lunes, 7 de noviembre de 2011

HABEMUS PAPAM

Director: Nanni Moretti
Intérpretes: Michel Piccoli, Nanni Moretti, Margherita Buy
Web: http://www.habemuspapam.it/



Nanni Moretti es un experto en destruir expectativas. Sus proyectos de mayor repercusión internacional le catalogaron entre el público como un sucedáneo italiano de Woody Allen, pero los paralelos con el director neoyorquino no sirven más que para una aproximación superficial a su figura. Continuador de sí mismo (“Abril”), explorador de géneros (“La habitación del hijo”) o indignado con Berlusconi (“Il Caimano”), Moretti no ha parado en estos últimos años de (re)buscar nuevos retos a su cine. A priori, con “Habemus papam” se esperaba una comedia crítica de un izquierdista en la corte de un Papa que no acepta su condición divina.

Nada es predecible en el mundo de este cineasta. Enfocada como una fábula amable (y, a ratos, muy profunda) sobre los papeles que nos obliga a asumir la vida, el filme hace filosofía y ejemplifica su teoría con un caso extremo: el de un anciano (Michel Piccoli) al que los azares le colocan al frente de una de las organizaciones más antiguas del planeta. Planeada en dos líneas argumentales, una menos potente y centrada en el psicoanalista que trata de arreglar las ansiedades del pontífice; y otra deslumbrante que espía al Papa en su divagar romano, “Habemus Papam” es una consecuencia lógica de alguien que se hace muchas preguntas y sabe responderlas con inteligencia. Capado de sus teorías freudianas (a su Santidad no se le puede preguntar por su madre, ¡faltaría!) y, por tanto, incapaz de encontrar motivaciones subconscientes al comportamiento de su paciente, al psicólogo protagonista solo se le permite una terapia en ese asilo multicultural que es el Vaticano: un partido de voleibol eterno que parece la única forma de organizar una existencia pacifica entre cardenales. Eso sí, en esta subtrama se echa de menos a la mala leche del Moretti de “Il Caimano”, especialmente al mezclar psicoanálisis y religión, un terreno abonado al humor.

Aunque todo se perdona con el Sumo Pontífice, (casi) integrado en una compañía teatral, que asume su condición de Sumo Actor ante su pueblo y que empuja, con ternura y descreimiento, la principal cuestión del largometraje. Aceptar o no aceptar el papel que Dios nos da, se repite Moretti en su imprescindible “Habemus Papam”.

TIBURÓN 3D. LA PRESA

Director: David R. Ellis
Intérpretes: Sara Paxton, Dustin Milligan, Katharine McPee
Web: http://www.iamrogue.com/sharknight3d/fullsite/index.html



En una de las escenas más celebradas de “Hermanos por pelotas”, a los hermanastros Brennan (Will Ferrell) y Dale (John C. Reilly) se les ocurre una grandísima idea para hacer negocio: un vídeo musical de “rap” con yates y prostitutas titulado “Yates y prostitutas”. El éxito comercial se asegurará, piensan estos majaderos, juntando conceptos que, por separado, son imbatibles: rap, prostitutas y yates.

Un fenómeno semejante se produce en “Tiburón 3D. La presa”. No se refiere el título (“Noche de tiburones” en el original) a una secuela de la película de Spielberg, sino a un bello arrejuntamiento de conceptos: por una parte, una serie de escualos en un lago y, por la otra, una conspiración psicopática y postadolescente. Un conjunto de elementos ¿independientes? con la que los productores piensan que van a ganarse al respetable. Pero el orden de los factores sí altera el producto final y sin el gamberrismo (y la inteligencia) de Eli Roth en la revisitación de “Piraña”, los intentos del filme de David R. Ellis no pasan de una anécdota de mal gusto.

FOOTLOOSE

Director: Craig Brewer
Intérpretes: Kenny Wormald, Julianne Hough, Dennis Quaid
Web: http://www.footloosemovie.com/



Uno todavía recuerda una tarde infame de los ochenta en la que aterrizó en VHS aquella cosa titulada “Footloose” (Herbert Ross, 1984). Con el regusto amargo de una prohibición bíblica del baile, el joven interpretado por Kevin Bacon se empeñaba en danzar en su pueblo híper-conservador y ¡lo conseguía! Esto, que ya sonaba ridículo a nuestras mentes prepúberes, se convirtió en uno de los taquillazos de la década y produjo que humanos como Foreigner, Kenny Loggins o Bonnie Tyler viviesen un momento de gloria con un impacto mundial inversamente proporcional a su talento.

Como el “remake” de “Fama”, todo lo malo no se hace esperar y algún ejecutivo hollywoodiense tuvo la bendita idea de resucitar la franquicia “Footloose” con un reparto de chavales majos y Dennis Quaid en el papel del pastor que defiende la prohibición del bailoteo. Videoclip de gran presupuesto, no hay nada reseñable en el intento de Craig Brewer por reubicar la saga fuera de un franquiciado en automático. Al final, inquieta profundamente que, bajo su apariencia “cool”, sus muchachas saladas y sus bailoteos con hits actuales, se encuentre una película cadáver, maquillada con mucho pote para la ocasión.

domingo, 30 de octubre de 2011

EVA

Director: Kike Maíllo
Intérpretes: Claudia Vega, Daniel Brühl, Marta Etura
Web: http://www.evalapelicula.com/



Con “Eva”, el debutante Kike Maillo prepara una receta inusual en el cine español, un cruce entre ciencia ficción y drama que se sitúa en un alternativo 2041 para contar el regreso del científico Alex Garel (Daniel Brühl) al pueblo donde trabajaba en sus investigaciones con robots. Allí le aguarda un invierno eterno y varias personas que formaban parte de su pasado: su antigua novia Lana (Marta Etura), ahora mujer de su hermano David (Alberto Ammann) y madre de una niña llamada Eva (Claudia Vega), y la casa en la que inventó algunos de sus ingenios mecánicos.

Nacida en la estupenda cantera de la ESCAC, extraña que esta propuesta empiece con tantas promesas, albergue tanto esfuerzo en su forma, y termine atrancándose en su desarrollo. Es admirable el empeño de la producción con su estética, un logradísimo mundo gélido de autómatas (humanos o metálicos) y artefactos que sobreviven moribundos al paso del tiempo, y es decepcionante que su narrativa se deslavace a medida que avanzan los minutos. De arranque, todos los elementos necesarios se encuentran en ese trabajadísimo imaginario de un porvenir imperfecto. La dificultad comienza cuando Maíllo los mueve por su puzzle y hay piezas que no acaban de cuajar (¿qué busca Daniel Brühl? ¿Por qué siente esa cercanía con Eva? ¿cuáles son las motivaciones del personaje de Alberto Amman?), dejando las verdaderas sorpresas de la película en manos de secundarios como un Lluis Homar robótico que, mimetizando su profesión de actor, gradúa su emotividad y se convierte en uno de los elementos más interesantes de la cinta.

Despeja dudas sobre lo que nos ofrece “Eva” el hecho de que, finalmente, confunda lo que importa con lo que es accesorio y desvele así su conservadurismo. Mientras que se aprecian sus momentos turbios y bíblicos (dos hermanos enfrentados, la mujer del prójimo, el sacrificio de un hijo), pareciese como si la producción basase su potencia en un giro narrativo al borde del abismo. Quizá ser proclive a la sorpresa y no a la construcción de una historia, abandona al filme en una posición incómoda: más cerca de la liviandad bien ingeniada que de esa impronta grave que corona cualquier buena ciencia ficción.

lunes, 24 de octubre de 2011

VARAS NO ES UN VARAS




No lo digo yo, lo pone el diccionario de la RAE en alguna parte que no he encontrado en “el Internel”. Asusta que estos señores que se llaman como un grupo de atracadores de banco (“Señor ñ mayúscula”) hayan validado la acepción de “varas” cuando se refiere a un ser humano muy cansino. Pero la verdad es que todos lo hemos utilizado. Lean mi pequeña antología del horror brasas. Un pariente de Córdoba que no para de referirse a “lo bien que se come en Asturias”. Un profesor que es impermeable a los “bueno…”, “creo que se me hace tardeeee”. Siempre me he preguntado qué es peor, un pesimista incansable o un pesado incansable. Amigos, mientras que el pesimista solo te puede dejar noqueado, el brasas te roba lo más preciado: tu tiempo.

Con tan malas connotaciones, uno siente en la superficie granulosa de sus pezones la tremenda injusticia de que se apellide así la bella persona que consiguió detener el robo barcelonista del sábado. Fíjense en el penalti fantasma, en la expulsión de Kanuté por culpa del ratonero Cesc y, coronando al horrible Iturralde, en los siete minutazos que descontó ese finstro arbitral al final. Vamos, “Layla” dura 7:13 y ya parece interminable. Compañeros merengues, piensen en las chanzas que tiene que aguantar el gran portero Javier Varas, en el resquemor cotidiano que corona su vida. “Ya está el Varas en el entrenamiento”, “Ya tuvo que llegar al estadio ese Varas”. Horrible descrédito, amigos, para un titán que aguantó las inclemencias de plantearle un partido al Barcelona basándose en el físico y que dejó al equipo hispalense más sudado que Falete en una sauna.

Creo que se debe formar un movimiento blanco que pida, en su honor, la eliminación de la acepción de “varas” del lugar tenebroso en el que se encuentra, justo entre los pesimistas incansables y los asesinos en serie. Movilicémonos con firmas, con manifiestos o, como hacen las indignadas de Nueva York, enseñando las téticas al respetable. ¡No puede durar esta tropelía con D. Javier! Y recuerden que el cambio comienza en uno mismo: cuando vean venir a la pesada de turno, no avisen a las personas cercanas diciendo “ahí viene Verónica, esa varas”. Si son madridistas agradecidos, griten “ahí viene Verónica, esa brasas”. Y por supuesto, eso no ha cambiado, echen a correr en dirección contraria.

LA COSA

Director: Matthijs Van Heijningen
Intérpretes: Mary Elizabeth Winstead, Joel Edgerton, Ulrich Thomsen
Web: http://www.quieneslacosa.es/



En algunas tardes tontas, la pregunta al final de la película no es "¿qué pasará después?", sino "¿qué pasó antes?". Por ejemplo, la reciente "El origen de el planeta de los simios" rellenaba, con irregularidades, el vacío existente entre la hecatombe de la civilización humana y el aterrizaje del astronauta Taylor (Charlton Heston). Ahora, le toca el turno a "La cosa", esa maravilla que John Carpenter rodó en 1982. Y la forma de abordar el proyecto no puede ser más interesante. ¿Cómo llegaron el extraño visitante norteño y ese (maldito) perro a la estación polar donde trabajaba Kurt Russell? El cineasta holandés Matthijs van Heijningen debuta en una superproducción norteamericana entendiendo a la perfección las coordenadas de la novela original en la que se basaba Carpenter, "Who goes there?" de John W. Campbell. Largometraje de ciencia-ficción y terror, esta "La cosa" también hereda la vocación lúdica de sus antedecesoras, con ese juego a "¿quién es el asesino?" que intensifica (y diversifica) sus valores fílmicos alrededor de una panda de semidesconocidos y la nueva "reina del grito", Mary Elizabeth Windstead. Así, el descubrimiento de una nave en medio del Ártico y la apertura de esa gélida caja de Pandora con monstruo dentro, se disfruta a medida que recordamos lo que nos gustaba de la original.

Asumiendo que Van Heijningen no posee la maestría de un Carpenter desatado, pero que retiene dotes de buen realizador, se echa de menos ese punto de atrevimiento bizarro que atesora la filmografía del director norteamericano. Quizá influido por remakes rutinarios o por sus productores, en determinados instantes (especialmente en los que se desentraña el misterio), se agradecería un poco más de mala leche. De todos modos, como en las buenas películas de criatura, siempre nos queda la criatura. Replicando humanos, ensamblando caras u ocupando perros, la monstruosidad amorfa del filme nos reitera (aún con cierta monotonía) el porqué nos encantan estos engendros. Solo la posibilidad de un mal mayor (la conquista del mundo), roba la ternura a un organismo huérfano de forma, que, pobre, trata de sobrevivir.

TENTACIÓN EN MANHATTAN

Director: Douglas McGrath
Intérpretes: Sarah Jessica Parker, Pierce Brosnan, Greg Kinnear
Web: http://howshedoesitmovie.com/



Cuando Sarah Jessica Parker llega a casa y Matthew Broderick la recibe con un abrazote, ¿se oirá una voz en off describiendo sus sentimientos por el marido? Cuando Sarah Jessica Parker queda con sus amigas y toman un “gintonic” con pepino, ¿hablarán de "sekso”? Cuando Sarah Jessica Parker teclea en su nuevo Mac, ¿pensará en el email que escribe o en una novela llena de amorinos y dificultades? En "Ed Wood", Tim Burton presentaba los últimos días del actor húngaro Bela Lugosi y sus peripecias con Ed Wood, el ínclito director de serie "Z" que le idolatraba. El bueno de Bela, ya trastornado por la edad y el traqueteo, pasó sus meses finales creyendo (o casi creyendo) que era su personaje más famoso, Drácula, y, fiel al desvarío del patriarca, su familia pidió que fuese enterrado ataviado con la capa del insigne conde. Al menos, sabemos que, por mucha identificación que tuviese con su personaje, Lugosi no se va a levantar de su tumba y atacarnos con virulencia sangrienta.

En cambio, después de ver "Tentación en Manhattan" sí sospechamos que Sarah Jessica Parker se va a encarnar una y otra vez en su "alter ego", Carrie Bradshaw ("Sexo en Nueva York"), con diferentes nombres. Si el único atractivo para atacar esta película es la dirección del habilidoso Douglas McGrath (colaboró con Woody Allen en el guión de "Balas sobre Broadway" y firmó la notable "Historia de un crimen"), las ganas se nos quitan pronto. Aunque utilice maneras de falso documental y se anime con sobretítulos (que sí funcionan, por ejemplo, con esas madres competidoras), el poso del filme es viejísimo. En su ideología encapsulada de familia y lealtad al trabajo se abandona toda perspectiva irónica, toda mordacidad, toda contradicción, con tal de regresar a Carrie Bradshaw. “Tentación en Manhattan” olvida las estupendas bazas que tenía para triunfar: un director competente, una buena terna de masculinos secundarios (Pierce Brosnan y Greg Kinnear) y una Christina Hendricks que, aún con el pelo suelto, demuestra su afinada comicidad, más allá de lo que "Mad Men" le deja.

lunes, 17 de octubre de 2011

¿15-OCTUBRE O 15-ÖZIL?


El país va muy mal y la gente está muy indignada, lo sé. ¿Qué clase de persona no compartiría los valores de la manifestación de este último 15 de Octubre? 300.000 humanos en la puerta del Sol protestando por la gran estafa del Sistema, por la falta de trabajo, por Pepiño negociando en una gasolinera (¿no hubiese sido mejor en un chino?) y porque “Granjero busca esposa”, lo más positivo de la semana, se termina pronto. La situación española es dramática; hemos llegado a un momento en el que todos los productos que se venden en pack en el supermercado ¡llevan siempre una unidad gratis de regalo! Qué pobre somos, amigos, nos lo dicen las marcas, y la única reacción posible es contactar por redes sociales, armar unas pancartas de protesta (“Aquí huele a chorizo”, “Chorizo tú, no yo” o “Se te acabó choricear, chorizo”) y lanzarse a la calle. Y, al final, la concentración salió perfecta. Seguimiento masivo alrededor del planeta, marchas pacíficas, jóvenes comprometidos… magnífico… pero, solo un detalle, un pequeñísimo detalle os quiero preguntar, ¿era estrictamente necesario poner la manifestación a la misma hora que el partido del Madrid?

“¡Cómo no voy a ir!”, le aseguré a aquella moza de ojos azules. “Nos encontramos allí fijo, dame tu teléfono y yo preparo el texto de la pancarta”. Me lo creía, amigos, redacté mi lema (“Banquero, ¡cara de huevo!”) pensando en agitarlo con violencia frente al Banco de España, junto a mi guapísima compañera. Iba a ir hasta que recordé la hora del Madrid-Betis. Mierda. Con lo que me apetecía disfrutar a Higuaín de titular. Con las ganas que tenía de ver cómo se movía el equipo de Pepe Mel por el Bernabeú. Y el debut en Madrid de Vadillo, al que auguro un gran futuro. Dios, qué dilema. ¿La reivindicación o lo de siempre? ¿Los cánticos agitados o las pipas saladas? ¿El bien de la sociedad o el bien de un sábado tarde? Vamos, ¿el 15-Octubre o el 15-Özil?

¡Qué juego del delantero argentino! Un hat-trick y, ay, por poco, casi un cuarto. Extraordinario. Y la desgracia del pobre Vadillo. Cristiano desacertado, esa cabeza que nunca le funciona. Dios, qué mal rato con el 2-1 de Jorge Molina. Me suena el teléfono. Es mi amiga de ojos azules. “¿Edu, dónde estás?”. “En Sol, ¿no oyes el gentío?”. “¿Y por qué cantan “Así, así, así gana el Madrid”?”. “La emoción, moza, la emoción de soñar un mundo mejor”.

sábado, 15 de octubre de 2011

MIENTRAS DUERMES

Director: Jaume Balagueró
Intérpretes: Luis Tosar, Marta Etura, Alberto San Juan
Web: http://www.mientrasduermeslapelicula.com/



En “Frenesí” (1972), Alfred Hitchcock adoptaba una primera persona inédita en su filmografía para introducirnos en el día a día de un asesino en serie. Bob Rusk (Barry Foster) mataba mujeres con una rutina torpe, descuidada, como si el director británico hubiera reparado en que la perfección perturbada de Norman Bates no era aplicable a la mediocridad de su siguiente criminal. Jaume Balagueró (“REC”), toma la misma perspectiva de “Frenesí” con su monstruo de “Mientras duermes”: César (Luis Tosar), un portero de edificio, ejerce de vigilante silencioso de la comunidad y, en especial, de Clara (una guapísima Marta Etura). Con reminiscencias de cuento agridulce (particularmente de “El Grinch”, esa creación animada del Dr. Seuss que no soportaba que todo el mundo fuese feliz), el desafío de la notable película de cineasta catalán es impedir que su protagonista canibalice el mecano de suspense de su alrededor.

Balagueró se mueve como pez en el agua por los espacios de la cinta. Tras varias experiencias parecidas (el capítulo “Para entrar a vivir” de “Historias para no dormir II” y “REC”), todavía inquieta su habilidad de mantener la tensión entre cuatro paredes. En ellas, César traza su rutina de vigilancia y, en ellas, el metraje combina sus recursos hitchockianos con mejor (una chica que duerme e, inconsciente, cohabita con su acosador) y peor fortuna (la aparición de un Alberto San Juan descolocado y el efectismo de su resolución). Porque, frente a los claroscuros de su artilugio de suspense, se engrandece el personaje principal y, cómo no, el actor que le da vida. Las grietas de esta criatura que visita a su madre silente en el hospital (en un determinado momento, uno no puede evitar a la referencia a “Breaking bad”), que sufre el chantaje de una prepúber o que se rebela ante la indiferencia del mundo, son exploradas por Tosar con un tiento tan magistral que acaba proporcionando sentido a escenas que, en manos de cualquier otro, perderían su carácter. Se baja el telón y uno siente que César el portero sería perfecto para continuar con un serial en diferentes comunidades de vecinos, para estrenar un reverso sombrío de “Autopista hacia el cielo” sobre este psicópata que, como Ricardo III, elige odiar los perezosos placeres de este tiempo.

SIN SALIDA

Director: John Singleton
Intérpretes: Taylor Lautner, Lilly Collins, Sigourney Weaver
Web: http://www.sinsalida.com/



Que se ponga la camiseta ya. Cuando el gran argumento de un actor se centra en si lleva o no lleva un trozo de tela encima de la pechera, la cosa puede llegar a ser preocupante. Taylor Lautner, el “megahípercachondoquetecagas” hombre lobo de “Crepúsculo”, capitanea su primer “thriller” a las órdenes de John Singleton (“Justicia poética”). El problema del bueno de Lautner es que no conecta ni con los dioses de la interpretación (verle llorar o buscar seriedad chirría más que las películas de Raphael), ni, lo que es peor, engancha al público objetivo de este tipo de filmes. Con una narración endeble plagada de solidísimos secundarios (solo se explica la presencia de Sigourney Weaver o Alfred Molina, además del cheque, por conseguirle clases de apoyo al chaval), la única justificación para continuar su visionado se basa en los frecuentes mamporros del mozo. Aunque, seamos justos, sufriéndole en una pelea de tren contra un doble agente ruso, tampoco se le adivina mucho futuro por ese camino.

lunes, 3 de octubre de 2011

MÉTETE EL MADRIDISMO DONDE TE QUEPA

 Busque al madridista

Ayer, en la portada de los diarios deportivos, apareció una noticia inquietante. En su afán de tenernos informados con mandanga de calidad, los periódicos blancos abrieron sus ediciones con el siguiente titular: "En el campo del Espanyol piden que los madridistas no se identifiquen". Así, continúa el reportero, "el estadio Olímpico no se convertirá en un Mini Bernabeu". Vamos, que ya que nos invitan a casa de nuestros amigos del Espanyol, más conocido como el "Real Madrid Z", y que nos van a poner unas conservas "Dani", no nos sobremos con ellos. En ese peaso de campo se podría dar una situación "Robocop": que a alguno de los asistentes, desorientado por no saber a quién animar, le estalle la cabeza ante tal incoherencia lógica.

¡Compañeros dirigentes del equipo perico! ¡Yo solo os puedo dar un consejo, siempre a cambio de que me mandéis unas navajas en conserva! ¡No os preocupéis, no aviséis demasiado a esos merengues con sobrepeso que van a ir a ver a su equipo! Si algo llevamos haciendo bien los madridistas desde hace unos años, ¡es evitar que se nos note! Ay, amigos, ¿se acuerdan de los noventa, cuando Lorenzo "El mafioso de los Simpson" Sanz, llevaba el equipo? ¿Se acuerdan que ganamos una Copa de Europa y nos enfrentábamos contra equipos en los que jugaba Munitis? Bueno, puede que lo segundo no haya cambiado demasiado, pero les aseguro que estábamos orgullosos de ser madridistas. Con los periódicos deportivos regalaban zapatillas, marcapaquetes o "Laserdiscs" del Real Madrid y a uno no le daba vergüenza ir al kiosko y soltar un "Manolo, ponme LA NUEVA ESPAÑA, que regalan un "Huevo Pinto" coleccionable con la cara de Suker. ¡Y mañana otro que prueba que Mijatovic no estaba en fuera de juego en el gol de la Séptima!". ¡Que tiempo tan feliz!, que diría María Teresa Campos.

Y siento que esto les sonará raro a los madridistas más alevines. A ver, voy a gritar consignas. Vamos. ¡Chiquillos blancos que todavía no os habéis afeitado esa pelusilla sobre-labial porque vuestros padres os han dicho que "si te la afeitas, te va a crecer más"! ¡Chiquillos blancos que pensáis que el Facebook lo inventó Franco! ¡Chiquillos blancos que pensáis que os vais a quedar ciegos por tocarse! ¡Os digo que hubo una época en la que uno podía estar orgulloso de ser madridista! "Hala, exagerao, viejuno", me contestareis antes de escribirlo en el Whatsapp. ¡No! ¡Os lo digo en serio! ¡Hubo unos años en los que había que esforzarse para ocultar tu madridismo! ¡En los que sudabas como un mono para no gritar "¡Viva Di Stefano y su calva!" cuando veías la menor señal de barcelonismo en el ambiente! Pero ahora todo eso ha cambiado y, que los dirigentes del Espanyol digan que nos metamos el madridismo donde nos quepa, suena a obviedad. Sí, Sánchez Llibre, ya lo llevamos haciendo desde que Pepe (casi) descabeza a Casquero.

SOMEWHERE

Directora: Sofia Coppola
Intérpretes: Stephen Dorff, Elle Fanning, Chris Portius
Web: http://www.somewhere-lefilm.com/



En el prólogo de “Somewhere”, un Porsche gira y gira por un asfalto circular. Este bucle ensimismado bastaría para explicar el momento vital del actor de Hollywood Johnny Marco (Stephen Dorff). “La fama te hace difícil de tragar”, cantaba David Bowie en el LP “Young Americans”, ligando ese fenómeno a un país (USA) y a una época (el post-warholismo). Alrededor de la fama intragable de Marco, Sofía Coppola retrata un hábitat extraterrestre, atravesado por el hotel “Chateau Marmont” de Los Ángeles y en transcurso permanente de strippers portátiles, de Benicio(s) Del Toro y de cadáveres premonitorios (John Belushi murió en uno de sus bungalows). Por allí se mueve la cámara y, lo más valioso del filme, por allí destapa Sofía Coppola ese extrarradio del celuloide que también intentaron capturar, con amargura, Fellini en “Ocho y medio” y Woody Allen en su pluscuamperfecta “Recuerdos”. Las ruedas de prensa y sus preguntas imposibles, los maquillajes y su “bajo la máscara”, las galas de premios (italianas) y sus esclavitudes por contrato… son manejadas con habilidad por alguien que lo probó, y lo sabe. De fondo queda, como en las obras de Fellini y Allen, la anhedonia y la soledad de quien le sobra lo que todo el mundo desea.

Notable historia móvil de un microcosmos idiotizado (muy alejado del Los Ángeles paradisíaco y ñoño de “El séquito” (HBO)), uno reprocha a Coppola que no se haya enfangado todavía más para regalarnos otra autopsia del “New Hollywood” tan descarnada como el “I’m still here” de Casey Affleck y Joaquin Phoenix. De todos modos, la filosofía Coppola prevalece y, al final, es la familia la única capaz de reinsertar al individuo en una existencia armónica. Esa niña, una brillantísima Elle Fanning, interviene y reafirma las bases morales del cine de Francis y Sofía. La preadolescente irrumpe en su mundo y Johnny Marco, de pronto, descubre la inmiscibilidad entre una partida compartida de “Rock star”, con su irónico “So Lonely” de Police, y el “Photocall”; entre una receta cocinada por tu hija y una entrevista cocinada por tu agente; entre un viaje de promoción y una chiquilla llorando porque huyes de nuevo.

PINA 3D

Directores: Wim Wenders y Pina Bausch
Web: http://www.avalonproductions.es/pina/




Más allá de la vorágine marketiniana del 3D (con producciones 3D, producciones convertidas a 3D o producciones reestrenadas en 3D), se han instalado autores que han parasitado, con sus proyectos personales, a la avalancha de filmes tridimensionales . Hablamos de Werner Herzog y su maravilloso "Viaje a la cueva de los sueños" y de "Pina 3D", dirigida por el cineasta Wim Wenders en colaboración con la bailarina, recientemente fallecida, Pina Bausch. La película del alemán se estructura en una serie de escenas de danza intercaladas con mínimos recuerdos de los principales colaboradores de la artista. En su mosaico diverso de coreografías, se reitera la afición de Wenders por explorar paradojas visuales, integrando a los bailarines en escenarios globales (la fábrica, la piscina, la urbe) mientras, a la vez, les aísla en ellos. Dentro de su compromiso con la experiencia, "Pina" aún consigue esbozar la naturaleza del oficio de su protagonista ausente: desde la luminosidad de la generosísima Bausch hasta esas sombras que surgen de una dedicación constante al físico. Posdata: debemos aplaudir que el 3D busque nuevos caminos donde no se tome al espectador por idiota y, sobre todo, que los cines Yelmo Los Prados se arriesguen a estrenar semejante triple tirabuzón: ¡un largometraje alemán, en versión original, y en 3D!

lunes, 26 de septiembre de 2011

CARIÑO, ¡¡HE AGRANDADO AL RAYO!!



Mourinho, siguiendo las instrucciones patafísicas del gran Rick Moranis, ha creado una máquina asombrosa, un aparato capaz de hacer crecer de tamaño a los equipos contrarios. Vaya lío. Juntando unas piezas de Varane, colocando a Sergio Ramos donde Carrillo perdió el mechero y sacando a Lass en un doble pivote loco, loco, loco, loco, loco, loco, el portugués hizo que el Rayo se creyese un gigante en el Bernabeu. Amigos, necesito que tomen perspectiva. Ahora que Mou lo ha convertido en Fernando Romay, les recuerdo cuán diminuto es el equipo vallecano: su estadio se encuentra ¡en la avenida del payaso Fofó!, su antigua presidenta anunciaba flanes, lo entrena un míster con apellido de tertuliano del corazón y, para mayor chifladura, ¡ha conseguido subir a un jugador del Oviedo a Primera!

Mete miedo que sea la segunda vez esta semana. En Santander, ese campazo de Champions, se vivió otro momento estomagante. Del susto y la tortura posterior, a los que estábamos cenando patatas bañadas en alioli, mayonesa, salsa rosa, ketchup y mostaza se nos formó un país asiático en el colon. ¿Me están diciendo que nos pone en apuros un equipo con Munitis, un «futbolisto» del Madrid 2000-01? ¿Me están diciendo que casi nos ganan el partido con gol de?? ¿Óscar Serrano? ¿Me están diciendo que José «El luso» responsabilizó del empate a «las simulaciones» del Racing?

En «Cariño, ¡¡he agrandado al niño!!», un chiquillo enorme destroza las calles de Las Vegas. Moranis, preocupado porque su hijo descomunal no le hace caso, descubre una importantísima verdad: para que los niños respeten a sus padres, éstos últimos deben de tener más estatura que ellos. Entonces, el bueno de Rick utiliza su máquina con su mujer y ella, ya transformada en una gigante, tranquiliza al pipiolo. Ésta es una realidad Disney que Mou no ha asumido todavía. Para controlar a un equipo, debes de ser más grande que tu plantilla. Obviamente, culpando a Khedira de una derrota, dando voces en una rueda de prensa o utilizando el dedo en el ojo de un contrario, uno se vuelve muy, muy pequeño.

lunes, 19 de septiembre de 2011

¿POR QUÉ PITAN A PUYOL?

“Me pitan por ser rico, guapo y gran jugador”, declaró Cristiano Ronaldo después del partido de Champions en Zagreb. Y luego vino el vendaval. En ninguna de las ediciones digitales donde apareció esta frase lapidaria, el número de insultos bajó de los chopocientos. “Creído”, “idiota”, “imbécil”, “poligonero”, “guatanebikonso”, y, en nuestro querido LNE.ES, “fato”. Esa estupenda gente que se dedica a comentar las noticias de los periódicos, se arrejuntó como una enorme liga de supervillanos idiotas contra el bueno de Cristiano. ¡Ay, qué labor más gratificante es masacrarle en Internet! ¿No les encanta el combate cibernáutico entre “Gijondemicorazon_87” y “Prosineckifan78”? ¿Y cuando un conocido te suelta, orgulloso de su majadería, “Galán, ¡cómo puse a parir a Cristiano en lahojaparroquialdeSanMartinDeLosBerruezos.com!”?

Y todo porque, por fin, alguien trae un ñasco de realidad al fútbol español. Estamos demasiado acostumbrados a tonterías de Del Nido (“Este movimiento [12 clubes vs. Madrid y Barça, una broma] no tiene marcha atrás ni para coger impulso”), medias mentiras de Rossell (sobre la Supercopa, “veníamos de la playa y le ganamos el título a un equipo que estaba mucho más preparado”) y vaciladas de Guardiola (“Ya sabemos que Busquets es un inútil”), como para distinguir la maravillosa verdad que esconden las declaraciones de CR7. Deberíamos escribir una estadística de la cantidad de zurriagazos que el portugués recibe en cada partido y, en especial, del hachazo que le costó tres puntos de sutura en Zagreb. Y, encima, le silban. No queda más que concluir, ya que no me puedo creer que humanos tan limpios abucheen a una víctima, que lo hacen por otros motivos.

De las tres razones que apuntaba el luso, creo que la principal es que le gritan porque ¡¡vuelve locas a las fans de Melendi!! Esa quijada y ese pelaco engominado son lo que encabrona al mismo personal que, si le tuviese en su equipo, le aplaudiría. Grande Cristiano… pero hemos encontrado una incoherencia en la teoría. Si solo se silba a los guapos, ¿qué problema hay con Puyol en los campos de España?

sábado, 17 de septiembre de 2011

LOS AMOS DE BROOKLYN

Director: Antoine Fuqua
Intérpretes: Ethan Hawke, Richard Gere, Don Cheadle
Web: http://www.brooklynsfinestthemovie.com/



Pareciera como si en la carrera de Antoine Fuqua sus reivindicaciones afroamericanas de videoclip y sus dejes de realizador de grandes producciones solo hubiesen condensado bien en dos proyectos: un documental sobre el Blues (con concierto incluido), “Lightning in a bottle” (2004), y una joya del Nuevo Cine Negro Norteamericano, “Training day” (2001), con Denzel Washington y Ethan Hawke. Las premisas de “Los amos de Brooklyn” remiten a esta última película: en ese barrio de Nueva York conviven tres policías, un infiltrado (Don Cheadle), un corrupto (Ethan Hawke) y un casi-jubilado (Richard Gere).

Desechando el terrible “planteamiento Iñárritu”, donde las tramas confluyen por lo civil o lo criminal, Fuqua estructura su guión trazando tres paralelas que en rara ocasión se cruzan y que casi forman un filme de capítulos independientes. Desgraciadamente, “Los amos de Brooklyn” cae en el principal error de este tipo de películas, la excesiva fragmengación. Fuera del valor de cada uno de los segmentos, Fuqua no encuentra un hilo conductor que pueda sustentar a su metraje de forma global: es ¿un noir? ¿un drama? ¿un cuento moral? De sus capítulos, comandados por un trío de grandísimos actores, se empequeñecen los guiones de Hawke (un previsible descenso a los infiernos) y de Cheadle (huérfano de contenido), al lado de la historia que protagoniza un entonadísimo Richard Gere.

Aunque tropiece con algún tópico (esa prostituta buena de la que se enamora), los minutos de ese policía que intenta salvar, por una vez, al mundo, bastan para reafirmar que el talento del actor budista se expande mucho más allá del cine comercial.

martes, 13 de septiembre de 2011

NOCHE DE MIEDO 3D

Director: Craig Gillespie
Intérpretes: Anton Yelchin, Collin Farrell, Christopher Mintz-Plasse
Web: http://www.welcometofrightnight.com/


Nuestra viejunez rampante, que ya incluye el alquiler en un BETA de la película original de “Noche de miedo 3D” (“Fright night”, Tom Holland, 1985), temía un “remake” infectado de ese vampirismo a lo Stephanie Meyer: asexualidad “cool”, goticismo e impostura. Los nombres de los implicados calmaron rápidamente cualquier prejuicio: Craig Gillespie (el director de “Lars & the real girl” y la subvalorada “Mr. Woodcock”), David Tennant, el gran Christopher Mintz-Plasse y, como el chupasangres antagonista, una buena dosis canallesca de Collin Farrell.

Estos (benditos) ingredientes se reúnen en la historia de un adolescente (Yelchin) que descubre que su vecino es un vampiro (Farrell) y trata de evitar que acabe con su barrio con la ayuda de un cazador principiante (Tennant). Despojada de ese (irrecuperable) encanto suburbial-ochentero que el original compartía con producciones de similar fondo (“No matarás… al vecino”, de Ray Peterson) y ataviada con un innecesario 3D, sí posee el filme de Gillespie otros méritos: proporcionar sabor “teen” a un argumento universal y resucitar el envidiable ritmo de su predecesora. Ese animal salvaje que encarna Collin Farrell con actitud “rock & roll” nos basta, al estilo de una magdalena de Proust mojada en sangre, para hacernos conscientes del por qué nos gustaban los vampiros y, sobre todo, del por qué dejaron de gustarnos. En este sentido, la lucha entre ese depredador insaciable y el cazavampiros al que acude el chaval evidencia las intenciones del cineasta: frente a la sexualidad mantis de Farrell, Gillespie contrapone a un cazador que vive de unos espectáculos en el Hard Rock Hotel de las Vegas con vampiros y vampiras góticos, enamoradizos y grandilocuentes.

Resulta que, casi una empresa heroica, alguien reivindica el vampirismo como maldición y aún no es lo más interesante del filme. Dice mucho del guión original de Tom Holland que el “nerd” interpretado por Christopher Mintz-Plasse (“Supersalidos”) termine pasando a la “wild side” de ultratumba y alcance el sueño de todo empollón de instituto. Aunque siga sin ligar con una chica (¡incluso transformado en el arquetipo por el que suspiran miles de adolescentes!), el buen chaval sí ha conseguido convertirse en una de esas figuritas coleccionables, convertirse en uno de esos personajes de cómic que amontona en casa y que su madre siempre amenaza con tirar.

CERCA Y LEJOS CON VILLA


 Yo era un «yonqui» de «Barrio Sésamo». Me levantaba los sábados por la mañana y allí estaban esos monstruitos de peluche que te ayudaban, como niño cabezón, a manejarte por las dificultades de la vida. ¿Que necesitabas el abecedario? Teníamos a la rana Gustavo, con su parecido razonable a Pepiño Blanco, explicándotelo. ¿Que tenías que conocer dónde se colocaban los pasteles en una panadería? ¡Perfecto! ¡La labor de Chema! Eso sí, para un niño desorientado, la gran aportación del programa la trajo, un martes por la tarde, Coco. Coco era un monstruo azul con mucha clase que, mediante un bellísimo plano fijo, nos enseñó la diferencia entre dos conceptos complicados: «cerca» y «lejos». El método era precioso, señores. El bicho se colocaba frente a la cámara y gritaba «¡cerca!». Después, se situaba al fondo y gritaba, en la distancia, «¡lejos!». Ni Schoppenhauer utilizaba razonamientos tan magníficos.

Sencillez y algarabía infantil. Dos cosas por las que Coco triunfó en «Barrio Sésamo». Dos cosas que le faltan a David Villa para triunfar en el Barça. Y es que se puede pensar que el asturiano cree que el equipo se dispone a su alrededor con el objetivo de asistirle constantemente. El error garrafal del segundo gol de la Real no sólo muestra una equivocación sino, más importante, manifiesta una desconexión total del formato de juego barcelonista, siempre tan preocupado por las jugadas grupales y la asistencia de unos a otros. Bendito Aguirretxe, que marcó, y bendito Busquets que, en su maravillosa locura transitoria, intentó parar el balón con la mano. Qué divertido. Los minutos siguientes del delantero fueron como cuando Coco se escapaba de plano tras explicar su división del espacio: desaparecía por un lateral de la pantalla y no se le volvía a ver.

Por eso, siempre gracias a ésta, nuestra gran caridad madridista, le vamos a enviar a Villa un DVD de «Barrio Sésamo's Greatest Hits». A mí Coco me ayudó a salir de «Desorientados anónimos» y creo que al «Guaje» le va a venir bien. Y no estaría mal pasarle una copia también al inoperante Guardiola, un entrenador «muchomejorqueMourinho», que dejó escapar un partido con cero a dos en el marcador.

lunes, 29 de agosto de 2011

EL DEDO DE M.O.U., EL EXTRATERRESTRE

 M.O.U. solo quería señalar a "Pito" su casa

Arranca la Liga y, un año más, lo que importa es machacar a Mourinho. La buena imagen de la Supercopa se evaporó en la prensa nacional entre ataques al Real Madrid. Su “dedazo” a “Pito” Vilanova eclipsó todos nuestros esfuerzos y, de la noche a la mañana, nos convertimos en unos genocidas. Que si íbamos a quebrar la selección; que por qué Florentino no se disfraza de Hulk Hogan e interviene; que por qué no se disculpa el “míster” (incluso Joan Gaspart, en el límite de la desfachatez, lo exigió). Si en esos días E.T. hubiese bajado a la tierra, a su índice rojo y prodigioso le prestarían menos atención. Estoy seguro que los culés dirían algo como “ese monstruo fecal podrá hacer volar a prepúberes y bicicletas y descubrir nuevos caminos a la ciencia, pero... ¿tú has visto la agresión del cerdo de Mourinho a “Pito” Vilanova? ¡Menudo sinvergüenza!”.

Mourinho ya ha pedido disculpas al madridismo, detalle que no han imitado “Pito” y sus “apandadores” azulgrana por sus provocaciones en el banquillo del Barça. Pasen página, señores, y recuerden que el bueno de José estuvo trabajando con ustedes durante ¡cuatro años! y no hubo ninguna queja por su personalidad, sobre todo cuando hoy le pintan como una mezcla de Gadafi, el malo de “Avatar” y Teddy Bautista. Aparte, me parece muy exagerado y ventajista llamar “agresión” a una acción que no inmuta ¡ni a un señor de bigote! (sí, ese tipo del fondo de la imagen igualico que Aznar).

Además, no se equivoquen, el gesto de Mou ha sido un servicio al madridismo más increíble que cuando E.T. conectaba sensorialmente con el chaval protagonista. Mi generación ochentera de merengues siempre ha estado marcada por un movimiento de dedo: el de Michel tocando el “paquebote” de Valderrama. No había un partido en el colegio en el que un niño azulgrana no te dijese “jugamos, vale, pero ni me roces la pilila”. Qué graciosos (y que imberbe es la palabra “pilila”) eran mis compañeros culés de una sola ceja. Nuestro profeta Mou ha hecho que, en la limitada memoria de nuestros enemigos acérrimos, el foco táctil de la vergüenza madridista se desplace de una parte del cuerpo a otra. Y, piénsenlo, por muchas tardes de triunfo que te dé esa bendita parte del cuerpo, para aliviar el escarnio infantil y juvenil siempre es mejor que se centren en la segunda y te suelten “jugamos, vale, pero ni me roces el ojo”.

sábado, 27 de agosto de 2011

EL PERFECTO ANFITRIÓN

Director: Nick Tomnay
Intérpretes: David Hyde Pierce, Clayne Crawford, Nathaniel Parker
Web: http://theperfecthostmovie.com/



Cuando te acercas a un festival de cortos (y en España hay muchos y, algunos, muy notables), observas que el “efecto sorpresa” es la principal adicción de los jóvenes cineastas en sus trabajos. Pocos medios, pocos personajes, actores “amateur” y un giro de guión. “Éste reamente no era éste”, “nuestro ángulo de cámara del principio no nos descubría dónde estaba realmente el protagonista”, “la conversación se basa en un doble sentido que realmente se revela al final”... una letanía de golpes de efecto que, aunque en contados casos funcionen (por ejemplo, el magnífico “Si o no” de Isabel Poveda Llanos), en la mayoría se diluyen por reiteración.

Eso sí, tranquilícense, parece que este mal es global. Así, no extraña que “El perfecto anfitrión” descienda de un corto de su director, “El anfitrión”, multipremiado en Australia. Producción modesta con el añadido de David Hyde Pierce (Neils en “Frasier”), la cinta desarrolla el encuentro entre un ladrón a la fuga y un conocido que le acoge en su casa. A pesar de que su estructura recuerda, a ratos y en la distancia, a “La Huella” de Joseph L. Mankiewicz y a “Hard Candy” de David Slade, la película se pierde en sus obviedades (quizá la más sangrante sea el mostrar, mediante un montaje grosero, que la cena solo está en la mente del anfitrión) y en su obsesión por dejar al espectador boquiabierto. Quitando sus imposturas y sus excesos (esa escena en la que se corta el cuerpo, casi humorística), la interpretación de Hyde Pierce acaba por capitalizar lo bueno del filme de Tomnay, ya aburridos de un director que confunde un recurso de guión, con un argumento; una sucesión de sorpresas, con un largometraje.

DINERO FÁCIL

Director: Daniel Espinosa
Intérpretes: Joel Kinnaman, Matias Padin, Dragomir Mrsic



Con “Dinero fácil”, Daniel Espinosa propone un terceto de historias que transcurren en ese microcosmos de marginación y delincuencia que crece en paralelo a la existencia cosmopolita, de revista de viajes, de Estocolmo. Un taxista y su hija, un hombre que se ve envuelto en tráfico de cocaina, y un inmigrante latino, componen el cuadro de relaciones que, capital sueca (sí y no) de fondo, funcionan con doble filo: por una parte, un “thriller” interesante y, por otra, un drama mediocre. Es en sus episodios de robo donde la película brilla con mayor intensidad, en especial, al cruzarse los tres personajes con un propósito “noir”: escamotear dinero a un capo mafioso. De aroma al reciente “thriller” norteamericano (“Ciudad de ladrones”), se atranca Espinosa al manejar más elementos genéricos que el estrictamente policiaco. Ninguno de sus actores termina convenciendo porque “Dinero fácil” no les facilita bien alcanzar sus objetivos. De todos modos, es justo aceptar que, aún no siendo su combinación de elementos la mejor para el filme (irregularidad de historias, poca agilidad en su último tercio), sí se nota la labor de alguien que sabe hacer cine, de alguien que puede regalarnos una alegría en cualquier momento.

sábado, 20 de agosto de 2011

MANUALE D’AMORE 3

Director: Giovanni Veronesi
Intérpretes: Robert De Niro, Michele Placido, Monica Bellucci



Giovanni Veronesi es, en Italia, al amor pastoso lo que Santiago Segura es, en España, a la roña y el cutrerío. Cuestión de prioridades nacionales. Con su primera “Manuale D’Amore” el director azzurro recaudó 15 millones de euros en su país y ese pequeño impulso le ha ayudado a crear una saga de historias entrelazadas (esta entrega se divide en tres trozos: “juventud”, “madurez” y “vejez”) que amenazan con extenderse hasta el infinito. (Bien) enterradas en la memoria sus dos predecesoras, de “Manuale D’Amore 3” resultan sorprendentes unos cuantos elementos. El más notorio es el protagonismo de Robert De Niro en su tercer capítulo. Salvo por la oportunidad de ligarse a Mónica Belucci (en la ficción), no se entiende cómo el actor norteamericano se ha prestado a un texto de enredos que podría firmar cualquier guionista novel de teleserie española. Tras una voz en off que reflexiona sobre las emocionalidades basura de su personaje, De Niro incurre de nuevo en esa especie de maldición que somete a su carrera a vejaciones indecibles con tal de seguir trabajando.

Pero aunque la incoherencia en el asunto De Niro sobresalga por motivos marketinianos, ésta no nos debe ocultar el fondo de los argumentos de Veronesi. Bajo sus tonos de novelón y bajo el prepúber que abre cada sección del filme, arcazo en mano (no nos vaya a quedar claro que es Cupido), se esconde un retrato del amor tan carca, pringoso y conservador que chirriaría a Franco Zefirelli. Quién nos iba a decir que añoraríamos a semejante cineasta hoy, en estos terribles tiempos berlusconianos, cuando Veronesi y el insoportable Moccia nos trepanan, por lo menos, una vez al año.

sábado, 23 de julio de 2011

PAUL

Director: Gregg Mottola
Intérpretes: Simon Pegg, Nick Frost, Kristen Wiig
Web: http://www.quienespaul.es/



La pareja formada por Simon Pegg y Nick Frost es impermeable a los géneros. Desde su físico de cuarentañeros nerds han (re)escrito, para su (nuestro) goce y disfrute, aventuras que reaniman a narrativas en hibernación: el serial de treintañeros (“Spaced” en la BBC), el cine de zombies (“Zombie’s Party”) o el misterio a la inglesa (“Arma fatal”), nada se les resiste. Con “Paul”, su tercer filme, desvelan lo cercano que está el humor de la aventura a través de la historia de dos “freaks” ingleses que, mientras hacen un tour guiado de los lugares de avistamiento OVNI en Estados Unidos, se topan con un alien en fuga. Estructurada como “road movie” (el gobierno y un esplendoroso fundamentalista persiguen al extraterrestre), “Paul” utiliza los saludables hábitos postmodernos de desmitificación, referencia y remezcla (en un alarde, Spielberg participa descubriendo los secretos de “E.T.”) como motor de un metraje altamente recomendable que, de paso, aprovecha para ridiculizar a la ultraderecha religiosa de Estados Unidos.

Sobreponiéndose a la ardua tarea de sustituir en la dirección a su habitual Edgar Wright (“Scott Pilgrim contra el mundo”), Greg Mottola (“Adventureland”) recicla las entregas británicas previas de presupuesto medio en un menos afortunado (y amable) “tempo” de superproducción norteamericana; un objetivo que, a ratos, se anima con el apoyo de un reparto espectacular (una gran parte de “Saturday night live”, con una destacada: la magnífica Kristen Wiig), de unos cuantos gags muy efectivos, y de su permanente baile de arquetipos (el alien es un gamberro postadolescente; los héroes son un gordo y un flaco). Homenaje explícito a esos filmes que germinaron al calor comercial de “E.T.” (incluso se enorgullece de ello con un chiste en referencia a “Mi gran amigo Mac”), la cinta de Mottola tiene la desvergüenza artística de situarse, mediante el humor, por encima del “trash” comiquero que adora. En lugar de concluir su trilogia, la dignísima “Paul” nos obliga a pedirles a Pegg & Frost que continúen sus lustrosas peripecias con otro subgénero “freak” y conviertan su amistad ¡ya! en serial cinematográfico.

LOS PINGÜINOS DEL SR. POPPER

Director: Mark Waters
Intérpretes: Jim Carrey, Carla Gugino, Clark Glegg
Web: http://www.lospinguinosdelsrpoper.es/



Veinticinco años después de sus actuaciones de “standup” y del “Saturday Night Live”, es un buen momento para resaltar los méritos de Jim Carrey, un actor que ha sido capaz de convivir con proyectos mainstream (“El grinch”, “Man on the moon”), de culto (‘Yo, yo mismo e Irene”, “Un loco a domicilio”, “Las chicas de la tierra son fáciles”) y que posee, al menos, un par de obras cumbre en su filmografía (“El show de Truman”, “Olvídate de mí”). La eterna cantinela con su sobreactuación no justifica ennoblecer los enormes méritos de un intérprete que acaba de cumplir todavía cuarenta y nueve años y parece dispuesto a seguir buscando retos.

Dicho esto, “Los pingüinos del Sr. Popper” cumple la labor alimenticia a la que cualquier actor hollywoodiense está obligado. Adaptación de un cuento infantil de Richard y Florence Atwater, Carrey da vida a un recién divorciado que encuentra sentido a su existencia cuidando a un grupo de pingüinos que han aparecido en su puerta. Sin ninguna pretensión, llaman la atención los pocos detalles de la película de Mark Waters que llaman la atención: quizá tan solo pequeñas concesiones al gamberrismo de Carrey como ese estupendo primer plano de su cara frotándose, en modo saludo, por toda la mano de una increíble Angela Lansbury. A medida que avanza el metraje, por la recurrencia de su estilo y el buenismo de sus planteamientos (ese rollo pastoso de arrejuntar de nuevo a unos divorciados), dedica uno el tiempo a pensar cuándo nos sorprenderá otra vez el bueno de Jim. Probablemente, cuando termine de pagar su mansión.

domingo, 17 de julio de 2011

HARRY POTTER Y LAS RELIQUIAS DE LA MUERTE. PARTE 2.

Director: David Yates
Intérpretes: Daniel Radcliffe, Rupert Grinch, Emma Watson
Web: harrypotter.warnerbros.es



El crecer (o envejecer) en paralelo a la saga de Harry Potter otorga al mago de J. K. Rowling (y a Daniel Radcliffe, Rupert Grinch y Emma Watson) un aura de compañero de viaje que, en su despedida, significa aún más. Es evidente que, desde el estreno de “Harry Potter y la piedra filosofal” en 2001, el niño ha madurado a la par que su serial: aquellos elementos que en la primera entrega prometían divertimento y remezclas tontorronas (descubrir al culpable de los múltiples misterios de Hogwarts; video-jugar en los aires con las carreras de Quidditch), se han ido oscureciendo hasta este desenlace final que tiene poco de irrelevancia infantil y mucho de gravedad mesiánica. A partir de la mejor cinta de la serie, la oscura “Harry Potter y el prisionero de Azkaban” (Alfonso Cuarón, 2004), se puede apreciar que las artimañas de la multilogía se van encaneciendo con sus actores y no se detienen en sus fronteras juveniles, sino que señalan con acierto a referentes muy bien traídos y muy serios: las fantasías distópicas de Orwell (“Harry Potter y la orden del Fénix”) o el suspense hitchockiano basado en el recuerdo psicoanalítico (“Harry Potter y el príncipe mestizo”). Esta (r)evolución silenciosa, tras las que Rowling mantiene ágiles costuras de Agatha Christie y fabulaciones de Tolkien, alcanza un climax bíblico en la primera parte de su conclusión, donde Harry adopta, por fin, el papel de salvador de su comunidad.

Comienza la segunda parte con los últimos segundos de su predecesora, que sirven para reforzar que ambas forman un conjunto indivisible y no se pueden explicar por separado: Voldemort grita al cielo, disparando la varita de Dumbledore, y entran, ahora, los títulos iniciales. El prólogo de David Yates evidencia sus intenciones: el director no quiere a nadie en la sala que no (re)conozca bien el resto de aventuras, solo inyecta a los yonquis potterianos la emoción con la que cerraba su anterior filme y les arrastra de nuevo, lo cantaban los Doors, al otro lado. La obligación de traer estudiado el magisterio de Rowling se nos confirma con el arranque, que combina hábilmente las referencias al pasado con el habitual engarzado de misterio de las películas de Potter (en este estreno, ya es un engarzado total que mata todas las incógnitas de la serie), y la aventura mesiánica de un elegido que busca liberar a su pueblo del mal. Ésta es la gran baza de “Harry Potter y las reliquias de la muerte”: por encima de sus estupendos (y briosos, y desbordantes, ¡y en 3D!) ejercicios digitales (esas copas que se multiplican, ese vuelo en dragón moribundo, esos ejércitos atacando Hogwarts), funciona la constitución torturada de Potter como salvador resurrecto, como niño viejo que asume la labor del héroe, cumplimentando a la(s) parte(s) previa(s) con lógica y garra admirables.

Escriben Jordi Balló y Xavier Pérez en su inagotable “La semilla inmortal” (Ed. Anagrama), que los relatos mesiánicos atraviesan varias etapas: la aparición, después de una profecía, de un líder en tiempos de crisis; la ayuda de fuerzas sobrenaturales para que éste sobreviva; la revelación al héroe de su destino y su confrontación al mismo; y, finalmente, su muerte trascendente, culminada con la resurrección. Ése es el itinerario para el que Rowling lleva cincelando a su chiquillo desde la citada película de Alfonso Cuarón. Potter aquí es adulto y, además de su labor redentora, descubre, al igual que Batman en “La broma asesina” o Bruce Willis en “El protegido”, que su némesis forma parte de él, con un plano brutal que pone en piel, sangre y carne, lo que de Voldemort posee Potter dentro de sí. Esa riqueza del personaje principal, cual matrioska abriéndose, se fija aún más en el tapiz del largometraje cuando se enfrenta a los caracteres secundarios, minimizados en sus subtramas (salvo el Severus Black de Alan Rickman) a comparsas planos con el futuro resuelto, a argumentos agotados desde hace demasiado tiempo.

Por mucho que, a ratos, “Harry Potter y las reliquias de la muerte. Parte 2” suene a guiño a “fans”, se agradece que un serial pida de tiempo para su asimilación y que éste, especialmente en su antecesora, se dedique a explorar los recovecos de su carácter principal. Maravilloso culmen al universo de Rowling, hay que agradecer que el ecléctico grupo de cineastas que asumieron la serie hayan conseguido inocular el virus de los libros en el celuloide, tan comprometido con la aventura y el misterio como en el papel, y, por supuesto, hay que celebrar que el increíble reparto se haya responsabilizado de la tarea de reinventar algunos de los irregulares textos de la autora británica.

En contraposición a su principio, desbordado de ilusión infantil por traspasar el muro mágico de King’s Cross, cierra la saga una deliciosa reflexión de madurez serena que algunos de los espectadores veinteañeros serán incapaces de asimilar: la (predes)aparición de un Harry avejentado y padre de familia, lejano al prepúber que (nosotros también) dejamos atrás. Explica Fernando Savater a aquellos que piden más secuelas: “Al final de los finales, los magos crecen, salen de la adolescencia y se convierten en padres y madres de familia, como era de esperar y quizá de temer. Pero, seamos sinceros, ¿cabría esperar otra cosa? La edad de los hechizos concluye en la paternidad responsable y el último conjuro, el más necesario y difícil de todos, el irreversible, es el que lanzamos para proteger y bendecir a los hijos que van a seguir viviendo la aventura eterna en nuestro lugar”.

BETTY ANNE WALTERS

Director: Tony Goldwin
Intérpretes: Hillary Swank, Sam Rockwell, Minnie Driver
Web: http://www.foxsearchlight.com/conviction/



“Aquí llega la historia de “El huracán”/ El hombre al que las autoridades culpaban/ De algo que nunca hizo”. En su canción “Hurricane” (Desire, 1976), Bob Dylan narra la historia del boxeador negro, Robin “Huracán” Carter, acusado de un crimen que no había cometido. Como la canción protesta (ésa de la que “Hurricane” hereda su narrativa), la cinematografía norteamericana se nutre de falsos culpables (“wrong men”) que son, casi siempre, “wronged men” (hombres engañados). Pero no solo Hitchchock y sus suspenses desarrollan esta figura; la épica del inocente ha sido explotada de las formas más variopintas: del telefilme estándar (“basado en hechos reales”), a variantes malévolas (y divertidas) que pertenecen al subgénero de “quién es el asesino” (“Testigo de cargo”, “Las dos caras de la verdad”) que tanto detestaba el maestro inglés.

Tony Goldwin, director de la insufrible “The last kiss”, nos presenta “Betty Anne Walters” con la proclama de una película consagrada al oficio de dramatizar el caso real de un acusado/engañado (Sam Rockwell) y la pelea titánica de su hermana (Hillary Swank), durante veinte años, para sacarle de la cárcel. Lo que deberíamos plantearnos es qué pretende un filme sustentado por una noticia periodística: si esta premisa se reduce a poses comerciales (aprovechar el tirón sensacionalista del suceso o certificar la mímesis de tal o cual actor con una persona pública) es muy posible que todo acabe en otro metraje efectista de sobremesa. Y a esto se asemeja el tercio inicial de la cinta de Goldwyn, una sucesión de imágenes convencionales que ya hemos visto muchas veces y con las que intenta ilustrar la vivencia de superación de la biografiada. Recorren sus primeros minutos, como si se tratase de un catálogo de estampas turísticas, el asesinato con una habitación ensangrentada; el juicio y el presidio; la hermana que se obsesiona con su liberación y el progresivo abandono de su vida personal con tal de evitar a su familiar la cadena perpetua.

Se salva “Betty Anne Walters” de su destino gracias a su reparto principal. Aunque Hillary Swank regrese a ese carácter sureño, de físico hosco, que ya la engrandeciese en “Million Dollar Baby” y sucedáneos, el polimorfismo de Sam Rockwell le ayuda a no caer en una revisitación rutinaria de su papel. Entre ellos y una terna de secundarios potentísimos (Melissa Leo, Juliette Lewis, Peter Gallagher, Minnie Driver) consiguen recuperar a la película de la realización cadáver de Tony Goldwin. Pareciera como si el arte se rebelase ante aquellos que quieren ficcionalizar la vida con tanta monotonía: todo les queda envarado, automático, carente de valor, hasta que llega Bob Dylan y escribe “Hurricane”, y nos demuestra que siempre existe una rendija donde la realidad se deja ver desnuda, contradictoria, indomable.

martes, 12 de julio de 2011

BAD TEACHER

Director: Jake Kasdan
Intérpretes: Cameron Díaz, Justin Timberlake, Lucy Punch
Web: http://www.sites.sonypicturesreleasing.es/sites/bad_teacher/



En una de las escenas de “Bad teacher”, Cameron Díaz utiliza el visionado de la película “Mentes peligrosas” (la locura de John N. Smith con Michelle Pfeiffer de educadora cachas) como excusa para no impartir su clase y dejar la educación de los chavales en manos de quien se lo ha ganado: los “mass media”. Aquel estereotipo de la Pfeiffer, un mujer blanca, fuerte en el “ghetto” negro, capaz de enderezar la vida de sus alumnos, se torna en el modelo artificioso de una pija del Medio Oeste, interesada en ganar dinero a costa de sus pupilos e invertirlo en unas tetas nuevas. En esa(s) excusa(s) enorme(s) y siliconada(s) con la que una “material girl” se convierte por azar en una profesional de la docencia, reside la principal baza del filme de Jake Kasdan. Después de las notables “Zero effect” y “Dewey Cox”, el director vuelve a utilizar el re-montaje de un arquetipo como instrumento para la comedia, al trasladar la “rock & roll” actitud de John Belushi (y sucedáneos) a un cuerpo femenino que, eso sí, no toleraría la gordura del “Blues brother”. Este personaje “punk” de la actriz principal funciona cuando es en contraposición al mundo políticamente correcto que le rodea, y que aquí se revela, a ratos, con una estupenda sutileza y, en otros, con becerrismo máximo en la piel de esa maestra psicótica (Lucy Punch, un descubrimiento cómico reseñable), o ese director delfín-fílico interpretado por el gran John Michael Higgins.

Despues de un prólogo prometedor (un estupendo “flashforward” que muestra la caída en desgracia de Díaz), la película parece asegurar mayores bestialidades (ya nos tenía acostumbrados la actriz con sus aventuras de los Farrelly), pero el total flaquea al levantar Kasdan el pie del acelerador y termina atrancándose como el simiente estampado en la pernera de Justin Timberlake. Guardando mínimo respeto a su primer tercio, el microcosmos del “highschool” miserable de “Bad Teacher”, y que tan bien han entendido últimamente Bobcat Goldwaith y su “World’s Greatest Dad” o la serie “Community”, se desinfla con una serie de argumentos convencionales que acaban demostrando que la comedia romántica, cual sarpullido, consigue emerger en cualquier parte.

CARS 2

Directores: Lasseter & Lewis
Web: http://disney.go.com/cars/cars2/index-cars2.html



“Cars” le supuso a los estudios Pixar de animación uno de sus primeros desencuentros con la crítica. Advirtamos antes que en su filmografía podemos toparnos con joyas como “Buscando a Nemo”, “Ratatouille” o “Up” y obras maestras como “Toy Story”, “Wall-E” o “Los increíbles”. John Lasseter, su impulsor, ha creado a su vera una maquinaria de dibujos animados que calcula perfectamente los tiempos y que le permite estrenar una película sobresaliente al año, una verdadera barbaridad teniendo en cuenta los pormenores de producción a los que están sujetos estos proyectos mastodónticos.

Quizá espoleados por los resultados críticos mediocres y, sobre todo, por los resultados comerciales excelentes de su primera entrega, Pixar se ha decidido a lanzar la segunda, casi a resuello vengativo con las reseñas y a continuación comercial con las taquillas. El retorno del animismo metálico de Lasseter se estructura como una “road movie” que termina en un campeonato del mundo, interlazados ambos con una trama de espionaje que siempre da la impresión de motor secundario al argumento principal y que busca un único propósito: alcanzar, en reserva, los setenta y cinco minutos de duración. A pesar de un esplendoroso universo digital (las plataformas petrolíferas del comienzo, refulgiendo como el Los Ángeles de “Blade runner”), las aventuras de Rayo McQueen y su compañero-grúa avanzan con una monotonía impropia de otros productos de la factoría y se basan en una serie de carreras inconexas (eso sí, alguna muy divertida, en Mónaco) que aguantan por sus guiños a ese bizarrismo europeo oteado desde California. Confirma nuestra teoría de hallarnos ante un filme “vende-coches-de-juguete”, cuando recordamos que en su promoción se destacaba la colaboración en las voces de Fernando Alonso y Lewis Hamilton, esos dos grandes actores.

lunes, 4 de julio de 2011

BLACKTHORN

Director: Mateo Gil
Intérpretes: Sam Shepard, Eduardo Noriega, Stephen Rea
Web: http://www.blackthornthemovie.com/



Como el western, el paradero final de Butch Cassidy siempre ha transitado la(s) frontera(s). Esta neblina biográfica que se formó alrededor de su muerte alberga a un forajido sin lugar al que dirigirse, sin destino que le contenga, y plantea la posibilidad de insertarlo en historias de diversa condición. La estela de este ser mitológico (y cinematográfico, gracias al “Dos hombres y un destino” de George Roy Hill) inspira a Mateo Gil (“Nadie conoce a nadie”) para rodar su siguiente proyecto, “Blackthorn”, en el que propone que Butch Cassidy se ha librado de su suerte y vive en Bolivia, apartado de sus recuerdos de bandido.

Sam Shepard recoge el testigo de Paul Newman e interpreta a un Cassidy crepuscular, inmerso en la huida de un ingeniero español (Eduardo Noriega) que acaba de robar al propietario de unas minas bolivianas. Interesante en su planteamiento y afortunada en la elección del actor principal, un Shepard que empequeñece a lo limítrofe, “Blackthorn” se queda en su envoltorio de western. Las referencias están ahí y bien se cuida Gil de que las palpemos con su grosería impropia de principiante (esos “flashbacks” impolutos que nos muestran cómo Cassidy, y no Sundance Kid, sorteó la muerte), organizando al metraje en una sucesión de postales en las que Sam Shepard trata de mantener el tipo, como un duelo a muerte con la vulgaridad. Si eliminamos lo superficial (“flashbacks”, un Noriega imposible) del trabajo de Gil, “Blackthorn” se revelaría en su verdadero papel de apreciable “mash up” sobre la nostalgia de un hombre al que le late la leyenda dentro y los hombres que le persiguen. En cambio, al extender sus argumentos y pretensiones a más allá de la media hora, el filme se recrea en imágenes bochornosas: su súbita transformación de “road movie” a película con sorpresa o ese plano, ese plano, de Eduardo Noriega sucumbiendo a la parca, ese plano, ese plano, ese plano, que produce, más por contraposición a la sobriedad de Shepard, una sensación de estar viendo un ejemplo involuntario, maravilloso en su tontorronería, de post-comedia. Al igual que un torero japonés o un bluesman de Chiclana (pero sin su sentido del humor), no dudamos de que el cineasta y el guionista responsables se hayan apropiado de la semántica del “western” (en “Blackthorn” hay, claro, pistolas, y sombreros, y whisky, y caballos, y bandidos, y...); asunto bien distinto es que hayan comprendido su sintáxis, su alma, esa cosa que no se captura recitando de corrido, con la pedantería de un empollón de la ESO que suelta en automático la lista de los reyes visigodos, todas y cada una de sus influencias.

WIN WIN (AQUÍ GANAMOS TODOS)

Director: Tom McCarthy
Intérpretes: Paul Giamatti, Amy Ryan, Jeffrey Tambor
Web: http://www.foxsearchlight.com/winwin/



El universo del director Tom McCarthy se nutre del desamparo. Tanto su debut, “The station agent”, como su segunda película, “The visitor”, se ocupan de personajes aislados que, de pronto, son violentados por el azar: un enano (Peter Dinklage) que es obligado por la muerte a enfrentarse a su futuro y un monótono profesor universitario (Richard Jenkins) al que un visitante inesperado cambia su ritmo vital. Similares premisas utiliza “Win Win” al narrar la existencia de Mike Flaherty (Paul Giamatti), un ex-abogado y entrenador de lucha libre embarrado en el fracaso. La irrupción de un extraño, un adolescente inadaptado (y de grandes dotes deportivas), funciona en este caso como la gran oportunidad económica (¡por fin alguien que haga ganar al equipo!) para un padre cualquiera del Medio Oeste norteamericano.

Rodada con los mismos preceptos de su anterior cine (costumbrismo yanqui, familias desestructuradas, clases medias-bajas, denuncia social), además de con su habitual talento al escoger reparto (por no citar al gigantesco Paul Giamatti; Amy Ryan, Jeffrey Tambor, Bobby Cannavale), Tom McCarthy vuelve a regalarnos una joya sencilla que funciona con un resultado memorable. Lejos del buenismo del “mister” Denzel Washington de “Titanes”, nuestro protagonista es un buen perdedor miserable con el que el cineasta consigue evitar un elevado número de esas rutinas chirriantes y monocordes que pueblan las películas deportivas de superación. Aunque a priori “Win win” posea elementos suficientes para detestarla (chico problemático y repudiado, madre que le reclama, equipo que sólo le quiere por su talento deportivo), la maestría de McCarthy salva la situación como libera a sus personajes solitarios del aislamiento, con sutileza, artesanía y emoción.

jueves, 30 de junio de 2011

TRANSFORMERS 3: EL LADO OSCURO DE LA LUNA

Director: Michael Bay
Intérpretes: Shia LaBeouf, Rosie Huntington-Whiteley, Jack Dempsey
Web: http://www.transformers3-lapelicula.es/



En 1954, François Truffaut publicó un artículo esencial para comprender su filosofía cinematográfica. Bajo el título “Una cierta tendencia del cine francés”, su escrito planteaba el imperativo de otorgar al director una mayor importancia en el resultado de su película. Él (y, en algunas ocasiones, el productor) es el firmante final de lo filmado, ya que él es el único capaz de decidir el montaje, la puesta en escena, el casting, la fotografía o, en el caso de autores totales como Billy Wilder, el texto. Así, Truffaut aconsejaba al cineasta/autor que fuese el solitario (y receloso, y agresivo) guardián de su estilo, un modelo artístico que, resguardado a lo largo de su carrera, se convertiría en distintivo de su arte.
Lo revolucionario de la teoría de Truffaut sobre los autores es que también se puede aplicar a los directores comerciales. Estrenan “Transformers 3” y se nota que Michael Bay (“La roca”, “Bad boys”) posee una voz propia (y recelosa, y agresiva) que le aúpa a uno de los pedestales del Hollywood actual. “Transformers 3” repite con saña las premisas de las anteriores entregas: los Autobots liderados por Optimus Prime resisten a la enésima embestida de los Decepticons, esta vez escondida en una misteriosa nave que les aguarda en el lado oscuro de la luna. Abren el (impresionante) 3D del filme unas imágenes de archivo que construyen una esplendorosa ucronía: ¿y si el viaje a la luna fue motivado por el descubrimiento de una nave extraterrestre? Con este juego ahistórico, el prólogo constituye una de las partes más valiosas de “Transformers 3”, planteando un “what if” que inserta, en los tiempos de las “pulp histories” de ciencia ficción, una “pulp history” de ciencia ficción.

Termina el prólogo y los robots nos empujan de un cuerpo metálico a otro (muy) carnoso, el de Rosie Huntington-Whiteley, gélida sustituta de Megan Fox. Y, a partir de ahí, se suceden los automatismos del cine de Bay, dentro de una conspiración en la sombra que incuba el engaño a los Autobots y los humanos, inconscientes ambos del terror que se avecina. En esta parte, la película se vulgariza con una sucesión de escenas deslavazadas (la presentación de Patrick Dempsey, ese científico loco de Ken Jeong), que sirven para comprobar el pulso infantiloide que corroe los argumentos dramáticos de Bay cuando éstos se mueven fuera del artificio puro de acción y explosiones.

Solo un par de guiños culturetas (el infierno, nacido en la torre Trump de Chicago; la conexión “coeniana” de Frances McDormand y John Turturro) nos separan de la sucesión de píxeles ultraviolentos (asombrosamente alejados de las higiénicas primeras cintas de la saga) del último tercio del metraje. La destrucción de Chicago, que acaba tornándose la “playground” apocalíptica de los Transformers, ameniza la cuenta atrás hacia los títulos de crédito. En el universo de Michael Bay todo lo bueno es extragrande: los estallidos (rascacielos, helícopteros, seres humanos), los planos (generales, aéreos), las curvazas de Rosie Huntington y, cómo no, las esencias que arman a su nación norteamericana “bigger than life”. “Paz”, “ejército”, “honor”, “sacrificio”, “familia”, “pistolas” o “democracia” pertenecen a la enormidad de Optimus Prime o a la pomposidad de las habituales cámaras lentas de Bay, y bastan en su amontonamiento atolondrado para reafirmar que estamos ante la visión de un autor (megalómano) a la manera que describía Truffaut, eso sí, con un discurso atrancado en los mismos errores (guiones inconexos, ediciones imposibles, recursos caducos) y atrincherado en sus, cada vez menos, aciertos (ese espectáculo tan gigantesco como sus robots).

sábado, 25 de junio de 2011

RESACÓN 2, ¡AHORA EN TAILANDIA!

Director: Todd Phillips.
Intérpretes: Bradley Cooper, Ed Helms, Zach Galifianakis
Web: http://wwws.warnerbros.es/thehangover2/



Uno ya no sabe por dónde le van a enjaretar los géneros. De arranque, buscando la seguridad de lo conocido, pareciese como si a la aventura, al suspense o al fantástico se les acomodase mejor una serialidad clásica, insistente en arquetipos, recursos dramáticos y cronologías. Dicha armonía no suele replicarse en la comedia gamberra, tan asociada a una determinada edad y tan deseosa de renovarse con tal de no repetir chiste. Pero eso ha cambiado. En nuestra sociedad “cool”, al asimilar los pantalones cortos o una actitud juvenil hasta poco antes de morirnos (o hasta casi, casi justo antes, como el anciano de “Aquellas juergas universitarias”), la comedia gamberra ha encontrado un filón de caracteres que no caducan, o al menos no suenan incoherentes a las inclemencias físicas del envejecimiento (incluso, en sentido inverso, Todd Phillips propone un “Resacón 2” infantil en un “flashback”). Así, los personajes de “Resacón en Las Vegas” pueden ser jóvenes siempre como le ocurre a Hugh Hefner, y sólo deben estar preocupados en mantener el humorismo serial, es decir, en buscar dónde celebrar su siguiente colocazo, en decidir a quién pierden en esta ocasión.

Con su verosimilitud incorruptible de adultos preadolescentes, lo único que necesitamos es que la estructura no se nos desgaste por el uso y eso es lo que consigue Todd Phillips en su segunda aventura de descerebrados en Tailandia. Comprobamos, mediante una situación calcada a la primera entrega (una noche de puñetera locura, alguien que desaparece), que el director norteamericano ha hallado la oportunidad de supervivencia a su serial cómico: mezclar sus nuevos "gags” con una franquicia de suspense al estilo de Agatha Christie que aclare los misterios provocados por esa droga de más que siempre rula Galifianakis. No nos engañemos, al cineasta norteamericano le importa su comedia grosera y, además, consigue que los espectadores nos impliquemos en sus "mcguffin", en sus estupendas reconstrucciones “CSI” del día anterior. Maravilloso talento el de Phillips que nos controla como un muñeco de su trama haciéndonos reír (estupendos gags inter-culturales con un mono, imprescindible Ed Helms otra vez) e intrigándonos con su “suspens(c)omedia”. Recoge un doble mérito la segunda parte de “Resacón!”, compartido con cualquier serial de misterio de la televisión, al final se trata de plantear un culpable y que alguien, aunque sean tres mongoles, lo resuelva. Aquí reside lo divertido de “Resacón 2” (y en todos los desarrollos seriales), las expectativas que nos crea de género (incluido ese Zach Galifianakis en todo su esplendor) y las sorpresas que, aún con lo(s) mismo(s), nos regala hasta su habitual, monótono y placentero “happy ending” (en Tailandia, con más razón). Continuar igual para seguir de otra forma; ése parece el lema de un Todd Phillips que puede extender tranquilamente su franquicia a un buen número de entregas; esa magnífica filosofía es la que nos hace descojonarnos a pesar de que la secuela regrese a micropenes asiáticos, tontunadas de Mike Tyson o a una borrachera previa a un casamiento.

SOLO UNA NOCHE

Director: Massy Tadjedin.
Intérpretes: Keira Knightley, Sam Worthington, Eva Mendes.
Web: http://www.lastnightmovie.com/



Se debería estudiar seriamente qué se considera infidelidad y cómo comunica ésta en nuestro Occidente del siglo veintiuno. ¿Una mirada furtiva a una chica del metro cuando no me ve(s)? ¿La tercera noche que tu marido se queda trabajando? ¿Unas palabras cariñosas de un ex de tu novia en Facebook? En “Solo una noche” la desencadenante de las tensiones entre Michael (Sam Worthington) y Joanna (Keira Knightley) es una mano lenta en un hombro. A través de un cristal de fiesta burguesa, Joanna observa la cercanía que una compañera de trabajo, Laura (Eva Mendes), demuestra con él y ese gesto comienza una retahíla de reproches. Al día siguiente, la pareja separa sus caminos (ella se queda en Nueva York y se topa a un antiguo amor, mientras él se va de viaje de negocios con Laura) y, en otro movimiento, la cineasta Massy Tadjedin nos plantea la artimaña que va a utilizar en su disección de la infidelidad: dos historias paralelas que no confluirán hasta el epílogo.

Al ver “Solo una noche”, se recuerda esa obra maestra póstuma de Kubrick, “Eyes Wide Shut”, que desgranaba, deambulando por la noche neoyorquina, los claroscuros del matrimonio burgués en el fin del milenio. Aquí también tienen presencia esencial la nocturnidad, un lugar cercado por bares, fiestas y cenas (casi todo el filme se confiesa en esos lugares), y Nueva York, como espacio perfecto para obedecer los mandatos de la infidelidad global (tan cercana y tan lejana; tan GPS ella). Pedimos lo mismo a los estudios sobre los (h)usos de los escarceos extramatrimoniales que al guión de Massy Tadjedin: una mayor mordacidad y contradicción en sus planteamientos iniciales. Con un reparto impecable (Sam Worthington resulta un actor solidísimo, a pesar de “Avatar”), “Solo una noche” se empequeñece por su utilización de un simplista (híper)paralelismo narrativo como motor dramático. Si Kubrick, Altman (“Short cuts”) o Antonioni (“La noche”) proponían aristas, dudas (en forma y fondo) a sus discursos sobre la infidelidad, las reflexiones de Tadjedin se quedan en un noble intento (más aún, al tratarse de un debut) del que solo quedan instantes (muy potentes, algunos) que le pueden dar a la directora pistas para futuros proyectos de superior calado.

sábado, 18 de junio de 2011

MICMACS

Director: Jean Pierre Jeunet
Intérpretes: Danny Boon, André Dussollier, Jean-Pierre Marielle
Web: www.micmacs.es



Lo mejor de Jean Pierre Jeunet es que ya funciona como franquicia de sí mismo. El éxito inesperado de “Amelie” (especialmente tras la separación de su “partenaire” Marc Caro), le otorgó un cheque en blanco para experimentar con su obsesiones formales en la irregular “Largo domingo de noviazgo” y, ahora, en “Micmacs”, venganza “naif” de un pobre hombre que atribuye a un traficante de armas la responsabilidad de la muerte de su padre. Como la casualidad constituye la esencia del cine del francés, todo en su nuevo filme va ligado a ese estrambótico azar de dibujo animado: una bala perdida que acaba alojada en el cráneo del protagonista o un micrófono que no entiende de espacialidad, determinan el desarrollo de la trama del largometraje. Porque cualquier género consigue Jeunet transplantar a su mundo y, lo que en Steven Soderbergh podría convertirse en un “Ocean’s Eleven” repleto de guaperas, dueños de casino y prostitutas, aquí se traslada a una serie de “freaks” desgarbados que se unen en su justicia (poética y universal, tontorrona y grosera) de vengar al planeta de la existencia del mal en sus entrañas (las minas antipersona, ese ejemplo de mal soterrado).

Cierto es que el cine del galo carbura a buen ritmo en fábulas bienintencionadas, estímulo previo a la compra de un bolso con el cartel de la película (“¡es tan mono!”), pero se atranca al escaparse de ese terreno conocido. Como “Alien Resurrección”, “Micmacs” nunca termina de encontrar su sitio, permitiendo a la lingüistica del autor emburdecer el total. Eso sí, encontramos logros a Jeunet (por mucho que no sean más que remezclas de otros anteriores): ese énfasis caleidoscópico en un Danny Boon silente o esos análisis políticos (Sarkozy, amigo del traficante) de divertida simplonería, que refuerzan al conjunto en su (acomodaticia) misión: reiterar el estilo de Jeunet caiga quien caiga.

KUNG FU PANDA 2

Directora: Jennifer Yuh
Web: http://www.kungfupanda.com/



Incluso a primera vista, “Kung Fu Panda” dispone de un buen número de hallazgos. En una realidad audiovisual global y enmarañada, la producción de Dreamworks combina (y se recrea) en la remezcla de estilos hasta (cortarlos y) pegarlos en una sola formalidad. Aparte de a sus personajes recuerrentes (esa hábil contraposición de supergrupo/ antiheroe), el filme de Jennifer Yuh fuerza a cohabitar a, en principio, formatos contradictorios de animación (manga, 3D, animación clasica, Tex Avery) casi con la misma gentileza con la que su panda hace kung fu. Permanece la fórmula de los directores de la primera parte, Osborne y Stevenson, porque la firmante de la secuela retoma sus mandatos con una fidelidad extrema y mínimas licencias. Lo que funciona en la cabeza del espectador (maravilloso prólogo de teatro de sombras en 3D), mantenlo.

Y si hay una pieza esencial en la cabeza del aficionado al cine de aventuras, ésa es la posibilidad serial. Después del éxito (comercial y crítico) del capítulo inicial, parece lógico que las andanzas de Po y sus amigos se repitan hasta que se (nos) agoten. En está ocasión toca derrotar a un enemigo que proviene del pasado, un pavo real con aspiraciones edípicas que da pie a estudiar el inconsciente del oso protagonista en desbordantes “flashbacks”. Como le advierte su maestro (psicoanalista/zen, más cruces), una vez alcanzado el dominio de las artes marciales, toca encontrar la paz interior. Por eso, resulta lógico que la conclusión final sea contraria al materialismo de aquella estupenda escena de “Indiana Jones y el templo maldito” en la que Indiana demostraba empíricamente la superioridad de la pólvora frente a la espada. Quizá ambas ficciones no defiendan lo mismo pero, en suma (y aunque estemos de acuerdo con Indiana), “Kung Fu Panda 2” se disfruta por idénticas razones que las aventuras del arqueólogo spielbergiano; lo que tiene(n) de clásico, de inocente, de trepidante (y de moderno).

ALGO PRESTADO

Director: Luke Greenfield
Intérpretes: Kate Hudson, Ginnifer Goodwin, John Krasinski
Web: http://somethingborrowedmovie.warnerbros.com/



Como veíamos la reciente “¡Qué dilema!”, los test de revista femenina escriben los guiones de la última comedia romántica hollywoodiense. El “Algo prestado” del título se basa en un lío típico de postadolescentes: ¿qué ocurriría si te acuestas (claro, enamorada de él) con el futuro marido de tu mejor amiga? El humorismo de saldo a costa de equívocos está a la orden del día en este guión adaptado de Jennie Snyder, una escritora ya curtida en productos semejantes como la serie “Las chicas Gilmore”. Kate Hudson (parece un espejismo su papel en “El demonio bajo la piel” de Winterbottom) y Ginnifer Goodwin (parece un espejismo su papel en la serie “Big love”) continúan su caminar por el cine más arcaico, previsible y conservador, confiadas no tanto en su carrera cinematográfica como en un buen número de posados en portadas “cool”. Poco se puede añadir al trabajo de Luke Greenfield que la confirmación del estado actual de la cuestión: la comedia masiva va mal.

lunes, 13 de junio de 2011

INSIDIOUS

Director: James Wan
Intérpretes: Patrick Wilson, Rose Byrne, Barbara Hershey
Web: http://www.insidious-movie.com/



En el subgénero de las casas encantadas, sólo hay dos opciones. O la vivienda quiere echarte (como en “Amityville”) o quiere que te quedes para siempre (como en “El Resplandor”). Lo interesante de la nueva propuesta del director de “Saw”, James Wan, es que opta por un término medio: la casa quiere que te vayas pero, maravillas de la interdimensionalidad, también te persigue. Eso le ocurre a la pareja formada por Rose Byrne y Patrick Wilson: una vez que su hijo entra en coma tras una caída, comienzan a sufrir el acoso de fuerzas paranormales. Rodada, en especial durante su primera parte, con un brío inusual que remite al “Saw” primigenio, “Insidious” remezcla (en ciertos momentos, a ritmo “Rocky Picture Horror Show”, y, en otros, esos dos frikis para-investigadores, a ritmo “Poltergeist”) algunos de nuestros miedos globales: la imposibilidad de asir el mal (aquí se emparentaría con terrores asiáticos como “The ring”), la oscuridad que subyace en las rutinas familiares del Medio Oeste norteamericano (“Paranormal activity”), o las neblinas que habitan la imaginación de los niños (uno regresa a la magistral “Los mundos de Coraline”).

A pesar de que el filme se base en una estructura rizomática, al final, la herencia del Jack Torrance de “El resplandor” acaba impregnándolo todo. Así, por mucho que Barbara Hershey ensamble otro de sus (recientes) personajes de madre perturbada, el viaje hacia interiores desdoblados compone el acierto esencial de James Wan. Se podrá achacar a “Insidious” alguna licencia de más o un cierto deslavazamiento al acercarse a su resolución, pero uno disfruta como un niño con su desbocada imaginería, un terrorífico espacio ¿vacío? que se alquila para atormentar, hasta el último fotograma, a la extraordinaria Rose Byrne.

ALMAS CONDENADAS

Director: Wes Craven
Intérpretes: Max Thieriot, Zena Grey, Nick Lashaway
Web: http://www.iamrogue.com/mysoultotake



Por fin a Wes Craven se le reconoce el enorme mérito de conseguir que una parte de nuestro terror de gran consumo carbure través de maquinaria postmoderna. La saga “Scream” y, originalmente, “Pesadilla en Elm Street V” desafiaban al espectador con metaficciones, autoreferrencias y sanísimas parodias que terminaban armando el estilo del largometraje. Frente a riesgos previos como los que ya hemos descrito, “Almas condenadas” suena a retroceso. Catálogo de trucos que ya (parecia) superar “Scream” ¡hace quince años!, el filme trata sobre una hermandad de chavales que nacieron justo cuando un psicópata cometía el último de sus crímenes. Decidido a continuar con la venganza, el guión sigue las cuchilladas del “slasher” alrededor del pueblo con una monotonía y falta de originalidad sangrantes. Casi convencidos de que este trabajo debe de ser producto de un ayudante de dirección despistado y no de uno de los grandes maestros del terror contemporáneo, queda asumir el buen número de automatismos mediocres con los que Wes Craven juega en “Almas condenadas” como paso previo a su futuro desmontaje en la siguiente “Scream 5”.

NOWHERE BOY

Director: Sam Taylor-Wood
Intérpretes: Aaron Johnson, Kristin Scott-Thomas, David Threfall
Web: http://www.nowhereboy.com/



Los años que precedieron al abrupto fallecimiento de su madre y a la posterior incubación de ese grupo de rock “n” roll que el mundo conoció bajo el nombre de los Beatles, constituyeron el periodo iniciático de John Lennon. El debutante Sam Taylor-Wood trata de capturarlos con un ansia muy cercana en intenciones (y muy alejada en presupuesto) a los telefilmes del corazón que pueblan nuestras pantallas rojigualdas. Los devenires de una vida de clase baja en el Liverpool de los años cincuenta, empantanada por una orfandad prematura, aquí son dibujados con un afán postal que desdibuja cualquier intento, si es que los hay, de atrapar con acierto y rigor la ambivalencia vital de John Lennon. Frente al cinismo (“éramos sólo cuatro tipos”, declaró en los setenta refiriéndose a los Beatles), y la nostalgia (“Madre, me tuviste pero nunca te tuve”, escribió en su LP de debut en solitario) con la que el músico recordaba su pasado, Sam Taylor-Wood atranca su desarrollo en un tour guiado (un impoluto McCartney cantando “Twenty flight rock” para entrar en los Quarrymen, un Liverpool higienizado) de la juventud de Lennon. Aunque quizá le afecte la ñoñería del conjunto, aprobado por Yoko Ono, es valorable el retrato de un personaje: esa Kristin Scott-Thomas que da vida a la (cariñosa, adorable, bondadosa) tía Mimi, la primera mujer en la que John Lennon buscó a su madre.

sábado, 4 de junio de 2011

¡QUÉ DILEMA!

Director: Ron Howard
Intérpretes: Vince Vaughn, Kevin James, Jennifer Connelly
Web: http://www.thedilemmamovie.com/



“¡Qué dilema” contiene varias demostraciones empiricas: 1) que la palabra “dilema” se ha depreciado (por mucho que lleve delante un intrascendente “¡qué!”, traicionando a la solemnidad del original “The dilemma”), y 2) que la carrera de Ron Howard, a excepción de la notable “Frost/ Nixon”, sigue retozando(se) en la mediocridad. Si en el pasado Maquiavelo se preguntaba "¿alma o estado?", Hamlet lanzaba al silencio eso de “¿Ser o no ser?”, o Batman se planteaba soltar a un Joker indefenso al vacío, parece sintomático que en nuestra sociedad MTVizada, la cuestión “dilemática” se desmerezca. En esta película, dos amigos preparan un proyecto importantísimo para General Motors cuando uno de ellos (Vince Vaughn) descubre que al otro (Kevin James) le están siendo infiel (la perraca de Winona Ryder). Al pobre hombre, le quedan dos opciones de consumo: ¿cuál es peor mal, perder un negocio o perder un amigo?

Allan Loeb, el guionista de la cinta, continúa con su afán por deconstruir, en tono de revista mensual, los vericuetos de las parejas postmodernas. Ellos son completamente imbéciles y ellas son muy buenas (Jennifer Connelly será buena siempre) o muy malas (como Winona Ryder): todo en el metraje se reduce a dicotomías (quizá de ahí se saque su principal interés, en su desvergüenza torera) que jamás carburan ni como comedia ni como drama (si consideramos un drama que tu mujer te engañe, claro). Casi por jugar un rato, por montar una polémica de tertulianos chuscos e insultarnos/lanzarnos bolígrafos, podríamos discutir si los arquetipos del filme se balancean más hacia posiciones machistas o hacia un feminismo marca “TELVA”. Vamos, permítanme aprovechar algo de “¡Qué dilema!”

sábado, 28 de mayo de 2011

SENNA

Director: Asif Kapadia
Web: http://www.paramountpictures.com.br/senna



En una de las grabaciones del documental de Asif Kapadia sobre el extraordinario tricampeón de F1, Ayrton Senna, el carioca grita exultante su victoria en el Gran Premio de Brasil ‘91, finalizado en una agónica sexta marcha. Esa épica de semidiós (dandy) recubre la vida (y este celuloide) del corredor. Desde su llegada a Europa y su formación en los karts hasta las circunstancias de su trágica muerte, todo en “Senna” se imbuye de una monumentalidad que no siempre se ve acompañada por la capacidad del realizador al justificarla. Apoyándose en expertos e imágenes de archivo, solo consigue su objetivo cuando abandona las macrodeclaraciones (“sentí como si, al morir, su espíritu volase”, majadería del doctor que le atendió tras su accidente mortal) y se centra en la microhistoria del campeón.

De esta hagiografía de gran producción y mayor distribución (he visionado los doscientos y pico minutos del montaje original, que seguro ganarán en su versión editada para cines), interesan (y, al ser pocos, mucho) los resquicios que adivinan claroscuros a Senna, esas grietas que permiten atisbar a un personaje poliédrico y de superiores dimensiones que las que busca (o le dejan buscar a) Asif Kapadia. Como ocurre en los documentales autorizados por Norman Foster (“¿Cuánto pesa su edificio, señor Foster?”) o Pasqual Maragall (“Bicicleta, cuchara, manzana”), juegan a su favor las contadas ocasiones en las que el filme se distancia de su retratado o en las que se aparca el montaje automático de antiguos “reels” informativos. Relativiza a ese personaje mesiánico (y asexual) el amor-odio superviviente de un Prost avejentado, su emoción al recordar lo salvaje de los karts (casi un paraíso perdido), su territorialidad animal de (cualquier) campeón, o esos gritos de felicidad al haber conquistado lo imposible en el 91, en sexta marcha, en un país entonces sobrepasado por el presente.

PEQUEÑAS MENTIRAS SIN IMPORTANCIA

Director: Guillaume Canet
Intérpretes: François Cluzet, Marion Cotillard, Benoit Magimel
Web: http://www.pequeñasmentiras-lapelicula.es/



Después del recomendabilísimo thriller “Ne le dis a personne” (“No se lo digas a nadie”, aún inédita en España), Guillaume Canet vuelve a la dirección con texto propio y unos cuantos de sus actores favoritos (Marion Cotillard, François Cluzet). Aunque, de arranque, ambas películas se distancien en temáticas, “Pequeñas mentiras sin importancia” comparte el suspense con su predecesora en una portentosa escena inicial que desafía al plano secuencia de larga duración. Un accidente de moto de un disoluto, éso son aquí los amantes de la noche y el copeteo, prologa el viaje purificador de sus amigos a una pequeña casita de playa donde aplacarán sus diversas sexualidades y sus filosofías new-age al calor de unas brasas.

Próxima a otros intentos de desgranar qué narices es eso de llegar a la cuarentena en la burbuja post-burguesa, su simplísimo guión le impide a uno acordarse de aciertos como “Los amigos de Peter” y, en cambio, le facilita rememorar lugares superficiales y bobalicones como “Las razones de mis amigos”. Los equívocos “gay” (vanguardia del humor), las inseguridades en las relaciones (especialmente, en aquellas que son “poco profundas”) y esa afición de Canet de machacarnos con una BSO obvia (“My way” en el funeral, “The weight” en una escena coral y, cómo no, Anthony and the Johnsons cuando estamos tristes), caracterízan a un metraje de elevadas pretensiones y mediocres resultados. Incluso su duración (casi ciento cincuenta minutos, un “rara avis” en películas de este tipo) nos obliga a pedirle a Canet que regrese a sus thrillers sin importancia pero, al menos, divertidos.