lunes, 23 de mayo de 2011
SETENTA CANCIONES PARA LOS SETENTA AÑOS DE BOB DYLAN
"Tangled up in blue", nuestro número 4
El próximo martes, 24 de mayo, Bob Dylan, el más ejemplar de los grandes compositores de canciones que ha producido la aparición de la música grabada a mediados del siglo pasado, cumple 70 años. Quizá a él ese día le pase desapercibido, aunque seguramente el público del probable concierto de esa noche le recordará su aniversario redoblando la pasión insana con la que habitualmente es recibido el viejo alquimista de estilos. Como si de un plan concebido hace cincuenta años se tratara, Dylan va volviendo cada vez más en sus discos y conciertos a las raíces más elementales de su obra y de la música popular norteamericana, dos conceptos cada vez más indistinguibles. Y así cierra un ciclo de blues, rock, folk y pop de una cantidad, calidad y densidad artística que no pudieron alcanzar ninguno de sus compañeros de generación. Setenta años de Dylan: es el momento perfecto para ensayar una de las setenta mil posibles listas diferentes con las mejores setenta canciones de Bob Dylan.
01. Mr. Tambourine Man (1965)
02. Like a rolling stone (1965)
Bruce Springsteen describió la sensación de escuchar por primera vez el trallazo de tambor con el que explota «Like a rolling stone» «como si alguien hubiese abierto la puerta de tu mente». Al Kooper, responsable de acarrear el Hammond en la canción, afina aún más la emoción: «Es como escuchar un golpe del martillo de un juez». En la composición, ese magistrado decide sobre el futuro de una chica pija caída en desgracia, quien, en una primera interpretación del texto, acaba siendo culpable. Los versos de Dylan producen una canción sin nostalgia, una epopeya de liberaciones: la de su protagonista, la del propio Dylan, o la de una generación hippie que la escuchó, amplificada y endiosada en los dedos de un (casi) cadáver llamado Jimi Hendrix durante la quinta jornada del Festival de Monterrey-67.
03. Changing of the guards (1978)
04. Tangled up in blue (1975)
Si Bob Dylan hubiera grabado un único disco y ese disco hubiera sido «Blood on the tracks», ya estarían plenamente justificadas las celebraciones que a lo largo de todo el planeta conmemorarán la semana que viene el septuagésimo aniversario del genio, la concesión del premio «Príncipe de Asturias» y la estatua del músico que próximamente se levantará en Washington Square. En la mitad de la treintena, exactamente en la frontera que su divorcio de Sara Lownds supuso entre dos etapas completamente diferentes de su vida, Dylan compone un disco brutalmente honesto, cuya solidez y clasicismo se mantienen intactos tras ser escuchado a diario durante los últimos treinta y seis años. Se abre con «Tangled up in blue». Si Bob Dylan hubiera grabado una única canción y esa canción hubiera sido «Tangled up in blue», bla, bla, bla...
05. Desolation row (1965)
06. A hard rain's gonna fall (1963)
07. I want you (1966)
08. Idiot wind (1975)
09. Blowin' in the wind (1963)
10. I and I (1983)
Cuenta Leonard Cohen una deliciosa anécdota acerca de esta canción. Charlando tras un concierto, Dylan preguntó al canadiense cuánto tiempo le había llevado escribir «Hallelujah». «Dos años», mintió Cohen, porque le avergonzaba reconocer que escribir esa canción le había ocupado más de tres años. A continuación, le devolvió la pregunta: «Y tú, Bobby, ¿cuánto tiempo tardaste en escribir "I and I"? «Quince minutos», contestó Dylan. «Maldito Dylan», termina Cohen, «estoy seguro de que él también me mintió. Estoy seguro de que la escribió en diez minutos».
11. Gotta serve somebody (1979)
12. Every grain of sand (1981)
13. Dirge (1974)
14. If you see her, say hello (1975)
15. Señor (tales of yankee power) (1978)
16. Sad-eyed lady of the lowlands (1966)
17. Shooting star (1989)
La sequía creativa que ya amenazaba «Empire burlesque» en 1985 se prolongó durante el resto de sus discos de los 80. Hasta que en 1989 de nuevo los planetas volvieron a alinearse, el mejor Dylan entregó «Oh Mercy» y todos respiramos aliviados. «Shooting star» quedó inmediatamente incluida entre los clásicos de su discografía, y nuestro escritor de canciones favorito se permitió sumirse en otra crisis fronteriza. Habría que esperar hasta 1997 y «Time out of mind» para que renaciera Bob Dylan convertido en el anciano y sabio bluesman que es desde entonces. «Vi una estrella errante y pensé en ti».
18. Precious angel (1979)
Aceptémoslo: estas estrellas del rock extravagantes viven durante décadas y décadas en mundos extraños, con fans trastornados revolviendo en los cubos de su basura, cometiendo excesos que se prolongan durante años, contestando entrevistas pseudoprofundas con respuestas pseudomísticas ante las cuales los lectores quedan pseudoboquiabiertos. ¿Cómo no se les va a ir la olla? Y a Dylan se le fue, se le fue del todo. Una mala mujer aprovechó un delicado momento personal para convencer al aturdido Bobby de que Jesús tenía un plan para él que pasaba porque abandonara toda su vida pasada, ingresara en una iglesia de «renacidos» y comenzara a grabar discos bíblicos anunciando la inminencia del Apocalipsis. Dicho y hecho, el ahora septuagenario empezó entonces a grabar estremecedores discazos de rock y gospel amenazando a la audiencia con infiernos ardientes en caso de que siguieran fornicando como venían haciendo. Discos buenísimos, por cierto. ¿Qué pasa?, ¿nos va a dejar de gustar la Capilla Sixtina porque sea católica? No, ¿verdad? Pues igual podemos disfrutar de «Gotta serve somebody», «When he returns», «Saved», «Pressing on» o esta «Precious angel» de una belleza luminosa inaudita. La audiencia siguió fornicando como venía haciendo y a Dylan volvió a parecerle bien cinco años después.
19. Mixed up confusion (c. 1962)
20. Mississippi (2001)
21. Make you feel my love (1997)
Esta canción no supuso ningún avance significativo en la música popular del siglo XX. No cambió el rock, ni el pop, ni el blues, ni el folk. No inaugura una nueva forma de narración dentro del formato de las canciones ni trata sobre un tema inusual en el campo de la música comercial. Es, simplemente, la canción de amor más hermosa escrita en la década de los 90, y sobre ella cayeron como buitres gente tan dispar como Billy Joel, Adele o los aspirantes a entrar en «Operación Triunfo». «Cuando la lluvia golpee tu cara y todo tu mundo quepa en una maleta, yo te daré un cálido abrazo para que sientas cuánto te quiero». Así de sencillo.
22. Lonesome day blues (2001)
23. Where are you tonight (journey through dark heat) (1978)
24. Subterranean homesick blues (1965)
25. Isis (1976)
26. Ring them bells (1989)
27. Forever young (1974)
28. Girl from the north country (1963)
29. Highway 61 revisited (1965)
30. Cold irons bound (1997)
31. Not dark yet (1997)
32. I shall be released (1975)
33. My back pages (1964)
34. Don't think twice, it's all right (1963)
35. Maggie's farm (1965)
«¡No me abucheéis más!», grita Dylan por la ventana de un taxi en el documental «Don't look back» (1966). En este metraje se registran las reacciones del publico británico al descubrir al Dylan electrificado. Ese chico ya no era el que les gustaba a los «folkies», ese chico era el Judas que soltó la guitarra acústica y nos jodió la protesta y los derechos civiles. Me han dicho que Pete Seeger intentó detenerle cortando el cable eléctrico con un hacha. ¿Y la paz mundial?, ¿dónde está la puñetera paz mundial en el «Maggie's farm» que (nos) arruinó el Festival Folk de Newport de 1965? Sí, compañeros, fue ese cabrón el que consiguió que Peter Yarrow pidiese disculpas a la congregación folk por su osadía de empuñar una Gibson con un bajista y un batería y cantar imitando con desgana al Dylan que todos esperaban escuchar.
36. Just like a woman (1966)
37. Knockin' on Heaven's door (1973)
38. Lay, lady, lay (1969)
39. Jokerman (1983)
Como una continuación de «Changing of the guards», Dylan inicia su grandísimo álbum «Infidels» con una avalancha de imágenes surrealistas, referencias eruditas y rimas inesperadas. Es imposible de agotar: no importa cuántas veces se escuche, cada vez sorprende con un detalle en el que antes no se había reparado. E, igual que ocurría en «Changing of the guards», la canción tiene una melodía demasiado hermosa como para que Dylan sea capaz de cantarla en directo. Y eso que a principios de los 80 el tenor todavía tenía algo de voz.
40. Love sick (1997)
41. Visions of Johanna (1966)
42. One too many mornings (1964)
43. Is your love in vain? (1978)
44. Mama, you've been on my mind (c. 1964)
45. When he returns (1979)
46. Wedding song (1974)
47. I threw it all away (1969)
48. Pressing on (1980)
49. Tomorrow is a long time (1962)
50. You're a big girl now (1975)
51. Shelter from the storm (1975)
52. The times they are a-changin' (1964)
El 11 de febrero de 2010 se celebró en la Casa Blanca un concierto que resucitó la banda sonora que acompañó a los manifestantes por los derechos civiles. Esta revuelta ciudadana tuvo su acto más representativo en «La gran marcha sobre Washington» de 1963. Organizada por agrupaciones religiosas a favor de los derechos humanos, y comandada por Martin Luther King y su «He tenido un sueño», lo que allí ocurrió convirtió a Dylan en uno de los iconos de la izquierda norteamericana. Cuarenta y siete años más tarde, en una lujosa sala de la Casa Blanca, frente a un presidente negro, Dylan obvió las tres canciones de la actuación original («Only a pawn in the game», «When the ship comes in» y «Keep your eyes in the prize») para aullar, con voz rasgada y esforzada, una versión emocionante, incomparable, de «The times they are a-changin».
53. Blind Willie McTell (1983)
54. Simple twist of fate (1975)
55. Stuck inside Mobile with the Memphis blues again (1966)
56. When the deal goes down (2006)
57. Just like Tom Thumb's blues (1965)
58. It's all right, ma (I'm only bleeding) (1965)
59. With God on our side (1964)
60. It's all over now, baby blue (1965)
61. Ballad of a thin man (1965)
62. Rainy day women #12 & 35 (1966)
63. Series of dreams (1989)
64. When I paint my masterpiece (c. 1970)
65. Foot of pride (c. 1983)
66. I'm not there (c. 1975)
En «No direction home», el documental de Martin Scorsese, se pueden ver las primeras imágenes del músico en el año 61. Su torpeza ante la cámara, basada en movimientos frágiles y desacompasados, remite a uno de sus héroes confesos, Chaplin. Esta fascinación infantil por el séptimo arte ha provocado que Bob probase suerte en el cine en diversas ocasiones y que, en casi todas, fallase. Hasta que un verdadero maestro como Todd Haynes consiguió rodar una obra maestra a la altura de Dylan. El filme «I'm not there» retrata las múltiples vidas del cantautor de Duluth con la iconoclastia debida a un músico poliédrico que, en una entrevista promocional por el estreno de «Renaldo y Clara» (1978), declaró a un periodista: «Podríamos hacer una película y tú podrías ser Bob Dylan».
67. High water (for Charley Patton) (2001)
«Ayúdanos, Señor, porque conocimos lo peor siendo demasiado jóvenes», recita Dylan a Rudyard Kipling en una entrevista, apuntando una de las inspiraciones de su álbum «Love & theft», publicado el 11-S. Como escribe Sean Wilentz en el esencial «Dylan in America», Bob juega en este LP con «el pasado y el presente, la memoria y la historia». Después de revisar el cancionero norteamericano con «World gone wrong» y «Good as I been to you», Zimmerman compone con «High water (for Charlie Patton)» un puzle de referencias a una memoria capaz, entre el «High water» original del «bluesman» Charlie Patton y Robert Johnson y George Lewes y su amigo Darwin y el Diluvio Universal, de adivinar el (nuestro) futuro: «La gente pierde sus posesiones / la gente se va de la ciudad / Ella me dijo: "No trates de ayudarme, / ¿No ves que yo también me ahogo?" / Está jodido ahí fuera / Inundaciones por todas partes».
68. The lonesome death of Hattie Carroll (1964)
69. 'Cross the green mountain (2003)
70. Song to Woody (1962)
Invierno de 1961. En el psiquiátrico de Greystone (New Jersey) acababa sus días Woody Guthrie, el padre folk de todos los padres de la música norteamericana del siglo XX. Enfermo de Huntington, no está claro que Guthrie se enterase de las composiciones que un postadolescente llamado Robert Zimmerman le susurraba al lado de la cama. Poco después, recién instalado en Nueva York, Zimmerman escribió «Song to Woody», incluida en su elepé de debut «Bob Dylan», dedicada a su ídolo y todas las personas que vienen con el polvo y se van con el viento. Durante la primera entrevista para lanzar el disco, le preguntaron sobre las múltiples referencias de sus textos: «¿Dónde aprendiste estas cosas?». Tras una infancia y adolescencia en Duluth, Minnesota; de padres de clase obrera y sin un dólar, Dylan comenzó a inventarse a sí mismo: «Las aprendí con una feria ambulante. Estuve con ellos unos seis años».
sábado, 30 de enero de 2010
SOBRE WOODY ALLEN, EN ONDA CERO, CON ANTONIO RICO.
http://poderato.com/juanjomenendez/juanjo-tbrga
P.D. Gracias a Arturo por el podcast.
jueves, 30 de abril de 2009
VUELVEN RICO & GALÁN A PINCHAR!!!!
Acuciados por las deudas y una banda de mimos rumanos,
VUELVEN RICO & GALÁN A PINCHAR!!!!
La sesión inolvidable se celebrará hoy jueves 30 de Abril, a partir de las 22:30 en el café Clandestino (C/Cabo Noval, 3). Si pagais las copas, estais invitados.
lunes, 10 de noviembre de 2008
jueves, 31 de julio de 2008
WONDERFUL BAEZ
Menuda y “hippie”, etérea y reivindicativa, Joan Baez (Nueva York, 1941) cerró el martes su minigira española en el Alcázar de Segovia ante un aforo completo de cuatrocientas personas. Tras su paso por el Palau de la música barcelonés, la cantante estadounidense recordó sus grandes éxitos combinándolos con composiciones de su nuevo disco, “The day after tomorrow”, producido por el gran Steve Earle y de próxima aparición.
Al escuchar la (todavía) potentísima voz de Baez queda de manifiesto que, en el folk, la vejez no es un problema. Ni en el “blues”, ni en el rock, ni en el flamenco... sólo el pop entiende de edades (evitemos los ejemplos). Por eso, “Gracias a la vida” o “El preso número nueve” o “Sweet sir Gallahad” se grabaron en los muros del monumento segoviano con emoción y dignidad. Pero probablemente el momento central de la noche fue la revisitación de “Diamonds and rust”, su melancólico poema de amor a Dylan. Presente en todo el repertorio (Baez atacó también “With God on our side” y “Love is a four-letter word”), el nombre de Bob Dylan resonó fantasmagórico cuando la artista cambió el verso “Diez años atrás/ te traje unas flores” por “Cuarenta años atrás/ te traje unas flores”. Los sesenta, contradictoriamente, se materializaron entonces cercanos (Baez estaba ahí enfrente) y cada vez más lejanos. Aplaude el auditorio ya durante los últimos acordes y ella mira a sabe dios dónde, como si aquella época se le escapase de las manos.
A pesar de alguna intromisión poco acertada (versión de “Wonderful World” e “Imagine”) y de un público rígido que se desembarazó de corsés en los bises, Baez conserva ese encanto místico que le permite atrapar a su audiencia con nuevas canciones (impecables “The day after tomorrow” y “Christmas in Washington”) sin que el concierto se resienta. Sonriente y pequeñita, acaba Joan su actuación en “The ballad of Sacco & Vanzetti” y, asistentes en pie, es imposible olvidar que se cumplen cincuenta años de su debut en un escenario. Con ella, Woody Guthrie, Martin Luther King, Bob Dylan, Pete Seeger, John Lennon, Steve Earle,... abandonan las luces de neón hacia el camerino.
Escrito con Antonio Rico (antoniorico.blogspot.com)
jueves, 24 de abril de 2008
"HIPPIES" MAÑANA EN GRADO
Si esto no se consigue por ese método, Antonio Rico y Eduardo Galán se comprometen a verter suficiente LSD en el agua de los asistentes.
lunes, 12 de noviembre de 2007
TENÍA QUE OCURRIR TARDE O TEMPRANO
domingo, 28 de octubre de 2007
SALIMOS EN EXPECTINGRAIN.COM
El jueves salió referenciado el artículo "Erudiciones Dylanianas" en la web de noticias sobre Bob Dylan más importante del universo conocido, expectingrain.com.Gran parte de culpa la tiene Antonio Rico y su conocimiento enfermizo de todo lo referente a Dylan. Mil gracias a él y a los humanos de expectingrain.com
El artículo:
http://edugalan.blogspot.com/2007/10/erudiciones-dylanianas.html
P.D. Próximamente aparecerá una versión extendida de este artículo en Fanzimmer, la única publicación española dedicada a Zimmerman.
miércoles, 24 de octubre de 2007
ERUDICIONES DYLANIANAS
Sin duda, la concesión del Premio Príncipe de Asturias de las Artes a Bob Dylan ha entusiasmado más a los dylanólogos del mundo entero que al propio cantautor de Minnesota, que ni siquiera va a acudir a recogerlo. Ningún otro escritor de canciones en la historia del género ha tenido a su alrededor un grupo tan acérrimo de especialistas que estudian minuciosamente, analizando palabra por palabra y acorde por acorde, una obra que ya supera los 40 álbumes oficiales y las 450 canciones grabadas. Dos colaboradores de LNE, Eduardo Galán y Antonio Rico, pertenecen a este grupo de eruditos. Con las orejas peladas tras haberse pasado los últimos meses escuchando toda la discografía del cantautor de Minesotta, Rico y Galán se intercambiaron unos emails para practicar algunas de las clásicas polémicas sobre la obra de Bob Dylan. Éste es el resultado.
Eduardo Galán: ¡Hola, Antonio! ¿De qué vamos a hablar? Según tengo entendido, tú defiendes que el Dylan folk rock de los 70 (ese Dylan que va desde "New Morning" hasta "Desire") es mejor que el Dylan lisérgico de los 60 (el que comienza con "Bringing It All Back Home" y termina con "Blonde on blonde"). Como sabes, yo pienso lo contrario. Mi primer argumento es el siguiente: mientras que el Dylan de los setenta es una evolución coherente (baste señalar a "Idiot Wind" como una versión pop rock de "It’s All Right, Ma"), el Dylan de los sesenta es el big bang. En definitiva, al Dylan de los setenta (que se gesta en "John Wesley Harding") no le hubiesen abucheado en Newport, ni hubiese creado versos coloreados (artificialmente) como "See the primitive wallflower freeze/ When the jelly_faced women all sneeze". ¡Traduce eso si te atreves!
Antonio Rico: ¡Hola, Edu! Creo que no estamos debatiendo cuál es el Dylan más importante históricamente. Más bien se trata de discutir cuáles son los discos que los dylanianos, una vez que ya nos sabemos todo Dylan de memoria, nos ponemos a oír cuando nos apetece escuchar sencillamente buenas canciones excelentemente escritas. Y ahí, ay, amigo, gana el Dylan que va desde "New Morning" (casi mejor desde "Planet Waves") hasta "Street Legal" (y si me apuras hasta "Slow Train Coming"). Si el Dylan de los 60 es el big bang, el Dylan de los 70 es la armonía de los planetas, la música de las esferas, las galaxias ya formadas y maduras en todo su esplendor. Tu ejemplo no puede ser mejor: "It's alright, ma" puede haber sido más importante históricamente, haber influido a más gente y cosas así, pero como canción en sí "Idiot wind" le da mil vueltas (bueno, mil no, pero veinte o treinta sí). Ah, y, es cierto, no puedo traducir "See the primitive wallflower freeze/ When the jelly_faced women all sneeze". Es que se me ha acabado el LSD en este momento.
EG: A ver, chaval: el Dylan de los 60 no sólo es el más importante históricamente o creativamente sino que es el único que propone retos al que lo escucha (como se los proponía a sí mismo) y el único que apetece escuchar siempre. Empecemos por las canciones: ese Zimmerman de gafas de sol y pose mod nunca hubiese incluido en disco cosas menores como "Mozambique" o "If not for you" o "Ya! Heavy and a bottle of bread". Nada altera la magistral etapa "hippie": ni los diez minutos de "Desolation Row", ni el remake beatle "4th time around" ni el cómico inicio de "Bob Dylan 115th Dream". ¿Puedes decir lo mismo de tu idolatrado "Planet Waves" ("You angel you") o de "Street Legal" ("True love tends to forget")?
AR: Es cierto que durante los 8 o 10 años que van del "New morning" a "Street legal" Dylan es más irregular que durante los 2 que van del "Bringing it all back home" a "Blonde on blonde", pero eso es inevitable dados los diferentes plazos temporales de los que hablamos. ¿Quieres que empiece a citar canciones flojas de "The times they are a-changin’" o de "Another side of Bob Dylan"? Insisto, las grandes canciones adultas de los 70 ("Dirge", "Wedding song", todo "Blood on the tracks", "Isis", "Changing of the guards", "Señor", la bestial e infravaloradísima "Where are you tonight?") son ligeramente mejores que su obra del 65 y
EG: No sé si nos entenderemos algún día: intentémoslo con los directos. Salvando ese segundo CD del "Live 1966", el Dylan en directo de los 70 es potentísimo. Baste escuchar el "Live 1975" o los diversos bootlegs de la época gospel. Pienso que sólo a partir de la edición de "Time Out Of Mind" recupera Zimmerman esa fuerza en el escenario. Vaquero de vuelta de todo y de todos, Dylan rechaza sus canciones y las quiere, las canta y las vuelve mudas, las estira y las encoge... Inexplicable. Sólo quien lo haya visto (sobre todo a partir de 2005), lo sabe.
AR: Decir que los directos de Dylan de los 70 son potentísimos es quedarse claramente corto. Se diga lo que se diga del Dylan en directo entre 1974 y 1978 es quedarse claramente corto. Sencillamente, la sucesión de la gira de 1974 con The Band, la romería ambulante de 1976 con
EG: La verdad es que le hemos echado narices para comparar estas dos épocas. En los 70, Dylan es un hombre curtido, padre de varios hijos, y poco importan ya las cosas que le dijo Dios a Abraham o si te vas tú por ahí y yo por aquí. Dylan deja de hablar inconexamente (ese Bob de "Tarántula") y sus canciones son narraciones, son Kerouac o Chejov. Mientras que el cantautor de los sesenta le gusta, como a Machado, ver pintarse a los mundos sutiles, ingrávidos y gentiles, al Bobby de la "Rolling Thunder Revue" le gusta diseccionarse, quemarse la piel con canciones que abrasan vinilos y que todos podemos comprender. Así, el joven poeta sesentero desborda eso mismo: loca juventud. Sus versos, como él admitió en su reciente entrevista en "60 minutes", salieron de la "magia". En cambio, las estrofas de las "new mornings" setenteras salen de la reflexión y de la literatura (incluso se alía con el psicólogo/escritor Jacques Levy). Por tanto, me parece que estamos enfrentando las partes y obviando el todo. Y yo con estos pelos.
AR: De acuerdo. Antes de que cambiemos de opinión, te propongo el siguiente acuerdo de mínimos: el Dylan que va de "Freewhelin'" (1962) a "Slow train coming" (1979) es sencillamente insuperable. Es intratable y no acepta comparación con ningún otro autor de la historia de la música popular. Cualquier intento de hacer distinciones en esa época gloriosa que va de inicios de los
miércoles, 29 de agosto de 2007
AGRADECIMIENTO A VICTOR M. RODRÍGUEZ
Que te citen personas como Victor es un privilegio.
Gracias.
http://www.hipersonica.com/2007/08/26-serrat-y-sabina-palacio-de-deportes-gijon-25-08-2007
lunes, 27 de agosto de 2007
¿POR QUÉ SABINA ES MEJOR QUE SERRAT? (EDUARDO GALÁN) Y ¿POR QUÉ SERRAT ES MEJOR QUE SABINA? (ANTONIO RICO)
Eduardo GALÁN
Todos estaríamos de acuerdo en que Joan Manuel Serrat y Joaquín Sabina conforman la pareja de creadores de canciones en español más importante con la que ha contado nuestro país en las últimas décadas. La calidad de ambos autores alcanza cotas parecidas, si bien se podría defender que Joaquín Sabina, por décimas de verso, es mejor que Joan Manuel Serrat.
En primer lugar, porque de la cabeza y del corazón podrido de latir de Sabina nació “19 días y 500 noches”, probablemente el álbum más importante de los últimos 30 años en España. “Cerrado por derribo”, “Barbie Superstar”, “Noches de boda”... o sea: corridos, blues, pop, rock... un conglomerado desordenado de perfección. Y ahí, en la diversidad del LP, aparece otra ventaja sobre Serrat: la policromía de su estilo musical. Quizá por sus años en Londres, la música de Sabina, como la de Dylan, se recrea en sí misma y se reinventa. ¿Era el mismo aquél que vivía en los reinos folk de “Inventario” que ese otro al que le robaban el mes de Abril? ¿O, incluso, se parece en algo la voz que estaba así sin ti a la que desafiaba el oleaje sin timón ni timonel? Sobre todo, no se nos olvide que alrededor de ese último verso crece “Peces de ciudad”, la canción más importante nunca escrita por Serrat.
Otro motivo por el que Sabina gana a Serrat en el “photo finish” es la enorme influencia que tiene en la siguiente generación. La música del cantautor de Úbeda marca, con más o menos fortuna, a humanos tan diferentes como Calamaro & Rot, Estopa o Pereza. Además, en esto estaremos de acuerdo, Antonio, Joan Manuel no ha tenido el enorme acierto de publicar un soneto contra Curry Valenzuela. Probablemente este poema “anti-curry” y la enorme fortuna de escribir justo detrás de la chica de portada de “Interviú” sea el argumento definitivo que me permita concluir que Joaquin Sabina es mejor que Joan Manuel Serrat. De todos modos, como todo es relativo y la vida son dos días, lo comprobaremos en el concierto del sábado en Gijón.
¿POR QUÉ SERRAT ES MEJOR QUE SABINA?
Antonio RICO
Todos estaríamos de acuerdo en que Joaquín Sabina y Joan Manuel Serrat conforman la pareja de creadores de canciones en español más importante con la que ha contado nuestro país en las últimas décadas. La calidad de ambos autores alcanza cotas parecidas, si bien se podría defender que Joan Manuel Serrat, una vez analizada golpe a golpe y verso a verso la descomunal obra de ambos, inclina un segundo de grado la balanza a su favor frente a Sabina. Los motivos son difíciles de explicar pero no importa; no es necesario explicarlos ya que todos los sabemos. No es necesario explicar por qué a "Pongamos que hablo de Madrid" le falta un milímetro para ser "Mediterráneo", por qué "Princesa" se queda a las puertas del "Romance de Curro el Palmo", por qué el disco de "Malas compañías" (Sabina) parece un homenaje a la canción "Malas compañías" (Serrat). Todo el mundo lo nota cuando escucha esos temazos de necesaria aparición en cualquier sociedad avanzada del siglo XX. En España ese trabajo le ha tocado hacerlo a Serrat.
Y es que nunca ha habido en este país un autor con un público tan amplio como el Nano. A los folkies les gusta el folk y Serrat, a los pijos les gusta Rosana y Serrat, a los punkies les gusta el punk y Serrat, y a los que no pertenecen a ninguna tribu ni la musica desempeña ningún papel en su identidad personal sencillamente les gusta Serrat. Desde Tierra del Fuego hasta el Cabo de Rosas, este paisano lleva 40 años ofreciéndonos en sus discos propuestas para ponernos de acuerdo, para unirnos, lo cual, por cierto, es una de las principales finalidades que las canciones han cumplido en la especie humana desde el Neolítico hasta "Mô".
Quizá sea eso. Quizá la cabeza que le saca Serrat a Sabina tenga que ver con el recorrido más general de la obra de aquél contra la presencia más concreta de la obra de éste. O quizá sólo sea que sin Serrat no hubiera podido existir Sabina y viceversa no. O quizá estas líneas sean sólo un juego para entretener la espera, incapaces de contar con criterios que midan con rigor niveles tan altos de talento en los dos casos. Ya falta poco para saberlo. Lo comprobaremos en el concierto del sábado en Gijón.
