domingo, 31 de octubre de 2010

LOS OJOS DE JULIA

Director: Guillem Morales
Intérpretes: Belén Rueda. Lluís Homar, Pablo Derqui
Web: www.losojosdejulia.es



En el cine español actual, el terror se ha consolidado como materia exportable. Los éxitos comerciales de Amenábar (“Los otros”), Balagueró y Plaza (“REC”) o Bayona (“El orfanato”), certifican este fenómeno, convirtiendo a nuestro país en una especie de cantera de género: mientras nuestros taquillazos en comedia (“Torrente” sigue a la espera de adaptador) no se venden, los directores que se especializan en horrores diversos comienzan a tener oportunidades en el mercado internacional. Así, las condiciones económicas favorables impulsan un síntoma inequívoco: la industrialización de filmes de este tipo.

Financiada por Antena 3 con el molde de “El orfanato” (mismo productor, misma actriz principal, mismo trasfondo) en mente, “Los ojos de Julia” atormenta a una mujer (Belén Rueda) que sospecha de la versión oficial (suicidio, claro) de la muerte de su hermana, cegada por una enfermedad genética. Guillem Morales juega, después de su debut “El habitante incierto” (2004), a un terror paranormal (sólo se explica de esta manera la conexión cósmica de las dos gemelas) con una pizca de “whodunit”, que acaba desembocando en película con psicópata. Tras los manuales de propuestas como “Sola en la oscuridad” (Terence Young, 1967) o “Jennifer 8” (Bruce Robinson, 1992); tras un arranque prometedor, el misterio del largometraje se atranca en medio de lo improbable (una visita a un hotel con anciano perturbado y llave rara) y lo imposible (la maravillosa Julia Gutiérrez Caba de vecina inquietante; ese final rimbombante y pseudopoético).

Uno, quizá enfangado en tanta inconsciencia fílmica, halla valor a “Los ojos de Julia” en su último (y alocado) tercio. Al facturar horror, a veces, es justo perder la vergüenza. Eso se permite Morales con el “tour de forcé” entre la correcta Rueda y el (necesariamente) sobreactuado Pablo Derqui. Ellos dos, en su chifladura inverosímil de perseguidor y perseguida, nos hacen esbozar una sonrisa nada complaciente ni misericordiosa para con “Los ojos de Julia”. Si el cine español ya produce, con dignidad “goticoide”, terrores de psicópata obsesivo (¡y, además, con todas las majaderías del original!), el camino está abonado a que germinen experimentos más acertados, filmes más afortunados.

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