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lunes, 17 de mayo de 2010

¡LOS “SMS” CULÉS ATACAN DE NUEVO!


Así empezaron a escribir ayer...

Como la llegada de los malignos alienígenas reptilianos de “V”, como el ataque del virus zombie de “28 días después”, todo comenzó abruptamente y se propagó por el cielo con un tintineo amenazante (“piii”, “piii”, “piii”). Justo cuando se cumplió el minuto 79 del Barcelona-Valladolid, mi móvil empezó a sonar de continuo, anticipando la turba de SMS que se agolpaba en las ondas con muchas ganas de tocarme el madridismo. Fíjense qué desgracia: el pobre aparato no paró de vibrar durante alrededor de 20 minutos, casi imitando los movimientos convulsivos de David Civera al cantar ese monumento poético: “Que la detengan /que es una mentirosa/ malvada y peligrosa”. Hagamos antropología culé. Mi Nokia se agitó con los socarrones “Gracias florentino” o “El único equipo que gana títulos en Madrid… es el Atleti”; los aliviados “Campeones por fin”, “nos costó pero… ¡joderos!”; o esos mensajes personales que demuestran el cariño que le tienen a esta columna algunos de nuestros lectores, “Galán, a ver q escribes mañana, so cabezón”, “Desde que te dejé por un barcelonista, hay alegría en mi vida, ¡imbécil!” o “¡Vete con tu gurú, Tomás Roncero, a la cofradía del clavo ardiendo! ¡Deformes!”.

Me imagino a esos azulgranas, sobreexcitados después del nerviosismo (Clemente, en el fondo, les da miedito), sin pupilas, como el maestro de “Kung Fú”, del esfuerzo de no apretar “enviar” antes de que el partido no estuviese solucionado y, por supuesto, pensando más en qué iban a escribir a sus amigos madridistas que en celebrar la liga. Nada nuevo bajo el sol: el rasgo definitorio del barcelonismo es una “madriditis” galopante y muy tozuda. En una temporada en la que se vendían como el “mejor equipo del mundo” han acabado ganando (y no nos olvidemos, a tres puntos del Real Madrid) una liga mediocre en la que sólo los blancos les han plantado cara.

Linus Van Pelt, el universal personaje animado de “Snoopy”, se aferraba a su manta de seguridad para tranquilizarse frente al tenebroso mundo exterior. Nuestro club, en lugar de formarse como grupo, en lugar de hacerse adulto, ha basado la campaña en la seguridad de los objetos externos: CR9, Clemente, el Espanyol, el Inter, Mouhrinho… Depender de otros únicamente puede terminar en el desquicio y eso le ocurrió en Málaga: la sinvergonzonería de que Guti se encare con un verdadero gigante del madridismo, Chendo; la desesperación de no atisbar un futuro; la resignación de repetir el pasado.

Linus y el Madrid, primos hermanos

lunes, 10 de mayo de 2010

MÍCHEL, ¡PIDE PERDÓN A CLEMENTE!

¡JAVI, SI EN EL FONDO TE QUEREMOS, JODER!

A sufrir en Liga y a desaparecer en las otras competiciones. Éste es nuestro sino: primero, con Capello, después, con Schuster y, ahora, con Pellegrini. Resulta que el resto de variables no importa: ni los jugadores, ni el entrenador, ni el presidente, ni los árbitros. Al último Madrid sólo le vale pasarlo mal, muy mal. Y eso cuando el ingeniero chileno ha conseguido (bueno, me adelanto, más bien va a conseguir) ¡noventa y ocho puntacos!

Si se fijan, ésta ha sido una temporada de sacrificios rituales: Pepe se lesionó y se despidió de la competición en Diciembre; Raúl se ha desvanecido y es fácil que se vaya al fútbol inglés en verano; Gutiérrez, llorando como una magdalena, prepara las maletas a Turquía; Kaká no ha demostrado sus cualidades en todo el año; Pellegrini prometía potencial y se ha estancado en eso, en promesa a los cincuenta y tantos… ¿sigo? Tan aficionados que somos los madridistas a la metafísica balompédica, no sabemos bien qué carajo le hemos hecho al dios del fútbol para que nos trate así.

Eso sí, el Real Madrid y sus simpatizantes estamos dispuestos a seguir fustigándonos con tal de ganar la Liga. Y el primero en la lista, el modelo ejemplarizante, debe ser un madridista ilustre. No queremos que Clemente esté intranquilo el próximo fin de semana cuando dependamos de él. El entrenador vasco (Javi, eres una persona venerada en nuestro campo: si la gente te tira objetos a la cabeza, ¡es porque no puede bajar a dártelos!), debe comenzar a recibir “good vibrations” desde hoy mismo. Le necesitamos a él y a su careto enrojecido de mala leche; a él y a sus salidas de tono al ritmo de “¡andalahostia!”; a él y a su afición al séptimo central. A cambio, Javi, para que te quedes tranquilo, como enésimo sacrificio ritual, obligaremos a Michel, un verdadero “maikel nai” y probado madridista, a que te pida perdón por todo aquello que haya hecho y por lo que pudiese hacer en un futuro (con gente del palo de Josemi, nunca pongas la mano en el fuego). ¿Que te molestaron sus comentarios sobre tus aptitudes como seleccionador? Ná, pelillos a la mar, se te manda un ramo de flores de su parte con una foto al lado de Valderrama dedicada por ambos. ¿Que su marca de gomina te da repelús? Sin problema, se le ordena que se deje rastas. ¿Que te jodió que dijese que eras un entrenador mediocre? ¡No, hombre, lo malinterpretaste! Se contrata una tuna y que te cante “Perdóname” del Dúo Dinámico. Ay, amigo Clemente, en Madrid se te quiere y, si eres capaz de frenar al Barça, mandamos que Josemi esculpa un busto tuyo en la puerta cero del Bernabeu.

lunes, 28 de septiembre de 2009

UNA LIGA SIN ROSTRO

"Robert Mitchum estaba marcado por una cara, nuestra liga ni la tiene"

En “The Hold-Out” (1962), un mediometraje televisivo, Groucho Marx interpretaba uno de sus escasos papeles dramáticos. Cuenta Stefan Kanfer que cada vez que Groucho aparecía en pantalla, el público se descojonaba. Les (nos) resultaba imposible abstraerse del bigote, las cejas arqueadas y esa voz que, en lugar de ametrallar con chistes, se dedicaba ahora a recitar líneas trágicas. Robert Mitchum, el rostro del mal en el cine (“La noche del cazador”, “El cabo del terror”), nunca será ya un hombre de fiar. Da igual que interprete a un sheriff que defiende a una familia (“El dorado”) o a un extraño con un pasado oculto (“Retorno al pasado”), en Mitchum vive la contradicción de unas facciones nacidas para el mal. “La cara es el reflejo del alma”. Y la cabeza, añadiría Gall. Fuera de sus roles, determinados actores son nada (y, según Gassman, de eso se trata). Como el Alien incubado en John Hurt, persona (con cuerpo, con faz) y personaje (con el destino que una ficción ha preprogramado) se funden de tal manera que desligarlos supondría la muerte de ambos.

Nuestra liga, de momento, no tiene cara. Ni siquiera se le intuye una (bella, horrenda o estéril), como la que delatan las máscaras de Rorschach en “Watchmen” o de Peter Parker en “Spiderman”. ¿Esta temporada poseerá el mentón de Messi o los carrillos de Benzema? ¿Sonreirá con los labios de Casillas o de Ibrahimovic? ¿Mirará con los ojos de Pujol o de Cristiano Ronaldo? Cuando la distancia se reduce al “goal average”, al “photo finish”, la cuestión (y los argumentos de los futboleros) se convierten en gestos de gomaespuma. Unos minutos inspirados de Kaká o tres jugadas encadenadas de Ibrahimovic, vamos. A priori, nadie se ríe en los momentos dramáticos de los partidos del Madrid ni asocia a este Barcelona a medio gas con interpretaciones del pasado.

Como me dijo una vecina gorda en el funeral de un pariente, “Eduardo, no somos nadie”. Justo, vecina gorda, así se resume el campeonato actual. Ser nadie. Jurar promesas vacías. Ninguno de los dos equipos líderes ha rodado todavía su “Noche del cazador” ni ha protagonizado “Sopa de ganso”, aunque nos hayan bombardeado con demasiados tráilers previos. “Yo no podría hacer drama. Estaría perdido; no tengo esa capacidad, no sabría si el material es bueno”, le confiesa Larry David a Ricky Gervais. He aquí la cuestión: definirse. Vestir el gesto cómico o dramático y que el campeón se quede con ese rictus cuando, en Mayo, muera la liga.