domingo, 9 de agosto de 2009

G.I. JOE

Director: Stephen Sommers
Intérpretes: Christopher Eccleston, Sienna Miller, Rachel Nichols
Web: http://www.gijoemovie.com/



Transformers, Bratz y, próximamente, el Monopoly de Ridley Scott. Los acuerdos de las grandes productoras con firmas de juguetes comienzan a dar sus frutos. El universo está ahí, prefabricado en un estante de una tienda, listo para transmutar plástico en carne. A Stephen Sommers ("La momia") le encargan el papel de científico loco que mueva a una criatura pesada y monumental, "G.I. Joe", dentro de un celuloide de acción. Los cómics y la serie de dibujos animados, inmediatos antecedentes, de poco sirven: hablamos de productos insípidos (en España todavía recordamos el bizarro doblaje mexicano) que han resistido muy mal el paso del tiempo. Sommers dedica su primera lección a desmontar el componente ideológico (militarista y conservador, “un héroe americano”) de los muñequitos creados por Stanley Weston en 1964. Opta el director por travestir a los soldados G.I.Joe con una fuerza multinacional (algo marciano al planteamiento original) que se enfrenta a una organización maligna en gestación, "Cobra". Intencionadamente (según Sommers), "G.I.Joe" organiza un homenaje al Bond "kitsch", súperhumano, liviano y follador; un Bond de siglo XX que abandona a Jason Bourne y retoma el gesto de Derek Flint. Observándola con esta despreocupación sesentera (entre cameos, amenazas al mundo, "Siennas Millers" marcando y mucho gadget) el filme se mantiene, en especial durante su última parte, como un entretenimiento resultón.

En cambio, si se acercan al cine con expectativas de encontrarse un nuevo meneo al género (el que dieron Nolan y su "Caballero oscuro" o Ang Lee y su "Hulk"), no disfrutarán de la película: sólo verán una serie de escenas inconexas, diálogos imposibles (no se me rían) y actores pétreos (Byung-hun Lee). Mejor alquilen la estupenda "Pequeños soldados". En ella, Joe Dante no necesitó maquillar a los "G.I. Joe", los mostró en su verdadera esencia: unos trozos de plástico fachas (y cachondos) empeñados en extender el imperio estadounidense a cañonazo limpio.

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