Director: Barry Levinson
Intérpretes: Robert De Niro, Catherine Keener, Sean Penn
Web: http://www.whatjusthappenedfilm.com/
Como Lynda Obst o Robert Evans, el productor y director Art Linson (“El club de la lucha”, “El desafío” o “Where the buffalo roams”) estaba destinado a escribir sus aventuras dentro de la maquinaria hollywoodiense. “Algo pasa en Hollywood” adapta uno de sus libros, “What just happened?” (2002), trasladando situaciones al “alter ego” fílmico de Linson, el productor Ben (Robert De Niro).
Barry Levinson, director irregular (“Diner” o “La cortina de humo” conviven con “Esfera” o “Acoso”) realiza una película deslavazada en su desarrollo y gruesa en sus conclusiones. Descoloca el manejo de las anécdotas del libro de Linson como motores dramáticos. Resulta muy difícil que una historieta sobre cómo influye en un rodaje que la megaestrella protagonista no quiera afeitarse la barba (el texto se refiere a Alec Baldwin en “El desafío”, aquí sustituido por Willis) sea utilizada en el filme de subtrama, cuando no llega ni a apunte de guión. Este defecto frecuente (ocurre con un agente fallecido, con el “affaire” de la ex – mujer de De Niro, con…) oscurece la menos tibia de sus excusas. Decía Woody Allen que “hagas lo que hagas, ten siempre el corte final”. Del total de “Algo pasa en Hollywood”, se intuye, se adivina fugazmente lo esencial del discurso de Linson: la lucha tectónica que enfrenta al estudio y al director, a los pases previos y a la calidad artística, a la portada de “Vanity Fair” y a la integridad personal. Una pena que el largometraje piense que puede ofrecer prioridad a tantas cosas sin tornar las ácidas vivencias de Linson en nimiedades.
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sábado, 12 de diciembre de 2009
sábado, 10 de enero de 2009
MI NOMBRE ES HARVEY MILK
Director: Gus Van Sant
Intérpretes: Sean Penn, Josh Brolin, James Franco
Web: http://www.harveymilk.es/
En la canción “Do you want to”, los rockeros Franz Ferdinand identifican a una tribu urbana con la etiqueta “arty” (en español, equivaldría a los aficionados al “arte y ensayo” o a, terminología moderna, los “gafapastas”). Una perfecta descripción para la pose que asumió Gus Van Sant en sus últimos cuatro filmes. “Gerry”, “Elephant” (Palma de Oro en Cannes, no lo olvidemos), “Last days” y “Paranoid park” alejaban al cineasta estadounidense del cine “mainstream” (ése que exploró con “Descubriendo a Forrester” o “Psycho”) y le devolvían a su cuna. Mediante el estreno de hoy, “Milk”, Van Sant escoge el término medio. No parece un proyecto personal ya que adopta cronologías y formas de un “biopic” al uso, pero tampoco sería justo calificarlo de una claudicación ante los estudios. Más que por su interesante y asombrosa apuesta de (literalmente) fundir imágenes de archivo con la acción, esta rebeldía sale a la superficie a través de la manifiesta admiración del retratista por su retratado y por los tiempos que a éste le tocaron vivir.
Activista homosexual como Harvey Milk, Gus Van Sant rinde tributo a unos hombres que consiguieron escapar de sus vidas secuestradas para hacerse evidentes, para conseguir sus derechos durante un momento convulso de la reciente historia de los Estados Unidos. Sean Penn, muy sobresaliente en la función, ataca las debilidades y las fortalezas de una persona llamada a la labor mesiánica (también lo estuvieron Malcom X o Luther King) desde los púlpitos políticos. De ritmo irregular, de interpretaciones irregulares (pasan un discreto James Franco a un notable Josh Brolin), el filme funciona gracias a la hábil maniobra de sacar la cámara del personaje principal y darnos paso a sus terrenos colindantes: disturbios, fiestas, votaciones… asumiendo hechuras de falso documental. Tras envolver el epílogo en un halo bíblico, gay y setentero, se abandona el documento en pos de una teatralidad que, contradictoriamente, es menor en la opción formal (esa toma shakesperiana, “Julio Cesar” en el horizonte) que en el fondo (sí, créanlo, una persona entró en el ayuntamiento de San Francisco y asesinó a varias personas).
Aunque no sorprenda ni pretenda sorprender, probablemente lo que haga superior a “Milk” frente a otras aventuras de similar tono sea mérito de Gus Van Sant. Así, su decisión de interlazar los setenta con el siglo XXI requiere un esfuerzo titánico (producción, dirección de actores, dirección artística); así, su intención de homenajear a Harvey Milk (aún habiéndole despojado de claroscuros) reafirma un compromiso “folk” (didáctico y artístico a la vez) que derriba Palmas de Oro, léxicos de “arte y ensayo” y “Cobains” de pega.
Intérpretes: Sean Penn, Josh Brolin, James Franco
Web: http://www.harveymilk.es/
En la canción “Do you want to”, los rockeros Franz Ferdinand identifican a una tribu urbana con la etiqueta “arty” (en español, equivaldría a los aficionados al “arte y ensayo” o a, terminología moderna, los “gafapastas”). Una perfecta descripción para la pose que asumió Gus Van Sant en sus últimos cuatro filmes. “Gerry”, “Elephant” (Palma de Oro en Cannes, no lo olvidemos), “Last days” y “Paranoid park” alejaban al cineasta estadounidense del cine “mainstream” (ése que exploró con “Descubriendo a Forrester” o “Psycho”) y le devolvían a su cuna. Mediante el estreno de hoy, “Milk”, Van Sant escoge el término medio. No parece un proyecto personal ya que adopta cronologías y formas de un “biopic” al uso, pero tampoco sería justo calificarlo de una claudicación ante los estudios. Más que por su interesante y asombrosa apuesta de (literalmente) fundir imágenes de archivo con la acción, esta rebeldía sale a la superficie a través de la manifiesta admiración del retratista por su retratado y por los tiempos que a éste le tocaron vivir.
Activista homosexual como Harvey Milk, Gus Van Sant rinde tributo a unos hombres que consiguieron escapar de sus vidas secuestradas para hacerse evidentes, para conseguir sus derechos durante un momento convulso de la reciente historia de los Estados Unidos. Sean Penn, muy sobresaliente en la función, ataca las debilidades y las fortalezas de una persona llamada a la labor mesiánica (también lo estuvieron Malcom X o Luther King) desde los púlpitos políticos. De ritmo irregular, de interpretaciones irregulares (pasan un discreto James Franco a un notable Josh Brolin), el filme funciona gracias a la hábil maniobra de sacar la cámara del personaje principal y darnos paso a sus terrenos colindantes: disturbios, fiestas, votaciones… asumiendo hechuras de falso documental. Tras envolver el epílogo en un halo bíblico, gay y setentero, se abandona el documento en pos de una teatralidad que, contradictoriamente, es menor en la opción formal (esa toma shakesperiana, “Julio Cesar” en el horizonte) que en el fondo (sí, créanlo, una persona entró en el ayuntamiento de San Francisco y asesinó a varias personas).
Aunque no sorprenda ni pretenda sorprender, probablemente lo que haga superior a “Milk” frente a otras aventuras de similar tono sea mérito de Gus Van Sant. Así, su decisión de interlazar los setenta con el siglo XXI requiere un esfuerzo titánico (producción, dirección de actores, dirección artística); así, su intención de homenajear a Harvey Milk (aún habiéndole despojado de claroscuros) reafirma un compromiso “folk” (didáctico y artístico a la vez) que derriba Palmas de Oro, léxicos de “arte y ensayo” y “Cobains” de pega.
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domingo, 27 de enero de 2008
HACIA RUTAS SALVAJES
Director: Sean Penn
Intérpretes: Emile Hisch, Marcia Gay Harden, William Hurt
Web: http://www.haciarutassalvajes.es/
Hasta la fecha, el cine de Sean Penn habla de hombres solitarios cercados por los recuerdos: los dos hermanos incomunicados de “Extraño vínculo de sangre”; el atormentado justiciero de “Cruzando la oscuridad” y el detective obsesivo de “El juramento” preparan el camino para Christopher McCandless, el siguiente personaje en su mosaico de varones atormentados. A principios de los noventa, este joven de Virginia decidió abandonar el mundo material (evaporando su identidad personal y familiar) con el objetivo de emprender un viaje hacia Alaska recorriendo las malas tierras norteamericanas. Aunque, en lugar de encontrar un futuro armónico, la Naturaleza indiferente le acorraló en las llanuras del norte mientras le mataba de hambre.
Agreste y bella, poética y dolorosa, “Hacia rutas salvajes” desvela la mirada apasionada del director norteamericano sobre su biografiado. De esta forma, el filme probablemente diga más de Penn que del propio McCandless: su cercanía a Malick, sus referentes ideológicos, su música... A la vez, nuestro “outsider” protagonista es el centro de un estudiado montaje de “flashbacks” que le van descubriendo como “stock” de la clase media norteamericana y, de paso, le emparentan al Benjamin Braddock de “El graduado”. Con una diferencia esencial: esto no son los sesenta; si el primero se escapaba en pareja escuchando al silencio, el joven actual se “busca a sí mismo” dentro de un pasado mítico y salvaje.
La visión naíf del realizador desemboca en una falta de asperezas, de aristas (preexistentes en la historia “real”), que terminan por dar al retrato de McCandless la forma de una fábula bienintencionada (eso sí, impecable y necesaria, ahí rozaría en sentido inverso a “El pequeño salvaje” de Truffaut). Un trazo más fino podría haber convertido al filme en “Grizzly Man” o en “La costa de los mosquitos” pero, eliminada esa fascinación, quizá también se hubiesen obturado los brillantes amaneceres, las terroríficas ciudades, los interminables asfaltos que contemplamos a través de los ojos de Sean Penn.
Intérpretes: Emile Hisch, Marcia Gay Harden, William Hurt
Web: http://www.haciarutassalvajes.es/
Hasta la fecha, el cine de Sean Penn habla de hombres solitarios cercados por los recuerdos: los dos hermanos incomunicados de “Extraño vínculo de sangre”; el atormentado justiciero de “Cruzando la oscuridad” y el detective obsesivo de “El juramento” preparan el camino para Christopher McCandless, el siguiente personaje en su mosaico de varones atormentados. A principios de los noventa, este joven de Virginia decidió abandonar el mundo material (evaporando su identidad personal y familiar) con el objetivo de emprender un viaje hacia Alaska recorriendo las malas tierras norteamericanas. Aunque, en lugar de encontrar un futuro armónico, la Naturaleza indiferente le acorraló en las llanuras del norte mientras le mataba de hambre.
Agreste y bella, poética y dolorosa, “Hacia rutas salvajes” desvela la mirada apasionada del director norteamericano sobre su biografiado. De esta forma, el filme probablemente diga más de Penn que del propio McCandless: su cercanía a Malick, sus referentes ideológicos, su música... A la vez, nuestro “outsider” protagonista es el centro de un estudiado montaje de “flashbacks” que le van descubriendo como “stock” de la clase media norteamericana y, de paso, le emparentan al Benjamin Braddock de “El graduado”. Con una diferencia esencial: esto no son los sesenta; si el primero se escapaba en pareja escuchando al silencio, el joven actual se “busca a sí mismo” dentro de un pasado mítico y salvaje.
La visión naíf del realizador desemboca en una falta de asperezas, de aristas (preexistentes en la historia “real”), que terminan por dar al retrato de McCandless la forma de una fábula bienintencionada (eso sí, impecable y necesaria, ahí rozaría en sentido inverso a “El pequeño salvaje” de Truffaut). Un trazo más fino podría haber convertido al filme en “Grizzly Man” o en “La costa de los mosquitos” pero, eliminada esa fascinación, quizá también se hubiesen obturado los brillantes amaneceres, las terroríficas ciudades, los interminables asfaltos que contemplamos a través de los ojos de Sean Penn.
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