con chutazos de comedia gamberra (la ya habitual “cópula anal” con Ken Davitian).
Eso sí, si hubiese que describir la correcta “Superagente 86” en dos palabras, no habría dudas: Steve Carell. El actor norteamericano, uno de los intérpretes más dotados de la actualidad (en cualquier género, aprendan en “The Office” o en “Pequeña Miss Sunshine”), roba el filme con sus intervenciones. Encogen Alan Arkin y Terence Stamp, desaparecen Anne Hathaway y The Rock, cuando Carell utiliza su cuerpo ¡entero! (esa cara semiconsciente) para provocar risas casi sin moverse. Un don mágico reservado a pocos, poquísimos.
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DOOMSDAY
Director: Neil Marshall
Intérpretes: Rhona Mitra, Bob Hoskins, Adrian Lester
Web: http://www.doomsdayiscoming.com/
Confiésenlo, ¿a quién no le hace tilín la serie “B” de terror británico? Durante “Psychomania” (1972), ¿es posible evitar una sonrisa de satisfacción “freak”? Y ¿qué me dicen del regustín de estar en un sofá acompañado mientras proyectan “Los ritos satánicos de Dracula” (1973)? ¡Ay, amigos, qué enorme cantidad de ratos entretenidos nos han inyectado los ingleses y sus enmoquetados vehículos cinematográficos!
A la desvergonzada “Doomsday” habría que colocarla en ese género si no fuese por un detalle: su presupuesto. Sin alcanzar (ni de lejos) a una producción de Hollywood, este “extrarequetemegamix” entre “28 días después”, “Underworld”, “Mad Max” y “El último hombre vivo” atesora suficientes libras como para contratar a la saladísima Rhona Mitra, asentar la carrera Malcom McDowell donde se merece y descubrir a un Bob Hoskins más perdido que un mono tuerto. Resumiendo: deliciosa serie “B” británica plagada de despropósitos (de lo medieval a lo apocalíptico, del virus a la acción). Pregunta a los supervivientes: ¿conseguirían explicarla?
Intérpretes: Rhona Mitra, Bob Hoskins, Adrian Lester
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Confiésenlo, ¿a quién no le hace tilín la serie “B” de terror británico? Durante “Psychomania” (1972), ¿es posible evitar una sonrisa de satisfacción “freak”? Y ¿qué me dicen del regustín de estar en un sofá acompañado mientras proyectan “Los ritos satánicos de Dracula” (1973)? ¡Ay, amigos, qué enorme cantidad de ratos entretenidos nos han inyectado los ingleses y sus enmoquetados vehículos cinematográficos!
A la desvergonzada “Doomsday” habría que colocarla en ese género si no fuese por un detalle: su presupuesto. Sin alcanzar (ni de lejos) a una producción de Hollywood, este “extrarequetemegamix” entre “28 días después”, “Underworld”, “Mad Max” y “El último hombre vivo” atesora suficientes libras como para contratar a la saladísima Rhona Mitra, asentar la carrera Malcom McDowell donde se merece y descubrir a un Bob Hoskins más perdido que un mono tuerto. Resumiendo: deliciosa serie “B” británica plagada de despropósitos (de lo medieval a lo apocalíptico, del virus a la acción). Pregunta a los supervivientes: ¿conseguirían explicarla?
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LÍBRANOS DEL MAL
Director: Amy Berg
Web: http://www.deliverusfromevilthemovie.com/
Una de las noticias más importantes de los últimos días ocurría en Australia. Allí, Benedicto XVI pedía perdón públicamente por los delitos de pedofília que han cometido sus sacerdotes. Llega, entonces, en buen momento a nuestras pantallas la película de Amy Berg sobre Oliver O’Grady, cura católico que a lo largo de los setenta y ochenta violó a cerca de cien niños en el norte de California. “Líbranos del mal” estructura su discurso en dos perspectivas demoledoras. En un segmento, los cineastas sitúan a las víctimas frente a la cámara y las contraponen ¿en diálogo? al testimonio del propio O’ Grady, actualmente un psicópata libre en Irlanda (¿qué necesidad tiene Berg de hacerle compartir plano con niños?). Con la aparición desnuda, terrible, asfixiante, del monstruo anciano sólo corre un peligro el documental: eclipsar su otra denuncia. Aquellos que hoy suben al púlpito pidiendo perdón, transitaron antes “Líbranos del mal” enterrando la verdad, maltratando familias destrozadas por lobos vestidos de corderos.
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Una de las noticias más importantes de los últimos días ocurría en Australia. Allí, Benedicto XVI pedía perdón públicamente por los delitos de pedofília que han cometido sus sacerdotes. Llega, entonces, en buen momento a nuestras pantallas la película de Amy Berg sobre Oliver O’Grady, cura católico que a lo largo de los setenta y ochenta violó a cerca de cien niños en el norte de California. “Líbranos del mal” estructura su discurso en dos perspectivas demoledoras. En un segmento, los cineastas sitúan a las víctimas frente a la cámara y las contraponen ¿en diálogo? al testimonio del propio O’ Grady, actualmente un psicópata libre en Irlanda (¿qué necesidad tiene Berg de hacerle compartir plano con niños?). Con la aparición desnuda, terrible, asfixiante, del monstruo anciano sólo corre un peligro el documental: eclipsar su otra denuncia. Aquellos que hoy suben al púlpito pidiendo perdón, transitaron antes “Líbranos del mal” enterrando la verdad, maltratando familias destrozadas por lobos vestidos de corderos.
sábado, 19 de julio de 2008
HANCOCK
Director: Peter Berg
Intérpretes: Will Smith, Jason Bateman, Charlize Theron
Web: http://www.sonypictures.com/movies/hancock
El planteamiento inicial de “Hancock” merece un vistazo: un superhéroe borracho y torpe (Will Smith) contacta con un experto en relaciones públicas (Jason Bateman) que le promete mejorar su imagen. A lo largo de la primera media hora, la maquinaria puesta en marcha para transformar al protagonista en un personaje “querido” interesa por colocar en fotograma los procesos audiovisuales (youtube, televisión...) indispensables si se trata de implementar la “dignidad” de una “persona pública”. Esto, aderezado con algunos “gags” de decente factura (una multitud increpando ¡al superhéroe!), ayuda al filme de Peter Berg (“Very bad things”) a discurrir sin demasiado sobresalto.
El problema aparece cuando, superado el tercio de metraje, la cosa deriva en una historia de amor al uso. Ya, dirán, ¿a quién no le fascina Charlize Theron nada más olerla?... De acuerdo, amigos... pero el viraje en el tono de “Hancock” rebasa el límite de la tolerancia humana. El punto crítico o la levedad de sus “sketchs” se olvidan velozmente al mimetizarse (no hay rubor; la pelea “súpermarital” es vergonzosa) con aquella tontería de Ivan Reitman titulada “Mi súper ex-novia” (2006). Claro, con ese referente, apetece huir. Da igual un cierre pegajoso (aunque podría haber sido peor) o el digno trabajo de Will Smith (un adecuado toque “clown”), “Hancock” se va volando a toda leche lejos, muy, muy lejos, de nuestra memoria.
Intérpretes: Will Smith, Jason Bateman, Charlize Theron
Web: http://www.sonypictures.com/movies/hancock
El planteamiento inicial de “Hancock” merece un vistazo: un superhéroe borracho y torpe (Will Smith) contacta con un experto en relaciones públicas (Jason Bateman) que le promete mejorar su imagen. A lo largo de la primera media hora, la maquinaria puesta en marcha para transformar al protagonista en un personaje “querido” interesa por colocar en fotograma los procesos audiovisuales (youtube, televisión...) indispensables si se trata de implementar la “dignidad” de una “persona pública”. Esto, aderezado con algunos “gags” de decente factura (una multitud increpando ¡al superhéroe!), ayuda al filme de Peter Berg (“Very bad things”) a discurrir sin demasiado sobresalto.
El problema aparece cuando, superado el tercio de metraje, la cosa deriva en una historia de amor al uso. Ya, dirán, ¿a quién no le fascina Charlize Theron nada más olerla?... De acuerdo, amigos... pero el viraje en el tono de “Hancock” rebasa el límite de la tolerancia humana. El punto crítico o la levedad de sus “sketchs” se olvidan velozmente al mimetizarse (no hay rubor; la pelea “súpermarital” es vergonzosa) con aquella tontería de Ivan Reitman titulada “Mi súper ex-novia” (2006). Claro, con ese referente, apetece huir. Da igual un cierre pegajoso (aunque podría haber sido peor) o el digno trabajo de Will Smith (un adecuado toque “clown”), “Hancock” se va volando a toda leche lejos, muy, muy lejos, de nuestra memoria.
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ESCONDIDOS EN BRUJAS
Director: Martin McDonagh
Intérpretes: Brendan Gleeson, Collin Farrell, Ralph Fiennes
Web: http://www.escondidosenbrujas.es/
Curiosamente, en la cartelera española conviven dos películas inversamente proporcionales. “Los cronocrímenes”, un guión sagaz placado por unas interpretaciones endebles; y “Escondidos en Brujas”, unas interpretaciones destacables diluidas en un guión mediocre. Siendo justos, la segunda película de Martin McDonagh valdría como correcto mediometraje. En él, podríamos habernos adentrado en la escapada de dos asesinos profesionales, Ken (Brendan Gleeson) y Ray (Collin Farell), hacia una ciudad tranquila donde esconderse tras haber eliminado a un objetivo y, por accidente, también a un niño. Historia de remordimientos y oportunidades perdidas, entonces el filme sólo rechinaría por un impresentable regodeo en la víscera, recurso fácil y, peor, fácilmente evitable. Collin Farell, emparentado al Terry de “El sueño de Casandra”, consigue dar la réplica al inmenso Breendan Gleeson en un continuo “dejá vú” por las calles de Brujas (todos los secundarios incurren en la acción con efecto visible) que termina alrededor de un Ralph Fiennes poco comprometido con su papel.
Si echamos cuentas, únicamente cincuenta minutos merecen la pena de “Escondidos en Brujas”. En el resto, y quizá tratando de mimetizar los cuadros de El Bosco, McDonagh esboza un montón de personajes surreales que rechinan, que no encuentran nunca su sitio y que, importantísimo, estiran (muy) excesivamente el metraje. ¿Qué quiere contar sobre su personaje enano? ¿Funcionan más allá de paupérrimos artilugios ese imbécil tuerto o el tejano antitabaco? Son, en suma, un montón de agregados que asfixian, en un mismo error recurrente, lo aprovechable de la película.
Intérpretes: Brendan Gleeson, Collin Farrell, Ralph Fiennes
Web: http://www.escondidosenbrujas.es/
Curiosamente, en la cartelera española conviven dos películas inversamente proporcionales. “Los cronocrímenes”, un guión sagaz placado por unas interpretaciones endebles; y “Escondidos en Brujas”, unas interpretaciones destacables diluidas en un guión mediocre. Siendo justos, la segunda película de Martin McDonagh valdría como correcto mediometraje. En él, podríamos habernos adentrado en la escapada de dos asesinos profesionales, Ken (Brendan Gleeson) y Ray (Collin Farell), hacia una ciudad tranquila donde esconderse tras haber eliminado a un objetivo y, por accidente, también a un niño. Historia de remordimientos y oportunidades perdidas, entonces el filme sólo rechinaría por un impresentable regodeo en la víscera, recurso fácil y, peor, fácilmente evitable. Collin Farell, emparentado al Terry de “El sueño de Casandra”, consigue dar la réplica al inmenso Breendan Gleeson en un continuo “dejá vú” por las calles de Brujas (todos los secundarios incurren en la acción con efecto visible) que termina alrededor de un Ralph Fiennes poco comprometido con su papel.
Si echamos cuentas, únicamente cincuenta minutos merecen la pena de “Escondidos en Brujas”. En el resto, y quizá tratando de mimetizar los cuadros de El Bosco, McDonagh esboza un montón de personajes surreales que rechinan, que no encuentran nunca su sitio y que, importantísimo, estiran (muy) excesivamente el metraje. ¿Qué quiere contar sobre su personaje enano? ¿Funcionan más allá de paupérrimos artilugios ese imbécil tuerto o el tejano antitabaco? Son, en suma, un montón de agregados que asfixian, en un mismo error recurrente, lo aprovechable de la película.
sábado, 5 de julio de 2008
FUNNY GAMES
Director: Michael Haneke
Intérpretes: Naomi Watts, Tim Roth, Michael Pitt
Web: http://www.funnygames-themovie.com/
¿Qué impulsó a Michael Haneke a fotocopiar su “Funny Games” (estrenada en 1997) en una versión norteamericana? ¿Por qué, justo después de la multipremiada “Caché”, dedicó tiempo de su vida a replicar una película de hace diez años? Al igual que Hitchcock remozó en USA su anterior “El hombre que sabía demasiado”, ¿no pensó el realizador alemán en pulir su antigua creación?
Todas estas preguntas no tienen una respuesta clara. Probablemente para acercar su filosofía al público norteamericano o, simplemente, para embolsarse unos pavos de la Warner, el amigo Haneke ha sustituido a los originales Ulrich Mühe, Susanne Lothar y Arno Frisch por Tim Roth, Naomi Watts y Michael Pitt. Y la verdad, no se puede añadir demasiado porque el resto es igual (sí, repito, igual), desde los escenarios o el montaje hasta los planos o a la temática. Está la violencia azarosa en una visita inesperada a una familia burguesa; no falta la reflexión alrededor de la ínfima distancia con la que se precipitan unos acontecimientos y otros no; subyace la idea del mal como algo cercano y probable… resumiendo: busquen en su archivo las críticas de la versión del 97 y déjense de cantinelas. A la manera de esos profesores que repiten las mismas clases año tras año, aquellos que ya hayan visto la primera ésta sólo les producirá dos sensaciones: tedio e indignación. El aburrimiento se debe a razones obvias y la mala leche aparece cuando descubrimos que, en lugar de poner de su parte, Haneke se dedica a desvirtuar el original (por ejemplo, el insufrible Pitt; por ejemplo, un dubitativo Tim Roth). Una pena sabiendo perfectamente que el alemán atesora talento de sobra para dedicar esfuerzo a otras empresas (revisen “La pianista”). Falta que le dé la gana.
Intérpretes: Naomi Watts, Tim Roth, Michael Pitt
Web: http://www.funnygames-themovie.com/
¿Qué impulsó a Michael Haneke a fotocopiar su “Funny Games” (estrenada en 1997) en una versión norteamericana? ¿Por qué, justo después de la multipremiada “Caché”, dedicó tiempo de su vida a replicar una película de hace diez años? Al igual que Hitchcock remozó en USA su anterior “El hombre que sabía demasiado”, ¿no pensó el realizador alemán en pulir su antigua creación?
Todas estas preguntas no tienen una respuesta clara. Probablemente para acercar su filosofía al público norteamericano o, simplemente, para embolsarse unos pavos de la Warner, el amigo Haneke ha sustituido a los originales Ulrich Mühe, Susanne Lothar y Arno Frisch por Tim Roth, Naomi Watts y Michael Pitt. Y la verdad, no se puede añadir demasiado porque el resto es igual (sí, repito, igual), desde los escenarios o el montaje hasta los planos o a la temática. Está la violencia azarosa en una visita inesperada a una familia burguesa; no falta la reflexión alrededor de la ínfima distancia con la que se precipitan unos acontecimientos y otros no; subyace la idea del mal como algo cercano y probable… resumiendo: busquen en su archivo las críticas de la versión del 97 y déjense de cantinelas. A la manera de esos profesores que repiten las mismas clases año tras año, aquellos que ya hayan visto la primera ésta sólo les producirá dos sensaciones: tedio e indignación. El aburrimiento se debe a razones obvias y la mala leche aparece cuando descubrimos que, en lugar de poner de su parte, Haneke se dedica a desvirtuar el original (por ejemplo, el insufrible Pitt; por ejemplo, un dubitativo Tim Roth). Una pena sabiendo perfectamente que el alemán atesora talento de sobra para dedicar esfuerzo a otras empresas (revisen “La pianista”). Falta que le dé la gana.
CRONICAS DE NARNIA: EL PRÍNCIPE CASPIAN
Director: Andrew Adamson
Intérpretes: Georgie Henley, Skandar Keynes, William Moseley
Web: http://disney.go.com/disneypictures/narnia/
Alguien tiene que decirlo: estamos hartos de las sagas de “fantasía”. Sí, saben a lo que nos referimos; en ellas hay dragones, enanos, brujas, elegidos, magos, adolescentes… en definitiva, criaturas peligrosas. La segunda entrega de “Las crónicas de Narnia” (recordemos aquel “bluff” anterior con Tilda Swinton) devuelve a los chavalotes de la primera al reino mágico (de Narnia, aunque bien podría llamarse “Tierra media” o Hogwarts). En este segundo intento viajan con el propósito de ayudar al príncipe Caspian, majete hamletiano que supone que su tío barbudo le va a asesinar como hizo con su padre. Bueno, la cosa es que el noble guaje supone bien. ¿A qué no se imaginan qué quieren conseguir los imberbes terrícolas? Regresar a su trono al rey verdadero; ¡han acertado!
Si aportase un átomo nuevo este “Narnia” a los terrenos conocidos todavía merecería una referencia pero el metraje jamás supera el estándar. Encima, comprobar que el atractivo de sus protagonistas no pasa de la nulidad absoluta (¡incluso sale Alicia Borrachero!) desdibuja aún más la historia. Ni siquiera la breve aparición de la Swinton o una escena final con mucha flecha recupera el “tempo” de la cinta y, en un bucle, nos desperezamos sin parar frente a tanta moviola, frente a tanto mismo.
Intérpretes: Georgie Henley, Skandar Keynes, William Moseley
Web: http://disney.go.com/disneypictures/narnia/
Alguien tiene que decirlo: estamos hartos de las sagas de “fantasía”. Sí, saben a lo que nos referimos; en ellas hay dragones, enanos, brujas, elegidos, magos, adolescentes… en definitiva, criaturas peligrosas. La segunda entrega de “Las crónicas de Narnia” (recordemos aquel “bluff” anterior con Tilda Swinton) devuelve a los chavalotes de la primera al reino mágico (de Narnia, aunque bien podría llamarse “Tierra media” o Hogwarts). En este segundo intento viajan con el propósito de ayudar al príncipe Caspian, majete hamletiano que supone que su tío barbudo le va a asesinar como hizo con su padre. Bueno, la cosa es que el noble guaje supone bien. ¿A qué no se imaginan qué quieren conseguir los imberbes terrícolas? Regresar a su trono al rey verdadero; ¡han acertado!
Si aportase un átomo nuevo este “Narnia” a los terrenos conocidos todavía merecería una referencia pero el metraje jamás supera el estándar. Encima, comprobar que el atractivo de sus protagonistas no pasa de la nulidad absoluta (¡incluso sale Alicia Borrachero!) desdibuja aún más la historia. Ni siquiera la breve aparición de la Swinton o una escena final con mucha flecha recupera el “tempo” de la cinta y, en un bucle, nos desperezamos sin parar frente a tanta moviola, frente a tanto mismo.
sábado, 28 de junio de 2008
PASO DE TÍ
Director: Nicholas Stoller
Intérpretes: Jason Segell, Kristen Bell, Mila Kunis
Web: http://www.pasodeti.es/
Cuando a uno le ataca por primera vez el trailer de “Paso de tí”, la nueva producción de la “factoría Appatow” (“Supersalidos”, “Lío embarazoso”), se imagina que tras el aperitivo vendrá una película cargada de ironía sobre el estado actual de ese ente bicéfalo llamado “pareja”. Y la historia es que, al principio, esta impresión se confirma: ¿cómo aguantarían que su novia/o les dejase, literalmente, en pelotas? Eso sí, lo único atractivo del largo acaba en su presentación, William Baldwin mediante. El resto deriva en un conglomerado que carbura con situaciones extirpadas de otras películas “romanticogamberroides”; habitan todos los tópicos: las situaciones sexuales, la segunda chica maja, el novio idiota... demasiado en una sola toma. Aunque, quizá lo más molesto no se encuentre ahí sino en un discurso relleno de naftalina que aniquila el atractivo que, a priori, poseyese “Paso de tí”.
Intérpretes: Jason Segell, Kristen Bell, Mila Kunis
Web: http://www.pasodeti.es/
Cuando a uno le ataca por primera vez el trailer de “Paso de tí”, la nueva producción de la “factoría Appatow” (“Supersalidos”, “Lío embarazoso”), se imagina que tras el aperitivo vendrá una película cargada de ironía sobre el estado actual de ese ente bicéfalo llamado “pareja”. Y la historia es que, al principio, esta impresión se confirma: ¿cómo aguantarían que su novia/o les dejase, literalmente, en pelotas? Eso sí, lo único atractivo del largo acaba en su presentación, William Baldwin mediante. El resto deriva en un conglomerado que carbura con situaciones extirpadas de otras películas “romanticogamberroides”; habitan todos los tópicos: las situaciones sexuales, la segunda chica maja, el novio idiota... demasiado en una sola toma. Aunque, quizá lo más molesto no se encuentre ahí sino en un discurso relleno de naftalina que aniquila el atractivo que, a priori, poseyese “Paso de tí”.
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martes, 24 de junio de 2008
FUE NUESTRO HERMANO
Ateo, cocainómano, cómico, hippie, actor... de George Carlin (1937-2008) esperábamos que estuviese más tiempo con nosotros. Y nos agarrábamos a esa convicción, a pesar de sus múltiples problemas cardíacos, a pesar de una vida de excesos, porque en su último especial (último, último, resuena) “Es malo para ti” (2008) nos enseñaba las cuatro ventajas de ser un “jodido viejo”: te está permitido evitar las reuniones sociales diciendo “estoy cansado”; no tienes que levantar peso; no eres responsable de tus actos (¡viva el Alzheimer!); y, sobre todo, te puedes cagar encima sin problema. Él recitó, a principios de los setenta e inspirado por Aristófanes, las siete palabras prohibidas en televisión, y que todavía cuesta escribir en un periódico, “Cagar, mear, follar, puta, chupapollas, hijo de puta, tetas”.
Amigo de Lenny Bruce y maestro de Bill Maher, Carlin nunca creyó en Dios (“Sólo creo en Joe Pesci”) ni en el Cielo (“un bar de carretera en la autopista al aeropuerto”) pero siempre confió, bendito hippisimo, en el ser humano. Bien se podría homenajear a este sabio, a este genio, con las palabras que le dedicó Bob Dylan a Lenny Bruce: “Fue el hermano que nunca tuvimos”.
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