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lunes, 19 de octubre de 2009

R7 (Y RICHARD PRYOR)

¿Un homenaje o un funeral?

Este sábado, cuando Florentino Pérez y Jorge Valdano le entregaron a Raúl su trofeo por alcanzar los ¡¡¡711!!! partidos en el Real Madrid, me vino al cabezón la leyenda negra del “Premio Donostia” del festival de cine de San Sebastián. Dicha teoría “freak” (una profecía autocumplida y un chiste cadavérico, “tó” junto) proclamaba que cada vez que se concedía este galardón a alguien, el humano en cuestión la palmaba. Bette Davis (suyo en 1989, no termina ese año), Claudette Colbert (“winner in” 1990, “dead in” 1996), Anthony Perkins (acude en 1991, autopista en 1992) y Robert Mitchum (se lo lleva en 1993, se lo llevan en 1997). Esténseme tranquilos: si se lo dan, acéptenlo; no me jodan. El acto de que un festival guipuzcoano te otorgue un premio no correlaciona con ir a saludar al “Monstruo del Espagueti Volador”. El homenaje a Raúl (cara indiferente de Pérez, semiabrazo con Valdano) se sintió como una maldición oscura, como una despedida prematura. Un jugador acabado, que supuestamente no nos sirve ni en las segundas partes, levantando un premio a su hazaña.

Amigos, Raúl comparte bendita locura con el cómico norteamericano Richard Pryor. En la tarde del 9 del Junio de 1980, a Richard le apeteció fumarse unas bases de cocaína y jalarse una botella de ron. Acto seguido, en un estado de psicosis inducida, se prendió fuego con una lata de gasolina y una cerilla. De pronto, este incidente humeante no sólo provocó una atención renovada por Pryor (le habían cancelado su show en la NBC y había sufrido su tercer divorcio) sino que el propio cómico lo utilizó en su monólogo mítico “Live at the Sunset Strip”. Con Raúl, declarado muerto entre distinciones, pasa un fenómeno similar: para que nos demos cuenta de su grandeza tiene que quemarse a sí mismo marcando dos goles contra el Valladolid y convertirse en uno de los jugadores de la jornada (¿aspiran a eso alguno de los once barcelonistas que jugaron en Valencia?).

No nos valen sus 711 partidos, sus goles, su compromiso. A la mínima, si no replica uno de sus asombrosos espectáculos, a Raúl se le manda fuera del equipo. En cambio, él (como Richard Pryor) utiliza de catarsis su juego abrasado. Entonces, de las botas de Raúl llamean tantos que nos pueden dar la liga y de la inteligencia de Richard llamean chistes que pueden dar sentido a la existencia. “¿Saben lo que es esto?”, pregunta Pryor mientras agita una cerilla encendida en el aire, “Richard Pryor corriendo calle abajo”.


El chiste de la cerilla

lunes, 5 de octubre de 2009

CRISTIANODEPENDENCIA


¿A que no son lo mismo?

¿Se acuerdan de Daphne Maxwell Reid? ¿A que no? Les refresco la memoria. La buena señora fue la actriz que sustituyó a Janet Hubert-Whitten como tía Viv en “El príncipe de Bel-Air”. En la cuarta temporada, la mujer del tío Phil cambiaba de físico porque los productores de la serie decidieron despedir a Hubert-Whitten (ella asegura que la orden la dio el bueno de Will Smith para que no le ensombreciese). El gran damnificado de esta terrible metamorfosis fue el de siempre. El pobre telespectador. El mismo desgraciado que aguantó todas las fases del duelo cuando la voz de Homer la heredó Carlos Ysbert del fallecido Carlos Revilla o cuando la hija mayor de Roseanne y Dan Conner pasó de Lucy Goranson a Sarah Chalke.

Muy duro. En las últimas semanas, la imagen del Real Madrid se ha ido mimetizando con la de Cristiano Ronaldo. Sus zarpazos de brío y fuerza han funcionado como el “electroshock” perfecto, definitivo en esos minutos en los que el equipo de Pellegrini se hundía en terrenos grisáceos. En el inconsciente madridista, la victoria se ha asimilado a la estampa de Cristiano. Nos falta aceptar que nuestro poligonero favorito desde Andy & Lucas está sujeto a los azares de la vida. En el fondo, los futbolistas comparten géneros con los personajes de televisión: “culebrón” (Guti o Suker), “sitcom” (Tristán o Kiko) o dibujos animados (Messi o Kaká). Pero eso no quita que ambos (personajes y futbolistas) no sean sustentados por humanos que se lesionan, engordan y tocan los bongos, se enamoran de una “chica Interviú” o ““ze” aburren en Londres” aún ganando un pastón (sí, creo que Reyes domina la comedia).

Uno de los grandes retos del chileno impertérrito depende de aplacar las circunstancias con suplentes preparados. La “cristianodependencia” (como la “janethubertwhittendependencia” o la “lucygoransondependencia”) surge del caos y se evita con la previsión. No interesan parches (¿Raúl, la alternativa?), no vale reubicar futbolistas a contrapié (salvo que se llamen Marcelo Da Silva). La idea es prevenir, asentar un banquillo convincente (una asignatura a aprobar en el Madrid) y que si un día nos cambian a Cristiano por Higuaín o a Woody Allen por Larry David, ni nos enteremos.

lunes, 31 de agosto de 2009

MARKETING ES MARKETING

Con tácticas de un “Blockbuster” hollywoodiense, la liga explotó en el Bernabeu. Háganse a la idea: Florentino Pérez maneja los mismos mecanismos que Michael Bay, el director de “Transformers” o “Armaggedon”. El espectáculo pirotécnico de fichajes, salidas, declaraciones y presentaciones produjo el efecto buscado: crear una nebulosa (emocional) sobre los tres títulos del Barcelona (y, de paso, sobre Calderón y compañía). Estos “tempos” de marketing globalizado, éstos que cabrean a Laporta o Busquets, son los que dominan el presidente y los directivos del Real Madrid. Y son los que provocan que los aficionados nos parezcamos a los protagonistas de “Resacón en Las Vegas”. Hay pruebas suficientes de que la temporada pasada existió (las vitrinas obesas del Barça, los infiltrados a las asambleas de Calderón) pero ya no la recordamos. Los focos de un mundo “youtube” dirigen hoy su luz (efímera, artificiosa, “impactante”) hacia Cristiano Ronaldo, Benzema, Kaká, Xabi Alonso o Arbeloa. Eso sí, ¿durará?

Lo gritaba el cómico Bill Hicks: “profesionales del marketing, ¡suicídense!”. Es esencial que hablemos de fútbol cuanto antes y “suicidemos” a los comerciantes. En “Robocop”, la corporación OCP ofrecía solucionar los problemas de seguridad de Detroit con la fórmula perfecta: un “robo-policía” ensamblado del cadáver de Alex Murphy, un agente asesinado en servicio, y piezas de tecnología robótica. Esa vorágine de cables y carne representa perfectamente al Madrid de Pellegrini. Un “robo-equipo” que posee restos de la anterior campaña (Marcelo, Raúl, Lass) incrustados en un esqueleto metálico de última generación (Kaká, CR, Xabi Alonso).

La “neoplantilla” que se enfrentó al voluntarioso y limitado Depor de Lotina, sufrió las carencias de estos experimentos. En un lado de la báscula, se materializan futbolistas reinventados (enorme Lass) y jugadas impecables (el segundo gol o el palo de Benzema). Y en el otro, como le atormentaban a Alex Murphy/Robocop los recuerdos de su vida anterior, pesan las memorias de tiempos pretéritos: una defensa quebradiza y jugadores heridos por la duda. Sí, me refiero a Raúl. ¿Se mantiene el capitán por marketing o porque es la pieza futbolística que solidifica a un Madrid heterogéneo, desconcertante, inestable?

lunes, 3 de diciembre de 2007

UN BLANCO RADIANTE

RAÚL. FUNDIDO A BLANCO.

Nadie confiaba en el porvenir del cine. Ni siquiera sus padres. Edison y los Lumiere se preguntaban cómo iba a sobrevivir un divertimento que se limitaba a mostrar lo que cualquiera podría ver con sólo salir a la calle. Porque eso eran las películas de principios del siglo XX: un tren llegando a la estación o un grupo de trabajadores saliendo de la fábrica. Hasta que por allí apareció Edwin S. Porter. Este ayudante de Edison descubrió que cortando trozos de diferentes rollos de película y empalmándolos en diverso orden se podían contar historias. Relatos que te llevaban de una estancia durante una tarde a una calle que descubre el anochecer; de un ojo aterrorizado al cuchillo que lo acecha; del hombre prehistórico a lo más profundo del espacio. Así, casi sin darse cuenta, Porter había inventado el montaje cinematográfico, es decir, había creado el futuro.

Siguiendo los pasos de Edwin S. Porter, Raúl es el “Big Bang” futbolístico del Real Madrid. Si “El bueno, el feo y el malo” no se entiende sin esa alternancia de planos entre los rostros de Lee Van Cleef, Elli Wallach y Clint Eastwood, tampoco el club blanco tiene sentido sin los momentos buenos, feos y malos del jugador madrileño. ¿Ustedes se acuerdan si existíamos? ¿Quién jugaba en el club merengue antes de Raúl? La diferencia entre un plano fijo inalterable y una maravillosa sucesión de insertos que provocan risa, llanto o temor, se vuelve fútbol cuando comparamos el equipo merengue donde debutó Raúl (recordemos Zaragoza-Real Madrid, temporada 94-95) y el del sábado que arrasó al Racing.

Dice Walter Murch, montador de “Apocalypse Now”, que el parpadeo del espectador es la medida perfecta para cambiar de plano. El juego de Raúl, arte como el montaje, cumple esta premisa. El capitán únicamente deja parpadear al aficionado en el comienzo y en el final de sus jugadas. El asombro, la vivacidad futbolística que regala RGB a un equipo en racha no permite cerrar los ojos ni un segundo. Por eso, mientras cantamos gol a pase de Van Nistelrooy, bajamos los párpados para descansar de una belleza imposible de soportar. Creo que pocas cosas me han hecho tan feliz como el fútbol de Raúl y el montaje cinematográfico. Juntarlas en esta empalagosa declaración de amor y ver qué fácilmente se engarza el celuloide con la bota izquierda del “7”, demuestra que este artículo sólo puede terminar de una forma. Con un precioso fundido a blanco.