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miércoles, 6 de octubre de 2010

WORKERS IN SONG: FRAN NIXON & RICARDO VICENTE EN OVIEDO

Francisco Nixon y Ricardo Vicente. Sábado 25 de septiembre. Lugar: La
antigua estación, Oviedo. 10 euros.




En uno de los encuentros que organiza myspace.com, el alma de los Beach Boys, Brian Wilson, charla con la actriz Zoey Deschanel, embarcada estos días en el proyecto musical “She & Him”. En un instante revelador, Wilson le cuenta a la cantante que le ha gustado mucho su disco, “Volume one”, y, especialmente, “el corte uno y el tres”. Al despiezar los LP, convirtiéndolos en una secuencia numérico-mecánica con sentido, entidad global y posibilidad de desmontaje, Wilson remite a algunas de las esencias de la (su) música: su conexión pitagórica y la concepción, tan olvidada, de la composición como artesanía, “craftmanship”, duro trabajo que requiere más de proletariado que de pose.

Fran Nixon y su compañero de armas, Ricardo Vicente, demostraron en la Antigua Estación de Oviedo que conocen los mandatos de San Brian Wilson y los ponen en escena. Únicamente desmerecidos por una sonoridad de ultratumba, la pareja revivió con solvencia inusitada hitos de sus tres etapas, la Costa Brava (“Adoro a las pijas de mi ciudad”), el proyecto Nixon (“Inditex” o “Vagamos por la calles”) y ese último cruce de talentos que se titula “Gloria y la belleza sureña” y que combina a partes iguales los esfuerzos de Francisco y Ricardo. Certificada la grandeza popular de “El perro es mío”, uno de los discos nacionales de la década, resulta chocante (y esperanzador) que el personal indie ventriloquee a Ricardo Vicente y sus estupendas canciones de subordinada (“Del lucero de la noche saqué lo que te digo, las adelfas de tu patio, el jardín de los ahorcados;/ los senderos se bifurcan en San Fernando”). Funcionan las coplas pop de Nixon como un mecanismo prodigioso que se adaptaría a una producción de Bacharach, a una velada acústica con el “Paul Simon Songbook” de fondo o a un concierto a doble voz (qué trabajo hay en las armonías de la pareja) en un sótano de un bar.

“Algunos no saben ni lo que significa la palabra “trabajo””, recita Dylan en “Working Man's Blues #2”. Cuando atrás se queda el músico pinchando en el “Supernova Bar”, después ya de su concierto, tres de la bendita mañana, uno recuerda lo que significaba la palabra “trabajo” para su abuelo, un lechero de Tiñana, y asume que es sinónima a lo que hacen Nixon y Vicente al cantar la extraordinaria “Erasmus borrachas” o colocar en el plato “You can call me Al” y, somos nosotros, ahora, los que cantamos.

lunes, 27 de agosto de 2007

¿POR QUÉ SABINA ES MEJOR QUE SERRAT? (EDUARDO GALÁN) Y ¿POR QUÉ SERRAT ES MEJOR QUE SABINA? (ANTONIO RICO)

¿POR QUÉ SABINA ES MEJOR QUE SERRAT?

Eduardo GALÁN

Todos estaríamos de acuerdo en que Joan Manuel Serrat y Joaquín Sabina conforman la pareja de creadores de canciones en español más importante con la que ha contado nuestro país en las últimas décadas. La calidad de ambos autores alcanza cotas parecidas, si bien se podría defender que Joaquín Sabina, por décimas de verso, es mejor que Joan Manuel Serrat.
En primer lugar, porque de la cabeza y del corazón podrido de latir de Sabina nació “19 días y 500 noches”, probablemente el álbum más importante de los últimos 30 años en España. “Cerrado por derribo”, “Barbie Superstar”, “Noches de boda”... o sea: corridos, blues, pop, rock... un conglomerado desordenado de perfección. Y ahí, en la diversidad del LP, aparece otra ventaja sobre Serrat: la policromía de su estilo musical. Quizá por sus años en Londres, la música de Sabina, como la de Dylan, se recrea en sí misma y se reinventa. ¿Era el mismo aquél que vivía en los reinos folk de “Inventario” que ese otro al que le robaban el mes de Abril? ¿O, incluso, se parece en algo la voz que estaba así sin ti a la que desafiaba el oleaje sin timón ni timonel? Sobre todo, no se nos olvide que alrededor de ese último verso crece “Peces de ciudad”, la canción más importante nunca escrita por Serrat.
Otro motivo por el que Sabina gana a Serrat en el “photo finish” es la enorme influencia que tiene en la siguiente generación. La música del cantautor de Úbeda marca, con más o menos fortuna, a humanos tan diferentes como Calamaro & Rot, Estopa o Pereza. Además, en esto estaremos de acuerdo, Antonio, Joan Manuel no ha tenido el enorme acierto de publicar un soneto contra Curry Valenzuela. Probablemente este poema “anti-curry” y la enorme fortuna de escribir justo detrás de la chica de portada de “Interviú” sea el argumento definitivo que me permita concluir que Joaquin Sabina es mejor que Joan Manuel Serrat. De todos modos, como todo es relativo y la vida son dos días, lo comprobaremos en el concierto del sábado en Gijón.

¿POR QUÉ SERRAT ES MEJOR QUE SABINA?

Antonio RICO

Todos estaríamos de acuerdo en que Joaquín Sabina y Joan Manuel Serrat conforman la pareja de creadores de canciones en español más importante con la que ha contado nuestro país en las últimas décadas. La calidad de ambos autores alcanza cotas parecidas, si bien se podría defender que Joan Manuel Serrat, una vez analizada golpe a golpe y verso a verso la descomunal obra de ambos, inclina un segundo de grado la balanza a su favor frente a Sabina. Los motivos son difíciles de explicar pero no importa; no es necesario explicarlos ya que todos los sabemos. No es necesario explicar por qué a "Pongamos que hablo de Madrid" le falta un milímetro para ser "Mediterráneo", por qué "Princesa" se queda a las puertas del "Romance de Curro el Palmo", por qué el disco de "Malas compañías" (Sabina) parece un homenaje a la canción "Malas compañías" (Serrat). Todo el mundo lo nota cuando escucha esos temazos de necesaria aparición en cualquier sociedad avanzada del siglo XX. En España ese trabajo le ha tocado hacerlo a Serrat.

Y es que nunca ha habido en este país un autor con un público tan amplio como el Nano. A los folkies les gusta el folk y Serrat, a los pijos les gusta Rosana y Serrat, a los punkies les gusta el punk y Serrat, y a los que no pertenecen a ninguna tribu ni la musica desempeña ningún papel en su identidad personal sencillamente les gusta Serrat. Desde Tierra del Fuego hasta el Cabo de Rosas, este paisano lleva 40 años ofreciéndonos en sus discos propuestas para ponernos de acuerdo, para unirnos, lo cual, por cierto, es una de las principales finalidades que las canciones han cumplido en la especie humana desde el Neolítico hasta "Mô".

Quizá sea eso. Quizá la cabeza que le saca Serrat a Sabina tenga que ver con el recorrido más general de la obra de aquél contra la presencia más concreta de la obra de éste. O quizá sólo sea que sin Serrat no hubiera podido existir Sabina y viceversa no. O quizá estas líneas sean sólo un juego para entretener la espera, incapaces de contar con criterios que midan con rigor niveles tan altos de talento en los dos casos. Ya falta poco para saberlo. Lo comprobaremos en el concierto del sábado en Gijón.