viernes, 7 de diciembre de 2007

LA BRÚJULA DORADA

LA BRÚJULA DORADA
Director: Chris Weitz
Intérpretes: Dakota Blue Richards, Nicole Kidman, Daniel Craig
Web: http://www.goldencompassmovie.com/



Comienza una nueva trilogía, esta vez basada en los libros fantásticos de Phillip Pullman, que relata la odisea de una niña a través de un mundo fantástico para alcanzar el portal donde confluyen otras dimensiones. Chris Weitz se pone al mando del proyecto en la primera entrega (parece que también en sucesivas) y abre el relato mostrándonos la realidad donde va a discurrir la serie. Casi a brochazos se desarrolla el concepto de “demon” (un animal que acompaña a cada humano y que equivale a su alma), se cuenta cómo el tío de la chiquilla está a punto de descubrir algo que puede tambalear los cimientos del orden establecido por el malvado Magisterio y, finalmente, se desmenuza cómo la pipiola, naturalmente “la elegida” (tambores), va formando su equipo de seres con el objetivo de encontrar a su familiar.

De menor presupuesto que sagas anteriores (a ratos se nota el “cartón” digital), el filme arranca con varios déficits. No se puede evitar nombrar la falta de brío de Chris Weitz para atacar una narración así. Frente a la pasión (y al mayor talento, no nos vamos a engañar) de Peter Jackson o Alfonso Cuarón, Weitz se alinea con Columbus (“Harry Potter y la piedra filosofal”) o Adamson (“Narnia”) y factura casi en automático lo que podría ser cualquier largometraje de fantasía y fabulación de los últimos años. Esta falta de originalidad deja en evidencia el agotamiento creativo del sub-subgénero. La saturación de trilogías provoca paranoia, amigos. Sólo hace falta empezar a escuchar “metafísica de las partículas”, “polvo mágico”, “demons”, “devoradores”… pero ¿ésta es la quinta parte de “Harry Potter”? ¿Nos habremos confundido de sala y ahora estamos viendo “Eragon”?

Eso sí, tampoco se le van a negar a Weitz algunos instantes: los majestuosos osos polares sangrando por un rey, el conclave maligno de los breves Jacobi, Lee y De Souza y, por supuesto, el exuberante inicio que separa, en dimensiones, nuestra realidad de la imaginación de Pullman. Pero, ay, por mucho que se riegue de momentos un metraje, no florece una trilogía.

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