Victor M. Rodríguez, el cultivadísimo crítico musical de "La Voz De Asturias" e Hipersonica.com, nos dedica unas líneas en su disección del concierto "Dos pájaros a tiro" a Antonio Rico y a mí por nuestro artículo Sabina vs. Serrat.
Que te citen personas como Victor es un privilegio.
Gracias.
http://www.hipersonica.com/2007/08/26-serrat-y-sabina-palacio-de-deportes-gijon-25-08-2007
miércoles, 29 de agosto de 2007
lunes, 27 de agosto de 2007
UN BLANCO RADIANTE
LA NOCHE DE LOS VIVIENTES MUERTOS
Durante el verano, los madridistas nos hemos sentido igual que los protagonistas de “La noche de los muertos vivientes” (George A. Romero, 1968): asediados por una especie peligrosa de comedores de carne (y verduras). Se hacen llamar “azulgranas” y reviven con sólo nombrar tres palabras: “Real Madrid” y “campeón”. Si disponen de algún ejemplar cerca, pruébenlo. Organicen esos términos, aunque sea de forma incoherente. Digan “Madrid Real campeón” o “Real campeón Madrid” o “Madrid campeón Real”. Y luego observen la respuesta. Probablemente les dirán que no tenemos equipo (eso tan traído y tan aburrido de que “únicamente sois un proyecto”), les machacarán con que sufrimos un cáncer llamado Guti o Raúl, les repetirán que los fichajes son carísimos, les azuzarán con la incompetencia de Schuster... ¿Para qué les voy a contar más, si es lo que han estado sufriendo a lo largo de la pretemporada? Como se preguntaba Vito Corleone al principio de “El padrino”, ¿por qué nos han perdido el respeto? Muy fácil, y vuelvo a las míticas tres palabras: porque somos campeones. La frustración de la liga pasada, ésa que habían ganado antes de jugarla, tuvo proporciones enormes y, cómo no, la reacción no le va a la zaga. Seguro que tras la Supercopa contra el Sevilla, un equipo impecable y muchísimo más trabajado, comenzaron a augurarles los peores designios. Huyan de los “zombies” barcelonistas, amigos: pueden convertirse en uno de ellos.
Pero la mejor vía de escape nos la da el propio Real Madrid: hacer partidos tan serios como el de antesdeayer en el Bernabeu contra “Los del río”. Se les comienza a notar las ganas de jugar al fútbol. Aparte de la lección arbitral de Quique Mejuto y Hugo Novoa, ¿no les parece que Sergio Ramos pertenece a otra galaxia? ¿Están de acuerdo conmigo en que Sneijder puede convertirse en un referente de este nuevo Madrid? Aún con la equivocación de despedir a Fabio Capello en el ambiente, aún con un verano atropellado en fichajes (Mijatovic, las cosas no se hacen así), este Real Madrid pinta bien. Quizá todavía necesitado de un delantero centro natural para sustituir las posibles bajas de Van Nistelrooy, el trabajo del nuevo entrenador necesita tiempo. Nada más que eso. Pero, sobre todo, lo más interesante del sábado fue comprobar cómo, tras los repetitivos discursos veraniegos, los culés desaparecían del mapa. Se transformaron, probablemente durante unas horas, en vivientes muertos.
Durante el verano, los madridistas nos hemos sentido igual que los protagonistas de “La noche de los muertos vivientes” (George A. Romero, 1968): asediados por una especie peligrosa de comedores de carne (y verduras). Se hacen llamar “azulgranas” y reviven con sólo nombrar tres palabras: “Real Madrid” y “campeón”. Si disponen de algún ejemplar cerca, pruébenlo. Organicen esos términos, aunque sea de forma incoherente. Digan “Madrid Real campeón” o “Real campeón Madrid” o “Madrid campeón Real”. Y luego observen la respuesta. Probablemente les dirán que no tenemos equipo (eso tan traído y tan aburrido de que “únicamente sois un proyecto”), les machacarán con que sufrimos un cáncer llamado Guti o Raúl, les repetirán que los fichajes son carísimos, les azuzarán con la incompetencia de Schuster... ¿Para qué les voy a contar más, si es lo que han estado sufriendo a lo largo de la pretemporada? Como se preguntaba Vito Corleone al principio de “El padrino”, ¿por qué nos han perdido el respeto? Muy fácil, y vuelvo a las míticas tres palabras: porque somos campeones. La frustración de la liga pasada, ésa que habían ganado antes de jugarla, tuvo proporciones enormes y, cómo no, la reacción no le va a la zaga. Seguro que tras la Supercopa contra el Sevilla, un equipo impecable y muchísimo más trabajado, comenzaron a augurarles los peores designios. Huyan de los “zombies” barcelonistas, amigos: pueden convertirse en uno de ellos.
Pero la mejor vía de escape nos la da el propio Real Madrid: hacer partidos tan serios como el de antesdeayer en el Bernabeu contra “Los del río”. Se les comienza a notar las ganas de jugar al fútbol. Aparte de la lección arbitral de Quique Mejuto y Hugo Novoa, ¿no les parece que Sergio Ramos pertenece a otra galaxia? ¿Están de acuerdo conmigo en que Sneijder puede convertirse en un referente de este nuevo Madrid? Aún con la equivocación de despedir a Fabio Capello en el ambiente, aún con un verano atropellado en fichajes (Mijatovic, las cosas no se hacen así), este Real Madrid pinta bien. Quizá todavía necesitado de un delantero centro natural para sustituir las posibles bajas de Van Nistelrooy, el trabajo del nuevo entrenador necesita tiempo. Nada más que eso. Pero, sobre todo, lo más interesante del sábado fue comprobar cómo, tras los repetitivos discursos veraniegos, los culés desaparecían del mapa. Se transformaron, probablemente durante unas horas, en vivientes muertos.
¿POR QUÉ SABINA ES MEJOR QUE SERRAT? (EDUARDO GALÁN) Y ¿POR QUÉ SERRAT ES MEJOR QUE SABINA? (ANTONIO RICO)
¿POR QUÉ SABINA ES MEJOR QUE SERRAT?
Eduardo GALÁN
Todos estaríamos de acuerdo en que Joan Manuel Serrat y Joaquín Sabina conforman la pareja de creadores de canciones en español más importante con la que ha contado nuestro país en las últimas décadas. La calidad de ambos autores alcanza cotas parecidas, si bien se podría defender que Joaquín Sabina, por décimas de verso, es mejor que Joan Manuel Serrat.
En primer lugar, porque de la cabeza y del corazón podrido de latir de Sabina nació “19 días y 500 noches”, probablemente el álbum más importante de los últimos 30 años en España. “Cerrado por derribo”, “Barbie Superstar”, “Noches de boda”... o sea: corridos, blues, pop, rock... un conglomerado desordenado de perfección. Y ahí, en la diversidad del LP, aparece otra ventaja sobre Serrat: la policromía de su estilo musical. Quizá por sus años en Londres, la música de Sabina, como la de Dylan, se recrea en sí misma y se reinventa. ¿Era el mismo aquél que vivía en los reinos folk de “Inventario” que ese otro al que le robaban el mes de Abril? ¿O, incluso, se parece en algo la voz que estaba así sin ti a la que desafiaba el oleaje sin timón ni timonel? Sobre todo, no se nos olvide que alrededor de ese último verso crece “Peces de ciudad”, la canción más importante nunca escrita por Serrat.
Otro motivo por el que Sabina gana a Serrat en el “photo finish” es la enorme influencia que tiene en la siguiente generación. La música del cantautor de Úbeda marca, con más o menos fortuna, a humanos tan diferentes como Calamaro & Rot, Estopa o Pereza. Además, en esto estaremos de acuerdo, Antonio, Joan Manuel no ha tenido el enorme acierto de publicar un soneto contra Curry Valenzuela. Probablemente este poema “anti-curry” y la enorme fortuna de escribir justo detrás de la chica de portada de “Interviú” sea el argumento definitivo que me permita concluir que Joaquin Sabina es mejor que Joan Manuel Serrat. De todos modos, como todo es relativo y la vida son dos días, lo comprobaremos en el concierto del sábado en Gijón.
¿POR QUÉ SERRAT ES MEJOR QUE SABINA?
Antonio RICO
Todos estaríamos de acuerdo en que Joaquín Sabina y Joan Manuel Serrat conforman la pareja de creadores de canciones en español más importante con la que ha contado nuestro país en las últimas décadas. La calidad de ambos autores alcanza cotas parecidas, si bien se podría defender que Joan Manuel Serrat, una vez analizada golpe a golpe y verso a verso la descomunal obra de ambos, inclina un segundo de grado la balanza a su favor frente a Sabina. Los motivos son difíciles de explicar pero no importa; no es necesario explicarlos ya que todos los sabemos. No es necesario explicar por qué a "Pongamos que hablo de Madrid" le falta un milímetro para ser "Mediterráneo", por qué "Princesa" se queda a las puertas del "Romance de Curro el Palmo", por qué el disco de "Malas compañías" (Sabina) parece un homenaje a la canción "Malas compañías" (Serrat). Todo el mundo lo nota cuando escucha esos temazos de necesaria aparición en cualquier sociedad avanzada del siglo XX. En España ese trabajo le ha tocado hacerlo a Serrat.
Y es que nunca ha habido en este país un autor con un público tan amplio como el Nano. A los folkies les gusta el folk y Serrat, a los pijos les gusta Rosana y Serrat, a los punkies les gusta el punk y Serrat, y a los que no pertenecen a ninguna tribu ni la musica desempeña ningún papel en su identidad personal sencillamente les gusta Serrat. Desde Tierra del Fuego hasta el Cabo de Rosas, este paisano lleva 40 años ofreciéndonos en sus discos propuestas para ponernos de acuerdo, para unirnos, lo cual, por cierto, es una de las principales finalidades que las canciones han cumplido en la especie humana desde el Neolítico hasta "Mô".
Quizá sea eso. Quizá la cabeza que le saca Serrat a Sabina tenga que ver con el recorrido más general de la obra de aquél contra la presencia más concreta de la obra de éste. O quizá sólo sea que sin Serrat no hubiera podido existir Sabina y viceversa no. O quizá estas líneas sean sólo un juego para entretener la espera, incapaces de contar con criterios que midan con rigor niveles tan altos de talento en los dos casos. Ya falta poco para saberlo. Lo comprobaremos en el concierto del sábado en Gijón.
Eduardo GALÁN
Todos estaríamos de acuerdo en que Joan Manuel Serrat y Joaquín Sabina conforman la pareja de creadores de canciones en español más importante con la que ha contado nuestro país en las últimas décadas. La calidad de ambos autores alcanza cotas parecidas, si bien se podría defender que Joaquín Sabina, por décimas de verso, es mejor que Joan Manuel Serrat.
En primer lugar, porque de la cabeza y del corazón podrido de latir de Sabina nació “19 días y 500 noches”, probablemente el álbum más importante de los últimos 30 años en España. “Cerrado por derribo”, “Barbie Superstar”, “Noches de boda”... o sea: corridos, blues, pop, rock... un conglomerado desordenado de perfección. Y ahí, en la diversidad del LP, aparece otra ventaja sobre Serrat: la policromía de su estilo musical. Quizá por sus años en Londres, la música de Sabina, como la de Dylan, se recrea en sí misma y se reinventa. ¿Era el mismo aquél que vivía en los reinos folk de “Inventario” que ese otro al que le robaban el mes de Abril? ¿O, incluso, se parece en algo la voz que estaba así sin ti a la que desafiaba el oleaje sin timón ni timonel? Sobre todo, no se nos olvide que alrededor de ese último verso crece “Peces de ciudad”, la canción más importante nunca escrita por Serrat.
Otro motivo por el que Sabina gana a Serrat en el “photo finish” es la enorme influencia que tiene en la siguiente generación. La música del cantautor de Úbeda marca, con más o menos fortuna, a humanos tan diferentes como Calamaro & Rot, Estopa o Pereza. Además, en esto estaremos de acuerdo, Antonio, Joan Manuel no ha tenido el enorme acierto de publicar un soneto contra Curry Valenzuela. Probablemente este poema “anti-curry” y la enorme fortuna de escribir justo detrás de la chica de portada de “Interviú” sea el argumento definitivo que me permita concluir que Joaquin Sabina es mejor que Joan Manuel Serrat. De todos modos, como todo es relativo y la vida son dos días, lo comprobaremos en el concierto del sábado en Gijón.
¿POR QUÉ SERRAT ES MEJOR QUE SABINA?
Antonio RICO
Todos estaríamos de acuerdo en que Joaquín Sabina y Joan Manuel Serrat conforman la pareja de creadores de canciones en español más importante con la que ha contado nuestro país en las últimas décadas. La calidad de ambos autores alcanza cotas parecidas, si bien se podría defender que Joan Manuel Serrat, una vez analizada golpe a golpe y verso a verso la descomunal obra de ambos, inclina un segundo de grado la balanza a su favor frente a Sabina. Los motivos son difíciles de explicar pero no importa; no es necesario explicarlos ya que todos los sabemos. No es necesario explicar por qué a "Pongamos que hablo de Madrid" le falta un milímetro para ser "Mediterráneo", por qué "Princesa" se queda a las puertas del "Romance de Curro el Palmo", por qué el disco de "Malas compañías" (Sabina) parece un homenaje a la canción "Malas compañías" (Serrat). Todo el mundo lo nota cuando escucha esos temazos de necesaria aparición en cualquier sociedad avanzada del siglo XX. En España ese trabajo le ha tocado hacerlo a Serrat.
Y es que nunca ha habido en este país un autor con un público tan amplio como el Nano. A los folkies les gusta el folk y Serrat, a los pijos les gusta Rosana y Serrat, a los punkies les gusta el punk y Serrat, y a los que no pertenecen a ninguna tribu ni la musica desempeña ningún papel en su identidad personal sencillamente les gusta Serrat. Desde Tierra del Fuego hasta el Cabo de Rosas, este paisano lleva 40 años ofreciéndonos en sus discos propuestas para ponernos de acuerdo, para unirnos, lo cual, por cierto, es una de las principales finalidades que las canciones han cumplido en la especie humana desde el Neolítico hasta "Mô".
Quizá sea eso. Quizá la cabeza que le saca Serrat a Sabina tenga que ver con el recorrido más general de la obra de aquél contra la presencia más concreta de la obra de éste. O quizá sólo sea que sin Serrat no hubiera podido existir Sabina y viceversa no. O quizá estas líneas sean sólo un juego para entretener la espera, incapaces de contar con criterios que midan con rigor niveles tan altos de talento en los dos casos. Ya falta poco para saberlo. Lo comprobaremos en el concierto del sábado en Gijón.
sábado, 25 de agosto de 2007
CAÓTICA ANA
CAÓTICA ANA
Director: Julio Medem
Intérpretes: Manuela Vallés, Bebe Rebolledo, Charlotte Rampling
Web: http://www.caoticaanalapelicula.com/
Ya con la distancia del tiempo podemos ver cómo“La pelota vasca” y esa pequeña excepción naturalista (y bellísima) llamada “Clecla” sirvieron de descanso a Julio Medem en su cine dedicado y dirigido a la mujer. A Lucía, a Ángela, a Mari... se les une un nueva fémina: Ana, una joven pintora ibicenca que posee en su interior otras jóvenes de diversos momentos históricos que le irán siendo descubiertas mediante la hipnosis, el amor y el viaje.
La fuerza de “Caótica Ana”, como en otras propuestas del director vasco, radica en su capacidad visual y su expresividad. De indudable potencia son su inicio fabulario, con una paloma omnipresente, y diversos recorridos vitales a través de pinturas de su hermana fallecida, también llamada Ana. Los desiertos del Sahara o las manos que pueblan las grandes ciudades terminan de demostrar la enorme habilidad de Medem para metaforizar en imagen lo que quiere narrar.
Pero el gran problema del realizador es que lo que nos cuenta poco importa. Primero, por la metafísica “chill out” que atufa a los personajes y a la historia. Todo en la película se mueve por supuestas fuerzas “interiores” (¿qué será eso?) únicamente alcanzables a través de la “hipnosis regresiva” (¿qué será eso?) que permite a la protagonista descubrir las vidas que lleva dentro (¿cómo ye eso?). Ante tan débil argumentación, al espectador mínimamente racional se le obliga a desembarazarse de todo el interés que puedan producir las protagonistas. Ni el empeño de la sorprendente Manuela Vallés ni las dignas maneras de Bebe permiten que nos abstraigamos de frases pseudopsicoanalíticas tan repelentes como “Nunca sueño. Tendré alguna puerta cerrada” o “Soy un ser de tierra. Soy supersólida”. Rápidamente, dejan de ocuparnos Ana y sus compañeros “megacool” de la escuela, las patrañas hipnóticas de su amigo raro y las idas y venidas al mundo masculino de Bebe. Sólo cuando Medem regresa a las motivaciones reales de la persona, ésas que aparecen cuando Ana baila con su padre moribundo, vuelven la emoción y la cercanía. Lástima que se pierdan de nuevo en la inmensidad de un final tan rocambolesco como paródico.
Director: Julio Medem
Intérpretes: Manuela Vallés, Bebe Rebolledo, Charlotte Rampling
Web: http://www.caoticaanalapelicula.com/
Ya con la distancia del tiempo podemos ver cómo“La pelota vasca” y esa pequeña excepción naturalista (y bellísima) llamada “Clecla” sirvieron de descanso a Julio Medem en su cine dedicado y dirigido a la mujer. A Lucía, a Ángela, a Mari... se les une un nueva fémina: Ana, una joven pintora ibicenca que posee en su interior otras jóvenes de diversos momentos históricos que le irán siendo descubiertas mediante la hipnosis, el amor y el viaje.
La fuerza de “Caótica Ana”, como en otras propuestas del director vasco, radica en su capacidad visual y su expresividad. De indudable potencia son su inicio fabulario, con una paloma omnipresente, y diversos recorridos vitales a través de pinturas de su hermana fallecida, también llamada Ana. Los desiertos del Sahara o las manos que pueblan las grandes ciudades terminan de demostrar la enorme habilidad de Medem para metaforizar en imagen lo que quiere narrar.
Pero el gran problema del realizador es que lo que nos cuenta poco importa. Primero, por la metafísica “chill out” que atufa a los personajes y a la historia. Todo en la película se mueve por supuestas fuerzas “interiores” (¿qué será eso?) únicamente alcanzables a través de la “hipnosis regresiva” (¿qué será eso?) que permite a la protagonista descubrir las vidas que lleva dentro (¿cómo ye eso?). Ante tan débil argumentación, al espectador mínimamente racional se le obliga a desembarazarse de todo el interés que puedan producir las protagonistas. Ni el empeño de la sorprendente Manuela Vallés ni las dignas maneras de Bebe permiten que nos abstraigamos de frases pseudopsicoanalíticas tan repelentes como “Nunca sueño. Tendré alguna puerta cerrada” o “Soy un ser de tierra. Soy supersólida”. Rápidamente, dejan de ocuparnos Ana y sus compañeros “megacool” de la escuela, las patrañas hipnóticas de su amigo raro y las idas y venidas al mundo masculino de Bebe. Sólo cuando Medem regresa a las motivaciones reales de la persona, ésas que aparecen cuando Ana baila con su padre moribundo, vuelven la emoción y la cercanía. Lástima que se pierdan de nuevo en la inmensidad de un final tan rocambolesco como paródico.
BRATZ. LA PELÍCULA.
BRATZ. LA PELÍCULA
Director: Sean McNamara
Intérpretes: Nathalia Ramos, Janel Parrish, Skyler Shaye
Web: http://www.thebratzfilm.com/
El oficio de ver películas da para mucho: las hay de todos los colores. Siguiendo la campana de Gauss, existen unas pocas que son excepcionales, un montón que son del montón y algunas que son horripilantes. Como muy bien apunta el 2 sobre 10 con el que la han calificado los usuarios de IMDB (Internet Movie Database), a “Bratz” se la puede colocar en el saco de “películas altamente horripilantes, innecesarias y petardas”. Dicha categoría fílmica, que nace y muere en este artículo, la ocupa en solitario esta cosa tremendamente perturbadora que habla de unas niñas que quieren ser populares en el instituto. Como son muy monas, hay otra muy mona también que las quiere putear. Y no se invitan a la fiesta de cumpleaños, y la mala hace escarnio de los freakies (¡qué cosa más rara en una escuela secundaria!), y las separan pero se juntan de nuevo porque “sólo se tienen a ellas”, y.... Perdónenme, pero no pude seguir viéndola. No recuerdo si la paré, si me dormí o si me levanté y me fui. Lo único que tengo claro es que lo necesitaba mucho, muchísimo.
Director: Sean McNamara
Intérpretes: Nathalia Ramos, Janel Parrish, Skyler Shaye
Web: http://www.thebratzfilm.com/
El oficio de ver películas da para mucho: las hay de todos los colores. Siguiendo la campana de Gauss, existen unas pocas que son excepcionales, un montón que son del montón y algunas que son horripilantes. Como muy bien apunta el 2 sobre 10 con el que la han calificado los usuarios de IMDB (Internet Movie Database), a “Bratz” se la puede colocar en el saco de “películas altamente horripilantes, innecesarias y petardas”. Dicha categoría fílmica, que nace y muere en este artículo, la ocupa en solitario esta cosa tremendamente perturbadora que habla de unas niñas que quieren ser populares en el instituto. Como son muy monas, hay otra muy mona también que las quiere putear. Y no se invitan a la fiesta de cumpleaños, y la mala hace escarnio de los freakies (¡qué cosa más rara en una escuela secundaria!), y las separan pero se juntan de nuevo porque “sólo se tienen a ellas”, y.... Perdónenme, pero no pude seguir viéndola. No recuerdo si la paré, si me dormí o si me levanté y me fui. Lo único que tengo claro es que lo necesitaba mucho, muchísimo.
SIGO COMO DIOS
SIGO COMO DIOS
Director: Tom Shadyac
Intérpretes: Steve Carrell, Morgan Freeman, John Goodman
Web: http://www.sigocomodios.es/
A poco que conozcamos la realidad mediática, parece obvio decir que Steve Carrell es el cómico norteamericano más importante de la actualidad, seguido muy de cerca por Will Ferrell, Bill Maher y Jon Stewart. Sólo hace falta observar su maestría tragicómica en la serie “The Office”, en el programa “The daily show with Jon Stewart” o en la película “Pequeña Miss Sunshine”. Pero claro, como pasa con todo gran comediante norteamericano (fíjense en Steve Martin o en Chevy Chase), de vez en cuando le toca hacer películas “graciosas” para toda la familia. Ahí se encuentra la flojísima “Sigo como Dios”. Tan religiosamente bienintencionada y tan facilona como su precuela, el filme de ese ser humano llamado Tom Shadyac no aguanta un pase. Por mucho que lo intente Carrell, su excepcional vis cómica, muy ligada a la vergüenza ajena, se hunde en momentos almibarados con su familia o en la repetición de las gracias de la primera entrega al lado de Morgan Freeman. Ni siquiera le sirven a Carrell algunos socorridos “gags” visuales como esa barba y esos ropajes omnipotentes o como ese séquito de aves que no paran de defecar encima de John Goodman. A pesar de ser la comedia más cara de la historia del cine, “Sigo como Dios” pasa directamente al estante de películas olvidables y, ¡zas!, ya olvidadas.
Director: Tom Shadyac
Intérpretes: Steve Carrell, Morgan Freeman, John Goodman
Web: http://www.sigocomodios.es/
A poco que conozcamos la realidad mediática, parece obvio decir que Steve Carrell es el cómico norteamericano más importante de la actualidad, seguido muy de cerca por Will Ferrell, Bill Maher y Jon Stewart. Sólo hace falta observar su maestría tragicómica en la serie “The Office”, en el programa “The daily show with Jon Stewart” o en la película “Pequeña Miss Sunshine”. Pero claro, como pasa con todo gran comediante norteamericano (fíjense en Steve Martin o en Chevy Chase), de vez en cuando le toca hacer películas “graciosas” para toda la familia. Ahí se encuentra la flojísima “Sigo como Dios”. Tan religiosamente bienintencionada y tan facilona como su precuela, el filme de ese ser humano llamado Tom Shadyac no aguanta un pase. Por mucho que lo intente Carrell, su excepcional vis cómica, muy ligada a la vergüenza ajena, se hunde en momentos almibarados con su familia o en la repetición de las gracias de la primera entrega al lado de Morgan Freeman. Ni siquiera le sirven a Carrell algunos socorridos “gags” visuales como esa barba y esos ropajes omnipotentes o como ese séquito de aves que no paran de defecar encima de John Goodman. A pesar de ser la comedia más cara de la historia del cine, “Sigo como Dios” pasa directamente al estante de películas olvidables y, ¡zas!, ya olvidadas.
CARRETERA AL INFIERNO
CARRETERA AL INFIERNO
Director: Dave Meyers
Intérpretes: Sean Bean, Sophie Bush, Zachary Knighton
Web: http://www.cuidadocondesconocidos.es/
Todos recordamos aquella cinta ochentera titulada en España “Carretera al infierno” en la que un Rutger Hauer casi sobrehumano hacía la vida imposible a un pobre conductor que le había recogido. Sin la agradable corrección de su antecedente, este “remake” de aquel filme modifica un poco las premisas del primero: ya no es un hombre el que recoge al asesino, sino una pareja de bombones californianos a los que un malísimo Sean Bean acosa una y otra vez. Ciertamente poco inspirada, predecible y artificiosa (la última parte roza lo intragable), sí es cierto que, increíblemente, consigue entretener de pasada gracias al enfrentamiento (a ratos, risible, a ratos, aceptable) entre el malo malísimo Bean y la salada Sophie Bush. Además, tiene su gracia ver una película “seria” sobre un asesino motorizado justo una semana antes del estreno de “Death Proof”, la irregular aproximación tarantiniana al sub-sub-género.
Director: Dave Meyers
Intérpretes: Sean Bean, Sophie Bush, Zachary Knighton
Web: http://www.cuidadocondesconocidos.es/
Todos recordamos aquella cinta ochentera titulada en España “Carretera al infierno” en la que un Rutger Hauer casi sobrehumano hacía la vida imposible a un pobre conductor que le había recogido. Sin la agradable corrección de su antecedente, este “remake” de aquel filme modifica un poco las premisas del primero: ya no es un hombre el que recoge al asesino, sino una pareja de bombones californianos a los que un malísimo Sean Bean acosa una y otra vez. Ciertamente poco inspirada, predecible y artificiosa (la última parte roza lo intragable), sí es cierto que, increíblemente, consigue entretener de pasada gracias al enfrentamiento (a ratos, risible, a ratos, aceptable) entre el malo malísimo Bean y la salada Sophie Bush. Además, tiene su gracia ver una película “seria” sobre un asesino motorizado justo una semana antes del estreno de “Death Proof”, la irregular aproximación tarantiniana al sub-sub-género.
LA ÚLTIMA LEGIÓN
LA ÚLTIMA LEGIÓN
Director: Doug Lefler
Intérpretes: Colin Firth, Ben Kingsley, Peter Mullan
Web: http://www.lastlegion-movie.com/
En una suerte de precuela a la leyenda de la espada de Excalibur, “La última legión” nos cuenta que esa arma sobrenatural fue forjada por Julio César y, sucesivamente, cayó en las manos de todos sus descendientes hasta Tiberio. Una vez muerto éste, el mítico artefacto permanece a la espera de que alguien, por supuesto predestinado, la descubra. Así, en pleno siglo V, seguimos la búsqueda de la espada por parte de Ambrosinus, una especie de mago atrapado en una Roma que se desintegra. Fuera de discusiones históricas, la verdad es que la idea de partida, la realización, el trabajo de actores,... todo en ella resulta correcto y hasta agradable. La principal dificultad que tiene “La última legión” recae en su falta de presupuesto. El cartón piedra de los escenarios, los efectos especiales cochambrosos, el juego de plano-contraplano de tres cuartos para disimular las carencias... acaban desmontando las prometedoras premisas iniciales. Por tanto, el largometraje se acaba convirtiendo en algo que podría haber sido.
Director: Doug Lefler
Intérpretes: Colin Firth, Ben Kingsley, Peter Mullan
Web: http://www.lastlegion-movie.com/
En una suerte de precuela a la leyenda de la espada de Excalibur, “La última legión” nos cuenta que esa arma sobrenatural fue forjada por Julio César y, sucesivamente, cayó en las manos de todos sus descendientes hasta Tiberio. Una vez muerto éste, el mítico artefacto permanece a la espera de que alguien, por supuesto predestinado, la descubra. Así, en pleno siglo V, seguimos la búsqueda de la espada por parte de Ambrosinus, una especie de mago atrapado en una Roma que se desintegra. Fuera de discusiones históricas, la verdad es que la idea de partida, la realización, el trabajo de actores,... todo en ella resulta correcto y hasta agradable. La principal dificultad que tiene “La última legión” recae en su falta de presupuesto. El cartón piedra de los escenarios, los efectos especiales cochambrosos, el juego de plano-contraplano de tres cuartos para disimular las carencias... acaban desmontando las prometedoras premisas iniciales. Por tanto, el largometraje se acaba convirtiendo en algo que podría haber sido.
jueves, 16 de agosto de 2007
EL ULTIMÁTUM DE BOURNE
EL ULTIMÁTUM DE BOURNE
Director: Paul Greengrass
Intérpretes: Matt Damon, Julia Stiles, David Strathairn
Web: http://www.thebourneultimatum.com/
Llegamos a la ¿última? entrega de las peripecias de Jason Bourne con un ultimátum de Matt Damon. El actor norteamericano se ha cansado de declarar que hasta aquí hemos llegado, que se termina la serie. Lo dudo. Como pasó con James Bond, Bourne parece condenado, sobre todo a la vista de los resultados de taquilla en USA, a volver una vez más. Por cierto, parece mentira lo mucho que puede hacer un buen “tuneo” por unos “bestsellers” envejecidos de Robert Lundlum.
“El ultimátum de Bourne”, la película más efectiva y efectista de la saga, cumple perfectamente los objetivos planeados por Paul Greengrass para la trilogía: contundencia y emoción. Como en las otras, la trama discurre en dos caminos que acaban juntándose. El primero, el del propio Bourne sobreviviendo una y otra vez a los diversos cercos de la CIA. Con su solvencia habitual, ha rodado de una tacada “Infiltrados” y “El buen pastor”, Matt Damon recrea de nuevo a un personaje aséptico, a ratos deslavazado, que, en esta ocasión, se ve desmerecido por la excesiva repetitividad y duración de las escenas de acción. Pero Greengrass y su montador Christopher Rouse consiguen resucitar esas partes del metraje. Su extraordinaria habilidad para los juegos de planos y músicas, recordemos “United 93”, dinamiza enormemente los esquemas clónicos de los momentos clave. La segunda línea argumental nos lleva a las oficinas de la CIA en Nueva York. Allí, los espléndidos David Strathairn y Joan Allen juegan en los papeles más interesantes. Vouyeurs enfrentados de principio, acaban siendo observados por su víctima en una situación fotocopiada del primer episodio. Esta escena se pisotea aún más con un giro de guión baratísimo: el descubrimiento “casual” por parte de Bourne de los papeles que destapan todo el tinglado.
Aunque nunca consiga el trágico aroma y las sólidas motivaciones de la segunda entrega, “El ultimátum de Bourne” construye un digno “thriller” político que, a veces, enmudece al espectador por lo cercano de su violencia de primer plano. El habilidoso Greengrass, el ajustado Damon, unos secundarios solventes, un guión trepidante… con esas cartas, cualquier estudio tiene las de ganar (en taquilla).
Director: Paul Greengrass
Intérpretes: Matt Damon, Julia Stiles, David Strathairn
Web: http://www.thebourneultimatum.com/
Llegamos a la ¿última? entrega de las peripecias de Jason Bourne con un ultimátum de Matt Damon. El actor norteamericano se ha cansado de declarar que hasta aquí hemos llegado, que se termina la serie. Lo dudo. Como pasó con James Bond, Bourne parece condenado, sobre todo a la vista de los resultados de taquilla en USA, a volver una vez más. Por cierto, parece mentira lo mucho que puede hacer un buen “tuneo” por unos “bestsellers” envejecidos de Robert Lundlum.
“El ultimátum de Bourne”, la película más efectiva y efectista de la saga, cumple perfectamente los objetivos planeados por Paul Greengrass para la trilogía: contundencia y emoción. Como en las otras, la trama discurre en dos caminos que acaban juntándose. El primero, el del propio Bourne sobreviviendo una y otra vez a los diversos cercos de la CIA. Con su solvencia habitual, ha rodado de una tacada “Infiltrados” y “El buen pastor”, Matt Damon recrea de nuevo a un personaje aséptico, a ratos deslavazado, que, en esta ocasión, se ve desmerecido por la excesiva repetitividad y duración de las escenas de acción. Pero Greengrass y su montador Christopher Rouse consiguen resucitar esas partes del metraje. Su extraordinaria habilidad para los juegos de planos y músicas, recordemos “United 93”, dinamiza enormemente los esquemas clónicos de los momentos clave. La segunda línea argumental nos lleva a las oficinas de la CIA en Nueva York. Allí, los espléndidos David Strathairn y Joan Allen juegan en los papeles más interesantes. Vouyeurs enfrentados de principio, acaban siendo observados por su víctima en una situación fotocopiada del primer episodio. Esta escena se pisotea aún más con un giro de guión baratísimo: el descubrimiento “casual” por parte de Bourne de los papeles que destapan todo el tinglado.
Aunque nunca consiga el trágico aroma y las sólidas motivaciones de la segunda entrega, “El ultimátum de Bourne” construye un digno “thriller” político que, a veces, enmudece al espectador por lo cercano de su violencia de primer plano. El habilidoso Greengrass, el ajustado Damon, unos secundarios solventes, un guión trepidante… con esas cartas, cualquier estudio tiene las de ganar (en taquilla).
LOCOS POR EL SURF
LOCOS POR EL SURF
Directores: Brannon & Buck
Web: http://www.sonypicturesreleasing.es/movies/locosporelsurf/site/
La televisión lo cambia todo en muy poco tiempo. Incluso las películas de dibujos animados. En tan solo una década, ha nacido la materia prima catódica que inunda “Locos por el surf”. Personajes en el “confesionario”, insertos de “accidentes” pasados (tomen nota de cómo murieron los padres de los protagonistas), uso constante de “cámara en mano”… en definitiva, un lenguaje formal heredado de la permanente ebullición de la caja tonta que hoy, pero no ayer, es asimilado y comprendido por cualquier espectador.
Ahí está lo interesante de “Locos por el surf”: su transgresión de las normas preestablecidas en la industria de animación. Divertida (mucho más que la sobrevalorada “Ratatouille”), preadolescente, ingeniosa y, sobre todo, actual, “Locos por el surf” ataca a referentes propios de cualquier habitante occidental de finales del siglo XX y principios del XXI: los “realities”, el surf, la fama, la música rock, las viejas glorias, las competiciones deportivas en directo…
Junto a su necesario tamiz moral de esfuerzo y compañerismo, termina el metraje con otro plato fuerte de la cinta: esas olas informáticas, imposibles y bellísimas que llevan a los protagonistas a un atardecer informático, imposible y, cómo no, bellísimo.
Directores: Brannon & Buck
Web: http://www.sonypicturesreleasing.es/movies/locosporelsurf/site/
La televisión lo cambia todo en muy poco tiempo. Incluso las películas de dibujos animados. En tan solo una década, ha nacido la materia prima catódica que inunda “Locos por el surf”. Personajes en el “confesionario”, insertos de “accidentes” pasados (tomen nota de cómo murieron los padres de los protagonistas), uso constante de “cámara en mano”… en definitiva, un lenguaje formal heredado de la permanente ebullición de la caja tonta que hoy, pero no ayer, es asimilado y comprendido por cualquier espectador.
Ahí está lo interesante de “Locos por el surf”: su transgresión de las normas preestablecidas en la industria de animación. Divertida (mucho más que la sobrevalorada “Ratatouille”), preadolescente, ingeniosa y, sobre todo, actual, “Locos por el surf” ataca a referentes propios de cualquier habitante occidental de finales del siglo XX y principios del XXI: los “realities”, el surf, la fama, la música rock, las viejas glorias, las competiciones deportivas en directo…
Junto a su necesario tamiz moral de esfuerzo y compañerismo, termina el metraje con otro plato fuerte de la cinta: esas olas informáticas, imposibles y bellísimas que llevan a los protagonistas a un atardecer informático, imposible y, cómo no, bellísimo.
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