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lunes, 3 de mayo de 2010

«I LOVE MOURINHO»

¡Si es que tiene clase hasta para gritar!

Siglo tras siglo, la Humanidad se ha enfrentado a cuestiones vitales: ¿A dónde vamos? ¿De dónde venimos? ¿Dios existe? ¿Por qué los jubiletas llenan los supermercados los sábados cuando tienen toda la semana para comprar? ¿A qué se debe la cancelación de «I love Escassi»? De las preguntas anteriores, la última es la única que no me deja dormir. Se escapa al conocimiento humano que no triunfe un «reality» televisivo con mozas saladas, Jesús Vázquez y un jinetero con careto de endogamia. Amigos, propongo una alternativa a Telecinco que puede romper moldes y audiencias, «I love Mourinho»: trece madridistas en una casa compitiendo por el amor del portugués.

Menudo éxito en la cadena del bendito Paolo: las peleas («¡Es mi tipo de entrenador!», «¡Y yo he llamado a mi bar "el bar de Mou" en su honor!» discutirían dos aficionados cejijuntos de Tiñana), las emociones («¿por qué te dicen que eres el antifútbol, José?, ¡no entienden nada!», «¡eres más luso que las toallas y los gallos meteorológicos!») y, por supuesto, el folleteo («tontorrón, me gustaría cogerte por el cuello como Valdés»). En «Maridos y mujeres», Woody Allen habla de una pareja que «la única vez que consiguió un orgasmo simultáneo fue cuando el juez les concedió el divorcio». El subidón poscoital simultáneo de los madridistas el miércoles tuvo varias vertientes. Al divertimento habitual de cada vez que pierden los de Guardiola (ser blanco, no se engañen, significa ser antibarcelonista: como demostró M. Night Shyamalan en «El protegido», todo héroe debe tener su némesis) y a la alegría excepcional de que ocurriera en la Champions se unieron en esta ocasión a esa especie de alivio cósmico de saber que los azulgranas no van a profanar nuestro limpísimo Bernabeu.

De tanto amor salió un gran beneficiado, Mourinho. Un tipo que posee las esencias de nuestro club: trata de ganar por lo civil o lo criminal (Capello 2.0.), es más chulo que Juanito (el episodio de los aspersores presenta su candidatura a «Momento bizarro» de la temporada), no tiene la tristeza de Pellegrini (¡qué maravilla será ver un partido en el Reyno de Mordor contra el Osasuna con alguien que sale gritando de la bancada!) y ha probado que controla un vestuario de estrellas. Nosotros, esos descerebrados que queremos al bueno de José en el banquillo del Real Madrid, estamos seguros de que el tiempo (y las victorias) convertirán a los agnósticos a la religión «mourinhana». We love you, Mou.

lunes, 15 de marzo de 2010

5 (EXCUSAS) PARA 1 (ELIMINACIÓN)

¿Quién dices que es éste?

Compañeros y compañeras madridistas, el principal propósito de estas columnas de “Blanco radiante” es el de servicio mental merengue. ¿Cómo lleváis la semana? ¿Quizá en casa, atrincherados, lejos de las hordas barcelonistas? ¿Hundidos en un bar de carretera con Mandy, una prostituta de buen corazón? ¿Bramando por las calles “Pelleeeegrinniiiiiiii, maldiiiitoooooo”? Tranquilos. Os ofrezco cinco excusas que espero que os funcionen para sobrevivir el mal trago.

1) “¿Un señor chileno entrena al Madrid? ¡No jorobes! ¿un tal Pellegrini, dices?”. Métetelo en el tarro: no conoces al entrenador del Real Madrid, al igual que él no conoce los jugadores de la plantilla. Cuando veas una foto suya pon cara de sorpresa, un gesto que el propio Pellegrini no posee. En este sentido debes de ejercer la misma cabezonería comatosa que él tuvo al cambiar a Kaká por Raúl.

2) “El proyecto de Florentino Pérez está agotado y sin ideas”. Niega haber ido al Bernabeu a ver la presentación de Cristiano Ronaldo. Pensabas que era un festival “indie” al aire libre y que a Toñín el torero le apetecía disfrutar de Russian Red. Tampoco creaste un grupo “Iglesia florentiniana” en Facebook. Defiende que en verano ya lo sabías: ni Florentino ni Valdano eran la solución al Real Madrid de Calderón. Asegura que tú querías votar al candidato más bizarro de la historia madridista (un título difícil de conseguir), Eduardo García.

3) “Este desastre nos vale para echar a media plantilla”. En el fondo, créetelo, fracasamos en la Copa de Europa con el objetivo de echar a Guti, a Raúl y a Marcelo. Esto podríamos haberlo hecho el año pasado o después del ridículo de Alcorcón, pero preferimos tomar la decisión ahora que parece que caer eliminado contra unos franceses justifica un montón de cosas.

4) “El Lyon no eran tan buenos. Les podríamos haber ganado en cualquier momento”. Dilo seguro, aunque consideres que en la segunda parte, con el planteamiento de cartón piedra de Pellegrini y con la incapacidad del equipo, era imposible superar al Olympique. Probablemente te llamen “sinvergüenza” o “bastardo”. No te vengas abajo y repite “les podríamos haber metido siete”. Acto seguido, pide un vaso de colutorio.

5) “Queremos centrarnos en la Liga”. ¿Necesito añadir algo más?

lunes, 8 de marzo de 2010

APRENDA A PROTESTAR COMO GUARDIOLA

Cada uno, a lo suyo.

“No te enteras de nada”, reprochó Guardiola al árbitro asistente del Almería-Barcelona. Se acercó a la oreja “desenauricularizada” del linier y le soltó esa perla con la suavidad de un chaleco morado sobre una corbata de Armani. Hasta para protestar, Guardiola es admirable (no nos olvidemos que posee el récord de rojas en el Barça como jugador). Lo gracioso: en ese instante, quien no se enteraba era él. ¿Se extrañan? Suele ocurrir con el Barcelona. Te repiten que la “caverna mediática” condiciona a los trencillas mientras, qué coincidencia, Guardiola les grita desde la banda. En un encuentro con expulsiones justísimas (a Ibrahimovic le caerán un par de partidos, ¿no?), con faltas de gol regaladas, el entrenador culé consideraba que le iba todo mal: lógico, está muy acostumbrado a que le vaya todo demasiado bien.

A Pellegrini, en su estado comatoso, le sucede lo contrario. Uno tiene la sensación de que al chileno no le altera ni una sesión de fotos de Natalia Verbeke. En su monolito (y por mucho que asegure que Van Der Vaart y Guti no aguantaban los 90 minutos), su reacción ante los dos goles del Sevilla tardó una barbaridad y nos obligó a pensar que se nos escapaba la liga. Aceptamos apelar a la cacareada épica, pero el Real Madrid no puede convertirse en un Osasuna de millonarios. Se nota, cualquiera lo nota, que las presencias de Lass y Marcelo deberían gestionarse entendiendo a qué juega el rival de enfrente. En un momento inmóvil del Madrid, justo cuando Dragutinovic buscó el bote (no comment, Casillas), nuestro entrenador miraba al cielo, como si Pep le recitase eso de “no te enteras de nada”. Suenan a chiste las declaraciones de Pellegrini en rueda de prensa: “La entrada de Guti y Van Der Vaart dio más aire al equipo”. Menuda novedad, ¿por qué no te animaste con el 0-1?

En el fondo, el choque con el Sevilla fue una protesta. Con un equipo inferior delante (sólo tiraron dos veces a puerta, el Madrid ¡treinta y tres!), los blancos se reivindicaron, frente al fútbol desquiciado azulgrana, como campeones de Liga. Lo que pasa es que, en vez de la chunguez ilustrada de Guardiola, nosotros apostamos por el “protest” norteamericano, por el “We shall be free”, ¡aleluya!, del Barça.

lunes, 22 de febrero de 2010

THE DEDAZO

¡Pellegrini, aprende de Chema!

“Stephanie, extienda lentamente su brazo. Levante su dedo corazón. Muy bien. Bien hecho”. En “Agárralo como puedas”, un profesor de autoescuela enseña a una amable viejecita los básicos de la conducción: adelantamientos, señales y, cómo no, los improperios a otros conductores. Amigos, la injuria sustenta nuestra existencia: respirar, en el fondo, es un insulto a la lógica. Y en el fútbol actual, con su afición a jugadores metrosexuales, presidentes empresarios y entrenadores impolutos, estamos deshonrando nuestra esencia. Hasta hemos enterrado las maneras bizarras de los presidentes chuscos. Hoy tan sólo Del Nido nos divierte con momentos chabacanos: la presentación de su autobiografía (¡titulada “Sí o sí”, compañeros!), sus declaraciones como abogado de Julián Muñoz o sus cabreos con guacheras. ¡Cómo añoramos esas grandes frases! El “if ai sei black, no problem, but if ai sei black black black, is beri bad” de Jesús Gil, el “¡eres un calamidad!” de Caneda, el “me tomo un guijqui cuando quiero” de Cuervas o “el señor Nuñez me parece bajo de estatura y bajo de moral” de Lorenzo Sanz.

Al mundo del fútbol se le tendría que caer la cara de vergüenza con que haya sido un ex – presidente, un político, Chema “Hulk Hogan” Aznar, el que nos recuerde nuestros orígenes. Lo explica Nick Hornby: “da igual el resultado, la naturaleza del futbolero es siempre de amarga decepción”. Pues eso, ¡expresémosla! En cambio, mientras el Barcelona gana cuatro a cero a un equipo invisible y nosotros nos anulamos en Lyon, Pellegrini se mantiene en coma. Ojalá el chileno resucite e imite a esos dos prohombres, David Vidal y Joaquín Caparrós, que ofrecen un “take away” permanente de mala leche. Con Mourinho en el horizonte, la única forma de reaccionar (quizá le pido demasiado a Pellegrini) es mirar al palco y levantar el dedo corazón.

Si la apuesta personal de Valdano sale mal, se deberían buscar sustitutos a Valdano, no al “mister”. Pero en estos tiempos de corrección política, es muy probable que la respuesta de Florentino sea de este corte: “la implosión laboral del nuestro entrenador correlaciona con la extinción de la temporada”. Una pena, sobre todo cuando Jesús Gil lo resumió perfectamente: “Para mí, echar a un entrenador es como tomarme una cerveza. Puedo echar a 20 en un año. Hasta a cien si hace falta”. “Güi mis llu”, Chus.

lunes, 8 de febrero de 2010

¿PELLEGRINI SABE LEER?

¡¡¡Pongan a cargar el "electroshock" a ver si reanimamos al paciente!!!

El guionista Rafael Azcona trabajaba en un autobús. Bueno, no literalmente. Azcona se enorgullecía de que sus mejores diálogos los había conseguido gracias a su bonobús. Dentro de ese espacio rectangular en movimiento, parada y destino, se cuecen historias que merecen la pena. El partido del sábado contra el Espanyol no mereció la pena porque, a pesar de haberse cocido en un espacio inmóvil que simula movimiento (las olas del público), no tenía destino. El gran cine implica siempre un viaje, bien por los raíles en los que el Marqués de Leguineche escapa a Lourdes en “Nacional III” o por los espacios híperpoblados de “Moros y cristianos”, donde unos miserables tratan (he aquí el destino) de engañarse unos a otros. Ausentes humanos esenciales (el poligonero o Pepe), el Real Madrid de los diálogos del Bernabeu imitó la rutina de un amistoso automático, la asepsia de un partido de principio de verano en el que Mayo resulta lejanísimo.

Salvo la impotencia gesticulante de Pochettino, nada perturbó un guión soso en el que Sergio Ramos, ¡qué maravilloso es colocar a los jugadores en sus puestos!, se zampó al resto del equipo. La tenacidad decrépita de Raúl o la incapacidad crónica de Kaká no son suficientes argumentos cuando buscamos titulares y juego inteligente. Paradójicamente, el encuentro parecía que ya se hubiese disputado a cientos de kilómetros de distancia. El Barcelona había anulado al Getafe (rajando de esos árbitros que tanto les adoran) y la plantilla blanca metió la marcha genérica de enfrentarse a un equipo (muy) inferior. Sólo Higuaín, el delantero de referencia del Madrid (terrible teclear estas palabras), agitó con su gol al personal del Bernabeu, preocupado a esas horas de bocatas, vueltas a casa y bizarradas varias de “La noria”.

Decía Billy Wilder que para un buen guionista no es tan importante saber escribir como saber leer. En algunos partidos, uno duda que Pellegrini sepa leer la situación. El chileno mira al Madrid desde la banda, medio embobado, como a quien le asalta de improviso “Sálvame” en el televisor. Descubrir que Kaká no debería jugar ahí le lleva demasiado tiempo; enterarse de que al Espanyol hay que abrasarlo con centros de Granero le cuesta una barbaridad; salir del banquillo y gritar a Guti que se implique más, no ocurre. Pellegrini necesita aprender de Azcona: comprarse un bonobús, leer y escuchar.