domingo, 24 de febrero de 2008

LA GUERRA DE CHARLIE WILSON

Director: Mike Nichols
Intérpretes: Tom Hanks, Philip Seymour Hoffman, Julia Roberts
Web: http://www.laguerradecharliewilson.es/



"Primary Colors", el impecable antecedente de Mike Nichols en cine político, ayuda a encarar con ganas el visionado de su segundo esfuerzo de género: "La guerra de Charlie Wilson". Casi en el epílogo de la Guerra Fría, el senador Wilson propició la inyección masiva de fondos para impulsar a los afganos en su lucha contra la URRS. En 1989, éstos conseguían la victoria y el político norteamericano un puesto en los altares de la patria.

Si en su retrato de los Clinton (recupérenlo ahora que escogemos presidente), Nichols afilaba el corte drenando cadáveres de las alcantarillas del éxito, en su nuevo filme no existe ni un atisbo de crítica. Su inicio, probablemente lo único incisivo del metraje, muestra a un congresista "playboy" que vende su alma con tal de salir adelante. ¡Vaya!, es olisquear la opresión del invasor ruso sobre el pueblo afgano y al salido miembro (de la cámara) se le aplaca el furor sexual, descubre lo necesario de apoyar a los pobres rebeldes y ¡hala, a trabajar por el país! En ese instante se acaban las asperezas del retrato de Nichols, ayudado por el sosainas que hace muchos años nos hacía reír: Tom Hanks. La admiración por el biografiado es tan excesiva que, lógicamente, las subtramas se convierten en anécdotas (el desarrollo y la resolución de la acusación por corrupción a Wilson es risible), los actores en estereotipos (por mucho que Seymour Hoffman esté nominado al Oscar) y la realización en paródica (esos planos de los helicópteros matando afganos, esa imagen del protagonista levantando un arma en señal de victoria). Para que respetásemos a "La guerra de Charlie Wilson", Nichols debería de haber tratado con justicia al protagonista y, al igual que potencia sus virtudes a modo panfletario, sería necesario que no obviase sus episodios dolorosos: las consecuencias colaterales de esa guerra (claro, el 11-S), la implicación de Wilson con Somoza en Nicaragua,... Bueno, pensándolo bien: ¡esto es USA! y siempre nos quedará Michael Moore.

EN UN MUNDO LIBRE...

Director: Ken Loach
Intérpretes: Kierston Wareing, Juliet Ellis, Joe Sifflett



Del crepúsculo de Ken Loach sólo se pueden decir dos cosas: la primera, una fidelidad insobornable con sus ideas (toda una contradicción con aquellos que identifican a los sesentones como conservadores); y la segunda, un preocupante estancamiento en su filmografía política. Sí, cierto que “El viento que agita la cebada” contenía un obvio compromiso con cierta izquierda, pero éste conseguía diluirse en su dignísima historia de guerra e independencia. En cambio, la re-vuelta al presente en clave social que supone “En un mundo libre…”, no abandona su traje panfletario en ningún momento.

Aquí, nuestra protagonista (una barriobajera y magnífica Kierston Wareing) transita el inhumano camino de la explotación laboral a inmigrantes y todas las consecuencias que trae consigo manejar semejante bomba. Un discurrir que Loach se dedica a trastocar con mano grosera al tratar de hacer evidente una situación vergonzosa a su público, el cual, paradójicamente, ya es consciente “a priori” de estas injusticias. Y, ninguna novedad, en ese punto se encuentra el bucle en el que Loach tropieza una y otra vez desde hace demasiado tiempo. A pesar de contar con suficiente capacidad para un didactismo menos burdo (lo evidenció en “El viento…”), el director británico no puede evitar caer en la tentación de exagerar los prismas y restar verosimilitud a base de acumular denuncias. De esta manera, el descubrimiento de una pobre familia iraní, el secuestro del hijo problemático o las precarias condiciones de trabajo suenan, empapadas en las formas de Loach, a algo muy visto y, lo que es muchísimo peor, a algo que no nos importa nada.

LUZ SILENCIOSA

Director: Carlos Reygadas
Intérpretes: Elizabeth Fehr, Jacobo Klassen, Cornelio Wall



La luz silenciosa de Carlos Reygadas, premio del Jurado en Cannes, escarba su camino a través de la oscuridad y dibuja un pueblo menonita al norte de Méjico. En esta comunidad protestante, regida por unos preceptos religiosos enlazados con los de "amish" norteamericanos, muy poco ha cambiado desde su aparición en Suiza durante el siglo XVI. Lo único que altera ese mundo inmutable es la relación extramarital de Johan, un granjero atormentado por la culpa.

El nuevo proyecto de Reygadas presenta a un creador con una visión artística; por tanto, a una obra sujeta a polémicas y controversias. Su forma de mirar el mundo, naturalista y sosegada, le emparenta (quizá forzadamente) con Dreyer, Erice y Malick y demuestra una confianza ontológica en su decir cinematográfico. Pero la gran barrera que separa su discurso del exterior emerge con su afición a un autismo artístico que rompe lazos con la narración. Por eso, cuando el mejicano muestra las (humanas) cicatrices, su sermón protestante refulge emoción: un padre culpable que escucha a su hijo culpable, dos manos amantes separándose con Brel, unos niños rubios desembarazándose del jabón en la charca o la tragedia tras el cristal, apoyada en un hombro. Por el contrario, cuando Reygadas asume el papel de repelente "auteur", su luz naturalista se vuelve opaca, inmersa en un artificio fluorescente que molesta y aburre. Eso que se tendría que sugerir, el autor lo impone y nos deja con la sensación de haber inflado innecesariamente su relato, con la certeza también de que, tras acciones tan espaciadas, tras redundantes planos fijos, podemos encontrar talento.

EL NIÑO DE MARTE

Director: Menno Meyjes
Intérpretes: John Cusack, Amanda Peet, Joan Cusack
Web: http://www.martianchild.com/



Hay películas que identifican su trama y sus intenciones con unos pocos términos; "de amorinos" (ligera y cómica o dura y dramática), "con Schwarzennegger" (tiros a doquier), "una españolada" (mujeres desnudas tocan)... el último filme de John Cusack también entra en el saco de la fácil denominación: "con niño" (blandita y emocional). Y casi ni hablamos más. El actor cuarentón interpreta a un escritor bohemio (últimamente no le da por otra cosa, recuerden “1408”) que adopta a un pipiolo problemático al que trata de integrar en una sociedad que no comprende a ninguno de los dos.

Pues, aunque se masque fácilmente su apariencia de telefilme bienintencionado para la siesta, "El niño de Marte" acumula tal saco de tópicos dentro que la hacen tan complicada de digerir como muchas de su calaña. Ahí están los de siempre: el viudo triste y necesitado de amor infantil y femenino; la pretendiente (¡qué salada es Amanda Peet!) esperando su oportunidad; el niño repelente y difícil (pero ansioso por tener un "papi" y una "mami"); los malvados psicólogos barbudos, serios e incompetentes y, por supuesto, el necesario giro final (y dramatiquísisisisisimo) con un único objetivo, el final felicicicisímo. ¿Que se la hemos contado? No, ésta ya la sabían antes de entrar al cine. Es una película "con niño".

P2

Director: Frank Khalfoun
Intérpretes: Wes Bentley, Rachel Nichols
Web: http://www.p2themovie.com/



Producida por Alexander Aja (director con debut apreciable "Alta tensión" y remake innecesario "Las colinas tienen ojos"), en "P2" tenemos las cosas claras casi desde el principio. Una mujer sola celebra las navidades en una solitaria oficina cuando, de pronto, el vigilante del parking le descubre su obsesión asesina mientras la arrastra a las ultratumbas del rascacielos.

Previsible, sobreactuada y efectista, del filme de Frank Khalfoun se pueden contar pocas cosas buenas. La Nichols aguanta la función un rato, en un papel prototípico de mujer asediada, pero Wes Bentley desplega una serie de tics insoportables que, adornados con diálogos impresentables, desmontan cualquier intención de suspense y cualquier interés. Eso, unido a una enorme desigualdad en la forma de plantear las escenas de acción (unas, aceptables, otras, horrendas) y a un gusto de mediocre por el "gore" injustificado, no ayuda para recomendar "P2" ni como película de palomitas. Sólo muy, muy al final, cuando la nieve abraza al maléfico asfalto, alcanzamos a atisbar alguna armonía, algún plano inteligente entre tanta tontería.

martes, 19 de febrero de 2008

UN BLANCO RADIANTE

EL HOMBRO DE JUANFRAN

“Además de “E.T” y “Tiburón”, “Indiana Jones” es de las pocas películas que he hecho en las que, si quería presentar al personaje principal, sólo necesitaba su silueta”. Esto comentaba Spielberg la semana pasada en un video promocional del nuevo filme de Indiana Jones. Poco más hay que añadir a la sombra de un hombre con sombrero y látigo para que el público sepa de quién se trata.

Al público futbolero nos pasa lo mismo. Únicamente necesitamos ver la silueta de un equipo que gana los partidos gracias a penalties por controlar el balón con el hombro para saber de quién estamos hablando: el Barça. Tras una pena máxima fallada por Diego Milito y un error estrepitoso de Sergio, al club blaugrana le quedaba un arma letal, la ametralladora arbitral. Un centro facilísimo desde la izquierda se dirige hacia Juanfran. Con una extraña posición corporal, probablemente a contrapié, el jugador gallego detiene el esférico con el hombro, a la vez que hace un movimiento extraño de brazo. Menudo drama: la silueta de alguien controlando el balón en área del Barcelona es rápidamente interpretada como penalti por el asistente de González Vázquez. Al final, los humanos periféricos se van a casa creyéndose Indiana Jones cuando, en realidad, no llegan a Superlópez.

Mientras tanto, en la irreductible aldea madridista hemos comprobado que no todos los fines de semana se puede ganar siete a cero. Lo que molesta es la forma de perder de un Madrid inconsistente: Van Nistelrooy, después de su lesión, estuvo desaparecido; la defensa rozó lo lamentable (¡Marcelooooo!) y encima no tuvimos a nadie que nos regalase un penalti. Estos partidos son los que demuestran que el Real Madrid todavía no tiene la silueta de un campeón. Aunque también deberían saber los barcelonistas que no siempre les van a cambiar un hombro inocente por tres puntos.

domingo, 17 de febrero de 2008

SWEENEY TODD

Director: Tim Burton
Intérpretes: Johnny Depp, Helena Bonham-Carter, Alan Rickman
Web: http://wwws.warnerbros.es/sweeneytodd



La sangre de sirope digital, cocinada en la factoría Hammer, abre el nuevo proyecto de Tim Burton: una adaptación del musical “Sweeney Todd”. El director californiano cuenta la historia de Benjamin Barker, humilde barbero desterrado por un malvado juez para robarle a su familia. Años después, regresará mientras la venganza le transmuta en el cadavérico Sweeney Todd. Probablemente, sólo se nos ocurren Rob Marshall o Baz Luhrmann, nadie podría haber atacado un libreto tan especial. Y cierto es que, por oficio, Burton lo consigue a ratos: a la vez que el barbero atraviesa la calle gritando su revolución a estatuas culpables, durante un duelo de cuchillas y canciones o cuando la silenciosa enamorada (repelente Bonham-Carter) imagina vidas que nunca serán.

Aunque si los ponemos en balanza, esos momentos suman un mínimo metraje. Lo malo del Tim Burton actual es que tiene en sí mismo a su mayor enemigo. Arrastrar sin demasiada comprensión una obra ajena hacia su imaginario, ahora industrial y automatizado, convierte lo que podría ser un musical arriesgado en un inventario de recursos estéticos y narrativos repetidísimos en su filmografía. Rostros pálidos y góticos, niños cándidos y angelicales, ciudades oscuras y animadas, personajes deformes y misteriosos… vayan colocando estos ingredientes aleatoriamente sobre un guión goloso y verán cómo les sale una cinta "á la Burton".

Más que con la bata engalanada de fracasos de un creador (eso que fue, indudablemente, en obras maestras como "Ed Wood" o “Eduardo Manostijeras”), ahora Burton se viste con el traje impoluto de un replicador, estancado en la monotonía y la autorreferencia (ahí lleva desde “El planeta de los simios”). Tampoco caigamos en el tremendismo: esto también le pasó a Woody Allen, a Polanski y a muchos otros. Faltaría la rotundidad de un "Match Point" o un "El pianista", para demostrar definitivamente que Tim Burton ha cambiado de rumbo.

JUMPER

Director: Doug Liman
Intérpretes: Hayden Christensen, Jaime Bell, Rachel Bilson
Web: http://www.jumperlapelicula.es/



David Rice (Hayden Christensen) pertenece a una raza de súperhumanos, los “Jumper”, que tienen la capacidad de teletransportarse con sólo concentrar su atención en el lugar del mundo al que quieren ir. Poco después de alcanzar la madurez, descubrirá a su némesis, los “Paladines”, una organización secreta que lucha contra los bienintencionados viajeros “desde los tiempos de la Edad Media”.

Hay días a los que a cualquiera le apetecería poder desvanecerse y aparecer en cualquier otro sitio; por ejemplo, cuando uno está viendo “Jumper” y, en vez de tanta insulsez, preferiría disfrutar de una sidra en Tiñana. Lo que en principio se moldea como una aceptable película de acción (especialmente el tramo de la adolescencia del chico mágico, acompañada de “voz en off”), desemboca en un romance tontorrón e inacabable. Los tortolitos van de viaje, los osos amorosos se recorren el Coliseo… ¿no estábamos viendo una de superhéroes? Sedado el espectador, difícil resulta ya recuperar el timón de la aventura, por mucho que pongan de su parte los inconsistentes Jamie Bell, Samuel L. Jackson y Diane Lane. Total; falta el rescate previsible, el esfuerzo sobrehumano y nos vamos a casita aburridos.

Tras financiar “Jumper”, a sus productores les debería quedar una cosa clara. Si queremos rellenar noventa minutos de celuloide entretenido se necesita algo más que Hayden Christensen, actor granítico, un bestseller de rebaja y un pegote de trucos repetidos. Definitivamente: unos artificios que, juntos, no dan ni para montar un trailer mediocre.

KM. 31

Director: Rigoberto Castañeda
Intérpretes: Adriá Collado, Iliana Fox, Raúl Mendez
Web: http://km31.com.mx/


La factoría Filmax opta esta semana por el terror y la coproducción. Superado el taquillazo de "REC", toca el turno al mejicano Rigoberto Castañeda y a su largometraje "Km. 31", basado en una típica milonga de "Cuarto milenio": la de la chica de la curva. Una mujer atraviesa en su coche la noche y los bosques cuando atropella a un niño fantasmagórico. El accidente resultante la deja en coma; serán su hermana gemela (Iliana Fox) y su novio (Adriá Collado) los encargados de descifrar el misterio de la carretera maldita.

Facturada en clave de "B" e inverosímil a ratos (Collado no encaja demasiado entre actores mejicanos), "Km. 31" consigue lo que nos planteamos al entrar al cine: achantarnos un rato y terminar con final efectista. Lastrado por alguna ambición artística irrefrenable de debutante y por tramos mal encaminados (la vieja vidente descoloca demasiado), Castañeda aguanta nuestra atención a impulso y, si llegamos al último tercio del metraje, su mediano interés revive. Cierto, en este filme no hay nada nuevo (sus armas nos las conocemos desde que nacimos) ni sus actores ganarán ningún premio, pero rebuscando, rebuscando, se nos ha pasado hora y media en la sala. Pues vale.

martes, 12 de febrero de 2008

PODRÍA HABER SIDO

Roy Scheider (1932-2008), como tantos otros de su generación, nació para el cine en un terror de serie "Z", "La maldición del cuerpo viviente" (1964). De rostro desordenado, piel reptiliana y nariz rota, al actor californiano le crearon una década para sí, los setenta, y un personaje habitual, el de duro. Y comenzó a ejercitarlo al lado de Jane Fonda en "Klute" (1971), metraje ajado pero recuperable de Alan J. Pakula. Su primera nominación al Oscar no iba a tardar demasiado: "The French Connection", policiaco mal envejecido de William Friedkin, le corona como estrella setentera. Finalmente, dos apreciables, negros (y olvidados) films franceses "El atentado" (M. Boisset) y "Un funeral en los Ángeles" (J. Deray), terminan de arrastrar a Scheider hacia su papel inolvidable: el jefe de la policía Martin Brody en "Tiburón".

Las fauces del inmenso escualo blanco emergen del océano y descubren al cazador desprevenido. "Creo que vamos a necesitar un bote más grande", exclama el polizonte, incrustándose en el inconsciente colectivo de una generación. Salvaje, clásica y aterradora, "Tiburón" (1975) marca la era de los "blockbusters" y la filmografía del intérprete. Tras el "gran error de su carrera" (protagonizar "Tiburón 2" en vez de encarnar al Michael de "El cazador"), a Scheider, como a los setenta, ya le quedaba poco que decir. Un secundario en "Marathon man" y, sobre todo, "Empieza el espectáculo" (1979), el imprescindible "autobiopic" musical de Bob Fosse, revelan a un actor curtido y preparado para la inmortalidad. El problema de Scheider es que eso nunca ocurriría. Pequeñas producciones "A" recomendables ("2010", "El trueno azul", "El almuerzo desnudo") y otras muchas "B" horripilantes ("Al servicio del presidente", "Chantaje nuclear"), le dejan en el limbo de los grandes actores que podrían haber sido.