sábado, 14 de febrero de 2009

VIERNES 13

Director: Marcus Nispel
Intérpretes: Jared Padalecki, Danielle Panabaker, Aaron Yoo
Web: http://www.fridaythe13thmovie.com/

Machetazo a machetazo, Jason Voorhes ha sobrevivido a los ochenta, a los noventa y, próximamente, a la primera década del siglo veintiuno. Y esto ha sido sorteando a la muerte de mil formas incoherentes: fue resucitado por una mentalista, criogenizado, dado por enterrado, cremado y hasta reanimado por un rayo en el fondo de Crystal Lake. A su maltrecho cuerpo ya no se le podían dar más oportunidades que produciendo un “remake” que recomenzara la serie. A Marcus Nispel, un habitual de estas tareas (atacó “La matanza de Texas” en 2003), se le encarga la nueva versión y no defrauda. ¿Por qué? Pues porque no tenía un logro excesivo que superar: una serie de “gags” sangrientos en los que Jason se las ve y se las desea para eliminar a una pandilla de chicos y chicas (sobre todo, chicas) buenorras. Siendo justos, hay que agradecerle a Nispel su divertida introducción. El resto, ¿es necesario contarlo?

LA HISTORIA COMPLETA DE MIS FRACASOS SEXUALES

Director: Chris Waitt
Intérpretes: Chris Waitt
Web: http://www.avalonproductions.es/fracasossexuales/

En “Annie Hall”, Woody Allen utilizaba a una mujer (Annie) como referente de otras que habían circulado por su vida (recuerden: la inestable Robin, su ex-mujer Pam, la chiquilla a la que besó en el colegio...). Durante el pasado festival de Gijón, Chris Waitt se proclamo “una versión heroica” de Allen con “La historia completa de mis fracasos sexuales”. Cierto: enfrentarse, cámara en mano, a sus ex requiere mucho valor. Y no tanto por ellas, sino porque el realizador inglés es (o fue; o se comportó como) un verdadero imbécil. El metraje relata el “vía crucis” de Waitt recorriendo las casas, apartamentos y chamizos de sus antiguas novias para preguntarles por qué le dejaron. Eso sí, mientras que la ficción de Allen funcionaba mecánicamente (al igual que cualquier ficción esplendorosa), este documental se atranca al mostrar las (supuestamente transgresoras) peripecias sexuales y ligoteos del director. Aburridos por esa especie de burocracia fálica, sólo nos recuperamos en el epílogo, justo cuando Waitt deja al peor John Waters y vuelve a parecerse al mejor Allen.

martes, 3 de febrero de 2009

PENÉLOPE Y EL “RISITAS”

Penélope Cruz y el “Risitas”. Sándwiches y Champán. Yola Berrocal y Benicio Del Toro. Glamour y goteras. El “sarao” de los Goya es un microcosmos del panorama cinematográfico español; como en el “caldo primordial” de Oparin, de su mezcolanza podría emerger cualquier cosa. Una humana sale de las entrañas de un visón cuando Manuel Alexandre recorre la alfombra; “Déjame, mujer, que quiero sacar una foto a Franco”. Olivia Molina estira sus piernas y uno suspira, aunque ella ni lo note, tan acostumbrada a suspiros, a piropos, a “vivalamadrequeteparió”, gritan los fotógrafos a Penélope Cruz. Se nota que “Pe” y Benicio Del Toro son del asteroide Hollywood. Nada les altera: ni las cámaras, ni los fans, ni las millones de miradas que convergen en cada una de sus moléculas. ¿Qué ocurre con los actores que caducan? ¿Se transforman en árbol como “David el gnomo”? No. Asisten a los Goya: Silvia Tortosa, Xavier Elorriaga, Carmen Conesa... En equilibrio universal, Clara Lago, “El Langui”, Dafne Fernández o “nuestra” Nerea Camacho forman una “troupe” de chiquillos crecidos al cobijo del “facebook”, el “twitter” y la “Playstation”.

La sala de prensa destila un ambiente irreal: únicamente comparecen los ganadores. Uno se imagina los jetos de Nacho Vigalondo o de Jose Luis Cuerda. Este año, sí es cierto, tuvimos la increíble ocasión de ver el careto de Verónica Echegui. Mientras Jesús Franco (grande, grande) dedicaba su galardón a esos cineastas que pasean sus cortos sin futuro, el realizador de la gala pinchó a la imagen de “La Juani” siendo consolada por su amigo.

Al final, se hunden la notable “Sólo quiero caminar”, la insípida “Los girasoles ciegos” y permanece la esplendida “Camino”. Cachondeo entre los periodistas con Benicio del Toro y su “peaso” anillo. Mar Saura viene de otro planeta, doy fe. Nerea Camacho no se cansa de nombrarnos a Asturias. En la zona de la fiesta posterior, desfila la barra libre y la comida y mucha gente de muchos colores. Mientras los invitados “cool” secuestran a los camareros, Ariadna Gil conversa despreocupada y no puedo, no puedo, parar de fijarme en Massiel.

NEREA CAMACHO: “HOY ME SIENTO MITAD ASTURIANA Y MITAD ALMERIENSE”

La actriz resalta sus orígenes asturianos en declaraciones exclusivas a LA NUEVA ESPAÑA tras la gala de los Goya.

Madrid, Eduardo GALÁN;
Nerea Camacho salta del altillo del “photocall” de premiados y atraviesa la omnipresente alfombra verde. Poco a poco, hordas de periodistas atacan a la actriz de doce años: “¿Qué se siente?”, “¿Pesa mucho?”, “¿Dónde lo vas a poner?”, “¿Cómo lo pasaste en el rodaje?”, “¿Crees que tienes futuro en esta profesión?”. Flashes y flashes iluminan su cuerpo diminuto mientras se acerca a la posición de LA NUEVA ESPAÑA en el pelotón mediático. A la derecha, los colaboradores de un portal web sobre cine le piden unas fotos con su logo en brazos: divertida, algo ausente, Nerea sonríe a los fogonazos y a las cuestiones clónicas de rigor. Nuestro turno. “Hola, Nerea. Somos del periódico asturiano LA NUEVA ESPAÑA”, recitamos. Y la chiquilla comienza a saltar. Pequeños gritos como los que su personaje daba cuando, en la película, bailaba al ritmo de Shakira. “Estoy encantada con Asturias. Me trataron muy bien en el pase que organizamos”, recuerda, “Allí tengo a mis abuelos y me hizo mucha ilusión ver todo el cine lleno de gente”. Con esta explosión de alegría inesperada tras escuchar el nombre de Asturias, Nerea nos confiesa que “se siente mitad almeriense y mitad asturiana” y que le gustaría dedicar el premio a “todos los asturianos que me han estado apoyando”. Admite que tiene “muchas ganas de volver de visita” pero que ahora “voy a tener que dedicarme a diversos viajes”. ¿Y el futuro? “Estoy con dos proyectos de los que todavía no debo hablar. Eso sí, espero empezar a concretar uno mañana”, nos revela.
Minutos antes, Nerea Camacho, Farah Hamed, Esperanza Pedreño y Ana Wagener miraban el escenario, pendientes de un sobre relleno con un Goya. Cuatro nominadas a “actriz revelación” en una pantalla dividida. “¡Nerea Camacho!, por “Camino””. Y la chiquilla en su vestido de encajes, muy diferente a su personaje en la película de Fesser, sube la escalinata del escenario del Palacio de Congresos. Emocionada, nerviosa, titubeante, Nerea se acordó de su familia que la seguía desde la platea, de sus compañeros de rodaje (“Javier, te quiero mucho”) y de su pueblo almeriense, Balanegra. Con un Goya gigante, casi tanto como ella, apareció en la sala de prensa para atender a los medios. Reviviendo el momento del anuncio, la chica repitió a los medios lo contenta que estaba y la enorme ilusión que le hacía haber ganado un premio tan importante.

El filme cuenta la historia de Camino, una niña que sufre una enfermedad degenerativa inesperada a la vez que su familia, perteneciente al Opus Dei, encara las circunstancias de la misma. Basado libremente en la vida de Alexia González Barros, “Camino” retrata cómo los fundamentalismos religiosos pueden transformar, primero, la visión de la enfermedad y, después, la forma de afrontarla. Dentro de un reparto impecable (Dauder, Venancio, Elías), Nerea Camacho sostiene con una interpretación jovial y trágica, inocente y adulta, el peso del texto de Fesser. Esto comprobaron, en el Diciembre pasado, los asistentes a la presentación asturiana del largometraje en el Teatro de La Felguera. Acompañados por Nerea, los espectadores comprobaron la contundencia del discurso de Fesser en uno de los trabajos cinematográficos sobresalientes del año.

El domingo, viendo a Nerea correr por las salas interminables del Palacio de Congresos, no se distingue muy bien si es una chiquilla metida a actriz o una actriz interpretando a una chiquilla. Eso sí, de pronto, cuando descubre a Penélope Cruz o Benicio Del Toro y echa a chillar como una preadolescente, intuimos la respuesta.

sábado, 31 de enero de 2009

LA DUDA

Director: John Patrick Shanley
Intépretes: Meryl Streep, Phillip Seymour Hoffman, Amy Adams
Web: http://doubt-themovie.com/



La duda puede ser un lazo [con Dios] tan potente como la certeza. Cuando estás perdido, no estás solo”. Con este sofisma de púlpito arranca “La duda”, premio Pulitzer a la mejor obra teatral, ahora un largometraje adaptado por el propio autor, John Patrick Shanley. Sobre una trinidad de personajes incompletos, resuella un texto entre claroscuros, quicios e incertidumbres. No extraña entonces que hace dos años Polanski la dirigiese en un teatro parisino: la sospecha de “La muerte y la doncella”; la fragilidad infantil de “Oliver Twist” y la orfandad de Dios de “El pianista” recorren los minutos de la película de Shanley.

Arrastran sus fotogramas la inevitable sensación de visionar una obra teatral filmada, con sus espacios milimetrados, sus transiciones innecesarias o su dependencia de las interpretaciones. Aún así, y valorando que cualquier metraje se empequeñece al lado de dos tótems como Meryl Streep y Phillip Seymour Hoffman, “La duda” posee la suficiente contundencia para ensamblar un discurso fílmico impecable. Quizá más burda en su crítica a la jerarquía eclesial y a su tolerancia con los casos de pederastia en sus filas (este propósito se alcanza con la demoledora “Líbranos del mal” de Amy Berg), lo realmente apreciable del filme se halla en la búsqueda de los protagonistas de una verdad hacia la que dirigir sus existencias. Arrasados por las circunstancias (una madre destrozada), por la tragedia (una religiosa viuda) o por su condición sexual (un cura enmascarado), Shanley nunca presenta una foto de cuerpo entero de sus personajes, sólo les permite formular preguntas dolorosas sin respuesta.

En una “Pietá” inversa, mientras la hermana Beauvier llora y llora las dudas, los azares, las violencias, en suma, mientras llora y llora la vida, parece que el consuelo que busca no se encuentra en las sagradas escrituras, sino en la joven monja que alivia su regazo.

EL JUEGO DEL AHORCADO

Director: Manuel Gómez Pereira
Intérpretes: Clara Lago, Álvaro Cervantes, Abel Folk
Web: http://www.eljuegodelahorcado.com/

Manuel Gómez Pereira abandona a los habituales Yolanda García Serrano y Joaquín Oristrell para adaptar, junto a Salvador García Ruíz (“Mensaka”), la novela de Imma Tubau, “El juego del ahorcado”. Con el reclamo de la abrasadora Clara Lago, la película desarrolla la relación de dos adolescentes marcados por un asesinato. Al igual que uno aprecia la filmografía cómica de Pereira (zozobras de la memoria sentimental), su nuevo filme avanza en el mismo punto muerto con el que comienza.

Cierto que a ratos interesa el “thriller” (a pesar de ese empeño del director de regurgitarnos “flashbacks” explicativos) y que a ninguno de los protagonistas se le debería reprochar nada (Lago, espléndida, Cervantes, correcto), pero a Pereira se le va la mano al retratar las diversas pasiones y dramas del largo. Combinado con el exceso (esas escenas de pareja...), en “El juego del ahorcado” se suceden la monotonía y algún instante de Lago revelándose como el proyecto de gran actriz que intuimos. Eso sí, todo se olvida ante un reproche mayor; después de mostrarnos a un verdadero imbécil (el chico interpretado por Cervantes), no se entiende que Pereira y Tubau le encumbren al hombro izquierdo de Clara Lago.

sábado, 17 de enero de 2009

SIETE ALMAS

Director: Gabriele Muccino
Intérpretes: Will Smith, Rosario Dawson, Woody Harrelson
Web: http://www.sonypicturesreleasing.es/sites/sietealmas/

Will Smith ha "okupado" un lugar inmejorable del cosmos hollywoodiense, una posición a la que sólo se llega reventando taquillas. El ex-“príncipe de Bel-Air” ha protagonizado, de forma consecutiva, cinco taquillazos (de “Yo, robot” a “Hancock”) que le permiten todo tipo de gracietas de "megaestrella": escoger guiones, despedir directores, aumentar su tiempo en pantalla... Gracias a ese “súperpoder”, Gabriele Muccino apareció en su vida. El bueno de Will había visto “L’ultimo bacio”, un pestiño de enormes proporciones, y le gustó tanto, tantísimo, que fichó al italiano para “La búsqueda de la felicidad”. ¿Y qué "major" de Hollywood le iba a decir que no? La primera película del tándem adaptó el caso real de Chris Gardner, un buen hombre que alcanzó su sueño de convertirse en un broker de éxito. Banal y, sobre todo, peligrosa al “verdaderamente” demostrar esa falacia extendida de que "con el esfuerzo, se consigue el éxito", "La busqueda de la felicidad" abrió al actor las puertas de los premios.

Siguiendo esa tortuosa senda, Smith y Muccino vuelven a la carga con “Siete almas”, la historia de un hombre que decide redimirse cambiando la vida de siete extraños. Nadie puede negar que lo más potente de la película (como de casi todas las malas películas) reside en su comienzo: el indicio de una narración en “flashback” y esa violenta conversación con un pobre teleoperador ciego (Woody Harrelson). En cuanto Muccino opta por contar el resto de la historia (“per se” empalagosa) acentuando el drama mediante frases rimbombantes, situaciones estrambóticas y un Will Smith afeitadamente pétreo, el metraje desciende al peor de los infiernos. Engolado, vacuo y, perdonen la saña, aburridísimo, el tiempo empleado en ver “Siete almas” se justifica por Rosario Dawson. Ella, una “moça do corpo dourado” como la chica de Ipanema, da solitario sentido a ciento veintitrés interminables minutos.

REVOLVER

Director: Guy Ritchie
Intérpretes: Jason Statham, Ray Liotta, André Benjamin
Web: http://www.silenziofilms.eu/revolver

A rebufo del último estreno de Guy Ritchie, “Rocknrolla”, una distribuidora española ha decidido lanzar la película inédita anterior: “Revolver”. Proyecto con Luc Besson, el filme acompaña a un ex-presidiario que busca vengarse de su antiguo jefe cuando empieza a darse cuenta de que su vida sigue unas rutinas prefijadas. Con su pátina de un Lynch muy, muy barato, Guy Ritchie trata de rodar un negro con ínfulas y se queda en la petardez absoluta. Deslumbrado por ese Nacho Cano francés llamado Luc Besson, el inglés justifica su memez con unos títulos de crédito vergonzantes.

Alguien debería aclararle a Ritchie & Besson que la ficción se ensalza con más ficción, al igual que David Fincher hizo en “El club de la lucha”. De poco vale tirar de testimonios reales que asienten la trama fantástica de una película horrible. Eso sí, tenemos una suerte: saber antes de entrar a la sala que la siguiente cinta de Ritchie recupera algo de su talento.

sábado, 10 de enero de 2009

MI NOMBRE ES HARVEY MILK

Director: Gus Van Sant
Intérpretes: Sean Penn, Josh Brolin, James Franco
Web: http://www.harveymilk.es/

En la canción “Do you want to”, los rockeros Franz Ferdinand identifican a una tribu urbana con la etiqueta “arty” (en español, equivaldría a los aficionados al “arte y ensayo” o a, terminología moderna, los “gafapastas”). Una perfecta descripción para la pose que asumió Gus Van Sant en sus últimos cuatro filmes. “Gerry”, “Elephant” (Palma de Oro en Cannes, no lo olvidemos), “Last days” y “Paranoid park” alejaban al cineasta estadounidense del cine “mainstream” (ése que exploró con “Descubriendo a Forrester” o “Psycho”) y le devolvían a su cuna. Mediante el estreno de hoy, “Milk”, Van Sant escoge el término medio. No parece un proyecto personal ya que adopta cronologías y formas de un “biopic” al uso, pero tampoco sería justo calificarlo de una claudicación ante los estudios. Más que por su interesante y asombrosa apuesta de (literalmente) fundir imágenes de archivo con la acción, esta rebeldía sale a la superficie a través de la manifiesta admiración del retratista por su retratado y por los tiempos que a éste le tocaron vivir.

Activista homosexual como Harvey Milk, Gus Van Sant rinde tributo a unos hombres que consiguieron escapar de sus vidas secuestradas para hacerse evidentes, para conseguir sus derechos durante un momento convulso de la reciente historia de los Estados Unidos. Sean Penn, muy sobresaliente en la función, ataca las debilidades y las fortalezas de una persona llamada a la labor mesiánica (también lo estuvieron Malcom X o Luther King) desde los púlpitos políticos. De ritmo irregular, de interpretaciones irregulares (pasan un discreto James Franco a un notable Josh Brolin), el filme funciona gracias a la hábil maniobra de sacar la cámara del personaje principal y darnos paso a sus terrenos colindantes: disturbios, fiestas, votaciones… asumiendo hechuras de falso documental. Tras envolver el epílogo en un halo bíblico, gay y setentero, se abandona el documento en pos de una teatralidad que, contradictoriamente, es menor en la opción formal (esa toma shakesperiana, “Julio Cesar” en el horizonte) que en el fondo (sí, créanlo, una persona entró en el ayuntamiento de San Francisco y asesinó a varias personas).

Aunque no sorprenda ni pretenda sorprender, probablemente lo que haga superior a “Milk” frente a otras aventuras de similar tono sea mérito de Gus Van Sant. Así, su decisión de interlazar los setenta con el siglo XXI requiere un esfuerzo titánico (producción, dirección de actores, dirección artística); así, su intención de homenajear a Harvey Milk (aún habiéndole despojado de claroscuros) reafirma un compromiso “folk” (didáctico y artístico a la vez) que derriba Palmas de Oro, léxicos de “arte y ensayo” y “Cobains” de pega.

RESISTENCIA

Director: Edward Zwick
Intérpretes: Daniel Craig, Liev Schreiber, Jamie Bell
Web: http://www.defiancemovie.com/

Alguien que ha creado “Treinta y tantos”, una serie épica sobre personas sobreviviendo la mediana edad, está acostumbrado a heroicidades. El prohombre se llama Edward Zwick y, hasta la fecha, se ha prodigado en la realización de filmes que giran alrededor de personajes capaces de superar las más increíbles dificultades: “Leyendas de pasión”, “En honor a la verdad”, “Estado de sitio”, “El último samurai”... En “Resistencia”, los protagonistas son tres hermanos (interpretados por Daniel Craig, Liev Schreiber y Jamie Bell) que evitaron la muerte de mil judíos a manos de las tropas nazis en la Bielorrusia de la Segunda Gran Guerra.

Con tanto y tan poco variado a sus espaldas, Zwick reitera y reitera su capacidad en la dirección de megaproducciones al servicio del lucimiento de sus actores. Daniel Craig, ya nunca despojado del traje impoluto de James Bond, resuelve la papeleta de manera correcta. Probablemente, siempre recalcando que las películas de Zwick se ven y se olvidan, la barrera del filme se encuentre en su guión, algo habitual en este cineasta. Como buen manufacturador, a Zwick encuentra una novela sobre la vida de estos tres hombres y lo propone a la productora. He aquí la diferencia entre un artesano y un franquiciado, he aquí la diferencia entre (pongamos) “Enemigo a las puertas” y “Resistencia”. Mientras que el primero modela, propone y arriesga en obras memorables (pero no definitivas), el segundo repite y repite un producto clónico (quizá entretenido, podemos admitirlo) para todos los públicos.