lunes, 18 de octubre de 2010

¡QUE CASILLAS CURRE YA!

Nos vale pa anunciar guantes...

Al personal futbolístico se le ha obturado el conducto rectal este fin de semana cuando el bueno de Florentino Pérez ha desautorizado a su entrenador, Mourinho. Menuda bolsa escrotal la del constructor, amigos: Flo ha conseguido una hazaña similar a devolverle un cachetazo a Chuck Norris. Con un puñetazo al son de “yosoyelquemandaaquí,leñe”, el presidente ha obligado a Casillas a que acuda a esa gran, magnífica, estratosférica, magnánima, limpia, impresionante, brillante, cultural ciudad del norte de España, Oviedo, para recoger el premio Príncipe de Asturias. No se me vuelvan locos los madridistas con que Íker se puede descentrar con las mozas de Vetusta justo el día antes del Real Madrid-Racing. Piénsenlo. Si en lo que llevamos de temporada el portero madridista no ha currado ni un puñetero fin de semana, no va a ocurrir nada porque se acerque a Oviedo a hacer un “moonwalker” en el Campoamor frente a los Príncipes. Me voy a inocular “el virus Intereconomía”: en un país sometido por ZP, con cuatro millones de parados, con una nueva edición de Gran Hermano en ciernes y, sobre todo, con señores dispuestos a ser el novio de la duquesa de Alba por dinero, uno siente que en el mundo del fútbol algo va mal. No puede ser que un señor que gana cinco millones de euros al año se pase los fines de semana de cachondeo, en primera línea de partido, sin un tiro a puerta y viendo cómo Higuaín y CR7 marcan los goles.

... pa poner cara "sepsy"...

Es terrible. Se sufre el Málaga-Real Madrid con la única inquietud de que sea Dudek el escogido por Mou para salir al campo. Las discusiones sobre el juego del Real Madrid se reducen a temas accesorios; una vez se es líder, se han marcado diez goles en dos partidos y se sabe pronunciar “Özil”, los problemas se terminan (o sólo existen en la Champions) y, con ellos (es lo que acarrean los problemas), la emoción. Seguimos apostando por la concepción del fútbol de Mou, probablemente lo más madridista que hay en el Madrid, seguimos pensando que éste es el equipo (a falta de que Higuaín se entone totalmente) con el que podemos ganar la liga, y seguimos considerando al Barça (ha quedado demostrado el “bluff” del Valencia de Emery, muy por debajo de los dos candidatos) como único enemigo a batir.

... pa charlar con Felipe...

 Eso sí, no se engañen: en unos cincuenta partidos al año, podremos sustituir a nuestro portero por su figura de cera. Que no se preocupe nuestro dedicado entrenador portugués ni el financiero del club: a Casillas le podemos rentabilizar en entregas de premios, en bodas de socios VIPS o, sé que lo estaban esperando, tontonas, en despedidas de soltera.

 ... ¡o pa hacer un dueto con Manolo Escobar!...

viernes, 15 de octubre de 2010

WALL STREET: EL DINERO NUNCA DUERME

Director: Oliver Stone
Intérpretes: Michael Douglas, Shia LaBeouf, Carey Mulligan
Web: http://www.wallstreetmoneyneversleeps.com/



Si en su examen de la PAU les piden una prueba de que la popularidad de los arquetipos cinematográficos está condicionada por la sociología y psicología del momento, no busquen en la chuleta del de enfrente: piensen en el zombie. Canonizado por Romero en los sesenta, manufacturado por miles de producciones “Z” en los setenta, y aguado por el uso excesivo en los ochenta y noventa, el no-muerto ha encontrado el perfecto campo de cultivo en la primera década del siglo. Múltiples marcadores socio-psicológicos facilitan que se asiente en el gusto masivo actual: el miedo al contagio (gripe A); la hiperpoblación (disfruten de la infinitud zombi de “Resident Evil: Resurreción”); la insatisfacción crónica de consumo (lean “Bienvenidos a Metro-Centre” de Ballard); o la desconfianza postmoderna ante instituciones y puñeteros científicos (las causantes, siempre, del virus). Obviamente, también los personajes, como muestras de arquetipos, se doblegan al proceso vivo, cambiante, de representar a/identificarse con una época. Un gran ejemplo aluniza en nuestras pantallas este fin de semana: la resurrección de Gordon Gekko.

La muy ochentera “Wall Street” situó a Gekko y a su sagrado “La codicia es buena” en el epítome de ese neoliberalismo que instaurasen en sus países humanos de calañas tan diferentes (y tan similares) como un actor mediocre, una metodista británica o un general golpista, y que acabó solidificándose, imaginario colectivo mediante, en la figura trajeada de un señor engominado, el “yuppie”, que esnifaba cocaína por un tubo (valga la redundancia) y portaba consigo, para el consiguiente mercadeo, un artefacto del que cualquier hijo de vecino desconfiaba, el teléfono móvil. Ese pastor protestante de Armani que nos cantaba entonces, manos en alto, “Disfrutad de los buenos tiempos y ambicionad mucho”, se ha transmutado en la actualidad, por obra y gracia de la crisis global, en un profeta apocalíptico de tradición cristiana. Los peores tiempos aún no han llegado, diría el que antes cantaba las loas de un sistema capitalista, pero, si regresamos al lugar de donde hemos partido, las cosas mejorarán, hermanos. De ahí que el retorno del “bussiness man” de Stone posea una consistencia que sólo el momento histórico otorga, y se distancie, a priori, del oportunismo de movimientos similares.

Durante la escena más efectiva de “Wall Street: el dinero nunca duerme”, un ajado Gordon Gekko (un Michael Douglas en automático) reniega simbólicamente, al salir de la cárcel en la que ha cumplido ocho años por fraude, de dos objetos representativos de su encarnación previa como “yuppie” protestante: su celular arcaico y su limusina. El primero, por su popularización (y, por tanto, su vulgarización), y el segundo, por su ostentosidad “hip-hop” (y, por tanto, su vulgarización), mutan a artilugios pretéritos, erosionados, inútiles. Ahora lo que mola son las biblias de “vivencias personales” (en una presentación del volumen sobre su presidio, el ejecutivo, en gesto que valdría una vida paralela de Plutarco, se mimetiza con Mario Conde); e Internet (qué mejor púlpito para predicar y comerciar a la vez). Por eso, la vieja escuela no entiende nada: el anciano jefe (Frank Langella) del heredero de Gekko (Shia LaBeouf) asume su desarraigo en un mundo en el ya no hay caras con quien negociar.

El planteamiento, con la despresurización del mito del “yuppie” ochentero en el planeta XXI, constituye lo más potente de la película de Stone. Molesta que, como ocurría en las recientes “W.” o “World Trade Center”, esta fuerza de arranque se le escape por la boca. En lugar de a sus (supuestas) intenciones primigenias, uno las esperaba similares a las del largometraje anterior, naufraga Oliver Stone hacia un melodrama que deriva, gracias, por ejemplo, a pseudo-moralinas como Gekko observando, sorprendido, la ecografía de su nieto, en “tv movie” repleta de obviedades de la peor categoría.

Convierte el cineasta su filme en justo aquello que parece criticar en sus declaraciones públicas: otro producto masivo de Hollywood. Eso sí, frente al zombie postmoderno, este nuevo Gekko no tiene pinta de que vaya a conectar con grandes públicos. Su subordinación a LaBeouf (realmente, el que centra el metraje), su falta de encanto (salvo en el “speech” universitario o en la salida de la cárcel) y su liviandad anecdótica le alejan de aquel hombre siniestro que conquistó un estrado y, en uno de los momentos más terroríficos de esa década, pronunció el mantra “la codicia es buena”. Vistos algunos documentales de diversa fortuna alrededor del tema (“Capitalismo: una historia de amor” de Michael Moore, “The shock doctrine” de Michael Winterbottom, o “I.O.U.S.A.” de Patrick Creadon), permítaseme reclamar una ficción que haga justicia a los tiempos convulsos que vivimos.

miércoles, 6 de octubre de 2010

WORKERS IN SONG: FRAN NIXON & RICARDO VICENTE EN OVIEDO

Francisco Nixon y Ricardo Vicente. Sábado 25 de septiembre. Lugar: La
antigua estación, Oviedo. 10 euros.




En uno de los encuentros que organiza myspace.com, el alma de los Beach Boys, Brian Wilson, charla con la actriz Zoey Deschanel, embarcada estos días en el proyecto musical “She & Him”. En un instante revelador, Wilson le cuenta a la cantante que le ha gustado mucho su disco, “Volume one”, y, especialmente, “el corte uno y el tres”. Al despiezar los LP, convirtiéndolos en una secuencia numérico-mecánica con sentido, entidad global y posibilidad de desmontaje, Wilson remite a algunas de las esencias de la (su) música: su conexión pitagórica y la concepción, tan olvidada, de la composición como artesanía, “craftmanship”, duro trabajo que requiere más de proletariado que de pose.

Fran Nixon y su compañero de armas, Ricardo Vicente, demostraron en la Antigua Estación de Oviedo que conocen los mandatos de San Brian Wilson y los ponen en escena. Únicamente desmerecidos por una sonoridad de ultratumba, la pareja revivió con solvencia inusitada hitos de sus tres etapas, la Costa Brava (“Adoro a las pijas de mi ciudad”), el proyecto Nixon (“Inditex” o “Vagamos por la calles”) y ese último cruce de talentos que se titula “Gloria y la belleza sureña” y que combina a partes iguales los esfuerzos de Francisco y Ricardo. Certificada la grandeza popular de “El perro es mío”, uno de los discos nacionales de la década, resulta chocante (y esperanzador) que el personal indie ventriloquee a Ricardo Vicente y sus estupendas canciones de subordinada (“Del lucero de la noche saqué lo que te digo, las adelfas de tu patio, el jardín de los ahorcados;/ los senderos se bifurcan en San Fernando”). Funcionan las coplas pop de Nixon como un mecanismo prodigioso que se adaptaría a una producción de Bacharach, a una velada acústica con el “Paul Simon Songbook” de fondo o a un concierto a doble voz (qué trabajo hay en las armonías de la pareja) en un sótano de un bar.

“Algunos no saben ni lo que significa la palabra “trabajo””, recita Dylan en “Working Man's Blues #2”. Cuando atrás se queda el músico pinchando en el “Supernova Bar”, después ya de su concierto, tres de la bendita mañana, uno recuerda lo que significaba la palabra “trabajo” para su abuelo, un lechero de Tiñana, y asume que es sinónima a lo que hacen Nixon y Vicente al cantar la extraordinaria “Erasmus borrachas” o colocar en el plato “You can call me Al” y, somos nosotros, ahora, los que cantamos.

lunes, 4 de octubre de 2010

EL MADRID, EN SEGWAY

Si bebes, no conduzcas

Estos días se ha producido un par de disturbaciones en la fuerza que reafirman esa frase hipersobada que me soltó la hipersobada hermana de mi novia en la oscuridad de un cine: «Ten cuidado con lo que deseas, porque puede hacerse realidad». La primera alteración, en el cuerpo del bueno de Felechosa, ex concejal de Cultura del Ayuntamiento de Oviedo. El mozo escribe una carta de apoyo a Cascos, inocente donde las haya (¿no es lo que esperan hacer los niños en Navidades?), y se lo cargan alegando trapicheos artísticos. A él, al pobre de él, que toda la vida anheló ser concejal y, luego, alcalde, y luego, jedi. En «Foot of pride» cantaba Bob Dylan que «¿sabes lo que dicen sobre adular a la gente adecuada cuando subes? / Que a esos mismos te los vas a encontrar cuando caigas». El que se cayó fue el pobre Jimi Heselden. El empresario se compra la compañía Segway (esos biciclos en los que todos, en un futuro bizarro, nos moveríamos, como íbamos a usar el laserdisc, Second Life o los magnetizadores de agua) y, mientras da un paseo por un monte subido en, orgulloso de, una de sus máquinas, se estrella y, ¡oh, my God!, se mata.

Cómo queríamos a Mou. Le queríamos tanto que ahora que está aquí echamos de menos a Pellegrini. Sí, a ese triste, a ese ingeniero que nos arrastró a la ruina de ganar todo y no ganar nada. Por lo menos, dicen los espabilados, marcábamos goles. Por lo menos, dicen los alumnos aventajados, CR7 estaba contento y enseñaba la quijada como «Imperioso». Por lo menos, dicen esos pecadores, el Pipita vivía en racha y podíamos depender de él.

Madridistas del alma, en todos los clubes hay personal como el que acabo de retratar. Evítenlos más que el presidente Bances a un miembro de los Symmachiarii. Cuando se escoge a Mou, como cuando se escoge a tu novia, como cuando se escoge ser concejal, se escoge todo el paquete. Te toca a la suegra, a las puñeteras de sus amigas, a su perro «Toby» y al anormal de su hermano. Con el portugués, nos llevamos sus desplantes, sus imbecilidades (jamás al nivel de las de Stoitchkov), y las enormes posibilidades de ver miles y miles y miles de partidos del palo del Auxerre-Real Madrid.

Sabíamos que iba a pasar, nos picaba todo al ver los partidos de Mou en el Inter; sabía que iba a pasar, Felechosa lo notaba cuando sus compañeros le miraban raro en los plenos; sabía que iba pasar, Jim Heselden lo sospechaba al trastabillarse en su nuevo Segway. Lo sabíamos, lo queríamos, lo escogimos, y Floren nos lo regaló. Ahora no andemos jodiendo.

domingo, 3 de octubre de 2010

BURIED (ENTERRADO)

Director: Rodrigo Cortés
Intérprete: Ryan Reynolds
Web: http://www.experimentaburied.es/



En 1944, Alfred Hitchcock ideó un reto maléfico (más) en su carrera cinematográfica: encarcelar a varios personajes en un espacio limitado por el océano (un bote salvavidas) y dejarlos hacer(se). En el texto clásico que recoge las entrevistas entre ambos, el director británico le comentaba a François Truffaut que, si la mayor parte de las “películas psicológicas corrientes” (cito textualmente) se basaban en planos cortos y medios de sus protagonistas, por qué no proponerse lo mismo acotándoles los espacios, por qué no proponerse lo mismo abandonándoles en alta mar. De ese desafío formal nació “Náufragos”, un filme que abrió paso a atrevimientos de retales similares (“El ángel exterminador”, de Luis Buñuel).

Que el maestro inglés inunda la cabeza de Rodrigo Cortés se demuestra ya en los títulos de crédito; unos trazos amarillos desgarran la pantalla y evidencian la tradición postmoderna, ahí está Hitchcock pero además, de sus reflejos de dólares dorados, emerge la lúdica de tramas como los “Ocean's Eleven” de Lewis Milestone o “Charada” de Stanley Donen. Los que vimos el debut de Cortés, “Concursante” (2007), notamos que, bajo la supuesta artificiosidad de su producción, se escondía un cineasta comprometido con la industria y los retos formales. Eso parece que fue lo que le atrajo de un guión maldito (no se entiende que haya deambulado desapercibida por los despachos de las “majors”). El desafío creativo de maquinar una solución (equivalga solución a divertimento de gran público) a un texto ¡de suspense! en el que el protagonista ocupa todo el metraje dentro de una caja, parecía suficientemente interesante como para asumir el riesgo.

Y el riesgo arranca al apagarse los títulos de crédito: la oscuridad despierta a su inquilino a centellazos de luz. Es la cinta de Cortés un artilugio de artilugios; si Hitchcock utilizó un periódico abandonado en la mar para su “cameo” profesional de “Náufragos”, Cortés avanza su desarrollo sólo si un artefacto lo consiente: un mechero, una linterna, un “vecino” inesperado, un vídeo, un móvil... bastan en su labor de evitarle al espectador “flashbacks” y onirismos, y de engrandecer los usos de Cortés. Pocas ocasiones en el cine reciente una película se asemeja más a un enorme mecano, a una competición de castillos de naipes tele-dirigida, no tanto a que el público se asombre, estamos suficientemente condicionados como para no asombrarnos con nada, sino a conseguir que su trama discurra, carbure. En uno de los capítulos de “Alfred Hitchock presenta”, titulado “Breakdown” (1955), el cineasta contaba la historia de un hombre (Joseph Cotten) que, dado por muerto cuando, en realidad, se encuentra paralizado, se desespera por comunicarse con el exterior mediante su única extremidad móvil, un dedo de la mano. En su reescritura de mitos hitchcockianos también se apoya Cortés en el cuerpo de un actor (un impresionante Ryan Reynolds) que acciona con su musculatura las bisagras de su juguete mortuorio. Ahora son sus dedos, ahora su cabeza, ahora sus piernas. Extraordinario esfuerzo de un intérprete que remite a una estirpe de actores mediocres (Kevin McCarthy en “La invasión de los ladrones de cuerpos”, Victor Mature en “El beso de la muerte”) en el papel de su vida.

No se engañen, no hay intenciones políticas en el ataúd; con su trasfondo iraquí, el realizador homenajea a Hitchcock, de nuevo, mediante un “mccguffin”. No importaría que su caja de pino, nada se acopla mejor a una pantalla rectangular, estuviese enterrada en El Cairo, Ohio o las Hurdes: lo esencial es crear el tras-fondo de cultivo para que el “show” continúe. Con lo que Cortés actualiza al maestro, como ya lo hiciera la sobresaliente “Última llamada” de Joel Schumacher, es con la sabia utilización de nuestra tecnología circundante en pos del suspense. Escribía Richard Sennet en el esencial “La corrosión del carácter” que, mientras que nuestros abuelos amortajaban sus relaciones personales con un mínimo movimiento (mudarse de ciudad, extraviar un número de teléfono), nosotros acarreamos (internet, móvil) a las personas de nuestro alrededor, en pesadísima alforja, a lo largo de nuestro camino vital. Entonces, ¿tiene algún sentido un bote en el que montar un “ring” donde los personajes se machaquen? No. Simplemente, dele un celular a un hombre encerrado y, como buen celular, permita que éste último le putee siempre que haya (o no) cobertura, que haya (o no) contestador, que haya (o no) respuesta.

Que, en su epílogo, “Buried” nos conduzca a una trampa (más), no debería cabrearnos en mayor grado que si nos sorprendemos porque un trilero, quién lo iba a pensar, nos haya estafado nuestra pasta. Cortés (y puede que no se dedique a otra cosa durante el metraje) no se cansa de repetirnos, a través de un aliado imprevisto, a través un amor inalcanzable, a través un psicópata y sus chantajes, “os voy a engañar”. No me sean dignos, déjense meter mano y disfruten. De eso se trata. Hitchcock estaría, salvo por su deshonroso doble espejo final, orgulloso de su discípulo.

viernes, 1 de octubre de 2010

GOODBYE, MR. CURTIS


 Aunque muchos le diesen por muerto, el actor Tony Curtis falleció ayer en su casa de California a los ochenta y cinco años, según informó su hija, la también actriz Jamie Lee Curtis. Desaparecido para el gran público durante los últimos treinta años, el intérprete vivía de recordar sus grandes películas, esos éxitos que poblaron su carrera en los cincuenta y sesenta y que dejaron de aparecer a medida que se acercaba su madurez.

A pesar de la lejanía, no se puede olvidar la importancia del actor en el apogeo (y posterior decadencia) de un cine de estudios que no se repetirá jamás. Él encarnó, en una carrera mutable e incomparable, a héroes y a comediantes, a asesinos y a mediocres. Hijo de inmigrantes húngaros, a un tipo que se llamaba Bernard Schwartz de nacimiento, le aguardaba la gloria inmerso en otro nombre, Tony Curtis. Con esa bandera, y tras participar en la Segunda Guerra Mundial desde la distancia, el actor entró en Hollywood de golpe, encadenando grandes taquillas en las que el campeón que representaba se solidificaba a golpes: “Fugitivos”, “Cenizas bajo el sol” o la magistral “Los vikingos” construyeron en él a un mito sexual que Billy Wilder se encargó de arrastrar a la comedia. “Con faldas y a lo loco”, uno de los largometrajes esenciales del siglo, le encumbró a otro arquetipo: el de ligón de clase alta. Desde ese pedestal, alternando subproductos, “Bromas con mi mujer, ¡no!”, con experimentos divertidos, “La carrera del siglo”, Curtis encaró los sesenta con una nueva imagen de triunfador, de actor de clase “A”, preparado para comerse el mundo.

Pero eso no ocurrió. Cansado de venderse a su arquetipo, entrado en kilos y ojeroso, se lanzó a su proyecto más arriesgado y acertó. “El estrangulador de Boston” fue, a la vez, el culmen y el inicio de la decadencia del intérprete. A partir de ese Fleischer oscuro, mucha serie “B”, mucho “revival”, mucha mujer más joven, demasiado intento vano de regresar a ese cuerpo, el puto tiempo no nos lo permite, que co-reinaba “Espartaco”.

martes, 28 de septiembre de 2010

CARANCHO

Director: Pablo Trapero
Intérpretes: Ricardo Darín, Martina Gusman, Carlos Weber
Web: http://www.caranchofilm.com/



22 muertos por día, 683 por mes, más de 8000 por año, 100.000 muertes en la última década. En Argentina, los accidentes de tráfico son la principal causa de muerte entre jóvenes menores de 35 años. Esto sostiene un negocio millonario en indemnizaciones”.

Necesario apropiarse de las palabras que, sobre un fondo (muy) negro, prologan las sub-ciedades asfaltadas por donde se va a mover “Carancho”, la séptima película de Pablo Trapero (realizador de la memorable “Mundo grúa”). Las calles y carreteras de Buenos Aires le sirven a Sosa (Ricardo Darín), un abogado de poca monta, para ganarse el pan suyo de cada día. Muy sencillo: se trata de exprimir a los afectados de un accidente de tráfico a cambio de una generosa comisión o, si esa estrategia no funciona, se trata de simular atropellos, afectados, “incidentes”. Todo sea por el dinero de la aseguradora; todo sea por servirse el dinero de una organización mafiosa que se esconde bajo el nombre de “La fundación”. En un universo (los arrabales bonaerenses, saturados de oficinas de pladur, de matones de saldo, de hospitales descuartizados), donde la cochambre se contagia, donde la existencia equivale a la supervivencia, la huida de este hombre hacia una ficción luminosa, enganchado a un ángel de ambulancia (Martina Gusman), forma el principal ingrediente de un “noir” tenaz, trabajado e inteligente.

Controla Trapero los “tempos” del género y, aún más, se luce mediante licencias visuales que engrandecen su producción. Con su apuesta por los planos secuencia, un portento que remite, en un hospital convertido en una guerra de bandas, a George A. Romero y sus criaturas; o, en una sala de reanimación, a Brian De Palma y sus dobles identidades, el director recuerda a quién quiere rendir pleitesía: a esa generación de cineastas norteamericanos (Bob Rafelson, Arthur Penn, Robert Benton) que jugaron con el “negro” en los setenta, lo remezclaron,.. y ganaron. La pareja protagonista, interpretada con pulso y grandeza por Darín (qué inmenso actor) y Gusman, remarca, incansable, una de las profecías del género: los perdedores no tienen futuro, por mucho que nosotros, lamentables espectadores, consideremos que se merezcan un rato, un instante, un segundo, de victoria. Los dos, él, un mediocre acostumbrado al engaño, y ella, una adicta acostumbrada a la soledad, buscan una escapatoria que, en principio, les parece justa pero que, en el último tercio, les parece única, quién creería en la justicia cuando se vive en la mierda, y corren tras ella olvidando sus imposturas de arranque, su ilusión inicial de equidad ontológica y fiestas de cumpleaños.

A pesar de que se atranque en la segunda parte, entre alguna escena de hospital de más, entre alguna reiteración formal de más (no todos los cineastas son Audiard o Polanski), la notabilísima película de Pablo Trapero obliga una visita al cine. No siempre se consigue encontrar estas pequeñas joyas que, en el fondo, como lo eran las pequeñas/enormes joyas que se rodaron en los setenta en Estados Unidos, son un homenaje a un cine que no volverá, a unos señores llamados Tourneur, Houston o Hawks.

lunes, 27 de septiembre de 2010

APRENDA A QUEDAR 0-0 CON ESTE POST

 Me aburrooo

He visto cosas que nunca creeríais. He visto madridistas con cara de póker tras empatar cero a cero con el Levante. He visto a familias cambiando de canal a “La noria” durante nuestro partido en Valencia. No se engañen: todo esto no se disolverá en la lluvia, ¡nos entrena Mou, amigos!, sino que se repetirá un montón, un huevo, un cojón, de veces a lo largo de la temporada. Por eso, siguiendo el servicio social que presta esta columna a los lectores de LA NUEVA ESPAÑA, vamos a regalarles seis técnicas que les servirán para afrontar la infinitud de ocasiones en las que el Real Madrid de Mourinho quedará cero a cero. Síganlas al pie de la letra y, por dos euros más, les enviaremos un DVD motivador con Álvarez Cascos diciendo, en un bucle, “sí, jodido, tú puedes”.

1) Sonría compulsivamente a lo largo del partido. No se preocupe, el fútbol es en el único lugar donde uno se puede reír al tuntún sin que el personal piense que estás lobotomizado.

2) Mienta. “Con Mou, las cosas son así. No jugamos bien pero vamos a ganar todo”.

3) Dedíquese a otros menesteres. Lo sabemos. Sabemos que su mujer siempre le ha echado en cara que no se le presta atención cuando juega el Madrid. Eso se acabó. En un experimento de la Universidad de Utah se ha demostrado que, mientras se disputan partidos como el del Levante, los sujetos pueden acometer al mismo tiempo ¡hasta 4 tareas!: cocinar platos simples (huevo con patatas, guisantes con jamón), planchar camisetas, colocar mamparas, y realizar rutinas sexuales simples (imaginarse a sí mismos follando, vamos).

4) Grite aleatoriamente. En cualquier otro aspecto de su vida, como ocurría con la regla 1, le tratarían como un chiflado, pero ¡no en el fútbol! Le recomiendo varias imprecaciones fortuitas y asépticas para que se venga arriba: “Vamooos”, “Graanddeeeeees”, “Así, así, así gana el Madrí”, “Olé, Raúl” (aunque el gran capitán esté en el Schalke, nadie lo notará) y, sobre todo, refiriéndose al árbitro, “este *&%$@ nos viene a robar”.

5) Quédese con los detalles insignificantes. Al final, como en una primera cita, lo que permanecen son las nimiedades. “Bueno, Pedro León hizo algún centrín” o “Benzema tocó con cariño al cuarto árbitro cuando salía al campo”.

6) Espere el siguiente encuentro como si fuese el 3-8 del Oviedo-Valladolid. No hay cero a cero que no arregle un árbitro.

COME, REZA, AMA

Director: Ryan Murphy
Intérpretes: Julia Roberts, Javier Bardem, Richard Jenkins
Web: http://www.sites.sonypicturesreleasing.es/sites/comerezaama_teaser/



En el estreno de la octava temporada de su programa de debate “Real time” (HBO), el cómico Bill Maher afirmó, con mucha mala baba, que si el pastor Terry Jones quemaba copias del Corán, se les podía permitir a los musulmanes que quemasen copias de la nueva sagrada escritura estadounidense, “Come, reza, ama”. El “bestseller” de Elizabeth Gilbert se mantuvo durante ¡ochenta y ocho semanas! en la lista de libros más vendidos del “New york times”, atrapando con un subtítulo tan pomposo como vacuo (“The search for Everything”, la mayúscula es reveladora) los anhelos/ilusiones de un público objetivo muy determinado y muy apreciado por las marcas en su escalado caníbal de consumidores potenciales. Son las mujeres urbanas, de clase media y media-alta, con estudios y un trabajo estable, a las que azuza la novelista. ¿Y qué les cuenta? Su “historia” de “búsqueda interior” en un viaje “molón” a través del mundo (discúlpenme la acumulación de comillas pero necesito algún tipo de profiláctico lingüístico ante tal patraña). Tras divorciarse de su marido (en la película dramatizado como un idiota insensible en el cuerpo de Billy Cudrup) y “pasar de” una relación “superficial” con un actor que la introduce en la meditación (James Franco), la Gilbert (Julia Roberts) decide emprender un tránsito en tres etapas: la primera, Italia, para zampar; la segunda, India, para rezar a cascoporro y adentrarse en una “espiritualidad cool”; y la tercera, Bali, para darse un gusto con un negociante brasileño (Javier Bardem).

El director Ryan Murphy, renegando de sus agrias (y estupendas) “Recortes de mi vida” (2007) y la serie “Nip/Tuck” (2003), muestra las correrías de la Roberts con una luz cálida, cercana y, miedito, acrítica. Pareciera como si en sus retinas y en las de su extraordinario director de fotografía, Robert Richardson, no se inscribiesen las majaderías que están rodando. La concepción de un viaje de clase alta (o, ¿serán así los viajes de clase alta?) en el que todo se adapta a los preceptos, mandatos y prejuicios de la protagonista (¡incluso un elefante se le acerca mansamente y le arrulla!), deletrea una de las mayores barrabasadas que se han filmado en un buen tiempo, y convierte en quimera, este fenómeno no le ocurre al personal que me acompaña, cualquier suspensión de la verosimilitud. A lo largo del periplo de la Roberts, no hablamos de un “tour” con Marsans, cada una de las personas que se encuentra le tratan con amabilidad, le facilitan las cosas y le ayudan a, finalmente, “sentir el Universo en sí misma”, en una escena únicamente superada en pomposidad y gratuidad por el texto en el que se basa.

Aunque “Sexo en Nueva York 2” sea, categorización definitiva de Tino Pertierra en este diario, “una trama desharrapada”, sí poseía la ligereza de la desvergüenza neoliberal de cuatro mujeres ricas que, al igual que Stallone descarga ansiedades en soldados latinos, acarrean sus manías por compras compulsivas. Porque sólo puede verse “Come, reza, ama” en su papel de prescriptora enmascarada, apocada, “espiritualoide”, de ilusiones de consumo; y sólo puede verse enfrentada a al “blahnikismo” sincero, pijo y descarnado de Carrie Preston y su grupo de zombis devora-complementos. No es extraño que la novela apremie a añorar viajes inasumibles e imposibles; que diversos cines organicen una engendro tan lamentable como “Alfombras rosas” (pases exclusivos para mozas que incluyen un “cocktail” y coloquio posterior); y que la película recomiende “merchandise” circundante a su trama (velas, gorritos, “bolas de meditación”... visiten la tienda oficial worldmarket.com), como única solución a una vida insatisfactora de mujer de clase media. Observar con distancia el filme y disfrutar bebiendo, eructando, fumando de las canciones de Neil Young, Stevie Nicks, Joao Gilberto o Eddie Vedder que componen su BSO pueden ser algunas de las justificaciones a no cabrearse con semejante desfachatez.

lunes, 20 de septiembre de 2010

MOU, ¡TE CEDEMOS DOS PARTIDOS AL BARÇA!

¡Mira cómo dirige!

Muchos dirán “vuelve Galán otro lunes con Mourinho… menudo brasas”. Y llevan razón. Ni la adecuada adaptación de Özil (a pesar de que algunos chisgarabises anden escribiendo que el Barça no le aceptaría como suplente); ni la recuperación de CR7 en Anoeta; ni la alegría que nos dio el golazo de Di María a Bravo. Aquí lo que importa son las milongas de nuestro entrenador. Pasamos de que el Madrid haya ganado en un campo complicadísimo (aún con un gol de churro), pasamos de criticar la primera parte (en la que Xabi Alonso se desapareció) y todavía más, pasamos de ver como Higuaín está lejos de llegar a su mejor forma. Lo esencial es que a Mou le escupieron al entrar en el estadio (uno se acuerda del mítico capítulo de Seinfeld, “El novio”, que toca el mismo tema) y, sobre todo, que la federación lusa le solicitó para dirigir, por la gorra, los próximos dos partidos de la selección portuguesa.

Que los portugueses son gente lista lo sabíamos desde el 91. Mi abuela Luz se trajo de ese gran país un gallo de juguete que cambiaba de color con la temperatura. Aquel artefacto fascinaba por igual a los habitantes y a los visitantes de nuestra casa. Ahora, con avances como el Facebook o el Viagra, les sorprenderá semejante inocencia, pero piensen… eran los noventa: Masip gobernaba y los ovetenses andábamos por la calle enfundados con camisetas de “Zapato veloz”. ¡Ay, en manos de aquel instrumento de plástico resignamos el futuro de nuestra familia! Si se ponía verde, íbamos a la playa de Salinas y, si no, nos encerrábamos en casa. No revelaré su ratio de aciertos: sólo les voy a confesar que el pobre animal acabó saliendo por la ventana. Una movida violenta así debería de haber ejecutado el Real Madrid en el momento en el que la FPF les propuso la cesión de Mourinho. Con lo bien que dice “¡no!” Florentino, es una pena que permita que se den situaciones dantescas como A) que nuestro míster convoque una rueda de prensa bajo un reloj y B) que, desesperados, los portugueses terminen fichando a Paulo Bento, ese mozo que jugó en el Oviedo durante el Pleistoceno.


Ustedes también la bailaron, no me jodan

Eso sí, no me vayan a llamar rata. No dudaría un segundo en ceder dos o tres partidos a Mourinho al Barça. ¡Benditos!, tienen tanta obsesión con el entrenador del Madrid que, como los niños, no nos importaría prestárselo un par de fines de semana para que lo prueben. Seguro que con él aprenderían a jugarle al Atlético de Madrid, al Inter o ¡al Hércules! y recordarían los buenos tiempos en los que el luso le llevaba Fuensanta a Robson. Además, no os preocupéis, amigos culés, creo que esto os va a convencer definitivamente; ¡os lo dejamos gratis! ¡Quietos, locos, no os lancéis!

 Sniff, qué tiempos aquellos en los que el Barça jugaba con cinco defensas...