Director: Tom Fernández
Intérpretes: Javier Cámara, Gonzalo De Castro, Malena Alterio
Web: www.latorredesuso.es
Como “El crepúsculo de los dioses”, la primera película de Tom Fernández comienza con la voz de un muerto. Pero no entierran al desaparecido Suso las piscinas lujosas. Son las manos de sus amigos las que esparcen su ceniza de sobredosis por los valles asturianos. Vuelve Cundo (Javier Cámara) a despedirse y a redescubrir lo de siempre, pero con unos años más; a sus padres indiferentes, a sus amigos estancados y a una chica que no recuerda.
El omnipresente “mcguffin” que es la torre funeraria del título, da la primera pincelada de la sabiduría de Fernández. Nada más arrancar el metraje surge la segunda; una endiablada agilidad en el diálogo. Ahí están, al poco de aterrizar Javier Cámara en el aeropuerto, las increíbles réplicas y contrarreplicas que mezclan la Coca-Cola de “Uno, dos, tres” con whisky barato. Además, ayuda muchísimo disponer de un reparto que conoce perfectamente las zonas erógenas de la comedia: la barriga sidrera de Cámara, la calva de Gutierrez Caba, la lengua de Malena Alterio, los “huevazos” de César Vea, la cabeza de De Castro,…
Pocas debilidades se le encuentran a la cinta: ciertas reiteraciones sentimentales (ojalá olvidase la cámara lenta) y algunas soluciones argumentales forzadas al empujar la trama con un accidente. En la parte positiva, sirve para desterrar el sambenito de la formación televisiva del realizador su ajustado control de los espacios, su inteligencia en los planos (le suponemos junto al estupendo Ángel Hernández Zoido) y su cámara geografíando la torre erguida sobre el valle del Nalón.
Reencuentro, reconciliación, redescubrimiento… el guión de Tom Fernández da segundas oportunidades a todos los que viven dentro de él. Vayan al cine y comprueben cómo su tonalidad amable, cómica y, plagio al gran Chus Neira, muy noble, nos hace mejores. Igual que las películas de Billy Wilder.
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sábado, 10 de noviembre de 2007
¡MUY GUAPA, EH! ¡MUY BONITA!
Durante la tarde, varios operarios de mono azul extendían la alfombra roja por la Gran Vía madrileña. Cada semana, los estrenos se multiplican a su alrededor. El miércoles pasado, en un lado del “ring”, “El hombre de arena” con Hugo Silva y María Valverde en el “Palacio de la Música”. Al otro, “La torre de Suso” con Javier Cámara y Malena Alterio en el “Cine Callao”. Dos tipos de sex-symbols, estaremos de acuerdo. Lo pensamos un microsegundo y entramos en “La torre de Suso”. Todavía no ha llegado casi nadie al mar de butacas. Lógico; en las “premieres”, las “stars” retrasan el “photocall” (Millás, ¿qué demonios significará eso?). Gracias a una cámara que envía imágenes de la entrada a la pantalla de la sala, los homo sapiens que ya tenemos el “culo-butaca” de esperar podemos observarles posando para los fotógrafos. Mira, ahí está Alejo Sauras… y “Éste Quesalíaenoséquéserie”… y Laura Pamplona y… por fin, aparecen los protagonistas en el lienzo blanco, aunque todavía no se trate de la película. Javier Cámara hace el tonto con Malena Alterio, fotos sin parar, y Tom Fernández intenta mantener la compostura, fotos paran. Ya en la sala, lo primero que vemos de Gonzalo De Castro son las canas de su perilla. Mientras, una señora embravecida le identifica, ¡oh, maravilla del saber!, como “el otro de “Siete vidas””. Cuando Tom Fernández y su equipo suben al escenario, entre agradecimientos y reprimendas cariñosas al hiperactivo Cámara, se nota el “miedo escénico” del asturiano. Cualquiera en su lugar echaría a correr.
Se apagan las luces.
Se encienden, hora y media después. Un año en una hora y media, pensará Fernández. Lo que para él, al principio, era nerviosismo e inquietud, ahora ha mutado en un relajo feliz que roza el éxtasis. Los pies del ovetense casi se elevan del suelo, aupado por los abrazos y los aplausos interminables. Emilio Gutiérrez Caba sale al lado del personal. Javier Cámara se acerca a saludar a su tía. Unas señoronas madrileñas, bien vestidas, bien añejas, gritan una y otra vez al padre y al hijo de “La torre de Suso”. “¡Muy guapa la película, eh! ¡Muy bonita! ¡Maravillosa!”, desgañitan el moño. Ellos, como Tom Fernández, como la Alterio, como todos, a lo suyo, a la noche madrileña.
Se apagan las luces.
Se encienden, hora y media después. Un año en una hora y media, pensará Fernández. Lo que para él, al principio, era nerviosismo e inquietud, ahora ha mutado en un relajo feliz que roza el éxtasis. Los pies del ovetense casi se elevan del suelo, aupado por los abrazos y los aplausos interminables. Emilio Gutiérrez Caba sale al lado del personal. Javier Cámara se acerca a saludar a su tía. Unas señoronas madrileñas, bien vestidas, bien añejas, gritan una y otra vez al padre y al hijo de “La torre de Suso”. “¡Muy guapa la película, eh! ¡Muy bonita! ¡Maravillosa!”, desgañitan el moño. Ellos, como Tom Fernández, como la Alterio, como todos, a lo suyo, a la noche madrileña.
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