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martes, 31 de julio de 2007

BERGMAN, EL FINAL DE LA PARTIDA

Bergman ya tiene la respuesta. Tras alargar la partida de ajedrez con la Muerte hasta los 89 años, el director sueco nos ha dejado atrás para enfrentarse a una de sus obsesiones: el final de la vida. De la parte opuesta, de su infancia martirizada y ultrarreligiosa, sólo le quedaba una vía de escape (como le pasaría años más tarde a Truffaut): el cine. Así, con poca esperanza (tras deambular por la Universidad y el Ejército), el realizador comienza su carrera con una serie de películas iniciáticas que revelan pistas de cómo ve el mundo: la sombría y desencantada «Noche eterna» o la pareja tempestuosa de «Hacia la felicidad» dan pequeñas pinceladas sobre su futuro.

«Un verano con Mónica» es el pistoletazo de salida para Bergman a nivel internacional. El mito, muy acorde con la época, de la mujer «liberada» (y sueca) combinado con sus escenas de nudismo, despierta el inconsciente de públicos, como el norteamericano, nada acostumbrados a las referencias sexuales en pantalla. Poco después, la liviana «Sonrisas de verano» da pie a una de sus cumbres, que escribió casi por terapia. «Digan lo que quieran de "El séptimo sello" -cuenta Bergman-. Mi miedo a la muerte, esta fijación infantil mía, era, en ese momento, abrumadora. Me sentía enganchado a la muerte noche y día, y mi miedo era tremendo. Cuando terminé la película, ese terror se había ido». Inabarcable en sus pretensiones y demoledora en su retrato de la Edad Media, «El séptimo sello» construye el recorrido vital, en tierras de plaga y brujería, de un caballero condenado (Max Von Sydow) por el que Bergman ganó el premio especial del jurado en Cannes. Las posteriores «Fresas salvajes» y «El manantial de la doncella», también muy ligadas a la desaparición definitiva del ser humano, consiguen convertir a Bergman en un icono cinematográfico (pronto sería reivindicado por los jóvenes de «Cahiers du Cinema»).

El psicoanálisis, con todo lo que conlleva, impregna la siguiente etapa en la obra del cineasta: «Como en un espejo», historia de aceptación paterna y esquizofrenia, y «El silencio», incestuosa y revolucionaria, son los antecedentes lógicos de «Persona». Dos mujeres, una enfermera y una actriz que se ha quedado muda, intercambian sus papeles durante una terapia que posee todos los elementos del «corpus» freudiano: transferencia, sublimación, deseos sexuales... Sólo «Gritos y susurros», con la vuelta al tema de la muerte y del doble, sirve de interrupción para la abrupta aparición de las parejas de clase media en su obra con la monumental «Secretos de un matrimonio». Primero, serie de televisión, luego, filme editado, la cinta nos cuenta el discurrir de la convivencia marital-burguesa de una pareja, Marianne y Johan. Pocas películas destrozan la intimidad con tanta fuerza y han sido tan influyentes como ella («Maridos y mujeres» de Woody Allen, un eterno deudor, es la vuelta de tuerca más evidente).

Desoladora y desolada por el ser humano, «El huevo de la serpiente» abre la ancianidad del sueco. Y los años traen sus recuerdos infantiles y sus dos mejores películas, «Fanny y Alexander» y «Las mejores intenciones» (a la que aporta el guión). La primera es una fábula sobre dos niños atrapados (Hansel y Gretel vienen a la memoria) por un malvado cura del que consiguen escapar gracias a la magia. Por otra parte, «Las mejores intenciones», dirigida por Bille August, documenta la niñez del realizador. Cálido, emocionado y emocionante mosaico de una época que, como su vida, ya se estaba escapando, el filme consigue devolver a Bergman a la escena internacional gracias a la «Palma de Oro» en Cannes.

Al maestro sólo le quedaba el epitafio en «Saraband» junto, como no podía ser de otra manera, a los dos protagonistas de «Secretos de un matrimonio». Otoñal, trascendente y nostálgica, la película parte de la necesidad que tiene Marianne por ver a su antiguo marido. Si algo ha dilatado la vida de Bergman, es la necesidad del reencuentro con el cine para desmenuzar qué es eso de existir. En el camino, su influencia en autores como Woody Allen sirve para perpetuar su legado.
Ahora, una vez alcanzado el final de la partida, Bergman ha emigrado y conoce, por fin, las respuestas. Permanecen con nosotros sus preguntas de celuloide.

sábado, 28 de julio de 2007

LOS SIMPSON. LA PELÍCULA.

LOS SIMPSON. LA PELÍCULA
Director: David Silverman
Intérpretes: Homer Simpson, Marge Simpson, Bart Simpson
Web: http://www.thesimpsons.com/

Nos lo avisa Matt Groening y compañía desde un principio: esto no tiene nada que ver con la televisión. Después de que Ralphie Wiggum empequeñezca el logo de Twenty Century Fox con su voz chillona, la pantalla pasa de ser cuadrada a un asombroso panorámico. A nosotros, tan acostumbrados a la pequeñez de nuestras cajas tontas, no nos queda más que apoltronarnos en la butaca. Es interesante la coincidencia: probablemente algo parecido debieron sentir los espectadores de «El manto sagrado» (1953) cuando, también por la gracia de Twenty Century Fox, admiraron el Cinemascope por primera vez. De pronto, lo que habitualmente está encerrado desborda el lienzo.
«No te descargarás esta película. No te descargarás está película. No te descargarás esta película», escribe Bart en su pizarra. Otra verdad del pequeño Simpson. Sus imparables primeros diez minutos abren el camino a una apocalipsis ecológica producida por una acumulación de mierda de cerdo e imbecilidad homeriana. Y no hay forma mejor de disfrutarla que en una sala. El inestable presente de la serie, quizá consecuencia de una larga vida, se queda en nada cuando se cambian los esquemas. Porque aquí a lo que jugamos es al cine y, por tanto, a la épica. Frente a las minúsculas (y excepcionales) tramas de veintipocos minutos, aparece el monumental exceso de la hora y media. En tan comprimido metraje cinematográfico (si lo comparamos con la última hornada de tostones fílmicos), se suceden las revelaciones biblicoepilépticas («eepaaa», «eeepaaaa», terrorífica profecía), las aventuras, los amoríos petardos de Lisa (lo único sobrante), los «full frontal»... Aún con algunas subtramas poco exprimidas (¡queremos más Spidercerdo!), «Los Simpson. La película» se convierte en la mejor excusa para ir al cine en lo que llevamos de verano.
En el final de «Hannah y sus hermanas», Woody Allen encuentra el sentido de la vida viendo «Sopa de ganso». De eso se trata, amigas y amigos. De, como diría Mel Brooks, «defenderse del universo con el humor». Mezclando la comedia metafísica de «Sopa de ganso» con la sátira política de «Teléfono rojo» (¡grande presidente Schwarzenneger!), el filme de Groening consigue lo que parecía imposible en los tiempos que corren: hacernos reír sin parar.
Sólo resta agradecer a Matt Groening, a su enorme grupo de colaboradores y a su creación amarilla, las carretadas de felicidad gratuita que nos han regalado a lo largo de estos ¡veinte años! Sin dudarlo, y volviendo a Woody Allen, «Los Simpson» ocupan ya su merecido sitio en la lista de cosas por las que merece la pena vivir.

sábado, 21 de julio de 2007

EL GUÍA DEL DESFILADERO

EL GUÍA DEL DESFILADERO
Director: Marcus Nispel
Intérpretes: Kart Urban, Moon Bloodgood, Russell Means
Web: http://www.pathfinderthemovie.com/

Aunque intenten que parezca lo contrario, a los creadores de “El guía del desfiladero” no les importa demasiado si los vikingos llegaron a la costa este de EEUU. Si a ustedes les interesa el tema, lean “La Edad Media en el cine” de Juan J. Alonso, Jorge Alonso y Enrique Mastache para llegar a alguna conclusión u obtener las referencias necesarias. Fuera de discusiones históricas, de las que también debería dejarse apartada a “Apocalypto” o a “300”, el filme de Marcus Nispel no consigue mantener el mínimo brío necesario para sacar a flote una película de aventuras. Más cercano a “Conan el bárbaro” y sucedáneos que a la última (y sobresaliente) propuesta de Mel Gibson, el largometraje trata, con muy poca fortuna, combinar épica con acción. Deslavazado, irregular (en su haber está la oscurísima fotografía de unos tiempos oscurísimos) y de reparto poco afortunado, “El guía del desfiladero” destaca únicamente por su espectacular cartel de “comic book”.