NOCTURNA, UNA AVENTURA MÁGICA
Directores: Maldonado & García
Web: http://www.nocturnalapelicula.com/
“Nocturna”, el nuevo filme animado de Filmax tras el exitazo de “Pérez”, escoge también un escenario onírico para desarrollar su trama. Cuando una ambientación así podría dar lugar a un cuento gótico próximo al universo de Tim Burton, afortunadamente la pareja de directores se centra en una amable fábula sobre un niño que escapa en sueños. Muy redondeada, muy delicada y bien planteada, la cinta mejora a medida que avanza el viaje del chiquillo al sitio donde se construyen las ensoñaciones. Siguiendo los pasos de un gato, probablemente el mismo que guiaba a Alicia, nuestro protagonista descubre un mundo de quimeras muy diferente al temible inconsciente freudiano. Al internarse en el mundo de Nocturna, comienzan los cineastas a destapar su imaginario y su talento para explicar todas las conductas nocturno-infantiles: mojar la cama, tener pesadillas… En definitiva, otro logro de Filmax en cine de animación.
lunes, 15 de octubre de 2007
MATRIMONIO COMPULSIVO
MATRIMONIO COMPULSIVO
Directores: Los Farrelly
Intérpretes: Ben Stiller, Jerry Stiller, Michelle Monaghan
Los hermanos Farrelly retoman su personaje favorito: el treintañero lamentable. Acompañados de su actor fetiche Ben Stiller, dilapidan la existencia de un pobre vendedor que, ante la horrible visión de los matrimonios de sus amigos, decide casarse con la primera que pasa. Lógicamente, de la incompatibilidad de caracteres nace la comedia. Un desarrollo irregular y unos gags irregulares (algunos obvios, otros aceptables), no consiguen hacer pasar a “Matrimonio compulsivo” de un pequeño divertimento dominguero. Sólo la galería de freaks y sus excreciones (Tito, Jerry Stiller, la madre de la novia...) se saltan la norma. Más tarde, el obligado (y “farrelliano”) final feliz, nos deja la sensación de que a estos directores, entre la lluvia dorada y la lluvia azucarada, ya no les queda nada que decir.
Directores: Los Farrelly
Intérpretes: Ben Stiller, Jerry Stiller, Michelle Monaghan
Los hermanos Farrelly retoman su personaje favorito: el treintañero lamentable. Acompañados de su actor fetiche Ben Stiller, dilapidan la existencia de un pobre vendedor que, ante la horrible visión de los matrimonios de sus amigos, decide casarse con la primera que pasa. Lógicamente, de la incompatibilidad de caracteres nace la comedia. Un desarrollo irregular y unos gags irregulares (algunos obvios, otros aceptables), no consiguen hacer pasar a “Matrimonio compulsivo” de un pequeño divertimento dominguero. Sólo la galería de freaks y sus excreciones (Tito, Jerry Stiller, la madre de la novia...) se saltan la norma. Más tarde, el obligado (y “farrelliano”) final feliz, nos deja la sensación de que a estos directores, entre la lluvia dorada y la lluvia azucarada, ya no les queda nada que decir.
LOS SEIS SIGNOS DE LA LUZ
LOS SEIS SIGNOS DE LA LUZ
Director: David L. Cunningham
Intérpretes: Alexander Ludwig, Frances Conroy, Ian McShane
Web: http://www.buscalossignos.es/
“El señor de los anillos”, “Eragon”, “La última legión”, “Las crónicas de Narnia”, la serie de “Harry Potter”, próximamente “Stardust”… la historieta de “El elegido” (tambores de fondo), ya comienza a estar un pelín, sólo un pelín, manida. Amigos: si todos somos elegidos, entonces no hay elegidos. Y eso es lo que está pasando con este tipo de largometrajes: si existiese, cansarían hasta al Elegido. En “Los seis signos de la luz”, una familia se va a vivir a Inglaterra y allí descubre que uno de sus hijos es el último de los Ancianos, una serie de guardianes del bien. Luz contra oscuridad, los ocultos, los buscadores, el jinete… aburre sólo contarla. Cosa que se confirma, entre efectos de saldo y chiquillos imberbes, al verla.
Director: David L. Cunningham
Intérpretes: Alexander Ludwig, Frances Conroy, Ian McShane
Web: http://www.buscalossignos.es/
“El señor de los anillos”, “Eragon”, “La última legión”, “Las crónicas de Narnia”, la serie de “Harry Potter”, próximamente “Stardust”… la historieta de “El elegido” (tambores de fondo), ya comienza a estar un pelín, sólo un pelín, manida. Amigos: si todos somos elegidos, entonces no hay elegidos. Y eso es lo que está pasando con este tipo de largometrajes: si existiese, cansarían hasta al Elegido. En “Los seis signos de la luz”, una familia se va a vivir a Inglaterra y allí descubre que uno de sus hijos es el último de los Ancianos, una serie de guardianes del bien. Luz contra oscuridad, los ocultos, los buscadores, el jinete… aburre sólo contarla. Cosa que se confirma, entre efectos de saldo y chiquillos imberbes, al verla.
lunes, 8 de octubre de 2007
UN BLANCO RADIANTE
YO NO ESTOY ALLÍ
Esta semana, una más, surgió la polémica. En un vídeo promocional del Metro, se mostraba a dos tipos de madrileños: el primero, aficionado al Real Madrid y usuario de transporte público, se acerca al Bernabeu tranquilamente, leyendo revistas culturales y con el polo por dentro. Limpísimo, vamos. Por el contrario, el segundo humano es un mastuerzo del Atlético de Madrid. Ese hombre, con su gorrito y bufanda rojiblancos, coge su coche, pitillo y móvil en mano, para dirigirse al estadio. Claro, el muy marrano pita y es feo, y además llega tarde. El lío ya está montado. La Comunidad de Madrid lo niega todo, el Atleti se indigna y el Real Madrid calla. Por eso escribo esta columna de hoy: por el silencio del club blanco. Señores, ¿no deberían estar indignados? ¿Cuándo los madridistas hemos ido impolutos y sin bufandas al estadio? ¿Cuándo no nos hemos fumado un buen cigarrillo y cantado antes del inicio? Pues nada, que eso todo se lo lleva el del Atleti. Menuda vergüenza. Somos el club más aburrido de España. Mientras que el sosainas del Madrid va al estadio sin hablar, sin rajar de Schuster y sin comentar los previos con todo aquel que se le ponga cerca, el chavalete del Manzanares se dedica a lo que debe hacer cualquier español de bien: vocear, increpar al árbitro y llegar tarde al partido.
En la nueva película de Todd Haynes, «I'm not there» («Yo no estoy allí»), se retrata la vida de Bob Dylan. Pero no es una biografía al uso. En ella, el próximo premio «Príncipe de Asturias» está representado por seis personajes diferentes: desde un niño negro o una mujer hasta un Richard Gere envejecido. Eso es lo que yo le pido al vídeo del Metro de Madrid, que muestre la diversidad madridista. Porque en el club blanco habitan Valdano y Juanito Navarro, Aznar y Toñín el Torero, Pipi y García... Señores, tal espectro humano no se puede reducir a un señor pijísimo que va en Metro. Por lo tanto, y ya que no conozco a nadie del Atlético de Madrid (desde que ganaron el doblete han desaparecido), exijo un vídeo promocional del Metro dirigido por Todd Haynes. En él saldrías tú y tú y tú y tú y tú, madridista amigo, y de refilón aparecería yo: blanco, escéptico, dylanista, voceras, bufandero y, aun así, usuario de Metro. Sólo entonces ya estaríamos allí.
Esta semana, una más, surgió la polémica. En un vídeo promocional del Metro, se mostraba a dos tipos de madrileños: el primero, aficionado al Real Madrid y usuario de transporte público, se acerca al Bernabeu tranquilamente, leyendo revistas culturales y con el polo por dentro. Limpísimo, vamos. Por el contrario, el segundo humano es un mastuerzo del Atlético de Madrid. Ese hombre, con su gorrito y bufanda rojiblancos, coge su coche, pitillo y móvil en mano, para dirigirse al estadio. Claro, el muy marrano pita y es feo, y además llega tarde. El lío ya está montado. La Comunidad de Madrid lo niega todo, el Atleti se indigna y el Real Madrid calla. Por eso escribo esta columna de hoy: por el silencio del club blanco. Señores, ¿no deberían estar indignados? ¿Cuándo los madridistas hemos ido impolutos y sin bufandas al estadio? ¿Cuándo no nos hemos fumado un buen cigarrillo y cantado antes del inicio? Pues nada, que eso todo se lo lleva el del Atleti. Menuda vergüenza. Somos el club más aburrido de España. Mientras que el sosainas del Madrid va al estadio sin hablar, sin rajar de Schuster y sin comentar los previos con todo aquel que se le ponga cerca, el chavalete del Manzanares se dedica a lo que debe hacer cualquier español de bien: vocear, increpar al árbitro y llegar tarde al partido.
En la nueva película de Todd Haynes, «I'm not there» («Yo no estoy allí»), se retrata la vida de Bob Dylan. Pero no es una biografía al uso. En ella, el próximo premio «Príncipe de Asturias» está representado por seis personajes diferentes: desde un niño negro o una mujer hasta un Richard Gere envejecido. Eso es lo que yo le pido al vídeo del Metro de Madrid, que muestre la diversidad madridista. Porque en el club blanco habitan Valdano y Juanito Navarro, Aznar y Toñín el Torero, Pipi y García... Señores, tal espectro humano no se puede reducir a un señor pijísimo que va en Metro. Por lo tanto, y ya que no conozco a nadie del Atlético de Madrid (desde que ganaron el doblete han desaparecido), exijo un vídeo promocional del Metro dirigido por Todd Haynes. En él saldrías tú y tú y tú y tú y tú, madridista amigo, y de refilón aparecería yo: blanco, escéptico, dylanista, voceras, bufandero y, aun así, usuario de Metro. Sólo entonces ya estaríamos allí.
domingo, 7 de octubre de 2007
EL ASESINO
EL ASESINO
Director: Philip G. Atwell
Intérpretes: Jet Li, Jason Statham, Luis Guzmán
Web: http://www.warthefilm.com/
Andamos escasos de héroes de acción. Mientras que si observábamos una cartelera ochentera aparecían los nombres de Van Damme, Norris, Dudikoff, Lundgren… hoy la cosa ha cambiado. Un resumen: o héroes ancianos (Willis, Stallone…) o pelis de terror. Por eso, al lado de The Rock y Vin Diesel, Jason Statham (“Transporter”, “Crank”) hereda el honorable deber de continuar la tradición del mamporreo occidental. En “El asesino”, el actor inglés mantiene el interés por un metraje que, jugando a la “Cosecha roja” de Hammett, acaba hundido por un final estrambótico. Ya saben: la obsesión del cine actual de “sorprender” a cualquier precio. De todos modos, gracias a una realización poco aparatosa, el doble juego del poli y el asesino atrapados entre mafias japonesas bien merece una carrada de palomitas. Eso sí, la espectacular primera persecución por los cristales o el trabajo digno de Statham y Li, terminan diluidos en un lío impresentable de falsas identidades. Amigos directores, lo único que pedimos los aficionados al género es que nos cuenten bien unos golpetazos, unos duelos, unas persecuciones y un final feliz. “El asesino” casi lo consigue.
Director: Philip G. Atwell
Intérpretes: Jet Li, Jason Statham, Luis Guzmán
Web: http://www.warthefilm.com/
Andamos escasos de héroes de acción. Mientras que si observábamos una cartelera ochentera aparecían los nombres de Van Damme, Norris, Dudikoff, Lundgren… hoy la cosa ha cambiado. Un resumen: o héroes ancianos (Willis, Stallone…) o pelis de terror. Por eso, al lado de The Rock y Vin Diesel, Jason Statham (“Transporter”, “Crank”) hereda el honorable deber de continuar la tradición del mamporreo occidental. En “El asesino”, el actor inglés mantiene el interés por un metraje que, jugando a la “Cosecha roja” de Hammett, acaba hundido por un final estrambótico. Ya saben: la obsesión del cine actual de “sorprender” a cualquier precio. De todos modos, gracias a una realización poco aparatosa, el doble juego del poli y el asesino atrapados entre mafias japonesas bien merece una carrada de palomitas. Eso sí, la espectacular primera persecución por los cristales o el trabajo digno de Statham y Li, terminan diluidos en un lío impresentable de falsas identidades. Amigos directores, lo único que pedimos los aficionados al género es que nos cuenten bien unos golpetazos, unos duelos, unas persecuciones y un final feliz. “El asesino” casi lo consigue.
SIETE MESAS DE BILLAR FRANCÉS
SIETE MESAS DE BILLAR FRANCÉS
Directora: Gracia Querejeta
Intérpretes: Maribel Verdú, Blanca Portillo, Jesús Castejón
Web: http://www.sietemesas.com/
Una mujer sin lugar en el mundo regresa a una casa con tapetes verdes y hombres fumando puros. La sala de billar que su padre le dejó al morir se convierte, para Ángela (Maribel Verdú), en el único espacio al que puede llamar “hogar”. Y la manera de revivir a ese local es reuniendo al antiguo equipo de billar de su padre, hoy una serie de cincuentones achacosos y desmoralizados.
Por ahí se mueve la historia de Gracia Querejeta, entre dos espacios bien diferentes: el primero, la vida de un personaje central que necesita asumir sus pérdidas. Maribel Verdú y Blanca Portillo reconstruyen, lenta y dolorosamente, a un fantasma adicto a ganar. Con cinismo y una cierta emotividad (la serie de conexiones oníricas nieto-abuelo sobran), esta parte del guión brilla bastante más de lo esperable gracias al buen hacer de Verdú, a los puntazos de la Baró (¿o Sole?) y a la aparición de una Blanca Portillo barriobajera, tozuda y carcelaria. ¿Qué sería de esta trama principal sin estas actrices? Probablemente mucho menos, pero hacer cábalas de ciencia ficción no tiene mucho sentido. Gracia Querejeta, hábil en los episodios y dubitativa en los tiempos de la acción, hace el trabajo justo (como Bollaín en “Mataharis”, ¡viva la sencillez!) para sacar adelante a su mujer protagonista y a sus circunstancias.
Porque la otra película que tiene dentro “Siete mesas”, ésa que retrata al equipo de billar, no necesita que la saque adelante ninguna realización. Con su guión luminoso y sus actores en gracia (¿a quién escogen: a Castejón, a Villén, a Barea o a Arévalo?), esta versión cañí de “El color del dinero” nos hace olvidar todos los problemas personales de los personajes de Portillo o de Verdú. Estos hombres de esquina, de barrio aceitoso, de hostia fácil y de dos dedos de whisky, reaniman el filme cada vez que aparecen. Sus dinámicos papeles y sus indudables talentos se hacen obvios alrededor de las mesas de terraza durante réplicas y contrarreplicas gloriosas. Habría que felicitar a Gracia Querejeta por construir uno de los largometrajes españoles de la temporada, junto a la maravillosa “Las alas de la vida”, “Bajo las estrellas” y “Mataharis”. Esto nos serviría de chantaje emocional para pedirle una segunda parte que, como “El color del dinero” hizo con “El buscavidas”, nos muestre dónde jugó nuestro equipo de billar de perdedores tras ganar en Palencia.
Directora: Gracia Querejeta
Intérpretes: Maribel Verdú, Blanca Portillo, Jesús Castejón
Web: http://www.sietemesas.com/
Una mujer sin lugar en el mundo regresa a una casa con tapetes verdes y hombres fumando puros. La sala de billar que su padre le dejó al morir se convierte, para Ángela (Maribel Verdú), en el único espacio al que puede llamar “hogar”. Y la manera de revivir a ese local es reuniendo al antiguo equipo de billar de su padre, hoy una serie de cincuentones achacosos y desmoralizados.
Por ahí se mueve la historia de Gracia Querejeta, entre dos espacios bien diferentes: el primero, la vida de un personaje central que necesita asumir sus pérdidas. Maribel Verdú y Blanca Portillo reconstruyen, lenta y dolorosamente, a un fantasma adicto a ganar. Con cinismo y una cierta emotividad (la serie de conexiones oníricas nieto-abuelo sobran), esta parte del guión brilla bastante más de lo esperable gracias al buen hacer de Verdú, a los puntazos de la Baró (¿o Sole?) y a la aparición de una Blanca Portillo barriobajera, tozuda y carcelaria. ¿Qué sería de esta trama principal sin estas actrices? Probablemente mucho menos, pero hacer cábalas de ciencia ficción no tiene mucho sentido. Gracia Querejeta, hábil en los episodios y dubitativa en los tiempos de la acción, hace el trabajo justo (como Bollaín en “Mataharis”, ¡viva la sencillez!) para sacar adelante a su mujer protagonista y a sus circunstancias.
Porque la otra película que tiene dentro “Siete mesas”, ésa que retrata al equipo de billar, no necesita que la saque adelante ninguna realización. Con su guión luminoso y sus actores en gracia (¿a quién escogen: a Castejón, a Villén, a Barea o a Arévalo?), esta versión cañí de “El color del dinero” nos hace olvidar todos los problemas personales de los personajes de Portillo o de Verdú. Estos hombres de esquina, de barrio aceitoso, de hostia fácil y de dos dedos de whisky, reaniman el filme cada vez que aparecen. Sus dinámicos papeles y sus indudables talentos se hacen obvios alrededor de las mesas de terraza durante réplicas y contrarreplicas gloriosas. Habría que felicitar a Gracia Querejeta por construir uno de los largometrajes españoles de la temporada, junto a la maravillosa “Las alas de la vida”, “Bajo las estrellas” y “Mataharis”. Esto nos serviría de chantaje emocional para pedirle una segunda parte que, como “El color del dinero” hizo con “El buscavidas”, nos muestre dónde jugó nuestro equipo de billar de perdedores tras ganar en Palencia.
viernes, 5 de octubre de 2007
LOS HEMANOS SALOMON
LOS HERMANOS SALOMON
Director: Bob Oedenkirk
Intérpretes: Will Arnett
“Los hermanos Solomon”, una especie de “mash-up” entre los Farrelly y Wes Anderson, nos descubre la existencia de un par de humanos que, ante el coma de su padre, deciden tener un hijo para animarle y, así, reanimarle. Con bastante menos gracia que “Dos tontos muy tontos” y con bastante menos consistencia que “Los Tenenbaums”, del filme de Oedenkirk permanecen algunos destellos: besos en la boca al padre de la novia, masturbaciones con revistas bizarras, inconsistencias médicas y alguna otra risa olvidada ya. Se requiere mayor empuje si queremos sacar adelante una comedia, incluso más aún cuando, como ésta, el humor es genuinamente norteamericano. Nos queda un consuelo “freak”: disfrutar con las dos únicas frases de Lee Majors en cine desde hace mucho, mucho tiempo.
Director: Bob Oedenkirk
Intérpretes: Will Arnett
“Los hermanos Solomon”, una especie de “mash-up” entre los Farrelly y Wes Anderson, nos descubre la existencia de un par de humanos que, ante el coma de su padre, deciden tener un hijo para animarle y, así, reanimarle. Con bastante menos gracia que “Dos tontos muy tontos” y con bastante menos consistencia que “Los Tenenbaums”, del filme de Oedenkirk permanecen algunos destellos: besos en la boca al padre de la novia, masturbaciones con revistas bizarras, inconsistencias médicas y alguna otra risa olvidada ya. Se requiere mayor empuje si queremos sacar adelante una comedia, incluso más aún cuando, como ésta, el humor es genuinamente norteamericano. Nos queda un consuelo “freak”: disfrutar con las dos únicas frases de Lee Majors en cine desde hace mucho, mucho tiempo.
miércoles, 3 de octubre de 2007
UN LIBRO EN LA PLAYA
Un libro en la playa,
De Sábato, quizá,
Dos chicas en bikini,
Un perro “no debería estar ahí”,
El viento relamiendo tu espalda,
Paso de página,
Un hombre y tres coca-colas,
Dos párvulos haciendo castillos,
Un grito: “Que se os corta”,
La digestión, claro,
Giro de cabeza y me deslumbra el sol,
Caminan dos ancianos y nunca los pierdo de vista,
Gooool en La Condomina,
El rumor de fondo y de vez en cuando George Harrison,
Tu piel deja de refulgir,
Tienes frío, dices,
Pienso en chuparte el cuello,
Lentamente
Nace el azul tras tus gafas oscuras
Y, a toallazos,
La arena desaparece de nuestros pies.
Todo eso,
Todo esto,
He olvidado de una tarde de Agosto.
Publicado originariamente en "Las hojas del foro", nº2
De Sábato, quizá,
Dos chicas en bikini,
Un perro “no debería estar ahí”,
El viento relamiendo tu espalda,
Paso de página,
Un hombre y tres coca-colas,
Dos párvulos haciendo castillos,
Un grito: “Que se os corta”,
La digestión, claro,
Giro de cabeza y me deslumbra el sol,
Caminan dos ancianos y nunca los pierdo de vista,
Gooool en La Condomina,
El rumor de fondo y de vez en cuando George Harrison,
Tu piel deja de refulgir,
Tienes frío, dices,
Pienso en chuparte el cuello,
Lentamente
Nace el azul tras tus gafas oscuras
Y, a toallazos,
La arena desaparece de nuestros pies.
Todo eso,
Todo esto,
He olvidado de una tarde de Agosto.
Publicado originariamente en "Las hojas del foro", nº2
UN BLANCO RADIANTE
¿DÓNDE ESTÁ EL CADÁVER?
En las películas de misterio, siempre hay un cadáver sobre el que gira toda la acción. A su alrededor pasan testigos, inculpados, conspiradores, policías... intentando desmadejar qué fue lo que pasó para que el pobre hombre o la pobre mujer cambiase de barrio. Según la Secta Galaniana de Wichita, Kansas, los cadáveres fílmicos son, fundamentalmente, de tres tipos: los obvios, los encubiertos y los falsos. La calificación de “muerto obvio” recae sobre aquellos cuerpos sin vida que consiguen aparecer una y otra vez para la desesperación del asesino. Un ejemplo lo pueden ver en “Este muerto está muy vivo”. Por otra parte, el “palmao encubierto” es aquél que no sale durante el metraje y, por tanto, crea la duda de si realmente se ha cometido un crimen. Una clara muestra la podemos encontrar en “La ventana indiscreta”. Finalmente, la denominación de “cadáver falso” sirve para designar aquellos fallecidos que realmente estaban de parranda. O sea, lo que pasaba en la canción de Peret “El muerto vivo” o en el excepcional largo de Clouzot “Las diabólicas”.
En el Barça hay un cadáver encubierto, aunque ellos se empeñen en repetir que se trata de uno falso. El mal olor general y el nerviosismo de los sospechosos da fe de su presencia y siembra la sospecha. Laporta, para no hablar del tema, se dedica a dar discursos nacionalistas apestosísimos por las cadenas de radio. Entretanto, Ronaldinho explica todas las mañanas sus movimientos de la noche anterior. ¿Cómo se declarará? ¿Culpable o inocente? Pero peor pinta tiene Rijkaard asumiendo el papel de mayordomo. “Yo pasaba por aquí, vi el mogollón y entré”, parece que dice el entrenador holandés. Vale, por mucho que hayan contratado a la compañía de investigadores “Messi & Henry”, no consiguen aclarar el enorme misterio que recorre sus pasillos. Sus conciencias están revueltas, amigos. Y aún más al comprobar que en la casa de enfrente nos sentimos completamente relajados tras haber desmentido la vinculación de nuestro presidente con la mafia colombiana. ¡Vivan los polis estadounidenses!
La explicación para la actitud del Barcelona se encuentra en las películas de misterio. Cuando un club (o un sospechoso) niega una y otra vez que esté pasando algo malo sin que se lo pregunten, probablemente ocurra lo contrario. ¿Tratarán de esconder los blaugranas, en su futuro estadio de cumpleaños, algún fiambre obvio del que no se libraron a tiempo?
En las películas de misterio, siempre hay un cadáver sobre el que gira toda la acción. A su alrededor pasan testigos, inculpados, conspiradores, policías... intentando desmadejar qué fue lo que pasó para que el pobre hombre o la pobre mujer cambiase de barrio. Según la Secta Galaniana de Wichita, Kansas, los cadáveres fílmicos son, fundamentalmente, de tres tipos: los obvios, los encubiertos y los falsos. La calificación de “muerto obvio” recae sobre aquellos cuerpos sin vida que consiguen aparecer una y otra vez para la desesperación del asesino. Un ejemplo lo pueden ver en “Este muerto está muy vivo”. Por otra parte, el “palmao encubierto” es aquél que no sale durante el metraje y, por tanto, crea la duda de si realmente se ha cometido un crimen. Una clara muestra la podemos encontrar en “La ventana indiscreta”. Finalmente, la denominación de “cadáver falso” sirve para designar aquellos fallecidos que realmente estaban de parranda. O sea, lo que pasaba en la canción de Peret “El muerto vivo” o en el excepcional largo de Clouzot “Las diabólicas”.
En el Barça hay un cadáver encubierto, aunque ellos se empeñen en repetir que se trata de uno falso. El mal olor general y el nerviosismo de los sospechosos da fe de su presencia y siembra la sospecha. Laporta, para no hablar del tema, se dedica a dar discursos nacionalistas apestosísimos por las cadenas de radio. Entretanto, Ronaldinho explica todas las mañanas sus movimientos de la noche anterior. ¿Cómo se declarará? ¿Culpable o inocente? Pero peor pinta tiene Rijkaard asumiendo el papel de mayordomo. “Yo pasaba por aquí, vi el mogollón y entré”, parece que dice el entrenador holandés. Vale, por mucho que hayan contratado a la compañía de investigadores “Messi & Henry”, no consiguen aclarar el enorme misterio que recorre sus pasillos. Sus conciencias están revueltas, amigos. Y aún más al comprobar que en la casa de enfrente nos sentimos completamente relajados tras haber desmentido la vinculación de nuestro presidente con la mafia colombiana. ¡Vivan los polis estadounidenses!
La explicación para la actitud del Barcelona se encuentra en las películas de misterio. Cuando un club (o un sospechoso) niega una y otra vez que esté pasando algo malo sin que se lo pregunten, probablemente ocurra lo contrario. ¿Tratarán de esconder los blaugranas, en su futuro estadio de cumpleaños, algún fiambre obvio del que no se libraron a tiempo?
sábado, 29 de septiembre de 2007
LA EXTRAÑA QUE HAY EN TÍ
LA EXTRAÑA QUE HAY EN TÍ
Director: Neil Jordan
Intérpretes: Jodie Foster, Terrence Howard, Naveen Andrews
Web: http://wwws.warnerbros.es/thebraveone
Treinta años después, Jodie Foster vuelve a habitar las calles de un Nueva York apocalíptico. El Travis Bickle de Robert De Niro, un monstruo de Mary W. Shelley postmoderno, prometió salvarla del asfalto infernal, humeante e inhóspito, y la buena niña se ha hecho mayor. Ahora es feliz: sale con un hombre atractivo, presenta un programa de radio de éxito… hasta que el azar toma la forma de dos atracadores que terminan con la vida de su novio. Con el traje de una superheroína real, encubierta por la misma capucha de Bruce Willis en “El protegido”, Erica Bain (Jodie Foster) se dedica a llevar la pena de muerte a los delincuentes de Manhattan. “¿Por qué no tiemblan mis manos? ¿Por qué nadie me detiene?”, se pregunta la protagonista de “La extraña que hay en ti”. Quizá en ese momento, cuando la trama aborda las respuestas a estas cuestiones esenciales, es donde el filme flaquea. Mientras que Scorsese o Woody Allen miran al abismo, a un abismo finalmente recompensado por la sociedad, Neil Jordan, aún así nunca sospechoso de corrección política, tira más del libro de las buenas intenciones. Por eso, si queremos justificar una espiral de violencia imparable y aséptica, no son suficientes una historia de amor de catálogo y un cuerpo de policía indiferente. Y, por supuesto, tampoco bastan ideologías repulsivas para fundamentar una especie de “final feliz” atiborrado de un discurso muy, muy cuestionable.
De todos modos, la mezcla de “Taxi Driver” y “Repulsión” llamada “La extraña que hay en ti” consigue documentar ese fenómeno urbano, neurótico y propio de cualquier habitante del siglo XXI: el miedo a los otros. Un sentimiento terrible que desnuda, como a nuestra protagonista, de cualquier confianza en la justicia y en el futuro.
Director: Neil Jordan
Intérpretes: Jodie Foster, Terrence Howard, Naveen Andrews
Web: http://wwws.warnerbros.es/thebraveone
Treinta años después, Jodie Foster vuelve a habitar las calles de un Nueva York apocalíptico. El Travis Bickle de Robert De Niro, un monstruo de Mary W. Shelley postmoderno, prometió salvarla del asfalto infernal, humeante e inhóspito, y la buena niña se ha hecho mayor. Ahora es feliz: sale con un hombre atractivo, presenta un programa de radio de éxito… hasta que el azar toma la forma de dos atracadores que terminan con la vida de su novio. Con el traje de una superheroína real, encubierta por la misma capucha de Bruce Willis en “El protegido”, Erica Bain (Jodie Foster) se dedica a llevar la pena de muerte a los delincuentes de Manhattan. “¿Por qué no tiemblan mis manos? ¿Por qué nadie me detiene?”, se pregunta la protagonista de “La extraña que hay en ti”. Quizá en ese momento, cuando la trama aborda las respuestas a estas cuestiones esenciales, es donde el filme flaquea. Mientras que Scorsese o Woody Allen miran al abismo, a un abismo finalmente recompensado por la sociedad, Neil Jordan, aún así nunca sospechoso de corrección política, tira más del libro de las buenas intenciones. Por eso, si queremos justificar una espiral de violencia imparable y aséptica, no son suficientes una historia de amor de catálogo y un cuerpo de policía indiferente. Y, por supuesto, tampoco bastan ideologías repulsivas para fundamentar una especie de “final feliz” atiborrado de un discurso muy, muy cuestionable.
De todos modos, la mezcla de “Taxi Driver” y “Repulsión” llamada “La extraña que hay en ti” consigue documentar ese fenómeno urbano, neurótico y propio de cualquier habitante del siglo XXI: el miedo a los otros. Un sentimiento terrible que desnuda, como a nuestra protagonista, de cualquier confianza en la justicia y en el futuro.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)